Posibilidades de inteligencia extraterrestre (3)

29 de abril de 2026

Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Con la entrada anterior se acabó la conferencia, lo que viene a continuación son mis reflexiones sobre esa conferencia en 2026.

Capítulo 2: Érase una vez: el cuento de Ricitos de Oro

Érase una vez, en un bosque muy lejano, una niña de cabellos que reflejaban los colores dorados del sol. Era una niña muy curiosa. Paseando por el bosque encuentra una casa vacía. Dentro hay una mesa con tres camas, tres sillas y tres platos. La niña, llena de curiosidad y con un poco de hambre, prueba a comer del primer plato, está muy caliente, el segundo está muy frío y el tercero está en su punto, templado. Se come el templado.

Ricitos de oro ante los tres cuencos con tres comidas, una fría, otra caliente y otra templada. Imagen creada con la ayuda de la IA de Copilot.

Tras la comida le entra sueño y ve que en la habitación hay tres camas, prueba la primera y está muy dura, la segunda está demasiado blanda y su cuerpo se hunde hasta casi asfixiarla, la tercera es perfecta: ni muy dura, ni muy blanda.

El cuento completo de «Ricitos de oro y los tres cerditos» pueden leerlo aquí [1]. Pero ya sabe usted las ideas básicas, la silla ni muy alta, ni muy baja, justo en el término medio. Las gachas ni muy calientes ni muy frías, justo en el medio. La cama ni muy dura, ni muy blanda, justo en el medio.

En el fondo lo único que nos recuerda el cuento es la doctrina del justo medio de Aristóteles.

Los astrónomos que buscan vida extraterrestre ha decidido hacer lo mismo que Ricitos de oro. Buscan vida en cuerpos celestes ni muy grandes (Júpiter) ni muy pequeños (la Luna) , ni muy cálidos (Mercurio) ni muy fríos (Néptuno).

Ricitos de Oro buscaba el punto justo. Y, curiosamente, también los astrónomos.

Han sido los astrónomos los que han dado el nombre de «ricitos de oro» a la zona, alrededor de un sol donde los planetas pueden tener agua líquida, temperaturas medias, …

Zona «Ricitos de oro». Infografía creada con ayuda de Copilot de Microsoft.

En difinitivas cuentas, como ellos (nosotros) solo conocemos la vida en la Tierra, pensamos que la zona adaptada a la vida debe ser similar a nuestro planeta.

La pregunta, obviamente es: ¿Es eso cierto o se trata simplemente de un cuento infantil?

¿Y si todo fuera un gran equívoco? Adelanto mi postura: todo es un enorme equívoco: demasiado infantil.

Los defensores parten de un principio claro: la vida tal como la conocemos necesita agua líquida, y la única forma de tener agua líquida estable en superficie es que un planeta esté a la distancia adecuada de su estrella y con una órbita no demasiado excéntrica, pues en ese caso podríamos caer en planetas totalmente congelados.


Esto define la zona habitable circunestelar, también llamada zona Ricitos de Oro: ni demasiado caliente ni demasiado fría.

Los argumentos principales:

  • Temperatura adecuada: dentro de esta franja orbital, el agua no se evapora ni se congela.
  • Base para la búsqueda de exoplanetas: misiones como Kepler se diseñaron específicamente para encontrar planetas terrestres en esta zona.
  • Probabilidad estadística: se estima que podría haber más de 40.000 millones de planetas en zona habitable solo en la Vía Láctea, lo que refuerza el principio de mediocridad: la Tierra no sería excepcional.
  • Marco operativo claro: permite priorizar objetivos observacionales y reducir el espacio de búsqueda.

Para los defensores, la zona habitable no garantiza vida, pero sí maximiza las probabilidades de encontrar mundos parecidos a la Tierra.

El problema que veo es que el que sean parecidos a la Tierra no garantiza que sean aptos para la aparición de la vida.

Qué dicen los detractores: ¿por qué la zona habitable es insuficiente o incluso engañosa?

Los críticos argumentan que la zona habitable es solo un criterio térmico, y que la habitabilidad real depende de muchos factores adicionales que pueden invalidarla.

1) La habitabilidad no depende solo de la distancia a la estrella

Un planeta puede estar en la zona habitable y aun así ser completamente estéril si:

  • No tiene atmósfera adecuada.
  • Carece de campo magnético. [2].
  • Su estrella es demasiado violenta.

Venus y Marte son ejemplos perfectos: ambos están cerca de la zona habitable, pero uno es un infierno y el otro un desierto helado.

2) El agua líquida no basta: importa cuánta agua haya

Un estudio de 2026 mostró que un planeta necesita entre 20% y 50% del volumen de agua de los océanos terrestres para mantener un ciclo geológico estable.
Los planetas demasiado secos, incluso dentro de la zona habitable, entran en efecto invernadero descontrolado.

Esto reduce drásticamente el número de candidatos realmente habitables.

3) Existe también una “zona Ricitos de Oro química”

Incluso si hay agua, la vida necesita nitrógeno y fósforo accesibles.
Pero estos elementos pueden quedar atrapados en el núcleo o escapar a la atmósfera según el nivel de oxígeno del planeta.
Solo un equilibrio químico muy específico permite que permanezcan disponibles en superficie.

Esto implica que la habitabilidad depende de la historia geológica y atmosférica, no solo de la órbita.

4) La vida podría existir fuera de la zona habitable

Los detractores recuerdan que en nuestro propio Sistema Solar hay mundos potencialmente habitables fuera de la zona Ricitos de Oro:

  • Europa y Encélado tienen océanos subterráneos calentados por mareas.
  • La vida profunda terrestre demuestra que la luz solar no es imprescindible.

La zona «Ricitos de Oro» es una herramienta útil pero limitada

A favor: es un criterio claro, cuantificable y operativo; permite priorizar la búsqueda; se basa en la única biología que conocemos.

  • En contra: ignora factores atmosféricos, geológicos y químicos; sobreestima la habitabilidad real; excluye mundos con océanos subterráneos; y puede dar una falsa sensación de simplicidad.

Hablemos de extremófilos

Los extremófilos desmontan la idea clásica de habitabilidad.

1. La vida no teme al infierno

En las fumarolas abisales del Pacífico viven arqueas a más de 120 °C, sin luz ni oxígeno.

En los lagos hipersalinos de Etiopía prosperan bacterias en pH < 1 y con concentraciones de sal que destruirían cualquier célula “normal”.

Fuente o respiradero hidrotermal de la dorsal Atlántica. Por P. Rona / OAR/National Undersea Research Program (NURP); NOAA – NOAA Photo Library. Memento (WayBack Machine archive.org), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=262511

En el hielo antártico hay microbios activos a –20 °C, alimentándose de sulfatos y peróxidos.

Todo esto ocurre fuera de la zona Ricitos de Oro terrestre. La vida no necesita un clima templado, sino una fuente de energía y química disponible.

Tal vez, y digo «tal vez» pues lo único seguro es que no tenemos ni la menor idea del origen y desarrollo de la vida:

La zona Ricitos de Oro sirve para el origen, no para la supervivencia

El problema no es mantener la vida, sino originarla. En «Parque Jurásico», Michael Chrichton lo dice muy bien: «La vida se abre camino».

Da la sensación de que una vez que han aparecido organismos capaces de adaptarse al entorno, se adaptan casi a cualquier cosa, los extremófilos lo demuestran. Así que el problema no es saber cuáles son las condiciones para la vida. La vida se adapta casi a cualquier cosa. El problema es ¿dónde se origina la vida?

Digamos, para simplificar, que el origen de la vida exige la aparición de sistemas que se repliquen a sí mismos. El surgimiento de sistemas autorreplicantes requiere:

  • Agua líquida estable (medio de reacción). (¿O hay otros medios de reacción?)
  • Gradientes energéticos (como los de las fumarolas o arcillas húmedas).
  • Disponibilidad de moléculas orgánicas simples.

Es decir, condiciones más extremas que las de un planeta templado.
La vida puede nacer en el borde del caos y luego adaptarse a casi todo.


3. La nueva visión: habitabilidad dinámica

Los astrobiólogos actuales hablan de habitabilidad extendida: no una franja fija alrededor de una estrella, sino un conjunto de microambientes donde la energía y la química se equilibran.


Europa, Encélado, Titán o incluso Venus podrían albergar nichos habitables sin estar en la zona de «ricitos de oro» clásica.


Notas

[1] Cuentos_de_hadas_fandom. Los tres osos. https://cuentos-de-hadas.fandom.com/es/wiki/Los_tres_osos

[2] Me resulta sumamente curioso que en la formulación de Green Bank ni siquiera mencionen el campo magnético. En mi opinión la gran diferencia (respecto a la vida) entre Marte y la Tierra es que el primero carece de campo magnético. Sin él las partículas del viento solar se han desecho de la atmósfera y sin ella no hay ninguna posibilidad de crear zonas de ionización que actúen como paraguas para evitarlas. Que se origine la vida en un entorno donde permanentemente recibe una lluvia de partículas de alta energía que son capaces de romper las moléculas es muy difícil. Se crea la molécula necesaria para la vida, pero rápidamente el viento solar la rompe.


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De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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