Después de pasar casi todo el día en el Acuario Nacional de Malta, empapados de peces, tiburones y colores marinos, surgió en el grupo un deseo inesperado: ir a la Superbowl, la bolera más famosa de la isla. A uno de nosotros le hacía especial ilusión, así que allá fuimos, directos al corazón del ruido, las luces y las bolas rodando.
Ruta desde Acuario a cafetería Lumis. Mapa gentileza de Google maps.
Confieso que, de joven, las boleras me encantaban. Ese estruendo continuo tenía algo de energía juvenil, de caos divertido. Pero esta vez… no. En Malta, el ruido me resultó insufrible. Es curioso cómo cambia la percepción con la edad: lo que antes era ambiente alegre, ahora es tormenta sonora insufrible.
La bolera tenía una cafetería. Como cerca de las pistas el ruido era insoportable, nos fuimos lo más lejos posible, pero el ruido seguía siendo insufrible. La bolera estaba decorada con motivos navideños.
Muñeco de nieve simulado, en la cafetería de la bolera.
Muñeco de nieve simulado, con luces de colores.
Así que negociamos un pacto civilizado: quien quisiera jugar, que se quedara; quien no, buscaría refugio en una cafetería del mismo edificio. Por suerte, el complejo tiene varias plantas y varias opciones para escapar del estrépito.
Aspecto del comedor de Lumis.
Cogimos el ascensor y subimos hasta Lumis, una cafetería cuyo nombre en maltés significa limones. Y, como los limones, fue un soplo de frescura. Un espacio luminoso, tranquilo, con un ambiente que parecía diseñado para contrarrestar el caos de la bolera que rugía varios pisos más abajo.
Como podemos ver, los precios no podemos decir que son baratos. Pero el lugar es tranquilo y nos permite huir del tremendo ruido de la bolera.
En la barra, una carta de cócteles irresistibles nos guiñó el ojo. No eran precisamente baratos, pero tenían ese magnetismo que hace que uno piense: “Bueno… estamos de viaje”. Pedimos varios, cada cual más vistoso que el anterior, y dejamos que el tiempo se deslizara suavemente mientras los jugadores del grupo seguían lanzando bolas y derribando pinos.
Detalle de carta de cocteles.
La espera, entre sorbos y conversación relajada, se convirtió en un momento inesperadamente agradable. A veces, los mejores rincones de un viaje no son los que uno planea, sino los que aparecen cuando decides huir del ruido y subir un par de pisos más arriba.
Aspecto del interior de Lumis.Aspecto de la barra
Uno de los cocteles, creo, aunque no pongo la mano en el fuego, que era un whiski sour. La presencia era buena hasta que te fijabas en el limón.
Uno de los cocteles. La pinta del limón, reseca, no me gustó nada.
El coctel lucía muy bien, pero el limón reseco daba una muy mala impresión. Tal vez esté equivocado y haya que servirlo así, pero para mí fue una sorpresa desagradable.
Pero era un día de fiesta, así que iluminé el coctel de otra forma y eludí el limón reseco.
Ahora, sin que vea el limón, parece mucho más bello.
Otro de mis acompañantes pidió un mojito.
Mojito.
Daiquiri de fresa y árbol de Navidad detrás.
El establecimiento estaba decorado con motivos navideños.
Árbol navideño en Lumis.
El servicio fue profesional y amable. Pero, ya que estamos ante un sitio de cierta calidad, poner en un coctel un limón reseco me dio muy mala impresión. Tal vez sea yo el equivocado y poner el limón reseco sea lo aconsejable, pero, de verdad, a mí me causó una impresión deprimente. Sinceramente, si pago 14 € por un whiski sour espero una rodaja de limón fresca, no reseca.
Hay lugares que uno visita por curiosidad y otros que, sin esperarlo, te regalan una pausa interior. El Acuario Nacional de Malta pertenece a esa segunda categoría.
Acuario Nacional de Malta.
Un recorrido que empieza en la orilla
El acuario está organizado como un pequeño viaje circular por el Mediterráneo. Las primeras salas recrean las costas maltesas: rocas calizas, praderas de posidonia, bancos de peces plateados que se mueven como si obedecieran a una coreografía antigua. Es un recordatorio de que, incluso en un archipiélago tan pequeño, la vida marina late con una intensidad sorprendente. He dicho archipiélago ya que la República de Malta tiene tres islas: Malta, Gozo y Comino.
Recreación de arrecifes en la isla de Malta.
En el acuario nacional de Malta hay muchas cosas que ver, pero una de las que más miradas atrae es el túnel de los tiburones.
El túnel de los tiburones
El momento estrella —literal y figuradamente— es el túnel acristalado. Allí el tiempo se ralentiza. Los tiburones pasan sobre tu cabeza con esa elegancia que solo tienen los animales que no necesitan demostrar nada. Las rayas, en cambio, parecen saludar con sus alas ondulantes. Es imposible no sentir un pequeño estremecimiento, mezcla de respeto y fascinación.
Túnel de los tiburones. He elimando las caras, por razones de privacidad.Aspecto del impresionante túnel. Por razones de privacidad he borrado las caras.
El Mediterráneo… y más allá
Aunque el acuario está centrado en la fauna local, también hay espacio para especies tropicales: peces payaso escondidos entre anémonas, medusas que parecen lámparas vivientes, un pulpo que observa con la inteligencia silenciosa de quien sabe más de lo que dice. Cada tanque está acompañado de paneles claros y bien diseñados, perfectos para quienes disfrutan aprendiendo mientras viajan.
Acuario de Malta.Creo que es pez ballesta payaso. Pero no pongo la mano en el fuego.Pez león.
Un espacio pensado para todos
Algo que nos sorprendió fue lo bien integrado que está el acuario en su entorno. Desde la cafetería se ve el mar real mientras aún llevas en la retina el mar imaginado de los tanques. Las familias encuentran actividades interactivas, los curiosos pueden detenerse a leer, y los que solo quieren dejarse llevar tienen bancos estratégicamente colocados para contemplar sin prisa.
Pez ángel.
Dentro del acuario, una de las sorpresas más singulares es un simulador de terremotos que sumerge al visitante en una experiencia casi literaria: la sensación de estar a bordo del Nautilus, el mítico submarino del capitán Nemo. La sala vibra, cruje y se ilumina como si una falla submarina despertara bajo el casco metálico, mientras paneles y efectos sonoros recrean el temblor de las profundidades. Es un guiño vernesco [de Julio Verne] que mezcla ciencia, aventura y un toque de fantasía, convirtiendo la visita en algo más que una simple observación de fauna marina.
El exterior del simulador de terremotos de Nemo. Lamentablemente, dentro no dejaban sacar fotografías.
Salimos al exterior… y el mar seguía allí
Al terminar la visita, volvimos a la luz del Mediterráneo. El contraste entre el azul contenido del acuario y el azul infinito del mar real crea un efecto curioso: uno sale con la sensación de haber afinado la mirada. Como si ahora viéramos más vida en cada ola.
Vista del Mediterráneo desde fuera del Acuario.
Era hora de almorzar. Dada la ubicación del acuario, en una esquina de la isla. Lo más rápido era comer en el propio acuario. Por suerte, disponen de un excelente restaurante que se llama La Nave [¿otra reminiscencia de España?].
Allí mimo hay un letrero hecho en el estilo trencadis, típico del modernismo catalán.
Letrero Café del Mar en estilo trincadis.Cocodrilo estilo trencadis a la entrada del acuario.
Almuerzo en La Nave
La Nave refuerza aún más la inmersión del acuario con una decoración íntegramente marinera: maderas que recuerdan a la cubierta de un barco, redes y boyas que cuelgan como si acabaran de salir del puerto, y detalles náuticos que evocan travesías por el Mediterráneo. El ambiente acompaña a su cocina informal —pizzas italianas y hamburguesas— y convierte la pausa para comer en una prolongación natural del viaje submarino que propone el acuario.
Decoración de peces [¿sardinas?] en el restaurante La Nave.Decoración de peces.
Estanos en un restaurante dentro de un acuario, donde los clientes más habituales son los niños, ¿o tendríamos que decir de los padres que van con la disculpa de que les gusta a los hijos?. Así que entre los platos figuran los preferidos de los niños, pizzas y hamburguesas.
Pizza del restaurante La Nave
Hamburguesa con patatas fritas en La Nave.
Por parte de los adultos quisimos probar los vinos de Malta.
Pedimos un Ziffa rose de 2024.
Sin ser una maravilla, no estaba mal. Y, al menos, habíamos probado un vino maltés.
En cuanto al precio, digamos que para los estándares de Fuengirola, eran bastante caros. Pero para el estándar europeo eran bastante normales.
Aquí tienen la factura para seis personas:
Factura para seis personas.
Allí donde la tarde se vuelve noche en un suspiro
En pleno invierno, Malta vive atardeceres realmente tempranos. En el solsticio de invierno, el sol se pone alrededor de las 16:52 en La Valeta, de modo que la luz se esfuma casi sin darte cuenta. Por eso, después de comer —aunque no fuera especialmente tarde— al salir del restaurante nos encontramos ya con la noche completamente instalada, como si el día hubiera decidido plegar velas antes de tiempo.
La suerte quiso que aquella noche maltesa no fuera un pozo oscuro, sino un archipiélago de luces. Miles —quizá millones— de ledes dibujaban criaturas imposibles: submarinos dignos del capitán Nemo, medusas suspendidas como lámparas vivas, galeones fantasma navegando en silencio por plazas y paseos. Todo era luz, luz, luz… una constelación terrestre que desafiaba a la noche y la obligaba a retroceder, aunque fuera por unas horas, ante la imaginación encendida de la isla.
Figuras iluminadas en el Acuario Nacional de Malta. Medusa a la izquierda, galeón a la derecha.
Barco de luz.
La medusa de luz nos saluda.Un «Nautilus» de ledes. Ls caras las he emborronado por razones de privacidad.
El caballito de mar es una de esas criaturas que parecen inventadas por un poeta: navega erguido, como un jinete diminuto que avanza con dignidad entre las algas, y desafía todas las normas del reino animal. Su mayor prodigio es que es el macho quien gesta y pare a las crías, guardándolas en una bolsa ventral hasta que, tras un temblor casi imperceptible, las libera al agua como un pequeño estallido de vida. Un ser delicado, improbable y absolutamente fascinante.
Caballito de mar en el Acuario de Malta.
Hay hasta un platillo volante.
Platillo volante.
Resulta llamativo que un simple cono de luces pretenda evocar un árbol. Ningún árbol real inicia su copa pegada al suelo; siempre la eleva un poco, como si necesitara aire para desplegarse. Pero, claro, trazar un cono luminoso es mucho más sencillo que reproducir el perfil caprichoso de una conífera y, por esa facilidad de montaje, los conos han terminado por convertirse en los árboles oficiales de la Navidad urbana. ¿Qué quieren que les diga? Yo sigo prefiriendo árboles a conos.
Cono de luces que pretende ser un árbol de Navidad.
Interior del árbol.
La leyenda de una estrella que dirigió a Los Reyes Magos al pesebre está presente en las luces de Malta. Siempre me ha sorprendido que un mito medieval conserve tantos devotos en pleno siglo XXI. Quizá toque alguna fibra ancestral, algún anhelo antiguo que nuestra civilización, por muy tecnológica que sea, no ha dejado atrás. La verdad es que no tengo una explicación clara. Pero sí una certeza íntima: la estrella me gusta, con su mezcla de símbolo, luz y esperanza que atraviesa los siglos sin apagarse.
Estella de Belén.
El acuario habla de peces, sí, pero también de peces de luz, criaturas gigantescas que multiplican por tres la estatura de un niño y parecen recién salidas de un sueño submarino. Brillan, se arquean, avanzan suspendidas en el aire como si nadaran en una corriente invisible. Son peces luminosos, hermosos, potentes, capaces de transformar una noche cualquiera en un océano encendido.
Un pez de luz.
Pez luminoso en el acuario de Malta. El movimiento no es real, está creado por IA
Tras pasar casi todo el día en el Acuario decidimos a la bolera, pero de ello hablaremos en la próxima entrada. Me despido con una canción popular maltesa con temas navideños.
El nombre no es una metáfora moderna ni una broma interna del personal de tierra. Tiene un origen muy literal y, admitámoslo, bastante pintoresco.
Las primeras jardineras surgieron en los aeropuertos tropicales de mediados del siglo XX. Eran vehículos sin techo, alargados, y decorados con flores en los laterales, casi como si fueran maceteros rodantes. Iberia lo explica así: aquellos autobuses abiertos, pensados para climas cálidos, iban adornados con motivos florales y recordaban a una jardinera de verdad.
De ahí el nombre.
Y como suele ocurrir en aviación, la palabra se quedó para siempre, incluso cuando los vehículos dejaron de parecer maceteros y pasaron a ser cajas metálicas con ruedas.
2) Lo incómodo que resulta (y por qué es peor que el vuelo)
La jardinera moderna ya no tiene flores, pero conserva algo de su esencia original: es incómoda.
Muy incómoda.
Vas de pie, apretado, con tu equipaje de mano golpeándote las espinillas.
El vehículo arranca, frena, gira, vuelve a frenar, y tú intentas mantener la dignidad mientras te balanceas como un junco en una tormenta.
El aire acondicionado funciona… o no.
Y siempre hay un pasajero que decide que su mochila necesita más espacio vital que tú.
Pero lo peor no es la jardinera. Ni siquiera el vuelo.
✈️ Lo verdaderamente terrible es todo lo que ocurre antes de subir al avión.
El vuelo, en realidad, suele ser tolerable. No siempre. A veces el pasajero de delante echa su asiento hacia atrás y te destroza las rodillas.
Incluso ahora, cuando las aerolíneas han decidido que el espacio entre asientos debe ser una experiencia antropológica sobre la compresión humana. Aun así, uno se sienta, respira, mira por la ventanilla y piensa: “Bueno, ya está. Ahora solo queda aguantar”.
Pero antes… Ah, antes viene el infierno aeroportuario:
Los controles de seguridad, donde te miran como si hubieras intentado introducir plutonio en la mochila.
Las colas interminables, que avanzan con la velocidad de una placa tectónica.
Las horas de espera, siempre con la sensación de que tu puerta de embarque está a punto de cambiar al otro extremo del aeropuerto.
El embarque por grupos, que solo sirve para demostrar que la humanidad no está preparada para organizarse en filas.
Y cuando por fin crees que has superado todas las pruebas…
Aparece la jardinera.
Ese último obstáculo.
Ese pequeño purgatorio rodante que te recuerda que, en los aeropuertos, la comodidad es un rumor.
Durante un vuelo de Málaga a Zúrich operado por la compañía Swiss, la tripulación ofreció a los pasajeros una pequeña botella de agua. Mi sorpresa llegó al comprobar que el envase no incorporaba el conocido “tapón unido” o tethered cap. El tapón se separaba por completo, lo que permitía beber con comodidad —sin golpes en la nariz ni maniobras incómodas— y, además, facilitaba volver a cerrar la botella sin esfuerzo. El cierre encajó a la primera, sin los problemas habituales asociados al sistema obligatorio en la Unión Europea.
Agua ofrecida por Swiss en el viaje desde Málaga a Zúrich
Este detalle es posible porque Suiza no forma parte de la UE y, por tanto, no está sujeta a determinadas regulaciones comunitarias, entre ellas la que obliga a que los tapones permanezcan unidos al envase.
Ante esta situación surge una pregunta legítima: ¿qué pueden hacer los ciudadanos cuando consideran que una norma europea es ineficaz o contraproducente?
Por mi parte voy a escribir a un eurodiputado para que se entere de que somos muchos los españoles que odiamos el tapón unido a la botella.
Propongo una solución que creo que es democrática. Que los fabricantes hagan botellas con tapones con cordón umbilical y sin él. Y que los clientes que quieran el tapón unido lo compren. Y los que quieran el tapón libre que lo compren. Así cada uno elegirá lo que quiere y no a lo que nos obligan una sarta de iluminados parlamentarios.
Decidimos pasar las fiestas de año viejo 2025 y nuevo 2026 en Malta. En Malta ya habíamos estado no hacía demasiado tiempo. Pero fue un viaje un muy rápido que apenas nos dejó hacernos una idea de lo que eran las islas. Ya hice una referencia a dicho viaje aquí:
En esta ocasión nuestro viaje fue en avión. Por razones personales, teníamos que salir el 28 de diciembre y volver el 4 de enero. Tras hacer una búsqueda de posibles vuelos, por fin me decidí por una ruta un poco extraña. De Málaga fuimos a Zúrich en Swiss y de Zúrich a Malta en KM Malta.
Ruta que seguimos. Málaga-Zúrich con Swiss y Zúrich-La Valeta con KM Malta. Basado en un mapa de Google Maps.
Nuestra primera parada era el aeropuerto de Málaga. Todos los aeropuertos tienen unos precios carísimos. El de Málaga es, comparativamente, barato. De otros viajes ya sabíamos de un sitio con precios razonable: Pans & Company. Tras hacer el check-in nos dirigimos allí para tomar algo, pues, posiblemente, no volviéramos a comer hasta llegar a Malta.
Pans en el aeropuerto de Málaga.Letrero de Cafe Pans.
Pedimos varias cosas. Entre ellas unas patatas bravas.
Patatas bravas de Pans.
También pedimos unas alitas de pollo:
Alitas de pollo a la barbacoa de Pans.
Las bolsitas de papel que ponen «Del bosque al mundo» son cubiertos de madera. Sinceramente, serán muy ecológicos, pero el tenedor de madera de lo más inútil que he tratado de usar nunca. Tan inútil que tuve que coger las alitas con la mano.
De postre, entre otras cosas, elegimos un donut:
Donut.
Para beber tomamos varias cosas. Destaco un vino tinto, de color rojo intenso, «Sangre de Toro» de las bodegas Torres.
Botellita de vino tinto Sangre de Toro.
El precio final fue, digamos, un poco más caro que en un bar de fuera del aeropuerto, pero no mucho. Por ello considero que Pans & Company del aeropuerto de Málaga como uno de los sitios con mejor relación calidad/precio de todo el recinto.
También tenemos que señalar que las personas que nos atendieron lo hicieron con amabilidad y nos ayudaron con nuestras preguntas de novatos.
Vuelo de Málaga a Zúrich con Swiss
Mi primer viaje a Zúrich, hace más de cuarenta años, lo hice con la compañía Swiss. Tenía muy buen recuerdo de aquel vuelo. En esta ocasión el avión era un Airbus 320 neo, pero sus asientos eran mucho más sencillos que los que yo recordaba. Digamos que ocupan menos sitio, pero son un poco más incómodos.
El viaje fue tranquilo y agradable. En el avión había una carta de comidas y bebidas. Los precios bastante altos, como todo en Zúrich. Posteriormente, descubrimos que los precios del avión eran los mismos del aeropuerto. Así que el avión no lo hacía mal del todo.
El vuelo transcurrió sin incidencias. Durante el vuelo nos dieron una botella de agua, de la que hablaré en la próxima entrada pues «los verdes» me tiene un poco harto.
Nuestro avión, en el aeropuerto de Málaga.
Teléfonos apagados
En mi anterior viaje a Malta tuve una experiencia sumamente desagradable con los teléfonos móviles. Desactive el roaming, no obstante en la siguiente factura recibí un cargo de 100 Euros por conectarme a redes que no eran de la Unión Europea (50 mío y 50 de mi mujer). Suiza no es de la UE así que, nada más montar al avión, apagamos los teléfonos y no los volvimos a encender hasta estar en Malta (que sí es la Unión Europea y no hay recarga por roaming). Eso implica que no tengo ninguna foto del aeropuerto de Zúrich.
Tras un par de horas de espera, cogimos el siguiente vuelo: Zúrich-La Valeta.
Vuelo Zúrich-La Valeta
Tras dos horas de espera cogimos el vuelo de KM-Malta hacia «La Valeta». El avión era el mismo que el de Swiss (un Airbus 320 neo), sus asientos similares, pero estaban mucho más juntos. El resultado final fue que fue uno de los peores vuelos de mi vida. Terminé con el culo dolorido, las rodillas sin saber donde ponerlas. Concluyendo: si puedo evitarlo, nunca más volaré con KM Malta.
Nuestro avión a la llegada a Malta.
Allí, en Malta, pudimos bajar tanto por la puerta delantera como por la trasera, por lo que desembarque fue bastante rápido, aunque tuvimos que montarnos en una «jardinera» para llevarnos a la terminal del aeropuerto.
Jardineras que nos llevaron a la terminal de psajeros de «La Valeta».
Al comparar las entradas por los «fingers» en Zúrich y la salida en La Valeta por la jardinera me surgieron muchas dudas. Los «fingers» solo permitieron la entrada por una puerta. Las jardineras permitieron el desembarque por dos puertas, lo que resultó ser mucho más rápido.
La espera de pie, en la jardinera, es horrible. De lo peor del viaje. Pero creo que a la larga es más corto que los fingers. En Zúrich tuvimos que andar kilómetros hasta llegar a nuestra puerta. En La Valeta había menos puertas. El viaje en jardinera es extremadamente incómodo, extremadamente degradante, pero es posible que sea más rápido.
Las jardineras y los fingers me hicieron recordar lo degradantes que son los viajes en avión. A la entrada tienen que desnudarte y te tratan como un delincuente. Es raro que pases sin que tengan que cachear. Y todo ello con unas colas enormes. Recuerdo que no hace mucho, llegué a la cola de seguridad del aeropuerto de Málaga con dos horas antes de salir el vuelo. Las colas eran tan lentas que cuando llegué a mi puerta de embarque la estaban cerrando. Pudimos entrar al avión de milagro. Cansados por haber tenido que correr por esos interminables pasillos.
Recuerdo, allá por el principio de la década de los 70, que volar daba gusto. Ahora se ha convertido en un martirio. Prefiero cualquier cosa al avión. Pero, claro, ir desde Málaga a Malta, no ofrece muchas opciones.
Taxis
Para que todo me resultase más simple, contraté el servicio de taxis desde el aeropuerto hasta el apartamento que habíamos alquilado con Booking.
Nada más salir con nuestras maletas, allí estaba nuestro taxista, que con gran amabilidad nos llevó las maletas. Nos esperaba con un cartel que ponía mi nombre.
Llegada a apartamento y supermercado
El taxista nos llevó al apartamento que habíamos alquilado. Alquilé un apartamento porque el hotel al que habíamos pensado ir estaba completo. El taxista nos llevó y nos subió las maletas hasta el primer piso.
Resultó que no era nuestro apartamento. Por uno de esos problemas de Google Maps, nuestro apartamento estaba unos metros más hacia la esquina. Solo unos metros, pero suficiente para que no fuera nuestro apartamento. Tuvimos que llamar a la que nos lo alquilaba para encontrar la ubicación exacta. Era el apartamento de al lado.
Logramos conseguir la llave y entrar.
El apartamento nos pareció magnífico. Nos costó muy caro, pero parecía que merecía la pena (se me olvidaba, lo contrate por Booking).
Detalle de la mesa del apartamento.Detalle de la cocina.
El apartamento tenía una Smart Tv y Wifi de alta velocidad.
Smart Tv y Wifi.
Las habitaciones eran cómodas y tenían aire acondicionado, en este caso, para calentar.
Detalle de una de las camas.
Mercado abierto 24 horas 365 días
A unos 150 metros del apartamento, descubrí, gracias a Google Maps, que había un mini-market que abría todos los días a todas horas. Fui allí a tratar de encontrar algo para cenar. Allí había de todo. Cogimos unas cuantas cosas. Las hicimos en el «fryer» de la cocina. Y nos fuimos a la cama. Mañana empezaríamos nuestra visita a la isla.
Vinos de Malta
Para cenar quise probar los vinos de Malta. En el supermercado había varios con nombres claramente españoles. Tal vez, reminiscencias de cuando Malta fue española.
Vino blanco de Malta. Marca «La Torre». Uva italiana Trebbiano.
A dormir
Había sido un día bastante cansado. Salida de Málaga. Espera en Zúrich. Llegada a La Valeta. Taxi hasta apartamento. Visita a supermercado para la cena. Y, por fin, a la cama.
No pude dormir muy bien, pues hacía frío y el aire acondicionado tenía una avería. ¡Pasé frío!
Pasamos el fin de año viejo y principio de año nuevo en Malta. Siempre, antes de los viajes, me gusta saber algo de su geografía, de su historia, de sus costumbres… y a veces me gusta inventar etimologías, ¿qué significa el nombre?
Ubicación de Malta entre el Mediterráneo oriental y el occidental. Cerca de Sicilia y no lejos de Túnez o Trípoli
Malta es un punto minúsculo en el mar Mediterráneo.
Una mota de piedra entre dos continentes, equidistante entre Europa y África, aunque más cerca de Sicilia que de Túnez. Isla perdida en mitad de dos mundos, demasiado pequeña para imponer respeto, pero demasiado visible para pasar desapercibida. Muy fácil de tropezar con ella por azar. Así la encontraron los fenicios: no porque la buscaran, sino porque el mar la ofreció como refugio. Una grieta en la inmensidad, un hombro de roca donde los barcos heridos podían descansar.
MALTA — La isla donde la miel aprendió a proteger (Relato fantástico, no real)
Dicen los viejos navegantes fenicios que, antes de tener nombre, la isla era solo un hombro de roca en mitad del Mediterráneo: un refugio natural donde los barcos heridos iban a lamerse las velas rotas. No había templos aún, ni murallas ciclópeas, ni torres de vigía. Solo puertos que parecían brazos.
Malta la isla donde la miel aprendió a proteger. Imagen creada con ayuda de Copilot de Microsoft.
Pero las abejas llegaron primero.
Cuentan que una reina dorada —hija del Sol y del viento del sur— buscaba un lugar donde su enjambre pudiera sobrevivir a los inviernos salinos. Al ver aquella isla de piedra cálida, se posó en una grieta y dijo:
“Aquí la miel no será solo alimento. Aquí la miel será refugio.”
Los fenicios, que escuchaban más de lo que decían, entendieron el mensaje. Llamaron a la isla Maleth, “el refugio”, “el puerto seguro”. Y cada vez que un barco escapaba de una tormenta y encontraba allí amparo, el nombre se hacía más verdadero.
La isla ofrece un refugio seguro y acogedor.
Los griegos, siempre poetas, oyeron Maleth y lo transformaron en Μελίτη, la isla de la miel. No era del todo cierto, pero tampoco era mentira: las abejas seguían allí, guardianas diminutas de un territorio que sabía proteger.
Los romanos heredaron el eco: Melita, y luego Malta. Pero bajo todas esas capas, como un panal enterrado en la roca, seguía latiendo la raíz fenicia: la isla que acoge, la isla que salva, la isla-refugio.
Por eso, dicen los marineros modernos, cuando uno llega a Malta siente una extraña mezcla de dulzura y seguridad, como si una abeja antigua le rozara el hombro y le susurrara:
“Has llegado a casa.”
Etimología real
Lo de arriba era una ficción, una obra de mi imaginación. Pero hay historiadores que han buscado el origen del nombre de Malta. Hay varias hipótesis.
La etimología de Malta no es unívoca; procede de un nombre muy antiguo que ya los griegos y romanos heredaron de pueblos anteriores. Las fuentes coinciden en dos posibles raíces principales:
1) La hipótesis griega: Μελίτη (Melítē) → “la isla de la miel”
Según el Wiktionary, el nombre griego Μελίτη (Melítē) se ha relacionado tradicionalmente con μέλι (méli, “miel”).
La isla era famosa por su miel desde la Antigüedad.
El sufijo -η (-ē) es típico en topónimos femeninos griegos.
Problema: Los propios especialistas consideran incierta esta etimología: podría ser una reinterpretación griega de un nombre más antiguo.
Etymonline ofrece una explicación semítica muy sólida:
Procedería del fenicio melita o maleth, “lugar de refugio”.
Deriva del verbo semítico malat, “escapar”, “refugiarse”.
Encaja perfectamente con la geografía: Malta tiene puertos naturales excepcionales, ideales para marinos fenicios.
Esta es la hipótesis preferida por muchos historiadores y lingüistas modernos.
3) La forma latina: Melite → Melita → Malta
Los romanos heredaron el nombre como Melite y luego Melita. De ahí pasó a las lenguas romances y al árabe medieval (مالطة Mālita), y finalmente a las formas modernas Malta.
🧭 Resumen comparativo
Etimología
Lengua
Significado
Solidez
Μελίτη (Melítē)
Griego
“Isla de la miel”
Tradicional pero considerada incierta
Maleth / Melita
Fenicio
“Refugio”, “puerto seguro”
Muy coherente con la geografía y preferida por especialistas
Melita → Malta
Latín
Adaptación del nombre previo
Evolución histórica documentada
🧡 Conclusión
La explicación más aceptada hoy es la fenicia: Maleth → “refugio”. La explicación más poética y clásica es la griega: Μελίτη → “miel”.
Ambas conviven, y ambas han dejado huella en la identidad cultural de la isla.
Muy cerca del Planetario de Pamplona, en la calle Sancho Ramírez, se encuentra un restaurante asiático que se llama Panda Express (hay otro llamado Panda en Pamplona).
fachada del restaurante asiático Panda, por la noche.
En la fachada unos grandes carteles explicaban que su comida era asiática, incluyendo japonesa y tailandesa.
Cartel donde nos explica que incñuye comida japonesa y asiática.
En este restaurante ya había estado varías veces, pero hace más de quince años. El recuerdo que tenía de él era bueno. Pero no sabía si con el tiempo seguiría igual. Adelanto mi conclusión, no solo sigue igual, sino que creo que ha mejorado.
En la puerta había una pizarra con el menú del día, tanto por la mañana como por la noche.
El precio del menú del día me pareció barato para estar en Pamplona. Al medio día 11.50 €, por la noche 13.90 €
Leí con atención lo que incluía el menú del día y me pareció muy interesante.
Decidimos entrar, aunque no pedimos el menú. Era de noche y a ninguno nos apetecía tanta comida.
No obstante, me acerco al menú, para que ustedes vean lo que ofrecen habitualmente.
Como pueden ver, el menú se ofrece toda la semana. Los fines de semana tiene el mismo precio que por la noche.
Pizarra con el menú del día.
La pizarra dice:
Menú Día – Ambar (Cerveceros Independientes)
Menú para llevar está disponible por: 0.50 € adicionales por plato
Precio del menú: 11.50 € (13.90 € noche y fin de semana).
Primeros:
Ensalada de la casa.
Rollito de primavera.
Pan chino.
Wonton frito.
Segundos:
Arroz tres delicias.
Tallarines tres delicias.
Tallarines al wok.
Terceros:
Pollo con almendras.
Pollo con salsa teriyaki.
Pollo agridulce.
Pollo al limón.
Ternera con salsa de ostras.
Incluye bebida + café.
Entramos, el aspecto del interior es este:
Tal como ya he dicho, no queríamos el menú completo, así que pedimos por suelto, pollo al limón, tallarines tres delicias y tabla de shusi.
Pollo al limón. Observen que la ración es abundante.
Tallarines tres delicias.
Tabla de shusi.
Lo acompañamos con agua y una Coca Cola.
Agua y Coca Cola.
A mí la comida me gustó y las raciones me parecieron abundantes.
Atención
En todo momento nos atendieron con amabilidad y profesionalidad.
Ubicación
Tal como ya he dicho en la misma calle en la que está el Planetario de Pamplona.
Calle Sancho Ramírez, 1. Pamplona
Ubicación del restaurante panda Express. Badaso en un mapa de Google Maps.
Concluyendo
Hace quince años estuve y me gustó. Hoy seguro que han cambiado muchas cosas. Entre las que recuerdo, tal vez equivocadamente, es que antes era «restaurante chino» y hoy es restaurante asiático, por lo que su carta ha aumentado, por ejemplo el Shusi.
Hablar de la calle Estafeta es invocar el eco de los cascos de los toros sobre el empedrado y el latido acelerado de miles de corredores; es, sin duda, uno de los tramos urbanos más icónicos y cargados de tensión del planeta. Esta mítica vía pamplonesa, famosa mundialmente por ser el escenario clave de los encierros de San Fermín, posee una mística que pocas calles logran alcanzar. De hecho, en el imaginario del viajero amante de la acción, parece que la única que logra hacerle sombra es la serpenteante y empinada Lombard Street (o las vertiginosas avenidas de San Francisco), escenario de las persecuciones de cine más legendarias de Hollywood. Mientras una es el templo del riesgo taurino y la tradición navarra, la otra es el símbolo de la velocidad sobre ruedas; ambas, sin embargo, comparten ese aura de lugar donde el tiempo parece detenerse justo antes de que empiece la acción.
La calle Estafeta está llena de tabernas en las que puedes disfrutar de los famosos pinchos navarros. Una de las cosas que más sorprende al visitante foráneo es ver toda la barra de un bar llena de pinchos. Toda elle, sin un resquicio libre. Eso es lo que ocurre en el bar Zanpa, en la calle Estafeta 48.
Servilleta de papel con el nombre del establecimiento.
Observen que en la servilleta hay un dibujo, se trata de un personaje tradicional de la cultura navarra, cuyo nombre es Zanpantzar, aunque se suele recortar y decir tan solo ZANPA. De ahí el nombre del establecimiento.
Zanpantzar del pueblo de Ituren. La foto es de Jean Michel Etchecolonea – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3298995
Este personaje es originario de los pueblos navarros de Ituren y Zubieta y anuncia la llegada del Carnaval de un modo sorprendente: agitando los cencerros que llevan atados a la parte de atrás del cuerpo [1].
En la calle Estafeta hay muchos bares similares, pero cuando se va con personas que viven en Pamplona y te dicen que un lugar es bueno y de confianza, sin duda que lo es, lo que no significa que otros no sean igual de buenos.
Aspecto de la barra del bar Zanpa
El bar Zanpe, abre todos los días de 12:00 a 23:59. Es conocido por sus pinchos de alta calidad con productos navarros, como la tortilla de patata con cebolla, chistorra de Arbizu, «fua» a la brasa y ostras del norte de Francia. Ofrece una cocina de estilo vasco/navarro con productos frescos y elaboración tradicional. «Fua» se refiere, coloquialmente, al «foie» francés.
Las personas que me acompañaban me recomendaron las sardinas albardadas. Así que eso es lo que pedimos.
Plato de sardinas alabardadas. Foto creada con ayuda de la IA de Meta.
Lo acompañamos con cerveza y con una copa de vino blanco verdejo.
Los comentarios sobre la cocina de este lugar son muy buenos. En mi caso tan solo probé los pinchos y estaban muy bien.
La carta es larga. Como no voy a ponerles toda, les he recortado los entrantes:
Carta. Entrantes.
Atención
Nos atendió una camarera muy simpática. En todo momento fue muy profesional.
Conclusión
Un bar-restaurante al que merece la pena volver. Me imagino que en las fiestas de San Fermín estará lleno hasta los topes y que será casi imposible entrar, pero solo es una imaginación.
Hace ya muchos años que estuve en Nepal. Vimos muchas cosas. En una de las excursiones nos acercamos a los pies del monte Everest, donde, entre otras cosas, había talleres de refugiados tibetanos que criaban gusanos de seda y obtenían el hilo. Después hacían diversos tejidos.
También había puestos con recuerdos, entre ellos algunos con recuerdos del Yeti, del «abominable hombre de las nieves». Peluches que representan al yeti. Camisetas y sudaderas con figuras o leyendas sobre el yeti y también representaciones artísticas y máscaras representando a aquel supuesto ser.
Durante siglos, el Yeti —el abominable hombre de las nieves— y su primo americano, el Bigfoot, han alimentado la imaginación popular. Aventuras como [/Tintín en el Tíbet/] mostraban al Yeti como un ser protector, y en Estados Unidos el Bigfoot se convirtió en protagonista de películas y series, por ejemplo Bigfoot y los Henderson(Harry and the Hendersons) de 1987. En Rusia se habla del «chuchuna», y en otras culturas aparecen figuras similares. Todas estas leyendas reflejan un deseo humano universal: que existan criaturas misteriosas que escapen a la mirada de la ciencia.
En Estados Unidos tienen un personaje muy parecido al yeti, al que llaman Bigfoot. Las descripciones son más o menos similares a las del yeti, pero en otro hábitat.
Imagen típica del Bigfoot. Imagen creada por Gemini.
La evidencia científica
Cuando a principio de los años 80 Kari Mullis presentó la técnica de la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), casi nadie pudo adivinar la cantidad de usos que ha tenido. Desde detección de delincuentes, gracias al estudio del ADN en la escena del crimen, como identificar la paternidad, o estudios de arqueología… Desde aquellas técnicas rudimentarias, los avances en genética han permitido ser mucho más precisos, lo que ha permitido poner a prueba las creencias en el Yeti:
Estudio de Oxford (2013): Se analizaron decenas de muestras atribuidas al Yeti y al Bigfoot. El resultado fue que correspondían a animales conocidos —osos, caballos, lobos, perros e incluso humanos—, pero nunca a un primate desconocido. [El estudio fue liderado por el genetista de Oxford Bryan Sykes en 2013, fue publicado en la revista: «Proceedings of the Royal Society B». El título del artículo es: «Genetic analysis of hair samples alleged to belong to an anomalous primate (‘Yeti’) in Nepal (Análisis genético de muestras de pelo supuestamente pertenecientes a un primate anómalo (‘Yeti’) en Nepal)»].
Investigación de la Universidad de Búfalo (2017]: Se secuenciaron genomas completos de supuestos restos de Yeti. Todos resultaron ser de osos del Himalaya, en particular osos pardos y osos negros asiáticos. [La investigación de la Universidad de Búfalo (Buffalo), publicada en 2017 y dirigida por la bióloga Charlotte Lindqvist, se publicó en la prestigiosa revista científica: «Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences».El título completo del artículo es: «Evolutionary history of enigmatic bears in the Tibetan Plateau–Himalaya region and the identity of the yeti» (Historia evolutiva de los osos enigmáticos en la región de la meseta tibetana-Himalaya y la identidad del yeti)»].
Conclusión científica: No existen pruebas sólidas de que el Yeti o el Bigfoot sean especies nuevas. Las supuestas evidencias se explican por confusiones con fauna local, especialmente osos.
El valor cultural
Aunque la ciencia haya desmontado la existencia de estas criaturas, su fuerza cultural sigue intacta. El Yeti y el Bigfoot son símbolos de lo desconocido, de la posibilidad de que aún haya secretos en la naturaleza. En tebeos, películas y relatos, representan tanto el miedo como la esperanza de que el mundo guarde misterios sin resolver.
Reflexión final
La ilusión de encontrar un «eslabón perdido» en los Himalayas o en los bosques de Norteamérica ha sido sustituida por la certeza científica de que se trata de mitos. Sin embargo, esa misma certeza no elimina su atractivo: el Yeti y el Bigfoot continúan siendo parte de nuestra mitología moderna, recordándonos que la imaginación humana siempre busca horizontes más allá de lo comprobado.
En resumen: la ciencia ha demostrado que el Yeti y el Bigfoot no existen como especies desconocidas, pero su poder como mito cultural permanece tan vivo como siempre.
Tengo un amigo de Cantabria. Hace unos días me envío un excelente vídeo sobre Juan de Herrera, muy conocido por haber sido el arquitecto de Felipe II, el que terminó el monasterio de El Escorial.
La faceta de arquitecto la conocíamos los dos. Y conocíamos sus obras principales:
La Catedral de Valladolid.
Por F. Chueca-Goitia. Photo: Floranes – Catedral de Valladolid, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3929211
La imagen de arriba fue el plan propuesto por Herrera para la catedral de VALLADOLID.
* La Lonja de Sevilla (actual Archivo General de Indias).
Archivo de Indias visto desde la catedral de Sevilla. Por Anual – Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6588392
Gracias a Anual por permitir usar su trabajo.
* El Palacio Real de Aranjuez
Palacio Real de Aranjuez, fachada sur. Foto de Zarateman – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32429765
Gracias a Zarateman por permitir usar su trabajo.
* El Puente de Segovia en Madrid.
Vista del Alcázar Real y entorno del Puente de Segovia. Por anónimo – «Mi siglo» (2015.03.13), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35865500El puente de Segovia hoy. Por Tiia Monto, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21765532
Gracias a Tiia Monto por permitir usar esta foto.
* La reconstrucción del Castillo de Simancas (Archivo General de Simancas).
Foto antigua del Castillo de Simancas restaurado por Herrera. Por Fundación Joaquín Díaz – Trabajo propio – va0081.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29647167
Gracias a la Fundación Joaquín Díaz por permitir usar su fantástico trabajo.
Como podemos ver, la obra de Juan de Herrera se define por su sobriedad, rigor geométrico y monumentalidad, dando origen al llamado estilo herreriano, símbolo de la arquitectura oficial del Imperio de Felipe II.
La obra de Juan de Herrera representa la transición del Renacimiento al Barroco español, pero con un sello propio: la austeridad monumental que buscaba reflejar la espiritualidad y el poder de la monarquía. Su estilo herreriano se convirtió en el lenguaje arquitectónico oficial de los Austrias y en un símbolo de la identidad imperial.
Pero no debemos olvidad que la labor de Juan de Herrera fue mucho más allá de la de arquitecto, aunque esta sea su faceta más conocida y en la que destacó, marcando un estilo no solo para España, sino para todo el imperio de Felipe II.
También fue matemático y geómetra. Y, entre otras muchas cosas, fue el que diseñó cómo debían ser las ciudades que se construyeran en el nuevo mundo, con diseños rectangulares y grandes plazas.
¿Dónde nació Juan de Herrera?
Pero nos hemos alejado de las etimologías. En el documental del que hablamos se decía que había nacido en Miera y mi amigo decía que no, que había nacido cerca de una de sus abuelas, en Lamadrid.
Tuvimos que buscar en diversos sitios para ver, efectivamente, dónde había nacido. De varias fuentes hemos deducido que nació en un barrio de Movellán (a veces escrito Mobellán) en la ciudad de Roiz, capital del municipio de Valdáliga.
Mapara de Roíz. Es la superrficie rodeada de puntos. Gentileza de Google Maps.
Esta es la casa donde nación Juan de Herrera de Movellán.
Casa de nacimiento de Juan de Herrera. Gentileza de Google Street View.
No muy lejos está el monumento que ha erigido el ayuntamiento de Roiz a su hijo predilecto Juan de Herrera.
Dibujo basado en la placa que ha puesto el pueblo de Roiz en memoria de Juan de Herrera.
La idea de que había nacido en Miera, que nos habíamos planteado al principio, quedó descartada.
Ruta desde Lamdrid, a la izquerda, Roiz, un poco más al sur, y Miera, muy al este.
Miera está tan al este que queda descartado. Lamadrid y Roiz están muy cerca y dentro de la comarca de Saja-Nansa, dentro del municipio de Valdáliga. La abuela no estaba equivocada, Herrera no nació exactamente en su pueblo, pero sí en uno muy cercano, dentro de la misma comarca.
Valdáliga (Etimologías)
Mi amigo me dijo que Valdáliga era el Valle del Águila. Que allí llamaban al águila áliga.
Valdáliga en la etimología fantástica. Imagen generada con ayuda de Copilot de Microsoft.
El vídeo lo he creado con ayuda de Meta.ai
La verdad es que en algunas regiones del norte de España (Aragón, Asturias y León) han utilizado la palabra «áliga» para referirse al águila.
Áquila llevándose un cordedo. Imagen de IA creada conn la ayuda de Meta.ai y de Gemini
Áliga que vuelas alto
Áliga que vuelas alto, no me lleves la cordera, que la guardo pa’l San Juan, pa bailar en la ribera.
[De una canción popular asturiana. Fue difundida por el grupo musical La Braña]
Así que, tal vez, mi amigo no estuviera equivocado y Valdáliga venga de Valle del Águila.
Es posible, pero hay otras explicaciones.
Explicación 1
El valle está recorrido por el río Escudo. De épocas prerromanas aquella zona se llamaba «Allega». Aparece en documentos del siglo XI como «concilium de Afleca o de Allega», y en el siglo IX ya se menciona «Santa Maria de Allega», lo que indica que «Allega» era el nombre del territorio o valle. Probablemente derivado de una forma latina o prerromana vinculada al nombre del río o a una característica geográfica local, aunque su etimología exacta permanece incierta.
De esa zona de «Allega», que no sabemos qué significaba, a Valle de Allega hay un paso y de ahí a Valdáliga otro pasito.
El río del Escudo y el barrio donde nación Juan de Herrera. mapa gentileza de Google Maps.
Explicación 2.
Hay documentos medievales que vinculan Valdáliga con formas anteriores como Valobriga o Valle Ubrica.
«Val-« o «Valle» no tiene problema es una referencia a valle.
«-obriga» o «-áliga»: Esta parte final es más debatida, pero «-obriga» es un sufijo toponímico celta que significaba «fortaleza» o «ciudad».
Por lo tanto, la interpretación más aceptada sugiere que Valdáliga pudo derivar de un nombre que significaba algo así como el «Valle de la Fortaleza» o «Valle de (la ciudad) Obriga». Con el tiempo, el nombre habría evolucionado fonéticamente a la forma actual de Valdáliga.
Para mí, el que haya documentos medievales que ligan el nombre de Valdáliga a Valobriga o a Valle de Ubrica, es bastante clarificadora. Probablemente, esta, aunque menos romántica que la del águila, es más clara, y con más documentos de la de Allega.
Esta última me parece la más consistente. Me imagino el valle algo así:
Así podría sel el Valle de la Fortaleza. He procurado imitar los alrededores de Roiz. La imagen es de inteligencia artificial, habiendo participado, Copilot, Gemini, Meta.ai y Perplexity.