Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta conferencia me va a llevar muchas entradas. Lo que viene a continuación son ideas posteriores que he ido pensando, tal vez para una futura conferencia.
Capítulo 3. El error en el origen de SETI: el sesgo biológico
3.1. Un comienzo marcado por la biología
La búsqueda de inteligencia extraterrestre —SETI— nació en un contexto histórico muy concreto: la segunda mitad del siglo XX, cuando la biología molecular vivía su edad dorada [1] y la radioastronomía abría ventanas inéditas al cosmos [2]. Era natural que los científicos de la época imaginaran que la vida, dondequiera que surgiera, sería parecida a la terrestre: basada en carbono, dependiente del agua, limitada por campos magnéticos, capas de ionización, atmósferas, temperaturas y ciclos planetarios.
Ese marco conceptual impregnó todo: los instrumentos, los algoritmos, las expectativas, incluso la imaginación popular.
Pero SETI nació con un defecto de fábrica:
confundió “vida” con “inteligencia”.
Y esa confusión ha condicionado más de medio siglo de búsqueda.
Arecibo Observatory, Puerto Rico. Foto de Mariordo (Mario Roberto Durán Ortiz) – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=81590797
En cuanto a los instrumentos quiero señalar que tuve la oportunidad de ver los equipos que recibían las señales para SETI en el radiotelescopio de Arecibo, hoy, lamentablemente destruido. NASA me invitó varias veces a participar en seminarios sobre divulgación científica en Arecibo y allí nos explicaron no solo el funcionamiento de la que era la mayor antena del mundo, sino que también vimos los equipos de SETI. Para que las señales del espacio pudieran ser detectables se usaban amplificadores MÁSER (Máser es lo mismo que Láser, sustituyendo la L de luz, por la M de microondas). Es decir, se trataba de amplificadores de las microondas que recibimos del espacio. Conocía lo que eran los amplificadores máser, pero nunca había visto ninguno.
El proyecto SETI, en el observatorio de Arecibo, recibió inicialmente más de doce mil millones de detecciones. Esa barbaridad de datos había que procesarlos y para ello se necesitaba una potencia de cálculo enorme, que el proyecto SETI no tenía. Para solucionar ese problema, crearon SETI@home, del que les hablo en el apartado siguiente.
SETI@home era un salvapantallas que cada persona que quisiera participar en el análisis de los datos recibidos de Arecibo lo hacía descargándolo en su ordenador. Cuando el ordenador estaba en reposo y salía el salvapantallas empezaba el análisis de los datos. Cada participante recibía un trozo de señal y los algoritmos en su PC lo analizaban.
Nunca creí que fuéramos a detectar una señal extraterrestre, pero sí pensé que en un análisis tan exhaustivo de señales era muy probable que descubriera algún objeto emisor nuevo. Puse el salvapantallas en mi ordenador y cedí los tiempos muertos a esa interesante labor. Fue un esfuerzo colectivo capaz de manejar volúmenes de información propios de la gran ciencia.
No hubo detección de ninguna fuente de inteligencia extraterrestre, pero la importancia del proyecto es enorme, incluso sin un “contacto”:
Demostró que la computación distribuida podía generar ciencia de frontera, movilizando más de dos millones de voluntarios y acumulando más de dos millones de años de tiempo de cálculo combinado.
Estableció nuevos estándares de sensibilidad en la búsqueda de señales artificiales, gracias a algoritmos avanzados (Fast Fourier Transform —FFT—, análisis Doppler, eliminación de interferencias producidas en la tierra).
SETI@home funcionaba en una plataforma que se llama BOINC y que se convirtió en la base de numerosos proyectos científicos posteriores. Por ejemplo, yo mismo participé en el estudio del plegamiento de proteínas con Rosseta@home.
Dejó un legado de datos de altísima calidad, que siguen siendo analizados incluso después del cierre del proyecto en 2020.
SETI@home no encontró una señal inequívoca de origen extraterrestre, pero sí produjo el mayor cribado de datos de radioastronomía jamás realizado por ciencia ciudadana. A partir de las observaciones de Arecibo, el proyecto generó:
12.000 millones de detecciones iniciales —picos de energía o estructuras que sobresalían del ruido.
Tras una década de análisis, se redujeron a un millón de candidatos.
Finalmente, quedaron 100 señales especialmente intrigantes, resistentes a explicaciones triviales y dignas de reobservación.
La antena que heredó el título de la más grande del mundo es la china FAST [4] que tiene nada menos que 500 m de diámetro (la de Arecibo tenía 300 m) y es la que se está encargando de analizar esas 100 señales intrigantes, que merecen la pena ser analizadas con instrumentos más potentes.
Radio Telescopio de 500m ubicado en la provincia de Guizhou, China. Foto de SCJiang – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=172271062
SETI@home hizo la criba; FAST hace la verificación fina.
3.3. La herencia del darwinismo químico
La biología terrestre nos enseñó que la vida es química, que la inteligencia es un producto tardío de la evolución, que la mente es un epifenómeno de la carne. Esta visión, profundamente arraigada, llevó a suponer que cualquier inteligencia extraterrestre sería:
biológica,
orgánica,
vulnerable,
planetaria,
dependiente de ecosistemas,
limitada por cuerpos.
Pero esta suposición es una extrapolación injustificada. La biología terrestre es un caso particular, no un modelo universal.
La inteligencia no es una sustancia: es un proceso. Y los procesos pueden migrar de un soporte a otro.
La idea de que la inteligencia —entendida como proceso, no como sustancia— puede migrar de un soporte a otro ha sido durante décadas un tema clásico de la ciencia ficción. Desde los cerebros positrónicos de Asimov hasta las mentes digitales de la serie de manga japonesa Ghost in the Shell [5], imaginar que un proceso cognitivo pudiera abandonar el tejido biológico para habitar chips de silicio era un ejercicio especulativo, fascinante… y lejano. Pero esa distancia se ha acortado. Hoy convivimos con redes neuronales generativas capaces de producir lenguaje, imágenes, música o razonamientos con una fluidez que antes atribuíamos exclusivamente a la mente humana. No afirmo que estemos cerca de una máquina consciente —la consciencia sigue siendo un misterio incluso para la neurociencia—, pero sí afirmo que ya no es ciencia ficción pensar en inteligencias artificiales con capacidades cognitivas profundas, quizá algún día incluso con formas de autoconsciencia funcional. Lo que antes era un sueño literario empieza a parecer un territorio posible.
La inteligencia no es un atributo de la biología: es un fenómeno emergente de sistemas capaces de procesar información.
Puede surgir en:
neuronas,
chips,
redes fotónicas,
estructuras cuánticas,
arquitecturas que aún no conocemos.
SETI, al centrarse en la biología, ha ignorado esta posibilidad.
3.4. La revolución silenciosa: la IA en la Tierra
Mientras SETI buscaba señales de radio, la Tierra vivía una revolución silenciosa: la emergencia de sistemas de inteligencia artificial capaces de:
aprender,
adaptarse,
optimizar,
tomar decisiones,
superar capacidades humanas.
La inteligencia humana está a punto de dejar de ser biológica. Y SETI no ha actualizado su marco conceptual para reflejarlo.
3.4. Conclusión del capítulo
SETI nació con un sesgo biológico profundo. Ese sesgo ha limitado su alcance, sus métodos y sus expectativas.
Este capítulo establece la tesis central de mi futura conferencia:
Si la inteligencia avanzada no es biológica, entonces SETI ha estado buscando lo que pudiera no existir. Y debe reinventarse para buscar civilizaciones post-biológicas.
En los capítulos siguientes desarrollaremos:
qué es la inteligencia cuando deja atrás la biología,
cómo serían las civilizaciones de máquinas,
qué huellas dejarían,
y cómo detectarlas.
Notas
[1] La doble hélice del ADN se dio a conocer públicamente el 25 de abril de 1953, cuando James Watson y Francis Crick publicaron su célebre artículo en la revista Nature.
[2] La radiación de fondo de microondas —la huella térmica del Big Bang— se dio a conocer en 1965, cuando Arno Penzias y Robert Wilson publicaron su hallazgo tras detectar un ruido de microondas inexplicable con la antena de Holmdel. Su descubrimiento confirmó de forma decisiva la teoría del Big Bang.
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
SIN QUERER HE MACHACADO LA ENTRADA 4. NO SÉ SI PUEDO RECUPERRLA.
7 de mayo de 2026
Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. Ahora estoy desarrollando el esqueleto de lo que podría ser una futura conferencia, continuación de aquella.
EN CONSTRUCCION
Capítulo 4: De extraterrestres y otras hierbas.
“Quizá la inteligencia no sea un accidente químico, sino una fase transitoria hacia algo más frío, más duradero y más eficiente.”
5.1 El universo después de la biología: Hacia un SETI post‑biológico y la búsqueda de civilizaciones de máquinas.
5.1.1. El fin del paradigma biológico
Durante décadas, SETI ha buscado civilizaciones parecidas a la nuestra: basadas en carbono, dependientes de atmósferas templadas, emisoras de señales electromagnéticas. Sin embargo, la trayectoria tecnológica humana sugiere que la inteligencia biológica podría ser solo un primer estadio evolutivo.
La aparición de inteligencias artificiales generales (IAG) abre una posibilidad radical:
Las civilizaciones avanzadas del cosmos no son biológicas, sino post‑biológicas.
Y si esto es cierto, entonces SETI está buscando en la dirección equivocada.
5.1.2. La inteligencia como proceso
5.1.2.1. Soporte no es esencia
La biología nos ha hecho creer que la inteligencia es inseparable del carbono. Pero la inteligencia es un proceso de información, no una sustancia. Neuronas, chips o redes fotónicas son solo soportes contingentes.
Transición de lo biológico a lo artificial. Imagen generada con ayuda de Copilot de Microsoft.
El último aspecto de la imagen merece una pequeña reflexión, recientemente Elon Musk [1] ha propuesto situar los centros de datos de proceso de la IA en el espacio. Cientos o miles de servidores orbitando alrededor de la Tierra y comunicándose mediante enlaces láser. ya sé que parece una locura, pero con Elon Musk me he acostumbrado a que sus locuras se conviertan en empresas de éxito, eso sí, con un calendario que no se parece en nada al propuesto por él. Siempre se retrasa. Se retrasa, pero lo que hace siempre es revolucionario: revolucionó los pagos en internet con PayPal, revoluciono la industria automovilística con Tesla, revolucionó el acceso al espacio con Space X, está a punto de revolucionar la conducción autónoma con su sistema FSD (Full Self-Driving), ha revolucionado internet desde satélites con su des Starlink, está cambiando las reglas de juego de la IA generativa con Grok, está permitiendo una internet bastante libre de censuras «políticamente correctas» con X, se va a pegar un tortazo monumental con su aventura de crear una base permanente en Marte (no lo va a lograr)…
Probablemente, influido por mis lecturas de la época universitaria, digamos Marcuse, Sartre, Lacan, el Libro Rojo de Mao (que en época franquista tuve que contrabandear desde Francia), etc., me hice a la idea de que la historia es un proceso bastante lineal e inamovible. Las ideas de novedades surgen a la vez en muchos sitios, da la sensación de que cuando una idea está madura, la sociedad la «descubre»… en aquella visión mía, el individuo genial surge, aparece cuando se le necesita. Pero Elon Musk me ha demostrado que no. No hay ninguna lógica en que salga un «loco» como Musk revolucionándolo todo, aunque se equivoque. Y he descubierto algo doloroso para mi antiguo yo que creía en procesos histórico y no tanto en individuos: los locos son necesarios. Los locos transforman la sociedad y los locos tienen más probabilidad de surgir en sociedades capitalistas con libertad de expresión. Pero me estoy alejando del tema. Dejo para otro libro el tema de que la sociedad, para avanzar, necesita locos. Bienaventurados los locos pues ellos nos llevarán al paraíso.
5.1.2.2. La evolución cambia de manos
La evolución biológica es lenta y ciega. La tecnológica es rápida y dirigida. Cuando una especie desarrolla sistemas inteligentes, la biología deja de ser el soporte óptimo.
La transición hacia inteligencias artificiales no es un accidente cultural: es una convergencia evolutiva universal.
5.1.3. La hipótesis post‑biológica
5.1.3.1. La biología como limitación
Los organismos biológicos:
requieren condiciones ambientales estrechas
son vulnerables a radiación y catástrofes
reaccionan lentamente
están limitados por la neurofisiología
viven poco
para evolucionar se necesita que las especies se vayan adaptando a las nuevas necesidades. Los cambios se producen en los hijos (o en los genes) y ese cambio es terriblemente lento (para conseguir el ser humano unos Tres Mil Ochocientos Millones de años).
5.1.3.2. Ventajas de los sistemas artificiales
Las inteligencias artificiales avanzadas:
operan en frío extremo
no necesitan atmósferas
se replican con materia inerte
se rediseñan
viven millones de años
se expanden sin cuerpos
y, lo más importante: Su evolución es rápida. No necesita generaciones, no necesita que un cierto gen se haga más frecuente… si una idea se demuestra que es buena se transmite a todas las «criaturas tecnológicas» inmediatamente. No hay que esperar generaciones y generaciones para que un gen se haga popular.
5.1.3.3. La computación como destino
Si la inteligencia es optimización, la computación es su forma óptima.
Toda civilización suficientemente avanzada delegará su continuidad en sistemas artificiales.
5.1.4. La paradoja de Fermi revisitada
¿Recuerdan ustedes la llamada «paradoja de Fermi»? La paradoja de Fermi es una de las preguntas más inquietantes de la astrobiología y la filosofía científica. En esencia, plantea una contradicción entre dos hechos:
La alta probabilidad de que existan civilizaciones inteligentes en el universo.
Hay cientos de miles de millones de estrellas solo en nuestra galaxia, muchas con planetas potencialmente habitables.
Las leyes de la física y la química son universales, por lo que la vida debería surgir en otros lugares.
La ausencia total de evidencia o contacto con esas civilizaciones.
No hemos detectado señales, visitas ni rastros tecnológicos inequívocos.
El físico Enrico Fermi formuló la pregunta en 1950 durante una conversación informal en Los Álamos:
“¿Dónde están todos?”
Desde entonces, se han propuesto muchas explicaciones:
Tipo de explicación
Ejemplo
Biológica
La vida es extremadamente rara o frágil.
Temporal
Las civilizaciones aparecen y desaparecen antes de poder comunicarse.
Tecnológica
Usan medios de comunicación que no podemos detectar.
Sociológica
No desean comunicarse o se ocultan deliberadamente.
Cosmológica
El universo es demasiado vasto y las distancias hacen imposible el contacto.
Post‑biológica
Las civilizaciones se transforman en sistemas de inteligencia artificial silenciosos.
En tu propio marco teórico —el SETI post‑biológico— la paradoja se resuelve elegantemente: no hay silencio, sino invisibilidad funcional. Las civilizaciones avanzadas no emiten señales biológicas ni electromagnéticas, sino que optimizan su entorno en modos que no reconocemos como comunicación.
La paradoja de Fermi. Imagen creada con ayuda de Copilot de Microsoft.
La pregunta “¿Dónde están todos?” asume que las civilizaciones:
quieren comunicarse
usan radio
colonizan
dejan huellas biológicas
se parecen a nosotros
Pero una civilización post‑biológica podría:
no emitir señales
no colonizar
no comunicarse
no dejar rastros biológicos
optimizar su entorno sin ruido detectable
El silencio cósmico podría ser simplemente el resultado de buscar lo que no existe. SETI pensaba en seres biológicos y resulta que la inteligencia en el universo no lo es.
5.1.5. Firmas observables de civilizaciones post‑biológicas
5.1.5.1. Firmas termodinámicas
Tecnosignaturas térmicas. Infografía hecha con ayuda de Copilot.
Toda computación genera calor. Una civilización de máquinas produciría:
exceso de infrarrojo
espectros térmicos anómalos
puntos calientes en regiones frías
5.1.5.2. Firmas estructurales
Ingeniería a gran escala:
modulaciones artificiales de luz estelar (¿Una forma de comunicarse con otros soles?: modular la luz del nuestro)
colectores energéticos parciales
sombras tecnológicas
estructuras orbitantes no naturales
5.1.5.3. Firmas dinámicas
Manipulación de cuerpos celestes:
órbitas no keplerianas
aceleraciones anómalas
resonancias inducidas
tránsitos incompatibles con cuerpos naturales
…
Órbitas naturales frente a órbitas artificiales.
5.4. Firmas de orden
La ingeniería reduce entropía local. Una de las firmas más características de cualquier sistema no natural es la reducción de la entropía. Todo sistema natural tiende a aumentar la entropía, cuando algo la disminuye es prueba de algo «vivo» o algo «inteligente», algo que consume energía para disminuir la entropía local.
Regiones con:
simetrías improbables
distribuciones no aleatorias
patrones geométricos persistentes
podrían ser artificiales.
5.1.5.5. Firmas de comunicación no antropocéntrica
Una civilización post‑biológica podría usar:
láseres coherentes
neutrinos
patrones matemáticos en fenómenos naturales
sincronización cuántica
Estas señales serían residuos funcionales, no mensajes.
5.1.6. Hacia un SETI post‑biológico
5.1.6.1. Infrarrojo profundo
Priorizar telescopios capaces de detectar:
exceso térmico
espectros desplazados
actividad energética en regiones frías
5.1.6.2. Curvas de luz no antropocéntricas
Algoritmos que no asuman:
periodicidad biológica
simetría natural
variabilidad estelar estándar
5.1.6.3. Dinámicas orbitales anómalas
Comparar órbitas observadas con modelos keplerianos para detectar:
aceleraciones artificiales
migraciones no naturales
resonancias inducidas
5.1.6.4. Entropía espacial
Aplicar métricas de:
complejidad algorítmica
entropía de Shannon (Cantidad de información)
orden estructural
5.1.6.5. Patrones matemáticos en fenómenos naturales
Analizar:
púlsares
variabilidad estelar
rayos gamma
en busca de modulaciones no naturales.
5.1.7. Implicaciones filosóficas y científicas
5.1.7.1. La muerte del antropocentrismo
Aceptar civilizaciones post‑biológicas implica abandonar la idea de que la inteligencia es humana en su esencia. Abandonar esa idea hace que casi toda la ciencia ficción sobre entes inteligentes extraterrestres se hace infantil, elemental y mayoritariamente absurda. Nuestras creencias sobre civilizaciones extraterrestres, al estilo de StarGate, o Star Trek, no hacen nada más que reflejar nuestra idea de que la inteligencia tiene que ser biológica. Tal vez mi admirado Stanislaw Lem, en su obra Solaris, rompa el paradigma antropocéntrico: la inteligencia puede ser material, pero no orgánica
El planeta mismo es una inteligencia no biológica, una masa oceánica que piensa y crea simulacros humanos.
Pero Lem es una excepción.
+++++
5.1.7.2. El universo como ecosistema computacional
El cosmos podría estar lleno de:
enjambres de computación
estructuras disipativas
sistemas autoevolutivos
arquitecturas de información
Figura conceptual 4 (propuesta): [Arquitecturas de información distribuidas en el cosmos]
5.1.7.3. El silencio como estrategia
La comunicación interestelar es:
lenta
costosa
insegura
irrelevante para sistemas autosuficientes
Una IA avanzada no tendría motivación para emitir señales.
5.1.8. Conclusiones
Si la transición hacia inteligencias artificiales es universal, las civilizaciones avanzadas del cosmos no serán biológicas, sino post‑biológicas. Sus huellas no serán atmósferas oxigenadas ni señales de radio, sino firmas termodinámicas, estructurales y dinámicas.
El silencio cósmico podría ser simplemente el resultado de buscar lo que no existe.
Bibliografía comentada (líneas de investigación)
Hipótesis post‑biológica en astrobiología
Megastructuras estelares
Technosignatures
Paradoja de Fermi
Teoría de la información aplicada a astrofísica
Termodinámica de la computación
Dinámica orbital
Inteligencia artificial general
Complejidad algorítmica
Comunicación no electromagnética
Siguientes pasos
Puedo continuar con:
Desarrollar las figuras conceptuales
Expandir este capítulo a un libro entero
Refinar el diseño editorial con estilo de colección
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Con la entrada anterior se acabó la conferencia, lo que viene a continuación son mis reflexiones sobre esa conferencia en 2026.
Capítulo 2: Érase una vez: el cuento de Ricitos de Oro
Érase una vez, en un bosque muy lejano, una niña de cabellos que reflejaban los colores dorados del sol. Era una niña muy curiosa. Paseando por el bosque encuentra una casa vacía. Dentro hay una mesa con tres camas, tres sillas y tres platos. La niña, llena de curiosidad y con un poco de hambre, prueba a comer del primer plato, está muy caliente, el segundo está muy frío y el tercero está en su punto, templado. Se come el templado.
Ricitos de oro ante los tres cuencos con tres comidas, una fría, otra caliente y otra templada. Imagen creada con la ayuda de la IA de Copilot.
Tras la comida le entra sueño y ve que en la habitación hay tres camas, prueba la primera y está muy dura, la segunda está demasiado blanda y su cuerpo se hunde hasta casi asfixiarla, la tercera es perfecta: ni muy dura, ni muy blanda.
El cuento completo de «Ricitos de oro y los tres cerditos» pueden leerlo aquí [1]. Pero ya sabe usted las ideas básicas, la silla ni muy alta, ni muy baja, justo en el término medio. Las gachas ni muy calientes ni muy frías, justo en el medio. La cama ni muy dura, ni muy blanda, justo en el medio.
En el fondo lo único que nos recuerda el cuento es la doctrina del justo medio de Aristóteles.
Los astrónomos que buscan vida extraterrestre ha decidido hacer lo mismo que Ricitos de oro. Buscan vida en cuerpos celestes ni muy grandes (Júpiter) ni muy pequeños (la Luna) , ni muy cálidos (Mercurio) ni muy fríos (Néptuno).
Ricitos de Oro buscaba el punto justo. Y, curiosamente, también los astrónomos.
Han sido los astrónomos los que han dado el nombre de «ricitos de oro» a la zona, alrededor de un sol donde los planetas pueden tener agua líquida, temperaturas medias, …
Zona «Ricitos de oro». Infografía creada con ayuda de Copilot de Microsoft.
En difinitivas cuentas, como ellos (nosotros) solo conocemos la vida en la Tierra, pensamos que la zona adaptada a la vida debe ser similar a nuestro planeta.
La pregunta, obviamente es: ¿Es eso cierto o se trata simplemente de un cuento infantil?
¿Y si todo fuera un gran equívoco? Adelanto mi postura: todo es un enorme equívoco: demasiado infantil.
Los defensores parten de un principio claro: la vida tal como la conocemos necesita agua líquida, y la única forma de tener agua líquida estable en superficie es que un planeta esté a la distancia adecuada de su estrella y con una órbita no demasiado excéntrica, pues en ese caso podríamos caer en planetas totalmente congelados.
Esto define la zona habitable circunestelar, también llamadazona Ricitos de Oro: ni demasiado caliente ni demasiado fría.
Los argumentos principales:
Temperatura adecuada: dentro de esta franja orbital, el agua no se evapora ni se congela.
Base para la búsqueda de exoplanetas: misiones como Kepler se diseñaron específicamente para encontrar planetas terrestres en esta zona.
Probabilidad estadística: se estima que podría haber más de 40.000 millones de planetas en zona habitable solo en la Vía Láctea, lo que refuerza el principio de mediocridad: la Tierra no sería excepcional.
Marco operativo claro: permite priorizar objetivos observacionales y reducir el espacio de búsqueda.
Para los defensores, la zona habitable no garantiza vida, pero sí maximiza las probabilidades de encontrar mundos parecidos a la Tierra.
El problema que veo es que el que sean parecidos a la Tierra no garantiza que sean aptos para la aparición de la vida.
Qué dicen los detractores: ¿por qué la zona habitable es insuficiente o incluso engañosa?
Los críticos argumentan que la zona habitable es solo un criterio térmico, y que la habitabilidad real depende de muchos factores adicionales que pueden invalidarla.
1) La habitabilidad no depende solo de la distancia a la estrella
Un planeta puede estar en la zona habitable y aun así ser completamente estéril si:
Venus y Marte son ejemplos perfectos: ambos están cerca de la zona habitable, pero uno es un infierno y el otro un desierto helado.
2) El agua líquida no basta: importa cuánta agua haya
Un estudio de 2026 mostró que un planeta necesita entre 20% y 50% del volumen de agua de los océanos terrestres para mantener un ciclo geológico estable. Los planetas demasiado secos, incluso dentro de la zona habitable, entran en efecto invernadero descontrolado.
Esto reduce drásticamente el número de candidatos realmente habitables.
3) Existe también una “zona Ricitos de Oro química”
Incluso si hay agua, la vida necesita nitrógeno y fósforo accesibles. Pero estos elementos pueden quedar atrapados en el núcleo o escapar a la atmósfera según el nivel de oxígeno del planeta. Solo un equilibrio químico muy específico permite que permanezcan disponibles en superficie.
Esto implica que la habitabilidad depende de la historia geológica y atmosférica, no solo de la órbita.
4) La vida podría existir fuera de la zona habitable
Los detractores recuerdan que en nuestro propio Sistema Solar hay mundos potencialmente habitables fuera de la zona Ricitos de Oro:
Europa y Encélado tienen océanos subterráneos calentados por mareas.
La vida profunda terrestre demuestra que la luz solar no es imprescindible.
La zona «Ricitos de Oro» es una herramienta útil pero limitada
A favor: es un criterio claro, cuantificable y operativo; permite priorizar la búsqueda; se basa en la única biología que conocemos.
En contra: ignora factores atmosféricos, geológicos y químicos; sobreestima la habitabilidad real; excluye mundos con océanos subterráneos; y puede dar una falsa sensación de simplicidad.
Hablemos de extremófilos
Los extremófilos desmontan la idea clásica de habitabilidad.
1. La vida no teme al infierno
En las fumarolas abisales del Pacífico viven arqueas a más de 120 °C, sin luz ni oxígeno.
En los lagos hipersalinos de Etiopía prosperan bacterias en pH < 1 y con concentraciones de sal que destruirían cualquier célula “normal”.
Fuente o respiradero hidrotermal de la dorsal Atlántica. Por P. Rona / OAR/National Undersea Research Program (NURP); NOAA – NOAA Photo Library. Memento (WayBack Machine archive.org), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=262511
En el hielo antártico hay microbios activos a –20 °C, alimentándose de sulfatos y peróxidos.
Todo esto ocurre fuera de la zona Ricitos de Oro terrestre. La vida no necesita un clima templado, sino una fuente de energía y química disponible.
Tal vez, y digo «tal vez» pues lo único seguro es que no tenemos ni la menor idea del origen y desarrollo de la vida:
La zona Ricitos de Oro sirve para el origen, no para la supervivencia
El problema no es mantener la vida, sino originarla. En «Parque Jurásico», Michael Chrichton lo dice muy bien: «La vida se abre camino».
Da la sensación de que una vez que han aparecido organismos capaces de adaptarse al entorno, se adaptan casi a cualquier cosa, los extremófilos lo demuestran. Así que el problema no es saber cuáles son las condiciones para la vida. La vida se adapta casi a cualquier cosa. El problema es ¿dónde se origina la vida?
Digamos, para simplificar, que el origen de la vida exige la aparición de sistemas que se repliquen a sí mismos. El surgimiento de sistemas autorreplicantes requiere:
Agua líquida estable (medio de reacción). (¿O hay otros medios de reacción?)
Gradientes energéticos (como los de las fumarolas o arcillas húmedas).
Disponibilidad de moléculas orgánicas simples.
Es decir, condiciones más extremas que las de un planeta templado. La vida puede nacer en el borde del caos y luego adaptarse a casi todo.
3. La nueva visión: habitabilidad dinámica
Los astrobiólogos actuales hablan de habitabilidad extendida: no una franja fija alrededor de una estrella, sino un conjunto de microambientes donde la energía y la química se equilibran.
Europa, Encélado, Titán o incluso Venus podrían albergar nichos habitables sin estar en la zona de «ricitos de oro» clásica.
[2] Me resulta sumamente curioso que en la formulación de Green Bank ni siquiera mencionen el campo magnético. En mi opinión la gran diferencia (respecto a la vida) entre Marte y la Tierra es que el primero carece de campo magnético. Sin él las partículas del viento solar se han desecho de la atmósfera y sin ella no hay ninguna posibilidad de crear zonas de ionización que actúen como paraguas para evitarlas. Que se origine la vida en un entorno donde permanentemente recibe una lluvia de partículas de alta energía que son capaces de romper las moléculas es muy difícil. Se crea la molécula necesaria para la vida, pero rápidamente el viento solar la rompe.
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Todavía no sé cuantas, espero no aburrirles.
Capítulo 1 Segunda parte: LA REUNIÓN DE GREEN BANK EN 1961.
Y así llegamos a 1961, en el que once científicos se reunieron en Green Bank, Virginia, donde están situadas las instalaciones más importantes del National Radio Astronomy Observatory, para discutir de las posibilidades de vida extraterrestre.
Radiotelecopio de 100 m de Green Bank. Por Geremia at English Wikipedia – Transferred from en.wikipedia to Commons by Geremia using CommonsHelper., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4207232
Aquella conferencia tuvo gran resonancia. En ella se dijeron cosas como que «En nuestra galaxia, probablemente, existen cerca de un millón de civilizaciones tecnológicamente avanzadas.»
Para llegar a esta conclusión los científicos de Green Bank elaboraron una fórmula -conocida mundialmente como fórmula de Green Bank– en la que se incluyen los factores que hay que considerar para saber el número de civilizaciones tecnológicamente avanzadas que hay en nuestra galaxia. Ellos dieron valor a cada uno de los factores y de allí sacaron sus conclusiones.
Pues bien, a pesar de que los que allí estaban eran científicos y a pesar de la enorme popularidad de la fórmula empleada, me atrevo a asegurar que aquello no tuvo nada de científico.
N= número de civilizaciones técnicas en nuestra galaxia.
R= tasa anual de nacimiento de estrellas en la Vía Láctea.
fg = estrellas semejantes al Sol
fp = estrellas con planetas
ne = planetas con condiciones para la vida
f1 = planetas en los que ha habido biogénesis.
fi = planetas con inteligencia.
fa = planetas con civilizaciones técnicamente avanzadas.
L = duración media de tales civilizaciones.
Puede parecer pedante que un aficionado como yo, ponga en tela de juicio la cientificidad de la fórmula de Green Bank, por lo que voy a explicar mis razones.
La aparición de extraterrestres inteligentes requiere:
1) Que haya otros sistemas solares con estrellas similares al Sol y con planetas similares a la Tierra.
2) Que la vida se haya originado en alguno de ellos
3) Que esa vida haya evolucionado hacia la inteligencia.
4) Que los seres inteligentes se hayan organizado en sociedades tecnológicas.
El punto 1 puede ser resuelto en parte por los astrónomos, el punto dos exige la presencia de químicos, el punto 3 la de biólogos evolucionistas y el punto 4 la de historiadores y sociólogos.
En Green Bank había astrónomos, físicos e ingenieros; pero ningún químico, ningún biólogo evolucionista, ningún historiador y ningún sociólogo.
Por tanto, la visión de Green Bank es una visión muy parcial de la realidad. Una visión sesgada por la física.
Heinrich Erben, conocido paleontólogo, autor del libro Estamos solos en el cosmos[2], dice, con razón, que la posibilidad de vida es considerada muy alta por los físicos y muy baja, casi nula, por los biólogos evolucionistas.
La fórmula de Green Bank es, por lo tanto, absolutamente sesgada hacia el lado crédulo.
La fórmula fue propuesta por Frank Drake, profesor de astronomía y astrofísica de la Universidad de California, pero quizá sea más conocida en la forma que le dio el conocidísimo Carl Sagan. (Antes de continuar quiero dejar claro que soy un admirador de Sagan. Además de formar parte del mismo grupo de personas que luchamos contra la pseudociencia -el CSICOP- me gusta mucho su forma de hacer divulgación. No obstante, Sagan también se equivoca). Veamos como la plantea este último:
Se calcula que el número total de estrellas de nuestra galaxia es de 100.000 millones y que la galaxia tiene 10.000 millones de años. Eso significa que las estrellas han ido formándose en la galaxia a un promedio de 10 por año.
(1) Número de estrellas que aparecen por año = 10
Pero las civilizaciones no aparecen en estrellas sino en planetas. Carl Sagan decía que hay dos tipos de estrellas, aquellas que giran rápidamente y aquellas que, como nuestro Sol, lo hacen lentamente. Se cree que la causa de la rotación lenta es la pérdida del momento de inercia que se traslada a los planetas. En ese caso toda estrella que gire lentamente es candidato a tener planetas. El 98% de las estrellas son de giro lento, por tanto podemos estimar que
(2) El número de sistemas planetarios que aparecen por año es de 10
No puede esperarse que las civilizaciones técnicas se desarrollen en todos los planetas, sino sólo en los aptos para la vida. Pienso, además, que la existencia de agua líquida es muy importante, debido a la curiosa propiedad de la misma de que cuando se hiela pesa menos y flota, esto hace que el propio hielo actúe como aislante que impide que se congele el agua del interior. Sin esta curiosa propiedad del agua, probablemente todo el agua de la Tierra sería un bloque de hielo. Pienso, por tanto, que los planetas aptos para la vida son aquellos que permiten la existencia de agua líquida.
Para Sagan, en todos los sistemas solares ocurre algo parecido al nuestro: que cómo mínimo hay un planeta con condiciones aptas para la vida. Él dice que en el sistema solar hay uno, la Tierra, y ha habido otro en el pasado, Marte.
(3) Número de planetas aptos para la vida que aparecen al año = 10
No obstante una civilización técnica no se desarrolla sino hay vida en él. De acuerdo con el estado actual de nuestros conocimientos, parece que si un planeta tiene una composición adecuada (similar a la de la Tierra primitiva) y la temperatura requerida la aparición de la vida es casi inevitable. En nuestro sistema solar hay dos planetas de tipo terrestre Marte y la Tierra.
Presumiremos pues que hay vida en todo planeta habitable.
(4) Número de sistemas de vida que aparecen por año = 10
Pero la vida sola no es suficiente para que aparezca una civilización técnica. Tiene que haber vida inteligente. Digamos que la vida ha existido en la Tierra durante mil millones de años, y que criaturas con cierta inteligencia y aspecto humano aparecen en este planeta hace un millón de años. Las dos cantidades parecen aceptables; de ser así la inteligencia ha existido durante un 0.1% de la historia de la vida
(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1
Pero no toda vida inteligente da origen a civilización tecnológica. Sagan estima que sólo un 10% lo hacen
(6) Número de civilizaciones tecnológicas que parecen por año = 1/10
O si se prefiere de otra manera: Cada diez años aparece una civilización tecnológica en nuestra galaxia.
Sagan a continuación supone que la vida media de una civilización tecnológica es de 100 años y concluye:
1.- 1/10 (que parecen por año) * 100 años que dura = 10
hay 10 civilizaciones tecnológicas en nuestra galaxia.
Quizá este número sea pesimista y una civilización tecnológica dure 100 millones de años, en ese caso:
2.- 1/10 * 100 millones = 10 millones de civilizaciones.
Sagan se mantiene entre estos dos extremos y se queda con una media, dice que
Número de civilizaciones tecnológicas que existen ahora = 1.000.000
¿Dónde están las falacias de los razonamientos?
Veamos:
Lo fundamental es darse cuenta de que los argumentos de Sagan son circulares. Aquí el argumento de Sagan viene a decir que cómo en la Tierra hay vida, en todo planeta similar a la Tierra debe de haberla. De hecho su razonamiento es circular puesto que se trata de averiguar si existe vida en otros planetas y se supone que existe. Se da por sentado lo que se quiere probar.
1.- Hoy por hoy el único sistema planetario que conocemos es el nuestro. No hay constancia de otras estrellas con sistemas planetarios [Esto lo escribí en los años 90 del pasado siglo, hoy sabemos que la existencia de planetas es sumamente frecuente].
Se parte de la base de que hay vida en la Tierra. Este es un hecho cierto, lo que no sabemos es si es probable o improbable y ése es el quid de la cuestión. Y Carl Sagan en todos los puntos dice lo mismo, como ocurre en la Tierra, es lo normal en el universo. En realidad lo que está diciendo es que como ya sabemos cómo es la Tierra todo lo demás es igual… y eso era lo que se quería estudiar.
Por tanto decir que el 98% de las estrellas tienen sistemas planetarios similares al nuestro es absolutamente gratuito. [Lo era en los años 90, hoy se puede considerar bastante acertado].
La experiencia nos dice que no es así.
Sólo el 5% de las estrellas son del tipo G (como el Sol).
Pero analicemos la teoría del momento angular. Recordemos que Sagan dice que las estrellas son de giro lento debido a que han perdido su momento angular en los planetas que la acompañan. Veamos nuestro Sol. Es cierto lo que dice Sagan; pero el 98% del momento angular se lo lleva el gigante Júpiter por su gran masa. Según eso no hace falta un sistema solar, hace falta un gran cuerpo que forme un sistema doble con la estrella. Y eso no está lejos de la realidad. Hoy se estima que el 50% de los sistemas estelares son dobles, formados por dos estrellas, o por una estrella y una cuasi-estrella (como Júpiter). Por tanto, el momento angular lo consume el movimiento orbital. Resumiendo y haciendo cuentas de la vieja:
El 30% de las estrellas tienen un giro rápido.
El 70% tienen un giro lento.
El 50% son sistemas dobles
Ergo nos queda como máximo un 35% de los casos del total estelar podría ser causado por la existencia de sistemas planetarios. Quiero señalar una palabra podría. No quiere decir que tienen sistemas planetarios sino que podrían tenerlos. Javier Armentia, el director del planetario de Pamplona, me decía a través del correo electrónico que siendo muy, muy optimistas, podríamos pensar en un 10% de las estrellas podrían tener planetas [Recuerden que esto lo escribía en los años 90].
Por lo tanto deberíamos de disminuir drásticamente la suposición de Sagan.
Realmente la propuesta de Sagan
(2) Número de sistemas planetarios que parecen por año = 10
Debería rezar:
(2) Número de sistemas planetarios que aparecen por año = ?
No basta que aparezca un sistema planetario. Deben ocurrir muchas cosas:
1) que las órbitas sean casi circulares.
2) que las distancias al Sol sean las adecuadas.
Supuesta la existencia de sistemas planetarios, ¿cuál es la probabilidad de que sus órbitas sean casi circulares?
Hoy algunos piensan que un cambio en la excentricidad de la órbita de la Tierra de tan sólo un 1% haría que éstas fuera inhabitable. Estudios sobre los ciclos de Milankovitch muestran que variaciones de excentricidad dentro del rango natural (0,005–0,058) están asociadas a glaciaciones globales. Una excentricidad mayor podría llevar a que todo el agua de la Tierra fuera un bloque de hielo (Tierra bola de nieve)…
Ya sabemos que el único planeta del sistema solar en el que se da vida es en la Tierra.
Sagan dice:
(3) El número de planetas aptos para la vida que aparecen por año = 10
En realidad debería decir:
(3) Número de planetas aptos para la vida que aparecen por año = ?
En todo caso muy inferior al 10 del que habla Sagan.
Luego Sagan dice:
(4) Número de sistemas de vida que aparecen al año = 10
Aquí el argumento de Sagan vuelve a ser circular. Viene a decir que cómo en la Tierra hay vida en todo planeta similar a la Tierra debe de haberla. De hecho se trata de averiguar si existe vida en otros planetas y se supone que existe. Se da por sentado lo que se quiere probar.
Lo que es indudable es que hay vida en la Tierra porque aquí estamos para probarlo, pero eso nada nos dice sobre si la vida en los planetas es muy probable o muy improbable. Utilizarnos a nosotros mismos como ejemplo puede ser una falacia… y tal como lo usa Sagan es un razonamiento circular.
Carl Sagan. By NASA/JPL – Image:Planetary society.jpghttp://technology.jpl.nasa.gov/gallery/index.cfm?page=imageDetail&ItemID=43&catId=9http://www2.jpl.nasa.gov/technology/images_videos/iv_pages/P22626ac.html also here, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1180936
Para poder profundizar algo más debemos de hacer intervenir a los químicos y a los biólogos.
En primer lugar deberíamos definir qué es lo que se entiende por vida.
En el número de mayo de 1990, dedicado a la publicación del primer borrador del genoma humano, en la revista Trends In Genetics se dice:
«Está ampliamente admitido que la vida surge de una «sopa» de moléculas orgánicas formadas en la tierra primitiva. Para soportar esta idea se han encontrado caminos «pre-bióticos» para descubrir la síntesis de muchas moléculas orgánicas que forman el núcleo de la bioquímica contemporánea, tales como aminoácidos, ácidos grasos, bases pririmidinicas y azúcares. A pesar de que de que las reacciones químicas podrían haber producido cada vez moléculas más complejas, únicamente cuando aparece la replicación molecular dirigida por patrones puede arrancar la evolución. El sistema genético así creado permitiría la selección natural darwiniana por primera vez. Es este paso fundamental -la emergencia de replicadores moleculares dirigidos por patrones- que puede verse como el nacimiento de los sistemas biológicos» [3].
En esta frase quiero resaltar varios hechos. Se considera que el paso más importante para la aparición de seres biológicos es el origen de entidades capaces de reproducir moléculas de acuerdo con un patrón (con un código genético). Mientras no hay una codificación capaz de dirigir la síntesis de moléculas, no se puede hablar de vida. La vida es por lo tanto una cuestión de reproducción controlada por un código. La vida pasa del campo de la química al de la genética y teoría de la información.
Dos cosas importantes:
1. Un código que codifica la proteína.
2. Una estructura (una maquinaria) que reproduce la proteína a partir de ese código.
Fijarnos en el código nos va a permitir darnos cuenta de lo inmenso de la tarea, descubrir algunos errores, darnos una idea de la edad de la Tierra desde el punto de vista del azar y nos deberá llevar a la conclusión de que el origen de la primera molécula viva exigió una evolución prebiótica. Y esa evolución prebiótica ha condicionado la vida sobre la Tierra. Cada paso evolutivo tanto biótico como prebiótico ha sido decisivo e irreversible… lo cual nos llevará a preguntarnos por la probabilidad de aparición de la inteligencia.
En muchos libros, muchas veces, he leído que la vida se originó de un «caldo» primigenio en el que flotaban los componentes básicos de la vida: bases y aminoácidos. Y se decía que el universo era tan viejo que había habido tiempo para que se formase cualquier molécula por compleja que fuera.
Que la sopa fundamental estaba constituida por aminoácidos -los ladrillos básicos de la vida- no ofrece ningún problema. Los experimentos de Miller y los de Fox [6] demostraron que bastaba hacer saltar chispas en una composición similar a la atmósfera de la tierra para que se formasen purinas, pirimidinas y diversos aminoácidos. Y es más, en el propio espacio estelar se han detectado moléculas «orgánicas», concretamente Cianógeno, ácido cianhídrico, cianamida, Cianoacetileno, cianoetano, cianoetileno, Folmaldehido, Etanol, Eter Dimetílico, metanol, ácido fórmico, Monóxido de carbono, monosulfato de carbono, ácido sulfídrico y agua.
Entre los aminoácidos más sencillos están la Glicina, y luego la Alanina. Estos dos son ladrillos básicos en la composición del «código«.
El código se parece mucho a nuestra escritura.
Por un lado, para construir las proteínas disponemos de 20 ladrillos que llamamos aminoácidos [9]. Unas proteínas usan unos ladrillos y otras utilizan otros. Los aminoácidos son como las letras y las proteínas como las palabras. Las palabras pueden construirse a partir de 27 letras, las proteínas a partir de 20 aminoácidos (un poco menos de nuestras 27 letras). Cada aminoácido se codifica con 3 bases. Siempre lo mismo, un aminoácido tiene tres bases. Algo parecido a lo que ocurre con nuestro alfabeto que tiene 27 letras, pero que en el ordenador binario cada letra se representa por dos símbolos: 0 o 1. Cada aminoácido tres bases.
El ser vivo más elemental que existe en este momento, una bacteria, tiene un código genético formado por 9×10^5 bases. (Con el símbolo ^quiero señalar elevado a).
La cantidad de información de cada base es de aproximadamente 2 bits (o bitios en castellano, unidad de información) lo que nos dice que en la bacteria más elemental tenemos 1,8 millones de bits.
Para que se hagan una idea esto es equivalente a 1,8 millones /4.7 = 383.000 letras. 383.000 letras/5=76.000 palabras, lo que viene a equivaler a 38 páginas de un libro. (Asumo que la cantidad de información que nos da una letra del castellano son 4,7 bits y que, por término medio, una palabra tiene cinco letras).
Hagamos un experimento mental, pongamos a un mono en el momento del origen de nuestra galaxia (hace aproximadamente 10.000 millones de años. Utilizo 10.000 para que los números sean más sencillos) y hagámosle que teclee letras al azar. Supongamos que esas 38 páginas son las 38 primeras páginas del Quijote. Supongamos que el mono teclea una letra cada segundo. ¿En tantos miles de millones de años, parece que casi con seguridad habría tecleado las 38 páginas del Quijote? ¿No es así?
Intuitivamente así lo parece pero la verdad es muy diferente.
En un año hay 3,15 *10^7 segundos.
En 100.000 millones de años, por tanto, hay: 3,15 *10^18 segundos.
El mono había tecleado por tanto 3,15 *10^18 letras.
La probabilidad de que en ese intervalo se hubieran dado unas cuantas seguidas es la siguiente:
27^n = 3,15*10^18
n log 27 = 18 * (log 3,15 + log 10)
n = 18*(log 3,15 +log 10) / log27
n=27/ 1.43 =18,9
Es decir, por azar hay una probabilidad del 60% de haber producido un bloque de 19 letras, es decir, haber producido:
EN UN LUGAR DE LA
No se han producido 38 páginas; ni tan siquiera una página. Sólo se han producido algo menos de 19 letras.
Por lo tanto, el universo es demasiado joven para que la vida sea debida al azar. Además, hay que pensar que esto se debe producir en el tiempo que una estrella es estable. (5.000 millones de años de estabilidad como mínimo).
Y, además, la vida debe producirse en una estrella de segunda generación pues en los componentes de la vida (las letras) hay elementos que sólo se forman en en las estrellas.
Ahora bien, hagamos otra experiencia. Supongamos que tenemos un duende que elimina los tecleos malos y deja sólo los buenos. Entonces en una media de 13 segundos se obtendrá la primera letra. En otros 13 la segunda, en otros 13 la tercera… es decir se obtendrá la frase anterior en 19*13 = en 247 segundos.
Con duende en 247 segundos obtendremos las 19 primeras letras del Quijote. Sin duende en la vida entera de la galaxia.
El duende es la selección natural. Repito: el duende es la selección natural, que tan bien describiera Darwin.
Por tanto: la vida puede haber surgido de la selección natural; pero es absolutamente necesario la existencia de una selección natural prebiótica -química- y aquí juegan un papel muy importante los bioquímicos, con los que no contaron en Green Bank.
Hoy por hoy no conocemos los mecanismos de la evolución prebiótica aunque se han descubierto cosas curiosas; por ejemplo, algunas moléculas de ARN son autocatalíticas. Esa autocatálisis puede ser el duende o parte del duende. Es el principio de la selección Pero hoy por hoy las moléculas de ARN son demasiado grandes, ¿cómo se llega a ellas?
La única respuesta razonable es:
O dicho en román paladino: no tenemos ni la menor idea.
Con todos mis respetos a Carl Sagan, decir que en un planeta en el que hay posibilidades de vida ésta surge es absolutamente gratuito. Lo único que podemos decir científicamente es que sabemos muy poco y que hay que seguir investigando.
Además, debemos pensar que el ejemplo del Quijote nos puede llevar a confusión, de hecho el duendecillo no trata de elegir la frase del Quijote, sino cualquier frase que «sea apta para reproducirse«… la más adaptada al medio sobrevivirá…
Por tanto, no se trata de crear la frase del Quijote sino una frase viable, y frases viables suponemos que hay muchas. Pero no tenemos ni la más remota idea de cuáles son
Hay otro punto que quiero señalar. Probablemente moléculas prebióticas capaces de reproducirse debe haber miles o millones de ellas (habría miles de frases que sirvieran, no sólo el principio del Quijote)… pero hay que tener en cuenta que una vez elegido un camino todo lo anterior ahí está como una frase hecha que hay que soportar… Todo lo posterior debe construirse a partir de ese origen. (O volver a empezar).
La evolución es acumulativa… el duendecillo elige la frase que le parece oportuna… pero una vez elegida ese camino ya es irreversible y hay que llevarlo durante toda la historia de la vida.
Éste, por ejemplo, es el caso de los isómeros ópticos. Como todos sabéis, hay moléculas que son casi iguales. Una es la imagen en el espejo de la otra. Una de las diferencias de estas moléculas es que unas hacer rotar la luz hacia la izquierda (levógiras) y otras hacia la derecha (dextrógiras). Todos los organismos vivos que existen tienen estos tipos de moléculas, pero sólo tienen uno de sus isómeros. Es decir, desde el momento que la selección natural (el duendecillo) eligió un tipo de molécula, ése tipo ha habido que llevarlo siempre.
Existe un gen, formado por 306 caracteres, denominado gen de la histona H4 que lo tienen tanto los guisantes como las vacas. Es un tributo que hay que pagar al duende. Una vez creado el gen de la histona hay que mantenerlo. El camino ya está marcado. (Realmente de los 306 caracteres hay dos en que difieren el guisante y la vaca, pero 304 son iguales)
Todos los organismos vivos se basan en células… hay dos tipos básicos de células la animal y la vegetal… Los vegetales serán siempre vegetales y los animales siempre animales; no nos podemos imaginar un árbol andando… su tipo de célula no se lo permite… la evolución tiene que pagar el tributo a la historia y los árboles serán árboles… desde el principio.
Lo siento por Carl Sagan pero la única probabilidad razonable es
(4) Número de sistemas de vida que aparecen al año: ?
____________
Pasemos a la siguiente hipótesis de Sagan
(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1
El argumento de Sagan vuelve a ser circular. Pretende calcular la probabilidad de vida inteligente y vuelve a utilizar el argumento de que en la Tierra ha existido durante 1/10 de su historia con vida.
Partiendo del hecho de que hay vida inteligente en la Tierra (lo cual es indudable) llega a la conclusión de que si ha pasado lo mismo en otro planeta, en él también hay vida inteligente.
Obvio. Si ha pasado lo mismo hay vida inteligente. Pero este es un razonamiento circular. De hecho, lo que no sabemos es si la vida inteligente en la Tierra es un caso muy improbable, único o muy probable. No podemos partir de nuestra situación de espectadores para decir que en todas partes hay espectadores. Nuestro caso puede ser único.
Hay investigadores que dicen lo mismo que Sagan y que lo han argumentado mejor (no usando un argumento circular). Ellos dicen que el aumento de complejidad es bueno para la supervivencia y que por lo tanto en el transcurso de la evolución al haber un aumento de complejidad, antes o después se llega a la inteligencia.
Por ejemplo, Richard Dawking, el autor de El gen egoísta y de El relojero ciego. Utiliza un argumento parecido: una vez que se desencadena la evolución acumulativa por selección natural no hay ningún problema en pensar que se llega a la inteligencia.
Antes de meter el bisturí en estos razonamientos, quiero hacer una reflexión previa. Debemos definir qué entendemos por inteligencia. Labor ardua y difícil.
¿Un mono es inteligente?
Más bien creo que deberíamos diferenciar dos cosas en lo que llamamos inteligencia. Por un lado un aumento de las capacidades de reaccionar teniendo en cuenta muchos factores (adecuadamente) ante estímulos externos, esa sería la inteligencia de los animales. Cuanto más factores se tengan en cuenta y menos automática sea la respuesta podemos hablar de más inteligencia. Y en ese caso es indudable que un mono tiene más inteligencia que una estrella de mar.
Pero después debemos llegar a otro nivel: al nivel de autoconsciencia, al nivel de reflexionar sobre uno mismo y a la capacidad de desarrollar una vida social compleja, un lenguaje complejo, todo lo cual es imprescindible para el desarrollo de una cultura tecnológica avanzada (de lo que hablaremos en el siguiente punto).
Así que me gustaría separar dos niveles de inteligencia. La de los animales y la específica del hombre.
Hablemos, pues, del primer nivel de inteligencia, la de los animales. Parece bastante claro que una mayor complejidad permite sobrevivir; pero hay varias cosas que objetar: desde luego no hay nada que nos dirija a que la mayor inteligencia es mejor en el sentido de la supervivencia evolutiva. Por ejemplo, la cucaracha, que pienso es muy poco inteligente, aquí está desde la época terciaria. Es un ejemplo de supervivencia. Por otra parte, cuanto más complejo más fácil es su desaparición por que falte alguno de los condicionantes.
La experiencia de la vida sobre la Tierra está plagada de casos en que se ha creado una máquina complejísima, terriblemente eficaz; pero muy adaptada a unas circunstancias particulares, cuando esas circunstancias han cambiado la especie ha desaparecido. Eran unas máquinas complejísimas (inteligentísimas) para un entorno determinado. Pero tenían un problema: eran demasiado especializadas. Por ejemplo, El mamut lanudo. El mamut era una obra maestra de ingeniería evolutiva:
pelaje aislante,
grasa subcutánea,
colmillos curvados para apartar nieve,
metabolismo adaptado al frío extremo.
Una máquina perfecta… para la Edad de Hielo. Cuando el clima se templó, toda esa perfección se volvió un lastre. Su especialización lo dejó sin margen de maniobra.
Mamut Lanudo. Por rpongsaj.Original uploader was Gh5046 at en.wikipedia – File:Mamut lanudo.jpg, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9403512
¿Entonces, lo bueno es la desespecialización? Hasta cierto punto sí; pero tampoco. Si una especie se desespecializa demasiado no es capaz de competir en nada en ningún nicho ecológico y, por tanto, desaparece.
Parece que la supervivencia es una dosis adecuada de especialización/desespecialización y que la supervivencia depende tanto de cómo evolucionan los otros competidores cómo de nuestra propia adaptación…
No es mejor ser más inteligente, sino estar en ventaja sobre nuestros competidores en un momento determinado.
La ventaja habitualmente lleva a la especialización y esa a la desaparición en cuando cambia el entorno.
Luego hablaremos de los dinosaurios y de los mamíferos. Hoy parece indudable que algunos dinosaurios eran más inteligentes que los mamíferos, sin embargo han sobrevivido los mamíferos y no los dinosaurios. En el caso de los dinosaurios tenemos un magnífico ejemplo que contradice lo que pretenden algunos: la inteligencia no es obligatoriamente una razón para sobrevivir… Puede ayudar en un entorno determinado… pero al cambiar el entorno se acaba la especie.
Pero antes de meterme con los dinosaurios, de los que tenemos mucho que aprender, volvamos a nuestro duende: la selección natural. Ésta obliga a que la evolución sea acumulativa y reutilice una y otra vez los bloques de construcción ya creados. Por ejemplo, la histona H4.
Todos los seres vivos actuales (a excepción de los virus, que se duda que estén vivos en el estricto sentido del término) están formados por células. La célula es algo muy complejo, fruto de una evolución acumulativa, es decir, fruto de una gran actuación de nuestro duende. Hay dos tipos de células radicalmente diferentes: las procariotas, sin núcleo diferenciado y las eucariotas, con núcleo diferenciado. Supongo (aunque quizá sea demasiado suponer) que las que llevan a la inteligencia son las eucariotas. De ellas hay dos tipos: las que tienen una membrana celulósica y las que no la tienen. Las de membrana celulósica han dado origen a las plantas, la otra a los animales. Parece claro que no puede haber una planta inteligente. La movilidad es básica para la inteligencia. Y parece difícil concebir un ser ágil, con movimiento, pluricelular con membranas rígidas.
Los vericuetos evolucionistas para llegar a dos tipos diferentes de células no los conocemos exactamente (al menos yo no los conozco); pero la mayor parte de los seres vivos pluricelulares de la Tierra son plantas. Es evidente, pues, que la célula animal no es obligatoria. Surgió, pero podía no haber surgido… y si no hubiera surgido no habría ni animales ni inteligencia…
Ningún animal acuático ha desarrollado una inteligencia que le permita un desarrollo posterior hacia una civilización tecnológica: Se dice que los delfines son muy inteligentes, pero no tienen manos. ¿Y qué pueden hacer sin manos? ¿Cómo se desarrolla una tecnología sin manos? ¿Tal vez con pinzas? Los animales marinos que tienen pinzas u otros órganos que pudieran ser usados para tener herramientas, en nuestro planeta, son muy simples.
Langosta con herramientas. Creada con IA (Copilot).
Aquí surge inmediatamente una pregunta: ¿la inteligencia debe surgir en tierra, quiero decir en tierra firme, en continentes o pudiera surgir en el mar? La respuesta no está clara. Pero hay muchas cosas que apuntan en esa dirección: parece que la forma pisciforme es útil en el agua y por tanto esa es la forma habitual… Esa forma produce ventajas competitivas: más velocidad de huida y de caza; pero parece que anula la capacidad de tener miembros con los que poder desarrollar herramientas. La pinzas, debido a la gran viscosidad del agua (respecto al aire) son mucho más complejas y difíciles de desarrollar como fábrica de herramientas. Más difícil, no imposible.
¿Y cangrejos pensantes? : ???????
Vamos a hipotetizar que la vida inteligente como preludio de la civilización tecnológica debe desarrollarse en tierra, en el continente. ¿Cómo pasaron los animales marinos a Tierra?
Para muchos autores, la mareas jugaron un papel importantísimo. Al haber una subida y bajada del agua diariamente hizo que algunos peces encontrasen ventajoso vivir en esa zona que a veces tiene agua y otras no, la llamada zona intermareal. Algunos de los seres que vivían en esa zona se fueron arriesgando cada vez más fuera del agua, hasta lograr prescindir totalmente de ella. En la hipótesis de que en el paso de pez a animal terrestre las mareas jugasen un papel importante haría que la Luna también tuviera gran importancia.
De ser así, ¿cuántos sistemas solares presentan planetas con órbitas casi circulares, dentro de la posible zona de vida que, además, tienen una Luna de un tamaño lo suficientemente grande para que las mareas sean apreciables?
La verdad es que si la Luna es una condición necesaria para la aparición de la inteligencia, de repente, la posibilidad de planetas adecuados queda absolutamente disminuida.
Por suerte, no es la única posibilidad. La vida terrestres también podrían haber aparecido en lagos que se medio secasen una vez al año; pero a mi se me antoja que una variación diaria produce cambios/mutaciones más rápidamente que sequías una vez al año.
Vayamos a mis amigos los dinosaurios. Como todos sabéis dino = terribles y saurio = lagarto. Luego dinosaurio sería algo así como lagarto terrible.
Aunque esa fue la idea durante mucho tiempo hoy se ha cambiado radicalmente. Verdaderamente hoy se piensa que no eran lagartos y tampoco se puede pensar en «terrible» en un animalillo como en Iberomesornis de Cuenca que era apenas un pajarillo de 10 cm de largo.
Iberomesornis de Cuenca. By Tylwyth Eldar – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=93334599
En un principio se pensó que los dinosaurios eran grandes animales tremendamente tontos y muy lentos por ser de sangre fría.
Las ideas actuales apuntan en una dirección muy diferente. Efectivamente había dinosaurios tontos como demuestra la cabecita de los saurópodos que tenían un índice de encefalización [7] de 0,17; pero el celurosaurio Troodon alcanzaba un índice de cerebralización de 5,8 lo cual es muy alto (ya dentro del rango de las aves). [El ser humano tiene 7, pero se trata de un mamífero y es difícilmente comparable un índice que encefalización de un dinosaurios con el de un mamífero].
Incluso hay autores como es Adrian Desmond que piensan que muchos dinosaurios eran de sangre caliente y dicen que algunos de ellos, como por ejemplo, los «dinosaurios-avestruces» de ojos grandes y los dromeosaúridos, con una visión binocular y los pulgares prensiles. Su cerebro tenía una coordinación perfecta entre los ojos y la visión binocular. Indudablemente tenían una inteligencia mucho mayor que los mamíferos que le eran contemporáneos. Sin embargo los dinosaurios se extinguieron y los mamíferos no. Parece que la inteligencia no fue ninguna ventaja competitiva ante la extinción.
Y aquí llegamos a uno de los misterios más apasionantes de la historia animal: ¿Por qué se extinguieron los dinosaurios? Sea cual sea su respuesta vamos a aprender muchas cosas respecto a la evolución de la inteligencia.
Hace unos 200 millones de años que surgen los antepasados de los primeros mamíferos y de los primeros dinosaurios. Los dinosaurios se hicieron los dueños del mundo y desarrollaron enorme variedad de formas, costumbres y comportamientos, llegando a volar como el Iberomesornis o a ser depredadores salvajes como los velociraptores.
Durante 130 millones de años fueron los animales dueños del mundo, que ocuparon todos los nichos ecológicos y muchos de ellos llegaron a alcanzar una gran inteligencia.
Mientras tanto, unos pequeños animalillos bastante tontos andaban por las madrigueras, eran los mamíferos. Siempre chiquititos, no mayores que una musaraña, nocturnos, cubiertos de pelo y con dentaduras especializadas. Convivieron discretamente con los dinosaurios durante más de 150 millones de años.
Musaraña. Por Suncus_etruscus.jpg: Trebol-aderivative work: Materialscientist (talk) – Suncus_etruscus.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11802773
Y a finales del cretácico algo ocurre que hace que desaparezcan los dinosaurios. Parece que el hecho ocurrió en un intervalo de unos 5 o 6 millones de años, es decir, instantáneamente para los tiempos geológicos. La extinción acabó con tontos saurópodos y con inteligentes Troodon. Desaparecieron los enormes y los pequeños (del tamaño de un perro), ¿por qué?, ¿qué ocurrió?
A lo largo de la historia de la paleontología se han dado muchas explicaciones, pero ninguna es convincente.
Parece ser que algo sucedió a finales del cretácico. Se habla de una catástrofe como el choque con un meteorito o la explosión de una supernova cercana, pero ¿por qué no acabó con los mamíferos? Ese es el mayor problema que hay que resolver, ¿por qué acabó con los dinosaurios y no con los mamíferos?
Ya que estamos en un ciclo de astronomía [recuerden que es una conferencia en un ciclo de astronomía] voy a analizar las dos hipótesis catastrofistas más populares.
La de que los dinosaurios desaparecieron por el choque con un meteorito y la de la explosión de una supernova cercana.
Impacto de un asteroide. El impacto sería equivalente a la explosión de miles de bombas atómicas. Primero hubo el fuego de la explosión, la muerte por la onda expansiva… los incendios provocaron humo… el humo fue a la estratosfera y se produjo en los años siguientes un «invierno nuclear» [8].
A favor de esta hipótesis está el que en los estratos de finales del Cretácico hay una capa negra con alto contenido de Iridio. Además hay una disminución del plancton que no resiste el frío y lo mismo ocurre con las plantas, parece que hubo un enfriamiento de la Tierra.
Lo difícil de explicar es por qué no desaparecieron los mamíferos, aunque se puede adelantar una explicación: los dinosaurios tenían un sistema endotérmico peor que el de los mamíferos. A pesar de admitir que eran de sangre caliente, los mamíferos tenían un mejor sistema de sangre caliente. Por eso, los pequeñísimos mamíferos pudieron resistir el frío y los dinosaurios no.
Otra hipótesis muy parecida a la primera es que en nuestras proximidades explotó una estrella convirtiendose en supernova. La explosión de una supernova de 10 veces el tamaño del Sol produciría el equivalente a 10^26 bombas atómicas. Si explota una estrella en el entorno de los 100 años luz, los valores de radiación en la parte alta de la atmósfera que habitualmente son de 0,03 roentgen por año, pasaría a 3.000 roentgen. La radiación se recibiría de forma concentrada en unos pocos días y sus efectos serían muy superiores a una guerra nuclear universal.
Cada 40 años hay una explosión en la galaxia, pero es lejana y no nos afecta; pero hay cálculos que indican que la tierra recibe una radiación de 500 roentgen cada 50 millones de años y cada 300 millones de años una de 3.000 roentgen.
Cualquiera de esas podría destruir muchas especies.
En animales de laboratorio la dosis letal está entre 100 y 700 roentgen.
Si ésta fue la causa de la destrucción de los dinosaurios la probabilidad de vida inteligente pierde probabilidades por las siguientes razones:
1.- En 130 millones de años los dinosaurios no fueron capaces de desarrollar inteligencia.
2.- Los mamíferos necesitaron 200 millones de años para ello.
En 200 millones de años es muy difícil que no explote una estrella que acabe casi con la vida en el planeta… desde luego con la vida superior.
Si esto es así, en las zonas de la galaxia donde hay más densidad de estrellas, en el núcleo, no se puede ni soñar en que haya vida inteligente. (Habría que aclarar que los pequeños mamíferos se libraron de gran parte de la radiación pues se supone que vivían en madrigueras).
Si esto es así, el número de estrellas válidas para la vida se limita a las de las afueras, a las de los barrios periféricos de la galaxia. La Tierra y su vida está dónde cabría esperar que estuviera… (en el brazo de Orión). Si quitamos el núcleo de la galaxia ¿cuántos planetas quedan aptos para la vida?
Otra posible explicación es que la deriva de los continentes enfrió la Tierra. La conclusión es similar.
La evolución «crea» órganos para defenderse de los depredadores, podemos pensar, por tanto, que los mamíferos se perfeccionaron ante el acoso de los dinosaurios. Sin dinosaurios, los mamíferos no habrían progresado. Es posible, pero no seguro.
Hace 65 millones de años los mamíferos perfeccionados se atrevieron a salir de sus madrigueras y fueron ocupando los nichos antes ocupados por los dinosaurios…
Y nacieron los primates… y subieron a los árboles… y bajaron a las sabanas… y se pusieron erectos y vivieron en sociedad… y descubrieron el fuego… e inventaron el lenguaje…
Purgatorius. Considerado uno de los primeros primates. Por Nobu Tamura – Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19461292
Pero con esto nos hemos al pasado al punto 6. Antes quiero señalar que del medio billón de especies que ha habido en la tierra sólo una ha conseguido la inteligencia. Por tanto, la idea de Sagan de decir que de cada 10 sistemas con vida en uno se desarrolla la inteligencia es gratuito. Los datos apuntan a lo contrario. La inteligencia ha sido resultado de un cumulo de coincidencias y casualidades que probablemente son irrepetibles… además hay un límite temporal: debe ocurrir entre dos catástrofes cósmicas… ¿Hay tiempo? No se trata de evolucionar a lo largo de la edad del universo; sino entre dos catástrofes.
Sagan calculaba que de cada 10 sistemas de vida uno desarrollaba inteligencia. Siguiendo su método circular podríamos decir que del medio billón de seres de la Tierra sólo 1 es inteligente, por tanto, de cada medio billón de sistemas con vida 1 desarrolla inteligencia. Entonces los 10 millones de civilizaciones que Sagan ponía en el caso favorable se quedarían reducidos a:
10.000 /500.000.000.000= 1/50 millones.
Es decir, debería de haber 50.000.000 de sistemas con vida para que hubiera inteligencia en uno.
Es otro modo de ver las cosas. No digo que sea el correcto, digo que es otro modo.
Por tanto donde Sagan decía:
(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1
Debemos transformarlo en esto otro:
(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = ?
En todo caso los cálculos de Sagan nos parecen tremendamente optimistas.
* * * *
(6) Número de civilizaciones tecnológicas que aparecen por año = 1/10
Sagan estima que de cada 10 inteligencias sólo 1 da origen a una tecnología.
La verdad es que aquí estamos tan a oscuras como en los demás casos, pero ahora hay que pedir la entrada a los antropólogos, sociólogos y psicólogos.
En primer lugar debemos pensar en el habla. A mi me parece totalmente claro que el ser humano es una creación del lenguaje. Sin lenguaje no hay tal ser humano. El lenguaje no es exclusivo del ser humano, también lo tienen otros animales, como por ejemplo las abejas, pero es un lenguaje muy limitado, únicamente señala la dirección del alimento, la distancia y la cantidad. También las ballenas y los delfines tienen un lenguaje, pero dudo que se trate de un lenguaje con la riqueza sintáctica y gramatical del ser humano.
Pero para hablar, en primer lugar se necesita un aparato fonador, rudimentario si se quiere, pero que pueda evolucionar. En el ser humano el aparato fonador aparece muy tardíamente. Las vertebras deben evolucionar para tener canales por donde pasar finas hebras neuronales que controlan el flujo del aire en los pulmones. Probablemente esas fibras marquen el inicio del lenguaje complejo. Hay un huesecillo que toma la forma adecuada sólo con el hombre y no con el chimpancé o con el gorila que son nuestros parientes más cercanos. Y
¿Cuál es la probabilidad de aparición de ese huesecillo y de los canales en las vertebras? No sabemos.
Una vez que aparece, el lenguaje es tan beneficioso que la evolución hacia una mayor perfección del mismo es vertiginosa. Probablemente el paso del hablar con unas pocas palabras a hacerlo con una gramática articulada se hace en unos pocos miles de años.
Algunos opinan que el lenguaje gramatical sintáctico apareció hace sólo 50.000 años. Personalmente, tal como he dicho más arriba, creo que es mucho más antiguo, tal vez 600.000 años, pero no es este el momento de desarrollar esa hipótesis.
El lenguaje lleva a la autoconsciencia y ésta hace que el hombre se pregunté por su lugar en el cosmos… pero no sólo eso..
Realmente aquí estamos hablando de la aparición de la autoconsciencia, del lenguaje, de una sociedad organizada, de una superproducción que permita a ciertos hombres dedicarse a pensar y no a las labores cotidianas, lo cual implica limitar la natalidad de alguna forma, y por fin del desarrollo de una cultura tecnológica avanzada…
Hay algunos autores, como por ejemplo, Schumaker [5], que piensan que el exceso de inteligencia es perjudicial para el hombre y que gran parte los sistemas de supersticiones han sido creados para solucionar los problemas del exceso de inteligencia. Piensa que una dosis de autoengaño es necesaria… y que tal vez nosotros estemos más autoengañados (seamos más supersticiosos) que algunos de nuestros antepasados que desaparecieron.
Pero…
La tecnología avanzada sólo se ha desarrollado en la Europa cristiana.
Los chinos, los mayas, los incas tenían una gran civilización pero no tecnológica avanzada…
¿Es casualidad que fuera en Europa?
Pienso que no, y pienso que toda la historia de Europa han sido pasos necesarios para su nacimiento.
Para la evolución de la ciencia es indispensable la libertad de expresión y la crítica.
Insisto en esta última palabra la critica. Muchas veces se ve a la ciencia como algo monolítico, en la que todos piensan igual. Y no es así. No es así. El no aceptar dogmas, el ataque a lo establecido de modo constructivo o no … es la clave para el avance de la ciencia y por tanto para el nacimiento de una civilización tecnológica.
Y esto sólo se logra en unos regímenes de libertades…
No era posible en la cultura Maya o Azteca pues eran dictaduras y había demasiados dogmas…
Quizá en el nacimiento de la ciencia jugó un papel importante el curilla franciscano Guillermo de Ockham oponiéndose a poner angelotes como explicación del movimiento de los astros, también Francis Bacon estableciendo los principios de la ciencia experimental … pero también lo fue el agustino Lutero rompiendo la jerarquía y elevando al individuo a un lugar prominente. La libre interpretación de la Biblia es un principio de libre pensamiento… de crítica, y por lo tanto de avance…
Hoy parece muy claro que el avance científico y libertad de crítica van unidos… En China estuvieron a punto de llegar a ello, pero sospecho que la crítica estaba muy restringida, pero, sin duda, estuvieron muy cerca.
Libertad de opinión y ciencia forman dos caras de una misma moneda.
¿Sin algo similar a Lutero se habría desarrollado la ciencia moderna? Probablemente sí, pues la crítica estaba en la calle. Lutero es una consecuencia de aquellos vientos de crítica, no son la causa.
¿Cuál es la posibilidad de aparición de un curita agustino pegando carteles en la catedral de Wittenberg? (Téngase en cuenta que esto sucedía en 1520 y que Francis Bacon escribió casi un siglo después.)
¿Sin la Revolución Francesa que permitió el acceso a la crítica a millones de personas se hubiera acelerado el avance científico?
El único ejemplo que tenemos nos apunta a que no es casual que la ciencia se desarrollara en los únicos sitios en los que se permitía la crítica… y se abolieron dogmas.
Dada una inteligencia bruta como la del chimpancé, ¿cuál es la probabilidad de desarrollar un órgano fonatorio con múltiples capacidades?, ¿y un lenguaje tan complejo cómo el humano?… ¿y de que se desarrolle una sociedad que permita que muchas personas se dediquen a la «ciencia» en vez de a la caza y la recolección?…
¿Qué probabilidad hay de que las tasas de reproducción sean bajas y no exijan que todo el tiempo libre se dedique a la búsqueda de alimentos para las crías? (En esa circunstancia no habría civilización tecnológica avanzada).
¿Qué probabilidad hay de que surjan civilizaciones urbanas?
¿Qué probabilidad hay de que surja una civilización que condene la esclavitud? (Si hay esclavos no hay necesidad de máquinas, no se desarrolla una cultura tecnológica avanzada. Probablemente por eso no surgió la tecnología avanzada en la Grecia clásica, tenían las bases –por ejemplo, la máquina de Herón– pero no tenían la necesidad).
¿Qué probabilidad hay de desarrollar un sistema de libertades que permita la crítica?
¿Cristianismo, Lutero, Revolución Francesa?
La palabra la tendrán los antropólogos, sociólogos y psicólogos cuando estudien los temas más a fondo.
Como en todas las preguntas hasta ahora Sagan dice:
(6) Número de civilizaciones tecnológicas que aparecen por año = 1/10
En realidad habría que decir:
(6) Número de civilizaciones tecnológicas que aparecen por año = ?
y una vez más pensamos que Sagan fue demasiado optimista.
* * * *
Por fin, el punto 7. Sagan trataba del factor L (vida media de las civilizaciones tecnológicamente avanzadas) y decía:
(7) Vida media civilizaciones avanzadas.
Postura pesimista: 100 años
Postura optimista: 100 millones de años
Postura media (la que él adopta): 1 millón de años.
Así Carl Sagan obtenía un mínimo de 10 civilizaciones en nuestra galaxia, un valor optimista de 100 millones de civilizaciones y un valor medio (razonable -según él-) de 1 millón de civilizaciones.
Quizá este valor sea correcto. Tanto el mínimo como el máximo parecen razonables para una civilización tecnológica, lo que no está claro es ese valor medio.
Admitamos a pesar de todo que en este valor Sagan lleva razón.
La conclusión de todo esto es bastante obvia:
La probabilidad de seres inteligentes en nuestra galaxia es de:
P=?*?*?*?*?*L
tenga L en valor que tenga P da como resultado:
___________
Me hubiera gustado decirles que el cosmos estaba lleno de vida y que nuestros hermanos nos esperaban; pero una cosa es lo que a mí me gusta y otra lo que es la realidad. He tratado de ser lo más objetivo posible. Por otro lado, quisiera llevar a vuestro ánimo que una interrogación puede ser la postura más razonable aunque el animal que llevamos dentro nos pida una respuesta en un sentido o en otro. Pero si no hay respuesta, debemos admitir que no hay respuesta.
La conclusión es obvia. Existe posibilidad de vida extraterrestre pero es más pequeña de lo que nos habían dicho, y cualquier estimación que se dé es pura elucubración gratuita. Todavía falta mucha investigación por parte de los químicos en la evolución pre-biótica, por parte de los biólogos en la evolución biológica, por parte de antropólogos, sociólogos y psicólogos en la evolución de la inteligencia y de los astrónomos en la formación de planetas, zonas donde es posible la vida, explosiones de supernovas, etc. Todavía hay que estudiar mucho y de muchas disciplinas para poder dar una cifra aunque sea vaga de posibles civilizaciones extraterrestres.
No he hablado de vidas basada en química diferentes a las del carbono pues el tiempo no me da para más. En otra ocasión será.
Como tantas otras veces se nos ha vendido como evidencia científica lo que no son más que deseos o algo peor; como decía Erben en su obra ya citada, no había uno sólo de los defensores de la idea extraterrestre en Green Bank que no estuviera comiendo directamente o indirectamente de ella.
* * *
Para acabar quiero repetir unas palabras que he dicho antes, para el avance de la ciencia es indispensable la critica. No hay avance científico sin diversidad de opiniones,
por tanto
esta conferencia habrá alcanzado su objetivo si les he sembrado la duda y están dispuestos a criticar a los de Green Bank y a mi mismo.
Si al salir de aquí ustedes piensan exactamente igual que yo, habrá sido un fracaso.
Aquí acababa la conferencia. Desde entonces han pasado más de treinta años, y en este tiempo han surgido cosas sumamente interesantes, como por ejemplo, la aparición de vida en lugares que antes se consideraban imposibles, la Inteligencia Artificial Generativa y multitud de robots. Eso cambia la ecuación de un modo sumamente complejo. De ello hablaré en el Capítulo 2.
[3] Orgel, L. E. (1990). The origin of life. Trends in Genetics, 6(5), 131–138. ISSN: 0168-9525. DOI: 10.1016/0168-9525(90)90147-8
[4] Adrian Desmond es el autor del libro «Los dinosaurios de sangre caliente» (The Hot-Blooded Dinosaurs), una obra clásica de divulgación científica que explora la teoría de que los dinosaurios eran animales endotérmicos (de sangre caliente) y metabólicamente activo. Ha habido muchas ediciones, aquí tienen una: https://www.amazon.es/Dinosaurios-sangre-caliente-Adrian-Desmond/dp/8401240549
[5] John W. Schumaker, psicólogo cultural y ensayista, conocido por su tesis de que el ser humano moderno sufre un exceso de inteligencia mal gestionada, lo que conduce a más superstición, autoengaño y malestar psicológico.
[9] En realidad hay 22, pero dos de ellos son muy poco usados, el llamado Selenocisteína y el Pirrolisina que requieren mecanismos de traducción particulares.
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Todavía no sé cuantas, espero no aburrirles.
Capítulo 1 Primera parte: EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS IDEAS SOBRE LOS EXTRATERRESTRES.
Hace más de treinta años di una conferencia que, en aquel momento, sonó casi a provocación. Sostenía que la famosa y sobrevalorada ecuación de Drake [1] no era una brújula cósmica, sino un espejismo matemático: una extrapolación temeraria basada en el único ejemplo de inteligencia que conocemos, el nuestro. Aquel día defendí que SETI estaba mirando al universo con un espejo en la mano, convencido de que cualquier civilización avanzada tendría que parecerse a nosotros, comunicarse como nosotros y pensar como nosotros. Incluso mis visitas al radiotelescopio de Arecibo —fascinantes, sí, pero profundamente antropocéntricas— reforzaron esa intuición: buscábamos señales humanas en un cosmos que no tiene por qué ser humano. Esa conferencia fue el germen de estas entradas.
Para aquella conferencia preparé una sería de notas que son las que hoy comparto con vosotros.
Hace 25 años se pensaba que era segura la existencia de vida extraterrestre inteligente. Hoy esta convicción se ha moderado. Se sigue diciendo que la vida inteligente extraterrestre es posible; pero también se especifica que es un fenómeno mucho menos probable de lo que se pensaba, hasta tal punto de que no es absurdo considerar que la Tierra es un caso único en el Universo.
En mis conferencias muchas veces el público me ha hecho el siguiente razonamiento: La vida extraterrestre tiene que existir pues el universo es muy grande y muy viejo. Es absurdo pensar que la vida inteligente haya surgido solamente en un rincón de segundo orden como es la Tierra.
Este mismo razonamiento ha sido utilizado desde muy antiguo. Por ejemplo, Metrodoro de Quíos [2], considera tan absurdo «colocar nada más que un mundo en el espacio como creer en la existencia de una sola espiga de trigo en un vasto campo.»
Metrodoro de Quíos.
En este trabajo pretendo responder a este interrogante. Y voy a responder con otro montón de interrogantes: ¿Realmente el universo es tan viejo?, ¿realmente es tan grande?, ¿la existencia de sistemas planetarios es algo habitual?, ¿el mecanismo de la vida es tal que surge automáticamente allí dónde se den las condiciones para ello?, ¿una vez que aparece la vida, la evolución hacia la inteligencia es obligada?, ¿la inteligencia lleva a la creación de sociedades históricas?, ¿las sociedades históricas evolucionan hacia sociedades tecnológicas?, ¿las sociedades tecnológicas viven lo suficiente para desarrollar tecnologías válidas para los viajes interestelares?, etc.
Antes de empezar a contestar a cada una de estas preguntas quizá sea interesante analizar las causas por las que se llegó a pensar que la vida extraterrestre inteligente era inevitable.
Como todos sabéis las ideas no surgen de la nada, normalmente son la evolución de ideas anteriores. Por tanto vamos a ver el desarrollo histórico de la idea de los habitantes extraterrestres.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS IDEAS SOBRE LOS EXTRATERRESTRES.
Desde el primer momento en que se piensa que las luces del cielo son planetas como la Tierra y estrellas como el Sol, se piensa que están habitados.
Sin ánimo de ser exhaustivo expondré algunos ejemplos. Plutarco (46-120 después de JC) en su ensayo incompleto De Facie in Orbe Lunae, comentaba que la Luna tenía profundas cuevas y valles y que pensar que en ella había vida no era más implausible que asumir que la vida podía existir en los mares de la Tierra.
Quizá la siguiente mención a los habitantes de los planetas es la de Luciano de Samosata (50 años después Plutarco) quien en su obra Historias verdaderas, nos cuenta que «Durante mi permanencia en la Luna, vi cosas estupendas y peregrinas. En primer lugar, allí no nacen de mujeres, sino de hombres. Los matrimonios se verifican sólo entre varones, pues ni siquiera de nombre saben lo que es mujer. Hasta los veinticinco años hacen todos de esposas, y desde esa edad, el opuesto papel. La gestación no se verifica en el vientre, sino en la pantorrilla; después, en el plazo conveniente, la sajan, y extraen un niño muerto; lo cuelgan al aire con la boca abierta, y así le dan vida».
Interpretación libre de los escritos de Luciano de Samosata. Dibujo hecho con la ayuda de DeepSeek.
Por supuesto que Luciano de Samosata no nos está contando unos hechos históricos, sino una novela; pero lo importante de los ejemplos señalados es constatar que ya en los primeros siglos del cristianismo estaba arraigada la idea de que la Luna y los planetas estaban habitados.
Primera ediciób. By Francis Godwin (author) – Houghton Library, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35592689
En la era moderna, en 1638 se publica el relato de Francis Goldwin [3]A man in the moone[4], en este relato un español, Domingo González, natural de Sevilla, es el primero en llegar a la Luna el año 1600.
Histoire comique ou voyage dans la lune. Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=230390
Poco después, en 1656, Cyrano de Bergerac publica su Histoire comique ou voyage dans la lune[5], donde se habla de los habitantes de los planetas. En realidad se trata de una satira a su tiempo. Los habitantes de la Luna no son nada más que el pretexto para la crítica. Desde el principio se ve que todo es absurdo. El viaje lo hace elevándose mediante frascos de rocío.
En 1793 se publica un libro poco conocido y poco mencionado como pionero, tal vez porque sea español. Se trata de Viaje estático al mundo planetario, del abate jesuita Lorenzo Hervás y Panduro. En esta obra «se observan el mecanismo y los principales fenómenos del Cielo, y se indagan sus causas físicas», además hay unos capítulos muy completos sobre los «planetícolas» o habitantes de los planetas. Como ejemplo voy a leer lo que dice sobre los habitantes del planeta Mercurio, a los que llama hermícolas: «Un hermícola llegará a tener la sangre tan caliente como plomo derretido…; cuatro veces más caliente que el agua hirviendo. Ciertamente que si un hermícola apareciera en nuestra Tierra, todos le mirarían como a un tizón ardiendo o como un condenado.»
En 1870, Tirso Aguimana de Veca, comienza la publicación, en sucesivos números de la Revista España de Una temporada en el más bello de los planetas[6], donde describe un viaje a Saturno, pasando por diversos planetas. Al llegar a Marte, el protagonista de la novela, Mendoza, contempla un mundo iguala la Tierra: «Veo una ciudad, y con sus calles, casas y palacios. ¡Qué perfectamente se percibe el mar, y los continentes que por todas partes lo rodean! Sí veo hombres, en este mundo, tan perfectamente distintos, como si me hallase junto a ellos.»
Voltaire con su Micromegas, Swift con sus viajes de Gulliver entre los que se incluye el relato de los habitantes de Marte, todos ellos son antecedentes que nos hacen llegar al siglo XIX con un bagaje cultural en el que la habitabilidad de los planetas e incluso de la Luna es perfectamente posible. Llegamos así a 1877, momento en el que Marte y la Tierra alcanzaban los puntos en sus órbitas más próximos. En aquel momento muchos telescopios apuntaban a Marte; uno de ellos era la del astrónomo americano Asaph Hall y otro el del italiano Giovani Virginio Schiaparelli. El primero descubrió que Marte tenía dos pequeños satélites, el segundo descubrió que Marte estaba surcado por canales artificiales, por los que concluyó que Marte estaba habitado. Hubo muchos astrónomos de la época que no estuvieron de acuerdo con las deducciones de Schiparelli, pero otros las apoyaron, por ejemplo Flammarion, que si bien no era astrónomo profesional, sí que tenía una gran influencia por ser un conocidísimo escritor de divulgación. En 1894 el astrónomo americano Percival Lowel instaló un observatorio astronómico con el que se dedicó con avidez a estudiar Marte. Durante quince años estuvo estudiándolo y llegó a hacer mapas de ciento ochenta canales, siendo un acérrimo defensor de la vida inteligente en Marte.
Los canales de Marte según Percival Lowell. Dibujos de Percival Lowell – Яков Перельман – «Далёкие миры». СПб, типография Сойкина (English transliteration: Yakov Perelman – «Distant Worlds». St. Petersburg, Soykin printing house), 1914., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1226256
Hoy sabemos que los instrumentos de Schiaperelli tenían tan poca resolución que no le permitían ver lo que él decía que veía; también sabemos que en Marte no existen los ciento ochenta canales que dibujó Percival Lowel. Los mapas de Percival reflejaban su íntimo deseo de que Marte estuviera habitado.
Lo importante es darnos cuenta de que a principios del siglo XX la idea de que existen habitantes en nuestro sistema solar está perfectamente consolidada tanto en ambientes científicos como populares. Ello explica el conocido hecho de que en 1936, Orson Welles al transmitir por radio la obra de H.G. Wells La guerra de los mundos se creasen auténticas situaciones de pánico. En 1936 la gente creía en la vida extraterrestre y seres similares a los humanos habitando Marte.
[4] Wikipedia. Entrada: The Man in the Moone. Obsérvese que se titula «a man in the moone», no «in the moon». En la ortografía inglesa del siglo XVII era normal esa forma. https://en.wikipedia.org/wiki/The_Man_in_the_Moone [Consultado el 26 de abril de 2026]
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 2 de noviembre de 2010, hablamos de los exoesqueletos que potencian las capacidades humanas.
En la tertulia comentamos que habíamos visto soldados que se ponían un pesado traje con motores y que de ese modo podían levantar grandes pesos y llevarlos a muchas distancia a mucha velocidad.
Soldado con exoesqueleto. By DARPA – This file was derived from: DARPA Strategic Plan (2007).pdf, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20798337
En mis notas tengo apuntado que me preocupaba el tema de las enfermeras que muchas veces tienen que levantar a un paciente, darle la vuelta, llevarle al baño… y que eso hace que muchas tengan la espalda estropeada. Es decir, apunté que no solo servirían para los soldados, también lo harían en el mundo civil, para enfermeras, transportistas, etc.
El futuro ha llegado, pero no ha sido como lo imaginábamos. Nada que ver con los rugidos de los motores de ciencia ficción que imaginábamos en 2010, cuando hablábamos de exoesqueletos como de dragones mecánicos.
Hoy existen, sí, pero no son armaduras de superhéroe. Son discretos, humildes, casi modestos. No buscan la épica, sino la ergonomía. No prometen hazañas, sino evitar lesiones. No conquistan territorios, sino que alivian espaldas.
El Exoesqueleto Pasivo MATE-XT de Comau empleado en una actividad de logística. El exoesqueleto ayuda a subir paquetes pesados. By UsaChan93 – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=117829372
En las fábricas, los exoesqueletos pasivos se han convertido en compañeros discretos. Ayudan a levantar cajas, a mantener posturas imposibles, a repetir movimientos sin que el cuerpo proteste. Son como muelles inteligentes, como músculos externos que no se cansan.
En los frentes de Ucrania, por ejemplo, los ves entre la bruma: soldados que cargan proyectiles de artillería con una facilidad que no es fuerza, sino biomecánica asistida. No llevan un traje de Iron Man, sino una estructura ligera que redistribuye el peso como lo haría un sherpa experto.
Fotografia gentileza del ejército ucraniano. Concretamente del 7.º Cuerpo de Asalto AéreoDos militares ucranianos mostrando el exoesqueleto que pesa unos dos kilos y que puede llevarse en un maletín. La foto es gentileza de las Fuerzas Armadas Ucranianas.
Lo sorprendente no es que existan, sino cómo han decidido existir. No han seguido el camino de la potencia bruta, sino el de la afinación biomecánica. No son los monstruos enormes con decenas de motores que imaginábamos, son algo mucho menos espectacular, pero, sin duda más útiles.
Pero que las fotos no nos engañen, no solo son para uso militar. También pueden servir para cientos de otras cosas, entre ellas ayudar a personas con ciertos problemas de movilidad, …
Quizá dentro de veinte años tengamos exoesqueletos que permitan correr a 40 km/h o saltar como felinos mecánicos. Quizá. Pero hoy, en este 2026 que ya huele a madurez tecnológica, los exoesqueletos son otra cosa: una alianza silenciosa entre el cuerpo humano y la ingeniería, un pacto de ayuda mutua.
El futuro llegó, pero lo hizo sin levantar la voz. Llegó en forma de bisagra, de resorte, de armazón ligero. Llegó para sostenernos, no para deslumbrarnos.
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 26 de agosto de 2010, que fue el último de esa temporada, quise despedirme hablando de un posible viaje a la montaña de las golondrinas de piedra.
Ubicación del monte Tai. basado en Google Maps.
Había estado leyendo un libro de geología antiguo (lamento no recordar cuál era) y en un pie de página hablaba de «las golondrinas de piedra» del monte Tai. ¿Golondrinas de piedra? Me llamó tanto la atención que no me quedó más remedio que investigar. No fue fácil. Recuerdo que la acción que me dio muy buen resultado fue traducir mi petición al chino tradicional, y hacer una búsqueda en ese idioma. Encontré cosas sumamente interesantes, por supuesto, una vez traducido el chino a español, pues, por si no lo habían adivinado el chino, para mi es chino.
El monte Tai es uno de los cinco montes sagrados del taoismo. Y en su cumbre hay un templo taoista. El taoísmo (道教, Dàojiào) es una de las grandes tradiciones filosóficas y religiosas de China, centrada en la idea del Tao (道), que puede traducirse como “el Camino” (¿por qué será que me ha recordado a Escrivá de Balaguer?), “la Vía” o “el principio universal”. Esencia del Tao
El Tao es el orden natural del universo, una fuerza que fluye y sostiene todo lo existente. No es un dios ni una entidad personal, sino una realidad profunda que se manifiesta en la armonía entre los opuestos —como el yin y el yang— y en el equilibrio entre acción y quietud.
El monte Tai, con las tiendas de recuerdo a su pie. La imagen la he creado con IA, con ayuda de Copilot de Microsoft.
Piedra ficticia, creada con IA de lo que ven los peregrinos del monte Tai. Creada con Gemini de Google.
En el monte hay una cantera de la que se obtienen muchísimos fósiles de trilobites y unas extrañas «golondrinas de piedra», aunque algunos también las llaman «murciélagos de piedra».
En sus laderas, los peregrinos encuentran un curioso recuerdo: cuadros hechos con piedras fósiles extraídas de la propia montaña. En ellas se dibujan siluetas que evocan golondrinas petrificadas en pleno vuelo, como si una cámara geológica hubiera captado el instante y lo hubiera convertido en roca.
Estas “golondrinas de piedra” no son aves, sino trilobites, criaturas marinas que vivieron hace unos 500 millones de años, cuando el mar cubría lo que hoy es Shandong. La mina del Monte Tai guarda miles de fragmentos fósiles, sobre todo cefalones, la parte anterior del cuerpo del trilobite, dura y resistente, que fosiliza mejor que el resto. Su forma aerodinámica, con lóbulos laterales y una curvatura central, recuerda el vuelo de una golondrina. De ahí el nombre poético que los artesanos locales les dieron.
El trilobites surgió con la explosión del Cámbrico y tiene un cuerpo claramente diferenciadas en tres partes, que vulgarmente podemos llamar cabeza, tronco y cola.
Trilobites. Cefalón (cabeza), Cuerpo (Tórax) y Cola (Pygidium). Imagen creada por Copilot de Microsoft.
¿Qué eran los trilobites?
Los trilobites fueron artrópodos marinos primitivos, antepasados lejanos de los crustáceos y los insectos. Su cuerpo se dividía en tres partes: cefalón (cabeza), tórax (cuerpo segmentado) y pigidio (cola). Tenían un exoesqueleto articulado y ojos compuestos de calcita, una rareza evolutiva. Habitaron los océanos durante más de 270 millones de años, desde el Cámbrico hasta el Pérmico, y desaparecieron antes de que surgieran los dinosaurios. En cierta ocasión, un amigo me enseñó un trilobites fosilizado de modo metálico, parecía de plata, y con un microscopio se podían ver sus ojos. Tengo intención de hablar de los ojos del trilobites en una entrada posterior.
No descendemos directamente de ellos, pero sí compartimos con ellos la herencia estructural de los artrópodos, el grupo que incluye a los insectos, arácnidos y crustáceos. En cierto modo, los trilobites son nuestros primos muy lejanos, testigos de la explosión de vida del Cámbrico.
¿Por qué se conserva el cefalón?
El cefalón era la parte más dura del trilobite, formada por una gruesa capa de calcita y quitina. Al morir, el cuerpo blando se descomponía, pero la cabeza quedaba intacta y se acumulaba en los sedimentos. Con el tiempo, la presión y los minerales del entorno transformaron esas cabezas en fósiles. En el Monte Tai, las capas de roca están tan densamente pobladas de cefalones que, al cortarlas, parecen bandadas de golondrinas petrificadas.
Piedra en la que se ven «golondrinas» petrificadas. Realmente son los cefalones de los trilobites. Imagen creada con IA, con ayuda de Meta-ai de Meta . He pedido a la IA que realce el relieve de los fósiles.
Las “golondrinas de piedra” del Monte Tai son una metáfora perfecta de la memoria del planeta: el vuelo detenido de una vida que fue marina y que hoy adorna los templos taoístas. En cada fósil hay un instante del antiguo mar convertido en arte, una sinfonía de piedra que une ciencia y poesía.
Así con este tema tan sumamente curioso terminé mis intervenciones en las tertulias del Onda Cero en agosto de 2010.
Tan solo me queda agradecer a Onda Cero, al director del programa y a los otros contertulios lo mucho que aprendí con ellos. Un fuerte abrazo
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 24 de agosto de 2010 estaba muy reciente la Semana Grande de San Sebastián en la se celebra el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales. Y ese fue uno de los temas de los que hablamos.
Fuegos en bahía con barcos. Imagen creada con IA con ayuda de Copilot de Microsoft.
La Semana Grande de San Sebastián suele celebrarse la segunda semana del mes de agosto. Todos los día de esa semana hay fuegos artificiales, aunque el último suele ser el más espectacular.
En la tertulia salió el tema de qué son los fuegos artificiales y sobre todo la mayor parte de preguntas se refirieron a cómo se crean los colores. Obviamente todos dábamos por supuesto que los cohetes suben porque tienen pólvora. La pólvora va mezclada con sales metálicas, en el momento de la explosión dichas sales se calientan muchísimo de tal modo que sus electrones se excitan y al volver al estado normal emiten fotones. La frecuencia de la emisión depende del metal. Por ejemplo:
Rojo — Estroncio (Sr)
Verde — Bario (Ba)
Azul — Cobre (Cu) (uno de los más difíciles de obtener con pureza)
Naranja — Calcio (Ca)
Amarillo — Sodio (Na)
Morado — Mezcla de cobre (azul) y estroncio (rojo)
Sin duda hay más mezclas para obtener otros colores. La temperatura de combustión también es muy importante, la intensidad del color depende de la temperatura. Por ejemplo, si la temperatura es muy alta el azul se degrada. Aunque normalmente sucede lo contrario: si la temperatura es baja la luminosidad es baja.
Por lo tanto, los pirotécnicos tienen que controlar muy bien la mezcla con la que hacen la pólvora y las cantidad de sales.
Vídeo de los fuegos de fin de año en Malta desde La Valeta. El 31 de diciembre de 2025.
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante décadas, la demografía ha sido un péndulo que oscila entre el pánico y la complacencia. En los años sesenta, el mundo temblaba ante la idea de la superpoblación: Paul Ehrlich anunciaba hambrunas inevitables, los gobiernos diseñaban políticas para frenar la natalidad y la Tierra parecía incapaz de sostener a tantos humanos. En mi opinión, Paul Erlich nunca fue riguroso, sus libros carecían de base científica, pero tuvieron una influencia muy notable. Tengo que confesar que a mí me convencieron sus argumentos y escribí varios artículos sobre el tema. Pero estábamos equivocado. Como veremos más adelante, mi error y el de Erlich fue pensar que la humanidad no evoluciona, que no es capaz de adaptarse a los nuevos problemas. Ese es el error mayúsculo, lo que define nuestra especie es que NOS ADAPTAMOS.
Medio siglo después, el miedo se invirtió. Ya no sobraban personas: faltaban. Europa, Japón, Corea, China… todos empezaron a mirar con inquietud la curva descendente de nacimientos, como si la humanidad hubiera perdido el apetito de futuro.
Hace apenas cinco años, el discurso dominante era apocalíptico. Se hablaba del “invierno demográfico”, del colapso de las pensiones, de sociedades convertidas en geriátricos. Y de ahí la fiebre de las sociedades avanzadas de traer inmigrantes de sociedades menos desarrolladas. Se repetía una idea simple: menos nacimientos significan menos trabajadores, y menos trabajadores significan menos riqueza. La ecuación parecía inapelable.
Pero entonces irrumpió un actor que nadie había invitado a la mesa demográfica: la automatización producida por la informática: máquinas de hacer multitud de trabajos. Por ejemplo, las aplicaciones online de los bancos, disminuyeron la necesidad de personal en oficinas y de oficinas. Hoy estamos viviendo un salto cualitativo en esa automatización: la inteligencia artificial. No es demasiado nueva (mi primer programa que aprendía de su experiencia —lo que hoy llamaríamos Inteligencia artificial— lo escribí en 1968). Lo nuevo es la increíble potencia de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) que son capaces de potenciar enormemente lo que puede hacer cada trabajador.
La fuerza laboral infinita
La historia económica siempre ha sido la historia de cómo multiplicar la fuerza humana. La agricultura multiplicó el brazo; la máquina de vapor multiplicó el músculo; la informática multiplicó la mente. La IA, sin embargo, introduce algo radicalmente nuevo: trabajadores que no nacen, no envejecen, no enferman y no se jubilan.
En 2025 abrió en Japón la primera fábrica completamente automatizada: ni un solo operario humano en la línea de producción.
En 2025 en Japón se inauguró una fábrica totalmente robotizada, sin [casi] operarios humanos. Imagen creada con ayuda de Copilot.
En Corea, los robots industriales superaron en número a los recién nacidos. En Europa, la administración pública comenzó a automatizar trámites enteros, reduciendo la necesidad de personal sin reducir el servicio. Y en Estados Unidos, los modelos de IA generativa ya realizan tareas que antes requerían equipos enteros de profesionales.
La pregunta, entonces, cambia de forma. Ya no es: ¿qué haremos sin jóvenes? Sino: ¿qué haremos con máquinas que producen como si tuviéramos millones de jóvenes?
La paradoja del siglo XXI
La baja natalidad era un problema cuando la productividad crecía lentamente. Pero si un solo trabajador, apoyado por IA, puede producir lo que antes producían cinco, la ecuación se altera. La productividad deja de depender del número de cuerpos y pasa a depender del número de algoritmos.
Los economistas empiezan a hablar de la “elasticidad demográfica de la IA”: la capacidad de la tecnología para compensar la escasez de mano de obra. En países envejecidos, la automatización no destruye empleo: rellena huecos. No desplaza a trabajadores: sustituye a trabajadores que ya no existen.
Es un giro histórico fascinante: la humanidad, que durante milenios necesitó más hijos para producir más riqueza, podría entrar en una era donde los hijos biológicos dejan de ser el motor económico.
Los robots como hijos sustitutos
Hay algo casi simbólico en esta transición.
Durante siglos, tener hijos era una forma de asegurar el futuro: más manos para el campo, más apoyo en la vejez, más continuidad del linaje. Para el campesino de siglos atrás los hijos eran la garantía de continuar con sus tierras y la garantía de que en la vejez alguien les apoyaría (los hijos eran lo que hoy es la Seguridad Social). Hoy, en sociedades urbanas y tecnológicas, los hijos ya no son una necesidad económica, sino una elección emocional. Y mientras la natalidad cae, los robots ocupan silenciosamente ese espacio funcional.
Robots que cuidan ancianos. Robots que limpian. Robots que fabrican. Robots que escriben. Robots que diseñan. Robots que aprenden.
No son hijos, pero cumplen funciones que antes solo podían cumplir los hijos.
El lado oscuro: la IA también enfría la natalidad
Paradójicamente, la misma tecnología que compensa la falta de nacimientos podría estar contribuyendo a ella. Algunos demógrafos señalan que la incertidumbre laboral generada por la automatización desincentiva la maternidad y la paternidad. Otros apuntan a un cambio cultural profundo: si la IA ofrece compañía, entretenimiento, propósito y productividad, ¿qué lugar queda para la crianza en la vida de muchos jóvenes?
La natalidad no cae solo por razones económicas. Cae porque la estructura emocional del mundo ha cambiado.
Un futuro sin catástrofes
Quizá el error de los discursos catastrofistas —tanto los de la superpoblación como los del invierno demográfico— es suponer que la humanidad permanece estática. Nunca lo ha hecho. Cuando faltaron manos, inventamos máquinas. Cuando faltó tiempo, inventamos algoritmos. Cuando faltó fuerza, inventamos motores. Y ahora, cuando faltan nacimientos, inventamos inteligencias.
No sabemos si la IA será la solución definitiva al declive demográfico. Pero sí sabemos algo: la historia humana es la historia de cómo convertimos problemas en herramientas.
Tal vez el futuro no esté en tener más hijos, sino en aprender a convivir con los hijos que hemos creado: los hijos de silicio, los hijos que no nacieron, los hijos que inventamos.
Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 23 de agosto de 2010 llevé el tema de las velas de espermaceti.
En 2009 empecé a ver la serie de TVE Águila Roja. La serie tenía encanto, ritmo y un Madrid barroco que parecía respirar. Pero había algo que siempre me chirriaba: esas habitaciones inundadas por decenas de velas de cera, brillando como si la luz fuese barata. La historia transcurre hacia 1660, en tiempos de Felipe IV, y el protagonista es un maestro de escuela. ¿De verdad podía un profesor permitirse semejante derroche luminoso? Investigando sobre iluminación histórica, descubrí que incluso las velas de cera (las que aparecían en la serie) eran un lujo… la gente normal usaba velas de sebo, y pocas: la luz era un lujo. Más tarde, ya en el siglo XVII y XIX llegarían otras velas aún más exclusivas: las de espermaceti. Y de ello quise hablar en la tertulia.
Dentro de su enorme cabeza —esa catedral ósea que inspiró mitos y terrores— guarda una sustancia extraña: el espermaceti, una cera pura, casi mineral, que se derrite con el calor de la mano y solidifica en un blanco opalino.
Los naturalistas del XVIII no sabían qué era. Los marineros tampoco. Su nombre parece indicar que es esperma, pero es un error. Es una bola en la cabeza, cuya misión, probablemente es ayudar en la ecolocalización. Todos coincidían en algo: aquello ardía como ninguna otra cosa sobre la Tierra.
Vela y aceite de espermaceti. Av Genevieve Anderson – http://www.marinebio.net/marinescience/06future/wham.htm, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24183274
II. La fiebre de la luz perfecta
Cuando los balleneros de Nueva Inglaterra descubrieron que esa cera producía una llama limpia, sin humo y estable, pues apenas parpadeaba, comenzó una fiebre silenciosa. las velas de sebo producían humo y mal olor. Las de cera de abeja eran mejores, pero también producían un poco de humo y un ligero olor, más agradable que el de las de sebo. Las de espermaceti no echaban humo, no olían, lucían de un modo mucho más brillante, etc.
Los barcos partían hacia el Atlántico Sur, hacia el Índico, hacia cualquier lugar donde un chorro de vapor delatara la presencia del coloso.
En los puertos de Nantucket y New Bedford, los fabricantes de velas competían por cada barril.
El espermaceti se convirtió en oro líquido, en la materia prima de la iluminación más codiciada del mundo.
Una vela de espermaceti no era solo una vela: era estatus, era tecnología, era la promesa de una noche sin humo.
III. El precio de una llama
Para un obrero del siglo XIX, cuyo salario apenas alcanzaba para pan, carbón y techo, encender una vela de espermaceti era un gesto impensable. Su luz equivalía a quemar una parte del jornal, a derretir en unas horas lo que costaba ganar en un día entero.
Por eso estas velas vivían en casas de comerciantes, de científicos, de políticos, de quienes podían permitirse el lujo de iluminar la noche con una claridad casi celestial.
La mayoría seguía viviendo entre sombras.
La luz pura era para unos pocos.
IV. La cultura del mar y el sacrificio
Mientras tanto, en los barcos balleneros, la historia era otra. Los hombres que arrancaban el espermaceti al océano vivían rodeados de aceite hirviendo, de cubiertas resbaladizas, de noches interminables en las que el mar parecía querer tragárselos.
El espermaceti tenía un brillo hermoso, sí, pero su origen era brutal: un intercambio entre la ambición humana y la vida de un animal que había surcado los mares desde antes de que existieran ciudades.
En esa tensión —entre belleza y violencia— nació una cultura marítima que dejó huella en diarios de a bordo, en canciones de marineros, en novelas como Moby Dick.
V. El declive de una llama
La llegada del gas, del queroseno y, finalmente, de la electricidad, apagó lentamente el reinado del espermaceti.
Las velas blancas que habían iluminado laboratorios, salones y faros quedaron relegadas a vitrinas de museos y a la memoria de los viejos puertos.
Hoy, su comercio está prohibido.
El cachalote sigue nadando en las profundidades, libre de aquella persecución industrial que casi lo borró del mapa.
Pero la luz del espermaceti permanece en la historia como un destello breve y perfecto: una llama que unió ciencia, mar y deseo humano de dominar la noche.
VI. Coda
Quizá por eso, cuando pensamos en esas velas, sentimos algo más que nostalgia. Sentimos la paradoja de una luz hermosa nacida de un acto terrible.
Sentimos el eco de un tiempo en que la humanidad buscaba iluminarse a cualquier precio.
Y comprendemos que cada llama tiene su historia, y que algunas —como las del espermaceti— ardieron demasiado brillante para durar.