Posibilidades de inteligencia extraterrestre (2)

28 de abril de 2026

Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Todavía no sé cuantas, espero no aburrirles.

Capítulo 1 Segunda parte: LA REUNIÓN DE GREEN BANK EN 1961.

Y así llegamos a 1961, en el que once científicos se reunieron en Green Bank, Vir­ginia, donde están situadas las instalaciones más importantes del National Radio Astron­omy Observatory, para discutir de las posibi­lidades de vida extraterrestre.

Radiotelecopio de 100 m de Green Bank. Por Geremia at English Wikipedia – Transferred from en.wikipedia to Commons by Geremia using CommonsHelper., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4207232

Aquella conferencia tuvo gran resonancia. En ella se dijeron cosas como que «En nuestra galaxia, probablemente, existen cerca de un millón de civilizaciones tecnológicamente avanzadas.»

Para llegar a esta conclusión los científi­cos de Green Bank elaboraron una fórmula -conocida mundialmente como fórmula de Green Bank– en la que se incluyen los facto­res que hay que considerar para saber el nú­mero de civilizaciones tecnológicamente avanzadas que hay en nuestra galaxia. Ellos dieron valor a cada uno de los factores y de allí sacaron sus conclusiones.

Pues bien, a pesar de que los que allí esta­ban eran científicos y a pesar de la enorme popularidad de la fórmula empleada, me atre­vo a asegurar que aquello no tuvo nada de científico.

La fórmula dice [1]:

N = R fg fp ne f1 fi fa L

N= número de civilizaciones técnicas en nuestra galaxia.

R= tasa anual de nacimiento de estrellas en la Vía Láctea.

fg = estrellas semejantes al Sol

fp = estrellas con planetas

ne = planetas con condiciones para la vida

f1 = planetas en los que ha habido biogé­nesis.

fi = planetas con inteligencia.

fa = planetas con civilizaciones técnica­mente avanzadas.

L = duración media de tales civilizacio­nes.

Puede parecer pedante que un aficionado como yo, ponga en tela de juicio la cientifici­dad de la fórmula de Green Bank, por lo que voy a explicar mis razones.

La aparición de extraterrestres inteligentes requiere:

1) Que haya otros sistemas solares con estrellas similares al Sol y con planetas simi­lares a la Tierra.

2) Que la vida se haya originado en algu­no de ellos

3) Que esa vida haya evolucionado hacia la inteligencia.

4) Que los seres inteligentes se hayan or­ganizado en sociedades tecnológicas.

El punto 1 puede ser resuelto en parte por los astrónomos, el punto dos exige la presen­cia de químicos, el punto 3 la de biólogos evolucionistas y el punto 4 la de historiadores y sociólogos.

En Green Bank había astrónomos, físicos e ingenieros; pero ningún químico, ningún biólogo evolucionista, ningún historiador y ningún sociólogo.

Por tanto, la visión de Green Bank es una visión muy parcial de la realidad. Una visión sesgada por la física.

Heinrich Erben, conocido paleontólogo, autor del libro Estamos solos en el cosmos [2], dice, con razón, que la posibilidad de vida es conside­rada muy alta por los físicos y muy baja, casi nula, por los biólogos evolucionistas.

La fórmula de Green Bank es, por lo tan­to, absolutamente sesgada hacia el lado cré­dulo.

La fórmula fue propuesta por Frank Drake, profesor de astronomía y astrofísica de la Universidad de California, pero quizá sea más conocida en la forma que le dio el cono­cidísimo Carl Sagan. (Antes de continuar quiero dejar claro que soy un admirador de Sagan. Además de formar parte del mismo grupo de personas que luchamos contra la pseudociencia -el CSICOP- me gusta mucho su forma de hacer divulgación. No obstante, Sagan también se equivoca). Veamos como la plantea este último:

Se calcula que el número total de estrellas de nuestra galaxia es de 100.000 millones y que la galaxia tiene 10.000 millones de años. Eso significa que las estrellas han ido formándose en la galaxia a un promedio de 10 por año.

(1) Número de estrellas que aparecen por año = 10

Pero las civilizaciones no aparecen en estrellas sino en planetas. Carl Sagan decía que hay dos tipos de estrellas, aquellas que gi­ran rápidamente y aquellas que, como nuestro Sol, lo hacen lentamente. Se cree que la causa de la rotación lenta es la pérdida del momento de inercia que se traslada a los planetas. En ese caso toda estrella que gire lentamente es candidato a tener planetas. El 98% de las es­trellas son de giro lento, por tanto podemos estimar que

(2) El número de sistemas planetarios que aparecen por año es de 10

No puede esperarse que las civilizaciones técnicas se desarrollen en todos los planetas, sino sólo en los aptos para la vida. Pienso, además, que la existencia de agua líquida es muy importante, debido a la curiosa propie­dad de la misma de que cuando se hiela pesa menos y flota, esto hace que el propio hielo actúe como aislante que impide que se conge­le el agua del interior. Sin esta curiosa pro­piedad del agua, probablemente todo el agua de la Tierra sería un bloque de hielo. Pienso, por tanto, que los planetas aptos para la vida son aquellos que permiten la existencia de agua líquida.

Para Sagan, en todos los sistemas solares ocurre algo parecido al nuestro: que cómo mínimo hay un planeta con condiciones aptas para la vida. Él dice que en el sistema solar hay uno, la Tierra, y ha habido otro en el pa­sado, Marte.

(3) Número de planetas aptos para la vida que aparecen al año = 10

No obstante una civilización técnica no se desarrolla sino hay vida en él. De acuerdo con el estado actual de nuestros conocimientos, parece que si un planeta tiene una composi­ción adecuada (similar a la de la Tierra pri­mitiva) y la temperatura requerida la apari­ción de la vida es casi inevitable. En nuestro sistema solar hay dos planetas de tipo terrestre Marte y la Tierra.

Presumiremos pues que hay vida en todo planeta habitable.

(4) Número de sistemas de vida que aparecen por año = 10

Pero la vida sola no es suficiente para que aparezca una civilización técnica. Tiene que haber vida inteligente. Digamos que la vida ha existido en la Tierra durante mil millo­nes de años, y que criaturas con cierta inteli­gencia y aspecto humano aparecen en este planeta hace un millón de años. Las dos can­tidades parecen aceptables; de ser así la inte­ligencia ha existido durante un 0.1% de la historia de la vida

(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1

Pero no toda vida inteligente da origen a civilización tecnológica. Sagan estima que sólo un 10% lo hacen

(6) Número de civilizaciones tecnológicas que parecen por año = 1/10

O si se prefiere de otra manera: Cada diez años aparece una civilización tecnológica en nuestra galaxia.

Sagan a continuación supone que la vida media de una civilización tecnológica es de 100 años y concluye:

1.- 1/10 (que parecen por año) * 100 años que dura = 10

hay 10 civilizaciones tecnológicas en nuestra galaxia.

Quizá este número sea pesimista y una civilización tecnológica dure 100 millones de años, en ese caso:

2.- 1/10 * 100 millones = 10 millones de civilizaciones.

Sagan se mantiene entre estos dos extre­mos y se queda con una media, dice que

Número de civilizaciones tecnológicas que existen ahora = 1.000.000

¿Dónde están las falacias de los razona­mientos?

Veamos:

Lo fundamental es darse cuenta de que los argumentos de Sagan son circulares. Aquí el argumento de Sagan viene a decir que cómo en la Tierra hay vida, en todo planeta similar a la Tierra debe de ha­berla. De hecho su razonamiento es circular puesto que se trata de averiguar si existe vida en otros pla­netas y se supone que existe. Se da por senta­do lo que se quiere probar.

1.- Hoy por hoy el único sistema planeta­rio que conocemos es el nuestro. No hay constancia de otras estrellas con sistemas pla­netarios [Esto lo escribí en los años 90 del pasado siglo, hoy sabemos que la existencia de planetas es sumamente frecuente].

Se parte de la base de que hay vida en la Tierra. Este es un hecho cierto, lo que no sa­bemos es si es pro­bable o improbable y ése es el quid de la cuestión. Y Carl Sagan en todos los puntos dice lo mismo, como ocurre en la Tierra, es lo normal en el universo. En realidad lo que está diciendo es que como ya sabemos cómo es la Tierra todo lo demás es igual… y eso era lo que se quería estudiar.

Por tanto decir que el 98% de las estrellas tienen sistemas planetarios similares al nues­tro es absolutamente gratuito. [Lo era en los años 90, hoy se puede considerar bastante acertado].

La experiencia nos dice que no es así.

Sólo el 5% de las estrellas son del tipo G (como el Sol).

Pero analicemos la teoría del momento angular. Recordemos que Sagan dice que las estrellas son de giro lento debido a que han perdido su momento angular en los planetas que la acompañan. Veamos nuestro Sol. Es cierto lo que dice Sagan; pero el 98% del momento angular se lo lleva el gigante Júpiter por su gran masa. Según eso no hace falta un sistema solar, hace falta un gran cuerpo que forme un sistema doble con la estrella. Y eso no está lejos de la realidad. Hoy se estima que el 50% de los sistemas estelares son do­bles, formados por dos estrellas, o por una estrella y una cuasi-estrella (como Júpiter). Por tanto, el momento angular lo consume el movimiento orbital. Resumiendo y haciendo cuentas de la vieja:

El 30% de las estrellas tienen un giro rá­pido.

El 70% tienen un giro lento.

El 50% son sistemas dobles

Ergo nos queda como máximo un 35% de los casos del total estelar podría ser causa­do por la existencia de sistemas planetarios. Quiero señalar una palabra podría. No quiere decir que tienen sistemas planetarios sino que podrían tenerlos. Javier Armentia, el di­rector del planetario de Pamplona, me decía a través del correo electrónico que siendo muy, muy optimistas, podríamos pensar en un 10% de las estrellas podrían tener planetas [Recuerden que esto lo escribía en los años 90].

Por lo tanto de­beríamos de disminuir drásticamente la su­posición de Sagan.

Realmente la propuesta de Sagan

(2) Número de sistemas planetarios que parecen por año = 10

Debería rezar:

(2) Número de sistemas planetarios que aparecen por año = ?

No basta que aparezca un sistema plane­tario. Deben ocurrir muchas cosas:

1) que las órbitas sean casi circulares.

2) que las distancias al Sol sean las ade­cuadas.

Supuesta la existencia de sistemas plane­tarios, ¿cuál es la probabilidad de que sus órbitas sean casi circulares?

Hoy algunos piensan que un cambio en la excentricidad de la órbita de la Tierra de tan sólo un 1% haría que éstas fuera inhabitable. Estudios sobre los ciclos de Milankovitch muestran que variaciones de excentricidad dentro del rango natural (0,005–0,058) están asociadas a glaciaciones globales. Una excentricidad mayor podría llevar a que todo el agua de la Tierra fuera un bloque de hielo (Tierra bola de nieve)…

Ya sabemos que el único planeta del sis­tema solar en el que se da vida es en la Tierra.

Sagan dice:

(3) El número de planetas aptos para la vida que aparecen por año = 10

En realidad debería decir:

(3) Número de planetas aptos para la vida que aparecen por año = ?

En todo caso muy inferior al 10 del que habla Sagan.

Luego Sagan dice:

(4) Número de sistemas de vida que aparecen al año = 10

Aquí el argumento de Sagan vuelve a ser circular. Viene a decir que cómo en la Tierra hay vida en todo planeta similar a la Tierra debe de ha­berla. De hecho se trata de averi­guar si existe vida en otros planetas y se su­pone que existe. Se da por sentado lo que se quiere probar.

Lo que es indudable es que hay vida en la Tierra porque aquí estamos para probarlo, pero eso nada nos dice sobre si la vida en los planetas es muy probable o muy improbable. Utilizarnos a nosotros mismos como ejemplo puede ser una falacia… y tal como lo usa Sa­gan es un razonamiento circular.

Carl Sagan. By NASA/JPL – Image:Planetary society.jpghttp://technology.jpl.nasa.gov/gallery/index.cfm?page=imageDetail&ItemID=43&catId=9http://www2.jpl.nasa.gov/technology/images_videos/iv_pages/P22626ac.html also here, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1180936

Para poder profundizar algo más debemos de hacer intervenir a los químicos y a los biólogos.

En primer lugar deberíamos definir qué es lo que se entiende por vida.

En el número de mayo de 1990, dedicado a la publicación del primer borrador del genoma humano, en la re­vista Trends In Genetics se dice:

«Está ampliamente admitido que la vida surge de una «sopa» de moléculas orgánicas formadas en la tierra primitiva. Para soportar esta idea se han encontrado caminos «pre-bióticos» para descubrir la síntesis de muchas moléculas orgánicas que forman el núcleo de la bioquímica contemporánea, tales como aminoácidos, ácidos grasos, bases pririmidi­nicas y azúcares. A pesar de que de que las reacciones químicas podrían haber producido cada vez moléculas más complejas, única­men­te cuando aparece la replicación molecu­lar dirigida por patrones puede arrancar la evolución. El sistema genético así creado permitiría la selección natural darwi­niana por primera vez. Es este paso funda­mental -la emergencia de replicadores mole­culares diri­gidos por patrones- que puede verse como el nacimiento de los sistemas biológicos» [3].

En esta frase quiero resaltar varios hechos. Se considera que el paso más importante para la aparición de seres biológicos es el origen de entidades capaces de reproducir moléculas de acuerdo con un patrón (con un código ge­nético). Mientras no hay una codificación ca­paz de dirigir la síntesis de moléculas, no se puede hablar de vida. La vida es por lo tanto una cuestión de reproducción controlada por un código. La vida pasa del campo de la química al de la genética y teo­ría de la información.

Dos cosas importantes:

1. Un código que codifica la proteína.

2. Una estructura (una maquinaria) que reproduce la proteí­na a partir de ese código.

Fijarnos en el código nos va a permitir darnos cuenta de lo inmenso de la tarea, des­cubrir algunos errores, darnos una idea de la edad de la Tierra desde el punto de vista del azar y nos deberá llevar a la conclusión de que el origen de la primera molécula viva exigió una evolución prebiótica. Y esa evo­lución prebiótica ha condicionado la vida so­bre la Tierra. Cada paso evolutivo tanto bióti­co como prebiótico ha sido decisivo e irre­versible… lo cual nos llevará a preguntarnos por la probabilidad de aparición de la inteli­gencia.

En muchos libros, muchas veces, he leído que la vida se originó de un «caldo» primi­genio en el que flotaban los componentes bá­sicos de la vida: bases y aminoácidos. Y se decía que el universo era tan viejo que había habido tiempo para que se formase cualquier molécula por compleja que fuera.

Que la sopa fundamental estaba consti­tuida por aminoácidos -los ladrillos básicos de la vida- no ofrece ningún problema. Los ex­perimentos de Miller y los de Fox [6] demostraron que bastaba hacer saltar chispas en una com­posición similar a la atmósfera de la tierra para que se formasen purinas, pirimidinas y diversos aminoácidos. Y es más, en el propio espacio estelar se han detectado moléculas «orgánicas», concreta­mente Cianógeno, ácido cianhídrico, cianamida, Cianoacetileno, cia­noetano, cianoeti­leno, Folmaldehido, Etanol, Eter Dimetílico, metanol, ácido fórmico, Mo­nóxido de car­bono, monosulfato de carbono, ácido sulfídri­co y agua.

Entre los aminoácidos más sencillos están la Glicina, y luego la Alanina. Estos dos son ladrillos básicos en la composición del «código«.

El código se parece mucho a nuestra escri­tura.

Por un lado, para construir las proteínas disponemos de 20 ladrillos que llamamos aminoácidos [9]. Unas proteínas usan unos ladrillos y otras utilizan otros. Los aminoácidos son como las letras y las proteínas como las palabras. Las palabras pueden construirse a partir de 27 letras, las proteínas a partir de 20 aminoácidos (un poco menos de nuestras 27 letras). Cada aminoácido se codifica con 3 bases. Siempre lo mismo, un aminoácido tiene tres bases. Algo parecido a lo que ocurre con nuestro alfabeto que tiene 27 letras, pero que en el ordenador binario cada letra se representa por dos símbolos: 0 o 1. Cada aminoácido tres bases.

El ser vivo más elemental que existe en este momento, una bacteria, tiene un código genético formado por 9×10^5 bases. (Con el símbolo ^quiero señalar elevado a).

La cantidad de información de cada base es de aproximadamente 2 bits (o bitios en castellano, unidad de información) lo que nos dice que en la bacteria más elemental tenemos 1,8 millones de bits.

Para que se hagan una idea esto es equiva­lente a 1,8 millones /4.7 = 383.000 letras. 383.000 letras/5=76.000 palabras, lo que vie­ne a equivaler a 38 páginas de un libro. (Asumo que la cantidad de información que nos da una letra del castellano son 4,7 bits y que, por término medio, una palabra tiene cinco letras).

Hagamos un experimento mental, pongamos a un mono en el momento del origen de nuestra galaxia (hace aproximadamente 10.000 millones de años. Utilizo 10.000 para que los números sean más sencillos) y ha­gámosle que teclee letras al azar. Supongamos que esas 38 páginas son las 38 primeras pági­nas del Quijote. Supongamos que el mono teclea una letra cada segundo. ¿En tantos mi­les de millones de años, parece que casi con seguridad habría tecleado las 38 páginas del Quijote? ¿No es así?

Intuitivamente así lo parece pero la verdad es muy diferente.

En un año hay 3,15 *10^7 segundos.

En 100.000 millones de años, por tanto, hay: 3,15 *10^18 segundos.

El mono había tecleado por tanto 3,15 *10^18 letras.

La probabilidad de que en ese intervalo se hubieran dado unas cuantas seguidas es la si­guiente:

27^n = 3,15*10^18

n log 27 = 18 * (log 3,15 + log 10)

n = 18*(log 3,15 +log 10) / log27

n=27/ 1.43 =18,9

Es decir, por azar hay una probabilidad del 60% de haber producido un bloque de 19 le­tras, es decir, haber producido:

EN UN LUGAR DE LA

No se han producido 38 páginas; ni tan si­quiera una página. Sólo se han producido algo menos de 19 letras.

Por lo tanto, el universo es demasiado joven para que la vida sea debida al azar. Además, hay que pensar que esto se debe producir en el tiempo que una estrella es estable. (5.000 millones de años de estabilidad como míni­mo).

Y, además, la vida debe producirse en una estrella de segunda generación pues en los componentes de la vida (las letras) hay ele­mentos que sólo se forman en en las estrellas.

Ahora bien, hagamos otra experiencia. Supongamos que tenemos un duende que elimina los tecleos malos y deja sólo los bue­nos. Entonces en una media de 13 segundos se obtendrá la primera letra. En otros 13 la segunda, en otros 13 la tercera… es decir se ob­tendrá la frase anterior en 19*13 = en 247 segundos.

Con duende en 247 segundos obtendremos las 19 primeras letras del Quijote. Sin duende en la vida entera de la galaxia.

El duende es la selección natural. Repito: el duende es la selección natural, que tan bien describiera Darwin.

Por tanto: la vida puede haber surgido de la selección natural; pero es absolutamente ne­cesario la existencia de una selección natu­ral prebiótica -química- y aquí juegan un pa­pel muy importante los bioquímicos, con los que no contaron en Green Bank.

Hoy por hoy no conocemos los mecanis­mos de la evolución prebiótica aunque se han descubierto cosas curiosas; por ejemplo, algu­nas moléculas de ARN son autocatalíticas. Esa autocatálisis puede ser el duende o parte del duende. Es el principio de la selección Pero hoy por hoy las moléculas de ARN son demasiado grandes, ¿cómo se llega a ellas?

La única respuesta razonable es:

O dicho en román paladino: no tenemos ni la menor idea.

Con todos mis respetos a Carl Sagan, de­cir que en un planeta en el que hay posibilidades de vida ésta surge es absolutamente gratuito. Lo único que pode­mos decir científicamente es que sa­bemos muy poco y que hay que seguir investi­gando.

Además, debemos pensar que el ejemplo del Quijote nos puede llevar a confusión, de hecho el duendecillo no trata de elegir la frase del Quijote, sino cualquier frase que «sea apta para reproducirse«… la más adaptada al me­dio sobrevivirá…

Por tanto, no se trata de crear la frase del Quijote sino una frase viable, y frases viables suponemos que hay muchas. Pero no tenemos ni la más remota idea de cuáles son

Hay otro punto que quiero señalar. Pro­bablemente moléculas prebióticas capaces de reproducirse debe haber miles o millones de ellas (habría miles de frases que sirvieran, no sólo el principio del Quijote)… pero hay que tener en cuenta que una vez elegido un camino todo lo anterior ahí está como una frase hecha que hay que soportar… Todo lo posterior debe construirse a partir de ese origen. (O volver a empezar).

La evolución es acumulativa… el duen­decillo elige la frase que le parece oportuna… pero una vez elegida ese camino ya es irre­versible y hay que llevarlo durante toda la historia de la vida.

Éste, por ejemplo, es el caso de los isóme­ros ópticos. Como todos sabéis, hay molécu­las que son casi iguales. Una es la imagen en el espejo de la otra. Una de las diferencias de estas moléculas es que unas hacer rotar la luz hacia la izquierda (levógiras) y otras hacia la derecha (dextrógiras). Todos los organismos vivos que existen tienen estos tipos de molé­culas, pero sólo tienen uno de sus isómeros. Es decir, desde el momento que la selección natural (el duendecillo) eligió un tipo de mo­lécula, ése tipo ha habido que llevarlo siem­pre.

Existe un gen, formado por 306 caracte­res, denominado gen de la histona H4 que lo tienen tanto los guisantes como las vacas. Es un tributo que hay que pagar al duende. Una vez creado el gen de la histona hay que man­tenerlo. El camino ya está marcado. (Realmente de los 306 caracteres hay dos en que difieren el guisante y la vaca, pero 304 son iguales)

Todos los organismos vivos se basan en células… hay dos tipos básicos de células la animal y la vegetal… Los vegetales serán siempre vegetales y los animales siempre animales; no nos po­demos imaginar un árbol andando… su tipo de célula no se lo permite… la evolución tiene que pagar el tributo a la historia y los árboles serán árboles… desde el principio.

Lo siento por Carl Sagan pero la única probabilidad ra­zonable es

(4) Número de siste­mas de vida que apare­cen al año: ?

____________

Pasemos a la siguiente hipótesis de Sagan

(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1

El argumento de Sagan vuelve a ser circu­lar. Pretende calcular la probabilidad de vida inteligente y vuelve a utilizar el argumento de que en la Tierra ha existido durante 1/10 de su historia con vida.

Partiendo del hecho de que hay vida inte­ligente en la Tierra (lo cual es indudable) llega a la conclusión de que si ha pasado lo ­mismo en otro planeta, en él también hay vida inteligente.

Obvio. Si ha pasado lo mismo hay vida inteligente. Pero este es un razonamiento cir­cular. De hecho, lo que no sabemos es si la vida inteligente en la Tierra es un caso muy improbable, único o muy probable. No pode­mos partir de nuestra situación de espectado­res para decir que en todas partes hay espec­tadores. Nuestro caso puede ser único.

Hay investigadores que dicen lo mismo que Sagan y que lo han argumentado mejor (no usando un argumento circular). Ellos dicen que el au­mento de complejidad es bueno para la su­pervivencia y que por lo tanto en el transcurso de la evolución al haber un aumento de com­plejidad, antes o después se llega a la inteli­gencia.

Por ejemplo, Richard Dawking, el autor de El gen egoísta y de El relojero ciego. Utiliza un ar­gumento parecido: una vez que se desencade­na la evolución acumulativa por selección natural no hay ningún problema en pensar que se llega a la inteligencia.

Antes de meter el bisturí en estos razo­namientos, quiero hacer una reflexión previa. Debemos definir qué entendemos por inteli­gencia. Labor ardua y difícil.

¿Un mono es inteligente?

Más bien creo que deberíamos diferenciar dos cosas en lo que llamamos inteligencia. Por un lado un aumento de las capacidades de reaccionar teniendo en cuenta muchos facto­res (adecuadamente) ante estímulos exter­nos, esa sería la inteligencia de los animales. Cuanto más factores se tengan en cuenta y menos automática sea la respuesta podemos hablar de más inteligencia. Y en ese caso es indudable que un mono tiene más inteligen­cia que una estrella de mar.

Pero después debemos llegar a otro nivel: al nivel de autoconsciencia, al nivel de reflexionar sobre uno mismo y a la capacidad de desarrollar una vida social compleja, un len­guaje complejo, todo lo cual es imprescindi­ble para el desarrollo de una cultura tecnoló­gica avanzada (de lo que hablaremos en el siguiente punto).

Así que me gustaría separar dos niveles de inteligencia. La de los animales y la especí­fi­ca del hombre.

Hablemos, pues, del primer nivel de inte­ligencia, la de los animales. Parece bastante claro que una mayor complejidad permite so­brevivir; pero hay varias cosas que objetar: desde luego no hay nada que nos dirija a que la mayor inteligencia es mejor en el sentido de la supervivencia evolutiva. Por ejemplo, la cucaracha, que pienso es muy poco inteli­gente, aquí está desde la época terciaria. Es un ejemplo de supervivencia. Por otra parte, cuanto más complejo más fácil es su desapa­rición por que falte alguno de los condicio­nantes.

La experiencia de la vida sobre la Tierra está plagada de casos en que se ha creado una máquina complejísima, terriblemente eficaz; pero muy adaptada a unas circuns­tancias particulares, cuando esas circunstan­cias han cambiado la especie ha desaparecido. Eran unas máquinas complejísimas (inteli­gen­tí­simas) para un entorno determi­nado. Pero tenían un problema: eran demasiado especia­lizadas. Por ejemplo, El mamut lanudo. El mamut era una obra maestra de ingeniería evolutiva:

  • pelaje aislante,
  • grasa subcutánea,
  • colmillos curvados para apartar nieve,
  • metabolismo adaptado al frío extremo.

Una máquina perfecta… para la Edad de Hielo. Cuando el clima se templó, toda esa perfección se volvió un lastre. Su especialización lo dejó sin margen de maniobra.

Mamut Lanudo. Por rpongsaj.Original uploader was Gh5046 at en.wikipedia – File:Mamut lanudo.jpg, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9403512

¿Entonces, lo bueno es la desespecializa­ción? Hasta cierto punto sí; pero tampoco. Si una especie se desespecializa demasiado no es capaz de competir en nada en ningún nicho ecológico y, por tanto, desaparece.

Parece que la supervivencia es una dosis adecuada de especializa­ción/de­ses­pe­cia­li­za­ción y que la superviven­cia depende tanto de cómo evolucionan los otros competidores cómo de nuestra propia adaptación…

No es mejor ser más inteligente, sino estar en ventaja sobre nuestros competidores en un momento determinado.

La ventaja habitualmente lleva a la espe­cialización y esa a la desaparición en cuando cambia el entorno.

Luego hablaremos de los dinosaurios y de los mamíferos. Hoy parece indudable que al­gunos dinosaurios eran más inteligentes que los mamíferos, sin embargo han sobrevivido los mamíferos y no los dinosaurios. En el caso de los dinosaurios tenemos un magnífico ejemplo que contradice lo que pretenden al­gunos: la inteligencia no es obligatoriamente una razón para sobrevivir… Puede ayudar en un entorno determi­nado… pero al cambiar el entorno se acaba la es­pecie.

Pero antes de meterme con los dinosau­rios, de los que tenemos mucho que aprender, volvamos a nuestro duende: la selección na­tural. Ésta obliga a que la evolución sea acumulativa y reutilice una y otra vez los blo­ques de construcción ya creados. Por ejemplo, la histona H4.

Todos los seres vivos actuales (a excep­ción de los virus, que se duda que estén vivos en el estricto sentido del término) están for­mados por células. La célula es algo muy complejo, fruto de una evolución acumulati­va, es decir, fruto de una gran actuación de nuestro duende. Hay dos tipos de células radi­calmente diferentes: las procariotas, sin núcleo diferenciado y las eucariotas, con núcleo diferenciado. Supongo (aunque quizá sea demasiado suponer) que las que llevan a la inteligencia son las eucariotas. De ellas hay dos tipos: las que tienen una mem­brana celulósica y las que no la tienen. Las de membrana celulósica han dado origen a las plantas, la otra a los animales. Parece claro que no puede haber una planta inteligente. La movilidad es básica para la inteligencia. Y pa­rece difícil concebir un ser ágil, con movimiento, pluricelular con membranas rígidas.

Los vericuetos evolucionistas para llegar a dos tipos diferentes de células no los conoce­mos exactamente (al menos yo no los conozco); pero la mayor parte de los seres vivos pluricelulares de la Tierra son plantas. Es evi­dente, pues, que la célula animal no es obliga­toria. Surgió, pero podía no haber surgido… y si no hubiera surgido no habría ni animales ni inteligencia…

Ningún animal acuático ha desarrollado una inteligencia que le permita un desarrollo posterior hacia una civilización tecnológica: Se dice que los delfines son muy inteligentes, pero no tienen manos. ¿Y qué pueden hacer sin manos? ¿Cómo se desarrolla una tecnología sin manos? ¿Tal vez con pinzas? Los animales marinos que tienen pinzas u otros órganos que pudie­ran ser usados para tener herramientas, en nuestro planeta, son muy simples.

Langosta con herramientas. Creada con IA (Copilot).

Aquí surge inmediatamente una pregunta: ¿la inteligencia debe surgir en tierra, quiero decir en tierra firme, en continentes o pudiera surgir en el mar? La res­puesta no está clara. Pero hay muchas cosas que apuntan en esa dirección: parece que la forma pisciforme es útil en el agua y por tanto esa es la forma habitual… Esa forma produce ventajas competitivas: más velocidad de huida y de caza; pero parece que anula la capacidad de tener miembros con los que poder desarro­llar herramientas. La pinzas, debido a la gran viscosidad del agua (respecto al aire) son mucho más complejas y difíciles de desarrollar como fábrica de herramientas. Más difícil, no imposible.

¿Y cangrejos pensantes? : ???????

Vamos a hipotetizar que la vida inteli­gente como preludio de la civilización tecno­lógica debe desarrollarse en tierra, en el continente. ¿Cómo pasaron los animales marinos a Tierra?

Para muchos autores, la mareas jugaron un papel importantísimo. Al haber una subida y bajada del agua diariamente hizo que algunos peces encontrasen ventajoso vivir en esa zona que a veces tiene agua y otras no, la llamada zona intermareal. Algunos de los seres que vivían en esa zona se fueron arriesgando cada vez más fuera del agua, hasta lograr prescindir totalmente de ella. En la hipótesis de que en el paso de pez a animal terrestre las mareas jugasen un papel importante haría que la Luna también tuviera gran importancia.

De ser así, ¿cuántos sistemas solares pre­sentan planetas con órbitas casi circulares, dentro de la posible zona de vida que, ade­más, tienen una Luna de un tamaño lo sufi­cientemente grande para que las mareas sean apreciables?

La verdad es que si la Luna es una condi­ción necesaria para la aparición de la inteli­gencia, de repente, la posibilidad de planetas adecuados queda absolutamente disminuida.

Por suerte, no es la única posibilidad. La vida terrestres también podrían haber aparecido en lagos que se medio secasen una vez al año; pero a mi se me antoja que una variación diaria pro­duce cambios/mutaciones más rápidamente que sequías una vez al año.

Vayamos a mis amigos los dinosaurios. Como todos sabéis dino = terribles y saurio = lagarto. Luego dinosaurio sería algo así como lagarto terrible.

Aunque esa fue la idea durante mucho tiempo hoy se ha cambiado radicalmente. Verdaderamente hoy se piensa que no eran lagartos y tampoco se puede pensar en «terrible» en un animalillo como en Iberome­sornis de Cuenca que era apenas un pajarillo de 10 cm de largo.

Iberomesornis de Cuenca. By Tylwyth Eldar – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=93334599

En un principio se pensó que los dinosau­rios eran grandes animales tremen­damente tontos y muy lentos por ser de sangre fría.

Las ideas actuales apuntan en una direc­ción muy diferente. Efectivamente había di­nosaurios tontos como demuestra la cabecita de los saurópodos que tenían un índice de encefalización [7] de 0,17; pero el celurosaurio Troodon alcanzaba un índice de ce­re­bra­li­za­ción de 5,8 lo cual es muy alto (ya dentro del rango de las aves). [El ser humano tiene 7, pero se trata de un mamífero y es difícilmente comparable un índice que encefalización de un dinosaurios con el de un mamífero].

Incluso hay autores como es Adrian Des­mond que piensan que muchos dinosaurios eran de sangre caliente y dicen que algunos de ellos, como por ejemplo, los «dinosaurios-avestruces» de ojos grandes y los dromeosaú­ridos, con una visión binocular y los pulgares prensiles. Su cerebro tenía una coordinación perfecta entre los ojos y la visión binocular. Indudablemente tenían una inteli­gencia mu­cho mayor que los mamíferos que le eran con­temporáneos. Sin embargo los dinosaurios se extinguieron y los mamíferos no. Parece que la inteligencia no fue ninguna ventaja com­petitiva ante la extinción.

Y aquí llegamos a uno de los misterios más apasionantes de la historia animal: ¿Por qué se extinguieron los dinosaurios? Sea cual sea su respuesta vamos a aprender muchas co­sas respecto a la evolución de la inteligencia.

Hace unos 200 millones de años que sur­gen los antepasados de los primeros mamífe­ros y de los primeros dinosaurios. Los dinosau­rios se hicieron los dueños del mundo y desa­rrollaron enorme variedad de formas, cos­tumbres y comportamientos, llegando a volar como el Iberomesornis o a ser depredadores salvajes como los velociraptores.

Durante 130 millones de años fueron los animales dueños del mundo, que ocuparon to­dos los nichos ecológicos y muchos de ellos llegaron a alcanzar una gran inteligencia.

Mientras tanto, unos pequeños animalillos bastante tontos andaban por las madrigueras, eran los mamíferos. Siempre chiquititos, no mayores que una musaraña, nocturnos, cubiertos de pelo y con dentaduras especializadas. Convivieron discretamente con los dinosaurios durante más de 150 millones de años.

Musaraña. Por Suncus_etruscus.jpg: Trebol-aderivative work: Materialscientist (talk) – Suncus_etruscus.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11802773

Y a finales del cretácico algo ocurre que hace que desaparezcan los dinosaurios. Parece que el hecho ocurrió en un intervalo de unos 5 o 6 millones de años, es decir, instantánea­mente para los tiempos geológicos. La extin­ción acabó con tontos saurópodos y con inte­ligentes Troodon. Desaparecieron los enormes y los pequeños (del tamaño de un perro), ¿por qué?, ¿qué ocurrió?

A lo largo de la historia de la paleontolo­gía se han dado muchas explicaciones, pero ninguna es convincente.

Parece ser que algo sucedió a finales del cretácico. Se habla de una catástrofe como el choque con un meteorito o la explosión de una supernova cercana, pero ¿por qué no aca­bó con los mamíferos? Ese es el mayor pro­blema que hay que resolver, ¿por qué acabó con los dinosaurios y no con los mamíferos?

Ya que estamos en un ciclo de astronomía [recuerden que es una conferencia en un ciclo de astronomía] voy a analizar las dos hipótesis catastrofistas más populares.

La de que los dinosaurios desaparecieron por el choque con un meteorito y la de la ex­plosión de una supernova cercana.

Impacto de un asteroide. El impacto sería equivalente a la explosión de miles de bombas atómicas. Primero hubo el fuego de la explo­sión, la muerte por la onda expansiva… los in­cendios provocaron humo… el humo fue a la estratosfera y se produjo en los años siguien­tes un «invierno nuclear» [8].

A favor de esta hipótesis está el que en los estratos de finales del Cretácico hay una capa negra con alto contenido de Iridio. Además hay una disminución del plancton que no re­siste el frío y lo mismo ocurre con las plantas, parece que hubo un enfriamiento de la Tierra.

Lo difícil de explicar es por qué no desa­parecieron los mamíferos, aunque se puede adelantar una explicación: los dinosaurios te­nían un sistema endotérmico peor que el de los mamíferos. A pesar de admitir que eran de sangre caliente, los mamíferos tenían un mejor sistema de sangre caliente. Por eso, los pequeñísimos mamíferos pudieron resistir el frío y los dinosaurios no.

Otra hipótesis muy parecida a la primera es que en nuestras proximidades explotó una estrella convirtiendose en supernova. La ex­plosión de una supernova de 10 veces el ta­maño del Sol produciría el equivalente a 10^26 bombas atómicas. Si explota una estre­lla en el entorno de los 100 años luz, los valo­res de radiación en la parte alta de la atmós­fera que habitualmente son de 0,03 roentgen por año, pasaría a 3.000 roentgen. La radia­ción se recibiría de forma concentrada en unos po­cos días y sus efectos serían muy su­periores a una guerra nuclear universal.

Cada 40 años hay una explosión en la ga­laxia, pero es lejana y no nos afecta; pero hay cálculos que indican que la tierra recibe una radiación de 500 roentgen cada 50 millones de años y cada 300 millones de años una de 3.000 roentgen.

Cualquiera de esas podría destruir muchas es­pecies.

En animales de laboratorio la dosis letal está entre 100 y 700 roentgen.

Si ésta fue la causa de la destrucción de los dinosaurios la probabilidad de vida inteli­gente pierde probabilidades por las siguientes razones:

1.- En 130 millones de años los dinosau­rios no fueron capaces de desarrollar inteli­gencia.

2.- Los mamíferos necesitaron 200 millo­nes de años para ello.

En 200 millones de años es muy difícil que no explote una estrella que acabe casi con la vida en el planeta… desde luego con la vida superior.

Si esto es así, en las zonas de la galaxia donde hay más densidad de estrellas, en el núcleo, no se puede ni soñar en que haya vida inteligente. (Habría que aclarar que los pe­queños mamíferos se libraron de gran parte de la radiación pues se supone que vivían en madrigueras).

Si esto es así, el número de estrellas váli­das para la vida se limita a las de las afueras, a las de los barrios periféricos de la galaxia. La Tierra y su vida está dónde cabría esperar que estuviera… (en el brazo de Orión). Si quitamos el núcleo de la galaxia ¿cuántos planetas quedan aptos para la vida?

Otra posible explicación es que la deriva de los continentes enfrió la Tierra. La conclu­sión es similar.

La evolución «crea» órganos para defen­derse de los depredadores, podemos pensar, por tanto, que los mamíferos se perfecciona­ron ante el acoso de los dinosaurios. Sin dino­saurios, los mamíferos no habrían progresado. Es posible, pero no seguro.

Hace 65 millones de años los mamíferos perfeccionados se atrevieron a salir de sus madrigueras y fue­ron ocupando los nichos antes ocupados por los dinosaurios…

Y nacieron los primates… y subieron a los árbo­les… y bajaron a las sabanas… y se pusie­ron erec­tos y vivieron en sociedad… y descu­brieron el fue­go… e inventaron el lenguaje

Purgatorius. Considerado uno de los primeros primates. Por Nobu Tamura – Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19461292

Pero con esto nos hemos al pasado al punto 6. Antes quiero señalar que del medio billón de espe­cies que ha habido en la tierra sólo una ha conseguido la inteligencia. Por tanto, la idea de Sagan de decir que de cada 10 sistemas con vida en uno se desarrolla la inte­ligencia es gratuito. Los datos apuntan a lo con­trario. La inteligencia ha sido resultado de un cumulo de coincidencias y casualidades que probablemente son irrepetibles… además hay un límite temporal: debe ocurrir entre dos ca­tástrofes cósmicas… ¿Hay tiempo? No se trata de evolucionar a lo largo de la edad del universo; sino entre dos catástrofes.

Sagan calculaba que de cada 10 sistemas de vida uno desarrollaba inteligencia. Si­guiendo su método circular podríamos decir que del medio billón de seres de la Tierra sólo 1 es inteligente, por tanto, de cada medio bi­llón de sistemas con vida 1 desarrolla inteli­gencia. Entonces los 10 millones de civiliza­ciones que Sagan ponía en el caso favorable se quedarían reducidos a:

10.000 /500.000.000.000= 1/50 millones.

Es decir, debería de haber 50.000.000 de sistemas con vida para que hubiera inteligen­cia en uno.

Es otro modo de ver las cosas. No digo que sea el correcto, digo que es otro modo.

Por tanto donde Sagan decía:

(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = 1

Debemos transformarlo en esto otro:

(5) Número de formas de vida inteligente que aparecen por año = ?

En todo caso los cálculos de Sagan nos parecen tremendamente optimistas.

* * * *

(6) Número de civilizaciones tecnológicas que aparecen por año = 1/10

Sagan estima que de cada 10 inteligencias sólo 1 da origen a una tecnología.

La verdad es que aquí estamos tan a oscu­ras como en los demás casos, pero ahora hay que pedir la entrada a los antropólogos, soció­logos y psicólogos.

En primer lugar debemos pensar en el habla. A mi me parece totalmente claro que el ser humano es una creación del lenguaje. Sin lenguaje no hay tal ser humano. El lenguaje no es exclusivo del ser humano, también lo tienen otros animales, como por ejemplo las abejas, pero es un lenguaje muy limitado, únicamente señala la dirección del alimento, la distancia y la cantidad. También las ballenas y los delfines tienen un lenguaje, pero dudo que se trate de un lenguaje con la riqueza sintáctica y gramatical del ser humano.

Pero para hablar, en primer lugar se ne­cesita un aparato fonador, rudimentario si se quiere, pero que pueda evolucionar. En el ser humano el aparato fonador aparece muy tar­díamente. Las vertebras deben evolucionar para tener canales por donde pasar finas hebras neuronales que controlan el flujo del aire en los pulmones. Probablemente esas fibras marquen el inicio del lenguaje complejo. Hay un huesecillo que toma la for­ma adecuada sólo con el hombre y no con el chimpancé o con el gorila que son nuestros parientes más cerca­nos. Y

¿Cuál es la probabilidad de aparición de ese huesecillo y de los canales en las vertebras? No sabemos.

Una vez que aparece, el lenguaje es tan beneficioso que la evolución hacia una mayor perfección del mismo es vertiginosa. Proba­blemente el paso del hablar con unas pocas palabras a hacerlo con una gramática articulada se hace en unos pocos miles de años.

Algunos opinan que el lenguaje gramati­cal sintáctico apareció hace sólo 50.000 años. Personalmente, tal como he dicho más arriba, creo que es mucho más antiguo, tal vez 600.000 años, pero no es este el momento de desarrollar esa hipótesis.

El lenguaje lleva a la autoconsciencia y ésta hace que el hombre se pregunté por su lugar en el cosmos… pero no sólo eso..

Realmente aquí estamos hablando de la aparición de la autoconsciencia, del lenguaje, de una sociedad organizada, de una superpro­ducción que permita a ciertos hombres dedi­carse a pensar y no a las labores cotidianas, lo cual implica limitar la natalidad de alguna forma, y por fin del desarrollo de una cultura tecnológica avanzada…

Hay algunos autores, como por ejemplo, Schumaker [5], que piensan que el exceso de in­teligencia es perjudicial para el hombre y que gran parte los sistemas de supersticiones han sido creados para solucionar los problemas del exceso de inteligencia. Piensa que una dosis de autoengaño es nece­saria… y que tal vez nosotros estemos más autoengañados (seamos más supersticiosos) que algunos de nuestros antepasados que de­saparecieron.

Pero…

La tecnología avanzada sólo se ha desarrollado en la Europa cristiana.

Los chinos, los mayas, los incas tenían una gran civilización pero no tecnológica avanzada…

¿Es casualidad que fuera en Europa?

Pienso que no, y pienso que toda la histo­ria de Europa han sido pasos necesarios para su nacimiento.

Para la evolución de la ciencia es indis­pensable la libertad de expresión y la crítica.

Insisto en esta última palabra la critica. Muchas veces se ve a la ciencia como algo monolítico, en la que todos piensan igual. Y no es así. No es así. El no aceptar dogmas, el ataque a lo establecido de modo constructivo o no … es la clave para el avance de la ciencia y por tanto para el nacimiento de una civilización tecnológica.

Y esto sólo se logra en unos regímenes de libertades…

No era posible en la cultura Maya o Azte­ca pues eran dictaduras y había demasiados dogmas…

Quizá en el nacimiento de la ciencia jugó un papel importante el curilla franciscano Guillermo de Ockham oponiéndose a poner angelotes como explicación del movimiento de los astros, también Francis Bacon estable­ciendo los principios de la ciencia experimen­tal … pero también lo fue el agustino Lutero rompiendo la jerarquía y elevando al indivi­duo a un lugar prominente. La libre interpre­tación de la Biblia es un principio de libre pensamiento… de crítica, y por lo tanto de avance…

Hoy parece muy claro que el avance científico y libertad de crítica van unidos… En China estuvieron a punto de llegar a ello, pero sospecho que la crítica estaba muy restringida, pero, sin duda, estuvieron muy cerca.

Libertad de opinión y ciencia forman dos caras de una misma moneda.

¿Sin algo similar a Lutero se habría desa­rrollado la ciencia moderna? Probablemente sí, pues la crítica estaba en la calle. Lutero es una consecuencia de aquellos vientos de crítica, no son la causa.

¿Cuál es la posibilidad de aparición de un curita agustino pegando carteles en la catedral de Wittenberg? (Téngase en cuenta que esto sucedía en 1520 y que Francis Bacon escribió casi un siglo después.)

¿Sin la Revolución Francesa que permitió el acceso a la crítica a millones de personas se hubiera acelerado el avance científico?

El único ejemplo que tenemos nos apunta a que no es casual que la ciencia se desarro­llara en los únicos sitios en los que se permi­tía la crítica… y se abolieron dogmas.

Dada una inteligencia bruta como la del chimpancé, ¿cuál es la probabilidad de desa­rrollar un órgano fonatorio con múltiples ca­pacidades?, ¿y un lenguaje tan complejo cómo el humano?… ¿y de que se desarrolle una sociedad que permita que muchas personas se dediquen a la «ciencia» en vez de a la caza y la recolección?…

¿Qué probabilidad hay de que las tasas de reproducción sean bajas y no exijan que todo el tiempo libre se dedique a la búsqueda de alimentos para las crías? (En esa circunstancia no habría civilización tecnológica avanzada).

¿Qué probabilidad hay de que surjan civi­lizaciones urbanas?

¿Qué probabilidad hay de que surja una civilización que condene la esclavitud? (Si hay esclavos no hay necesidad de máquinas, no se desarrolla una cultura tecnológica avanzada. Probablemente por eso no surgió la tecnología avanzada en la Grecia clásica, tenían las bases –por ejemplo, la máquina de Herón– pero no tenían la necesidad).

¿Qué probabilidad hay de desarrollar un sistema de libertades que permita la crítica?

¿Cristianismo, Lutero, Revolución France­sa?

La palabra la tendrán los antropólogos, sociólogos y psicólogos cuando estudien los temas más a fondo.

Como en todas las preguntas hasta ahora Sagan dice:

(6) Número de civilizaciones tecnológicas que aparecen por año = 1/10

En realidad habría que decir:

(6) Número de civilizaciones tec­no­ló­gi­cas que aparecen por año = ?

y una vez más pensamos que Sagan fue demasiado optimista.

* * * *

Por fin, el punto 7. Sagan trataba del factor L (vida media de las civilizaciones tecnológi­camente avanzadas) y decía:

(7) Vida media civilizaciones avanzadas.

Postura pesimista: 100 años

Postura optimista: 100 millones de años

Postura media (la que él adopta): 1 millón de años.

Así Carl Sagan obtenía un mí­nimo de 10 civilizaciones en nuestra galaxia, un valor optimista de 100 millones de civili­zaciones y un valor medio (razonable -según él-) de 1 millón de civilizaciones.

Quizá este valor sea correcto. Tanto el mínimo como el máximo parecen razonables para una civilización tecnológica, lo que no está claro es ese valor medio.

Admitamos a pesar de todo que en este valor Sagan lleva razón.

La conclusión de todo esto es bastante obvia:

La probabilidad de seres inteligentes en nuestra galaxia es de:

P=?*?*?*?*?*L

tenga L en valor que tenga P da como resultado:

___________

Me hubiera gustado decirles que el cosmos estaba lleno de vida y que nuestros hermanos nos esperaban; pero una cosa es lo que a mí me gusta y otra lo que es la realidad. He tratado de ser lo más objetivo posible. Por otro lado, quisiera llevar a vuestro ánimo que una interro­gación puede ser la postura más razonable aunque el animal que llevamos dentro nos pida una respuesta en un sentido o en otro. Pero si no hay respuesta, debemos admitir que no hay respuesta.

La conclusión es obvia. Existe posibili­dad de vida extraterrestre pero es más pe­queña de lo que nos habían dicho, y cual­quier estima­ción que se dé es pura elucu­bración gratuita. Todavía falta mucha in­vestigación por parte de los químicos en la evolución pre-biótica, por parte de los biólo­gos en la evolución biológica, por parte de antropólogos, sociólo­gos y psicólogos en la evolución de la inteli­gencia y de los astróno­mos en la formación de planetas, zonas donde es posible la vida, ex­plosiones de supernovas, etc. Todavía hay que estudiar mucho y de muchas disciplinas para poder dar una cifra aunque sea vaga de posi­bles civilizaciones extraterrestres.

No he hablado de vidas basada en química diferentes a las del carbono pues el tiempo no me da para más. En otra ocasión será.

Como tantas otras veces se nos ha vendido como evidencia científica lo que no son más que deseos o algo peor; como decía Erben en su obra ya citada, no había uno sólo de los de­fensores de la idea extraterrestre en Green Bank que no estu­viera comiendo directamente o indirectamente de ella.

* * *

Para acabar quiero repetir unas palabras que he dicho antes, para el avance de la cien­cia es indispensable la critica. No hay avance científico sin diversidad de opiniones,

por tanto

esta conferencia habrá alcanzado su obje­tivo si les he sembrado la duda y están dis­puestos a criticar a los de Green Bank y a mi mismo.

Si al salir de aquí ustedes piensan exacta­mente igual que yo, habrá sido un fracaso.


Aquí acababa la conferencia. Desde entonces han pasado más de treinta años, y en este tiempo han surgido cosas sumamente interesantes, como por ejemplo, la aparición de vida en lugares que antes se consideraban imposibles, la Inteligencia Artificial Generativa y multitud de robots. Eso cambia la ecuación de un modo sumamente complejo. De ello hablaré en el Capítulo 2.

Notas

[1] Astronomía. Entrada: Ecuación de Drake. https://www.astromia.com/astronomia/ecuaciondrake.htm

[2] Erben, Heinrich Karl. Estamos solos en el cosmos. Editorial Planeta 1985. https://www.iberlibro.com/9788432047589/solos-cosmos-Erben-Heinrich-K-8432047589/plp

[3] Orgel, L. E. (1990). The origin of life. Trends in Genetics, 6(5), 131–138. ISSN: 0168-9525. DOI: 10.1016/0168-9525(90)90147-8

[4] Adrian Desmond es el autor del libro «Los dinosaurios de sangre caliente» (The Hot-Blooded Dinosaurs), una obra clásica de divulgación científica que explora la teoría de que los dinosaurios eran animales endotérmicos (de sangre caliente) y metabólicamente activo. Ha habido muchas ediciones, aquí tienen una: https://www.amazon.es/Dinosaurios-sangre-caliente-Adrian-Desmond/dp/8401240549

[5] John W. Schumaker, psicólogo cultural y ensayista, conocido por su tesis de que el ser humano moderno sufre un exceso de inteligencia mal gestionada, lo que conduce a más superstición, autoengaño y malestar psicológico.

[6] Brasilescola. Entrada: Experiências de Miller, Fox e Calvin. https://brasilescola.uol.com.br/biologia/experiencias.htm

[7] Wikipedia. Entrada: Cociente de encefalización. https://es.wikipedia.org/wiki/Cociente_de_encefalizaci%C3%B3n [Consultado 28 de abril de 2026]

[8] Wikipedia. Entrada: Invierno nuclear. https://es.wikipedia.org/wiki/Invierno_nuclear [Consultado el 28 de abril de 2026]

[9] En realidad hay 22, pero dos de ellos son muy poco usados, el llamado Selenocisteína y el Pirrolisina que requieren mecanismos de traducción particulares.


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

Licencia de Creative Commons

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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Posibilidades de inteligencia extraterrestre (1)

25 de abril de 2026

Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta idea me va a llevar muchas entradas. Todavía no sé cuantas, espero no aburrirles.

Capítulo 1 Primera parte: EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS IDEAS SOBRE LOS EXTRATE­RRESTRES.

Hace más de treinta años di una conferencia que, en aquel momento, sonó casi a provocación. Sostenía que la famosa y sobrevalorada ecuación de Drake [1] no era una brújula cósmica, sino un espejismo matemático: una extrapolación temeraria basada en el único ejemplo de inteligencia que conocemos, el nuestro. Aquel día defendí que SETI estaba mirando al universo con un espejo en la mano, convencido de que cualquier civilización avanzada tendría que parecerse a nosotros, comunicarse como nosotros y pensar como nosotros. Incluso mis visitas al radiotelescopio de Arecibo —fascinantes, sí, pero profundamente antropocéntricas— reforzaron esa intuición: buscábamos señales humanas en un cosmos que no tiene por qué ser humano. Esa conferencia fue el germen de estas entradas.

Para aquella conferencia preparé una sería de notas que son las que hoy comparto con vosotros.


Hace 25 años se pensaba que era segura la existencia de vida extraterrestre inteli­gente. Hoy esta convicción se ha moderado. Se sigue diciendo que la vida inteligente extraterrestre es posible; pero también se especifica que es un fenómeno mucho menos probable de lo que se pensaba, hasta tal punto de que no es absurdo considerar que la Tierra es un caso único en el Universo.

En mis conferencias muchas veces el público me ha hecho el siguiente razona­miento: La vida extraterrestre tiene que exis­tir pues el universo es muy grande y muy vie­jo. Es absurdo pensar que la vida inteligente haya surgido solamente en un rincón de se­gundo orden como es la Tierra.

Este mismo razonamiento ha sido utili­zado desde muy antiguo. Por ejemplo, Metro­doro de Quíos [2], considera tan absurdo «colocar nada más que un mundo en el espacio como creer en la existencia de una sola espiga de trigo en un vasto campo

Metrodoro de Quíos.

En este trabajo pretendo responder a este interrogante. Y voy a responder con otro montón de interrogantes: ¿Realmente el uni­verso es tan viejo?, ¿realmente es tan grande?, ¿la existencia de sistemas planetarios es algo habitual?, ¿el mecanismo de la vida es tal que surge automáticamente allí dónde se den las condiciones para ello?, ¿una vez que aparece la vida, la evolución hacia la inteligencia es obligada?, ¿la inteligencia lleva a la creación de sociedades históricas?, ¿las sociedades históricas evolucionan hacia sociedades tec­no­lógicas?, ¿las sociedades tecnológicas viven lo suficiente para desarrollar tecnolo­gías váli­das para los viajes interestelares?, etc.

Antes de empezar a contestar a cada una de estas preguntas quizá sea interesante anali­zar las causas por las que se llegó a pensar que la vida extraterrestre inteligente era inevi­table.

Como todos sabéis las ideas no surgen de la nada, normalmente son la evolución de ideas anteriores. Por tanto vamos a ver el de­sarrollo histórico de la idea de los habitantes extraterrestres.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS IDEAS SOBRE LOS EXTRATE­RRESTRES.

Desde el primer momento en que se pien­sa que las luces del cielo son planetas como la Tierra y estrellas como el Sol, se piensa que están habitados.

Sin ánimo de ser exhaustivo expondré al­gunos ejemplos. Plutarco (46-120 después de JC) en su ensayo incompleto De Facie in Orbe Lunae, comentaba que la Luna tenía profundas cuevas y valles y que pensar que en ella había vida no era más implausible que asumir que la vida podía existir en los mares de la Tierra.

Quizá la siguiente mención a los habi­tantes de los planetas es la de Luciano de Sa­mosata (50 años después Plutarco) quien en su obra Historias verdaderas, nos cuenta que «Durante mi permanencia en la Luna, vi co­sas estupendas y peregrinas. En primer lugar, allí no nacen de mujeres, sino de hombres. Los matrimonios se verifican sólo entre varo­nes, pues ni siquiera de nombre saben lo que es mujer. Hasta los veinticinco años hacen todos de esposas, y desde esa edad, el opuesto papel. La gestación no se verifica en el vien­tre, sino en la pantorrilla; después, en el pla­zo conveniente, la sajan, y extraen un niño muerto; lo cuelgan al aire con la boca abier­ta, y así le dan vida».

Interpretación libre de los escritos de Luciano de Samosata. Dibujo hecho con la ayuda de DeepSeek.

Por supuesto que Luciano de Samosata no nos está contando unos hechos históricos, sino una novela; pero lo importante de los ejem­plos señalados es constatar que ya en los pri­meros siglos del cristianismo estaba arraigada la idea de que la Luna y los planetas estaban habitados.

Primera ediciób. By Francis Godwin (author) – Houghton Library, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35592689

En la era moderna, en 1638 se publica el relato de Francis Goldwin [3] A man in the mo­one [4], en este relato un español, Domingo Gon­zález, natural de Sevilla, es el primero en lle­gar a la Luna el año 1600.

Histoire comique ou voyage dans la lune. Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=230390

Poco después, en 1656, Cyrano de Berge­rac publica su Histoire comique ou voyage dans la lune [5], donde se habla de los habitantes de los planetas. En realidad se trata de una satira a su tiempo. Los habitantes de la Luna no son nada más que el pretexto para la crítica. Desde el principio se ve que todo es absurdo. El viaje lo hace elevándose mediante frascos de rocío.

En 1793 se publica un libro poco conoci­do y poco mencionado como pionero, tal vez porque sea español. Se trata de Viaje estático al mundo planetario, del abate jesuita Loren­zo Hervás y Panduro. En esta obra «se obser­van el mecanismo y los principales fenóme­nos del Cielo, y se indagan sus causas físi­cas», además hay unos capítulos muy comple­tos sobre los «planetícolas» o habitantes de los planetas. Como ejemplo voy a leer lo que dice sobre los habitantes del planeta Mercu­rio, a los que llama hermícolas: «Un hermí­cola lle­gará a tener la sangre tan caliente como plo­mo derretido…; cuatro veces más caliente que el agua hirviendo. Ciertamente que si un hermícola apareciera en nuestra Tierra, todos le mirarían como a un tizón ar­diendo o como un condenado.»

En 1870, Tirso Aguimana de Veca, co­mienza la publicación, en sucesivos números de la Revista España de Una temporada en el más bello de los planetas [6], donde describe un viaje a Saturno, pasando por diversos pla­netas. Al llegar a Marte, el protagonista de la novela, Mendoza, contempla un mundo iguala la Tierra: «Veo una ciudad, y con sus calles, casas y palacios. ¡Qué perfectamente se per­cibe el mar, y los continentes que por todas partes lo rodean! Sí veo hombres, en este mundo, tan perfectamente distintos, como si me hallase junto a ellos.»

Voltaire con su Micromegas, Swift con sus viajes de Gulliver entre los que se incluye el relato de los habitantes de Marte, todos ellos son antecedentes que nos hacen llegar al siglo XIX con un bagaje cultural en el que la habitabilidad de los planetas e incluso de la Luna es perfectamente posible. Llegamos así a 1877, momento en el que Marte y la Tierra alcanzaban los puntos en sus órbitas más próximos. En aquel momento muchos teles­copios apuntaban a Marte; uno de ellos era la del astrónomo americano Asaph Hall y otro el del italiano Giovani Virginio Schiaparelli. El primero descubrió que Marte tenía dos pe­queños satélites, el segundo descubrió que Marte estaba surcado por canales artificiales, por los que concluyó que Marte estaba habi­tado. Hubo muchos astrónomos de la época que no estuvieron de acuerdo con las deduc­ciones de Schiparelli, pero otros las apoyaron, por ejemplo Flammarion, que si bien no era astrónomo profesional, sí que tenía una gran influencia por ser un conocidísimo escritor de divulgación. En 1894 el astrónomo americano Percival Lowel instaló un observatorio astro­nómico con el que se dedicó con avidez a es­tudiar Marte. Durante quince años estuvo estudiándolo y llegó a hacer mapas de ciento ochenta canales, siendo un acérrimo defensor de la vida inteligente en Marte.

Los canales de Marte según Percival Lowell. Dibujos de Percival Lowell – Яков Перельман – «Далёкие миры». СПб, типография Сойкина (English transliteration: Yakov Perelman – «Distant Worlds». St. Petersburg, Soykin printing house), 1914., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1226256

Hoy sabemos que los instrumentos de Schiaperelli tenían tan poca resolución que no le permitían ver lo que él decía que veía; también sabemos que en Marte no existen los ciento ochenta canales que dibujó Percival Lowel. Los mapas de Percival reflejaban su íntimo deseo de que Marte estuviera habitado.

Lo importante es darnos cuenta de que a principios del siglo XX la idea de que existen habitantes en nuestro sistema solar está perfectamente consolidada tanto en am­bientes científicos como populares. Ello ex­plica el conocido hecho de que en 1936, Or­son Welles al transmitir por radio la obra de H.G. Wells La guerra de los mun­dos se creasen auténticas situaciones de páni­co. En 1936 la gente creía en la vida extrate­rrestre y seres similares a los humanos habitando Marte.


Notas

[1] Astronomía. Entrada: Ecuación de Drake. https://www.astromia.com/astronomia/ecuaciondrake.htm

[2] Wikipedia. Entrada: Metrodoro de Quíos. https://es.wikipedia.org/wiki/Metrodoro_de_Qu%C3%ADos [Consultado 25 de abril de 2026]

[3] Wikipedia. Entrada: Francis Godwin. https://en.wikipedia.org/wiki/Francis_Godwin [Consultado 26 de abril de 2026]

[4] Wikipedia. Entrada: The Man in the Moone. Obsérvese que se titula «a man in the moone», no «in the moon». En la ortografía inglesa del siglo XVII era normal esa forma. https://en.wikipedia.org/wiki/The_Man_in_the_Moone [Consultado el 26 de abril de 2026]

[5] Wikipedia. Entrada: Histoire comique des États et Empires de la Lune. https://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_comique_des_%C3%89tats_et_Empires_de_la_Lune [Consultado el 26 de abril de 2026]

[6] Se puede descargar, en formato PDF de esta dirección: https://patrimoniodigital.ucm.es/files/original/91a5e7eb9c4fbd2d1468715f302782021eb5806d.pdf


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

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De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

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Los nuevos porteadores del siglo XXI

12 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 2 de noviembre de 2010, hablamos de los exoesqueletos que potencian las capacidades humanas.

En la tertulia comentamos que habíamos visto soldados que se ponían un pesado traje con motores y que de ese modo podían levantar grandes pesos y llevarlos a muchas distancia a mucha velocidad.

Soldado con exoesqueleto. By DARPA – This file was derived from: DARPA Strategic Plan (2007).pdf, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20798337

En mis notas tengo apuntado que me preocupaba el tema de las enfermeras que muchas veces tienen que levantar a un paciente, darle la vuelta, llevarle al baño… y que eso hace que muchas tengan la espalda estropeada. Es decir, apunté que no solo servirían para los soldados, también lo harían en el mundo civil, para enfermeras, transportistas, etc.

El futuro ha llegado, pero no ha sido como lo imaginábamos. Nada que ver con los rugidos de los motores de ciencia ficción que imaginábamos en 2010, cuando hablábamos de exoesqueletos como de dragones mecánicos.

Hoy existen, sí, pero no son armaduras de superhéroe. Son discretos, humildes, casi modestos. No buscan la épica, sino la ergonomía. No prometen hazañas, sino evitar lesiones. No conquistan territorios, sino que alivian espaldas.

El Exoesqueleto Pasivo MATE-XT de Comau empleado en una actividad de logística. El exoesqueleto ayuda a subir paquetes pesados. By UsaChan93 – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=117829372

En las fábricas, los exoesqueletos pasivos se han convertido en compañeros discretos. Ayudan a levantar cajas, a mantener posturas imposibles, a repetir movimientos sin que el cuerpo proteste. Son como muelles inteligentes, como músculos externos que no se cansan.


En los frentes de Ucrania, por ejemplo, los ves entre la bruma: soldados que cargan proyectiles de artillería con una facilidad que no es fuerza, sino biomecánica asistida. No llevan un traje de Iron Man, sino una estructura ligera que redistribuye el peso como lo haría un sherpa experto.

Fotografia gentileza del ejército ucraniano. Concretamente del  7.º Cuerpo de Asalto Aéreo
Dos militares ucranianos mostrando el exoesqueleto que pesa unos dos kilos y que puede llevarse en un maletín. La foto es gentileza de las Fuerzas Armadas Ucranianas.


Lo sorprendente no es que existan, sino cómo han decidido existir. No han seguido el camino de la potencia bruta, sino el de la afinación biomecánica. No son los monstruos enormes con decenas de motores que imaginábamos, son algo mucho menos espectacular, pero, sin duda más útiles.

Pero que las fotos no nos engañen, no solo son para uso militar. También pueden servir para cientos de otras cosas, entre ellas ayudar a personas con ciertos problemas de movilidad, …

Quizá dentro de veinte años tengamos exoesqueletos que permitan correr a 40 km/h o saltar como felinos mecánicos. Quizá. Pero hoy, en este 2026 que ya huele a madurez tecnológica, los exoesqueletos son otra cosa: una alianza silenciosa entre el cuerpo humano y la ingeniería, un pacto de ayuda mutua.

El futuro llegó, pero lo hizo sin levantar la voz. Llegó en forma de bisagra, de resorte, de armazón ligero. Llegó para sostenernos, no para deslumbrarnos.


Notas

[1]


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En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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La montaña de las golondrinas de piedra

11 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 26 de agosto de 2010, que fue el último de esa temporada, quise despedirme hablando de un posible viaje a la montaña de las golondrinas de piedra.

Ubicación del monte Tai. basado en Google Maps.

Había estado leyendo un libro de geología antiguo (lamento no recordar cuál era) y en un pie de página hablaba de «las golondrinas de piedra» del monte Tai. ¿Golondrinas de piedra? Me llamó tanto la atención que no me quedó más remedio que investigar. No fue fácil. Recuerdo que la acción que me dio muy buen resultado fue traducir mi petición al chino tradicional, y hacer una búsqueda en ese idioma. Encontré cosas sumamente interesantes, por supuesto, una vez traducido el chino a español, pues, por si no lo habían adivinado el chino, para mi es chino.

El monte Tai es uno de los cinco montes sagrados del taoismo. Y en su cumbre hay un templo taoista. El taoísmo (道教, Dàojiào) es una de las grandes tradiciones filosóficas y religiosas de China, centrada en la idea del Tao (道), que puede traducirse como “el Camino” (¿por qué será que me ha recordado a Escrivá de Balaguer?), “la Vía” o “el principio universal”. Esencia del Tao

El Tao es el orden natural del universo, una fuerza que fluye y sostiene todo lo existente. No es un dios ni una entidad personal, sino una realidad profunda que se manifiesta en la armonía entre los opuestos —como el yin y el yang— y en el equilibrio entre acción y quietud.

El monte Tai, con las tiendas de recuerdo a su pie. La imagen la he creado con IA, con ayuda de Copilot de Microsoft.
Piedra ficticia, creada con IA de lo que ven los peregrinos del monte Tai. Creada con Gemini de Google.

En el monte hay una cantera de la que se obtienen muchísimos fósiles de trilobites y unas extrañas «golondrinas de piedra», aunque algunos también las llaman «murciélagos de piedra».


En sus laderas, los peregrinos encuentran un curioso recuerdo: cuadros hechos con piedras fósiles extraídas de la propia montaña. En ellas se dibujan siluetas que evocan golondrinas petrificadas en pleno vuelo, como si una cámara geológica hubiera captado el instante y lo hubiera convertido en roca.


Estas “golondrinas de piedra” no son aves, sino trilobites, criaturas marinas que vivieron hace unos 500 millones de años, cuando el mar cubría lo que hoy es Shandong. La mina del Monte Tai guarda miles de fragmentos fósiles, sobre todo cefalones, la parte anterior del cuerpo del trilobite, dura y resistente, que fosiliza mejor que el resto. Su forma aerodinámica, con lóbulos laterales y una curvatura central, recuerda el vuelo de una golondrina. De ahí el nombre poético que los artesanos locales les dieron.

El trilobites surgió con la explosión del Cámbrico y tiene un cuerpo claramente diferenciadas en tres partes, que vulgarmente podemos llamar cabeza, tronco y cola.

Trilobites. Cefalón (cabeza), Cuerpo (Tórax) y Cola (Pygidium). Imagen creada por Copilot de Microsoft.

¿Qué eran los trilobites?

Los trilobites fueron artrópodos marinos primitivos, antepasados lejanos de los crustáceos y los insectos. Su cuerpo se dividía en tres partes: cefalón (cabeza), tórax (cuerpo segmentado) y pigidio (cola). Tenían un exoesqueleto articulado y ojos compuestos de calcita, una rareza evolutiva. Habitaron los océanos durante más de 270 millones de años, desde el Cámbrico hasta el Pérmico, y desaparecieron antes de que surgieran los dinosaurios. En cierta ocasión, un amigo me enseñó un trilobites fosilizado de modo metálico, parecía de plata, y con un microscopio se podían ver sus ojos. Tengo intención de hablar de los ojos del trilobites en una entrada posterior.

No descendemos directamente de ellos, pero sí compartimos con ellos la herencia estructural de los artrópodos, el grupo que incluye a los insectos, arácnidos y crustáceos. En cierto modo, los trilobites son nuestros primos muy lejanos, testigos de la explosión de vida del Cámbrico.

¿Por qué se conserva el cefalón?

El cefalón era la parte más dura del trilobite, formada por una gruesa capa de calcita y quitina. Al morir, el cuerpo blando se descomponía, pero la cabeza quedaba intacta y se acumulaba en los sedimentos. Con el tiempo, la presión y los minerales del entorno transformaron esas cabezas en fósiles. En el Monte Tai, las capas de roca están tan densamente pobladas de cefalones que, al cortarlas, parecen bandadas de golondrinas petrificadas.

Piedra en la que se ven «golondrinas» petrificadas. Realmente son los cefalones de los trilobites. Imagen creada con IA, con ayuda de Meta-ai de Meta
. He pedido a la IA que realce el relieve de los fósiles.

Las “golondrinas de piedra” del Monte Tai son una metáfora perfecta de la memoria del planeta: el vuelo detenido de una vida que fue marina y que hoy adorna los templos taoístas. En cada fósil hay un instante del antiguo mar convertido en arte, una sinfonía de piedra que une ciencia y poesía.

Así con este tema tan sumamente curioso terminé mis intervenciones en las tertulias del Onda Cero en agosto de 2010.

Tan solo me queda agradecer a Onda Cero, al director del programa y a los otros contertulios lo mucho que aprendí con ellos. Un fuerte abrazo


Notas

[1]


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En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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Cuando los metales sueñan en colores: ciencia de los fuegos artificiales

9 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 24 de agosto de 2010 estaba muy reciente la Semana Grande de San Sebastián en la se celebra el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales. Y ese fue uno de los temas de los que hablamos.

Fuegos en bahía con barcos. Imagen creada con IA con ayuda de Copilot de Microsoft.

La Semana Grande de San Sebastián suele celebrarse la segunda semana del mes de agosto. Todos los día de esa semana hay fuegos artificiales, aunque el último suele ser el más espectacular.

En la tertulia salió el tema de qué son los fuegos artificiales y sobre todo la mayor parte de preguntas se refirieron a cómo se crean los colores. Obviamente todos dábamos por supuesto que los cohetes suben porque tienen pólvora. La pólvora va mezclada con sales metálicas, en el momento de la explosión dichas sales se calientan muchísimo de tal modo que sus electrones se excitan y al volver al estado normal emiten fotones. La frecuencia de la emisión depende del metal. Por ejemplo:

Rojo — Estroncio (Sr)

Verde — Bario (Ba)

Azul — Cobre (Cu) (uno de los más difíciles de obtener con pureza)

Naranja — Calcio (Ca)

Amarillo — Sodio (Na)

Morado — Mezcla de cobre (azul) y estroncio (rojo)

Sin duda hay más mezclas para obtener otros colores. La temperatura de combustión también es muy importante, la intensidad del color depende de la temperatura. Por ejemplo, si la temperatura es muy alta el azul se degrada. Aunque normalmente sucede lo contrario: si la temperatura es baja la luminosidad es baja.

Por lo tanto, los pirotécnicos tienen que controlar muy bien la mezcla con la que hacen la pólvora y las cantidad de sales.

Vídeo de los fuegos de fin de año en Malta desde La Valeta. El 31 de diciembre de 2025.

Notas

[1]


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Los hijos que no nacieron, los hijos que inventamos

9 de abril de 2026

Durante décadas, la demografía ha sido un péndulo que oscila entre el pánico y la complacencia. En los años sesenta, el mundo temblaba ante la idea de la superpoblación: Paul Ehrlich anunciaba hambrunas inevitables, los gobiernos diseñaban políticas para frenar la natalidad y la Tierra parecía incapaz de sostener a tantos humanos. En mi opinión, Paul Erlich nunca fue riguroso, sus libros carecían de base científica, pero tuvieron una influencia muy notable. Tengo que confesar que a mí me convencieron sus argumentos y escribí varios artículos sobre el tema. Pero estábamos equivocado. Como veremos más adelante, mi error y el de Erlich fue pensar que la humanidad no evoluciona, que no es capaz de adaptarse a los nuevos problemas. Ese es el error mayúsculo, lo que define nuestra especie es que NOS ADAPTAMOS.

Medio siglo después, el miedo se invirtió. Ya no sobraban personas: faltaban. Europa, Japón, Corea, China… todos empezaron a mirar con inquietud la curva descendente de nacimientos, como si la humanidad hubiera perdido el apetito de futuro.

Hace apenas cinco años, el discurso dominante era apocalíptico. Se hablaba del “invierno demográfico”, del colapso de las pensiones, de sociedades convertidas en geriátricos. Y de ahí la fiebre de las sociedades avanzadas de traer inmigrantes de sociedades menos desarrolladas. Se repetía una idea simple: menos nacimientos significan menos trabajadores, y menos trabajadores significan menos riqueza. La ecuación parecía inapelable.

Pero entonces irrumpió un actor que nadie había invitado a la mesa demográfica: la automatización producida por la informática: máquinas de hacer multitud de trabajos. Por ejemplo, las aplicaciones online de los bancos, disminuyeron la necesidad de personal en oficinas y de oficinas. Hoy estamos viviendo un salto cualitativo en esa automatización: la inteligencia artificial. No es demasiado nueva (mi primer programa que aprendía de su experiencia —lo que hoy llamaríamos Inteligencia artificial— lo escribí en 1968). Lo nuevo es la increíble potencia de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) que son capaces de potenciar enormemente lo que puede hacer cada trabajador.

La fuerza laboral infinita

La historia económica siempre ha sido la historia de cómo multiplicar la fuerza humana. La agricultura multiplicó el brazo; la máquina de vapor multiplicó el músculo; la informática multiplicó la mente. La IA, sin embargo, introduce algo radicalmente nuevo: trabajadores que no nacen, no envejecen, no enferman y no se jubilan.

En 2025 abrió en Japón la primera fábrica completamente automatizada: ni un solo operario humano en la línea de producción.

En 2025 en Japón se inauguró una fábrica totalmente robotizada, sin [casi] operarios humanos. Imagen creada con ayuda de Copilot.

En Corea, los robots industriales superaron en número a los recién nacidos. En Europa, la administración pública comenzó a automatizar trámites enteros, reduciendo la necesidad de personal sin reducir el servicio. Y en Estados Unidos, los modelos de IA generativa ya realizan tareas que antes requerían equipos enteros de profesionales.

La pregunta, entonces, cambia de forma.
Ya no es: ¿qué haremos sin jóvenes?
Sino: ¿qué haremos con máquinas que producen como si tuviéramos millones de jóvenes?

La paradoja del siglo XXI

La baja natalidad era un problema cuando la productividad crecía lentamente. Pero si un solo trabajador, apoyado por IA, puede producir lo que antes producían cinco, la ecuación se altera. La productividad deja de depender del número de cuerpos y pasa a depender del número de algoritmos.

Los economistas empiezan a hablar de la “elasticidad demográfica de la IA”: la capacidad de la tecnología para compensar la escasez de mano de obra. En países envejecidos, la automatización no destruye empleo: rellena huecos. No desplaza a trabajadores: sustituye a trabajadores que ya no existen.

Es un giro histórico fascinante: la humanidad, que durante milenios necesitó más hijos para producir más riqueza, podría entrar en una era donde los hijos biológicos dejan de ser el motor económico.

Los robots como hijos sustitutos

Hay algo casi simbólico en esta transición.


Durante siglos, tener hijos era una forma de asegurar el futuro: más manos para el campo, más apoyo en la vejez, más continuidad del linaje. Para el campesino de siglos atrás los hijos eran la garantía de continuar con sus tierras y la garantía de que en la vejez alguien les apoyaría (los hijos eran lo que hoy es la Seguridad Social). Hoy, en sociedades urbanas y tecnológicas, los hijos ya no son una necesidad económica, sino una elección emocional. Y mientras la natalidad cae, los robots ocupan silenciosamente ese espacio funcional.

Robots que cuidan ancianos.
Robots que limpian.
Robots que fabrican.
Robots que escriben.
Robots que diseñan.
Robots que aprenden.

No son hijos, pero cumplen funciones que antes solo podían cumplir los hijos.

El lado oscuro: la IA también enfría la natalidad

Paradójicamente, la misma tecnología que compensa la falta de nacimientos podría estar contribuyendo a ella. Algunos demógrafos señalan que la incertidumbre laboral generada por la automatización desincentiva la maternidad y la paternidad. Otros apuntan a un cambio cultural profundo: si la IA ofrece compañía, entretenimiento, propósito y productividad, ¿qué lugar queda para la crianza en la vida de muchos jóvenes?

La natalidad no cae solo por razones económicas. Cae porque la estructura emocional del mundo ha cambiado.

Un futuro sin catástrofes

Quizá el error de los discursos catastrofistas —tanto los de la superpoblación como los del invierno demográfico— es suponer que la humanidad permanece estática. Nunca lo ha hecho. Cuando faltaron manos, inventamos máquinas. Cuando faltó tiempo, inventamos algoritmos. Cuando faltó fuerza, inventamos motores. Y ahora, cuando faltan nacimientos, inventamos inteligencias.

No sabemos si la IA será la solución definitiva al declive demográfico. Pero sí sabemos algo: la historia humana es la historia de cómo convertimos problemas en herramientas.

Tal vez el futuro no esté en tener más hijos, sino en aprender a convivir con los hijos que hemos creado: los hijos de silicio, los hijos que no nacieron, los hijos que inventamos.


Notas

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La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.


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Velas de espemaceti: La luz que surgió del abismo

8 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 23 de agosto de 2010 llevé el tema de las velas de espermaceti.

En 2009 empecé a ver la serie de TVE Águila Roja. La serie tenía encanto, ritmo y un Madrid barroco que parecía respirar. Pero había algo que siempre me chirriaba: esas habitaciones inundadas por decenas de velas de cera, brillando como si la luz fuese barata. La historia transcurre hacia 1660, en tiempos de Felipe IV, y el protagonista es un maestro de escuela. ¿De verdad podía un profesor permitirse semejante derroche luminoso? Investigando sobre iluminación histórica, descubrí que incluso las velas de cera (las que aparecían en la serie) eran un lujo… la gente normal usaba velas de sebo, y pocas: la luz era un lujo. Más tarde, ya en el siglo XVII y XIX llegarían otras velas aún más exclusivas: las de espermaceti. Y de ello quise hablar en la tertulia.

Vista de la Puerta de Atocha con la fuente que se halla en sus inmediacions en el Paseo del Prado. Grabado de Vicente Camarón (Museo Municipal de Madrid). Autor de la foto Calderón. Dominio Público. File:Puerta de Atocha (Madrid).jpg – Wikimedia Commons

I. El tesoro oculto en la frente del océano

En las profundidades donde el sol no se atreve a descender, el cachalote navega con la solemnidad de un templo en movimiento.

Un grupo de cachalotes cerca de la costa de Mauricio. Autor: Gabriel Barathieu. This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic license. File:Sperm whale pod.jpg – Wikimedia Commons


Dentro de su enorme cabeza —esa catedral ósea que inspiró mitos y terrores— guarda una sustancia extraña: el espermaceti, una cera pura, casi mineral, que se derrite con el calor de la mano y solidifica en un blanco opalino.

Grabado de hombres cazando ballenas con harpones. Autor foto: Wainuiomartian. This work has been released into the public domain by the author on Flickr, where the author has declared it as a «Public Domain Work» and tagged it with the Creative Commons Public Domain Mark. File:Whale fishing.jpg – Wikimedia Commons

Los naturalistas del XVIII no sabían qué era. Los marineros tampoco. Su nombre parece indicar que es esperma, pero es un error. Es una bola en la cabeza, cuya misión, probablemente es ayudar en la ecolocalización. Todos coincidían en algo: aquello ardía como ninguna otra cosa sobre la Tierra.

Vela y aceite de espermaceti. Av Genevieve Anderson – http://www.marinebio.net/marinescience/06future/wham.htm, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24183274

II. La fiebre de la luz perfecta

Cuando los balleneros de Nueva Inglaterra descubrieron que esa cera producía una llama limpia, sin humo y estable, pues apenas parpadeaba, comenzó una fiebre silenciosa. las velas de sebo producían humo y mal olor. Las de cera de abeja eran mejores, pero también producían un poco de humo y un ligero olor, más agradable que el de las de sebo. Las de espermaceti no echaban humo, no olían, lucían de un modo mucho más brillante, etc.


Los barcos partían hacia el Atlántico Sur, hacia el Índico, hacia cualquier lugar donde un chorro de vapor delatara la presencia del coloso.

En los puertos de Nantucket y New Bedford, los fabricantes de velas competían por cada barril.


El espermaceti se convirtió en oro líquido, en la materia prima de la iluminación más codiciada del mundo.

Una vela de espermaceti no era solo una vela:
era estatus,
era tecnología,
era la promesa de una noche sin humo.


III. El precio de una llama

Para un obrero del siglo XIX, cuyo salario apenas alcanzaba para pan, carbón y techo, encender una vela de espermaceti era un gesto impensable. Su luz equivalía a quemar una parte del jornal, a derretir en unas horas lo que costaba ganar en un día entero.

Por eso estas velas vivían en casas de comerciantes, de científicos, de políticos, de quienes podían permitirse el lujo de iluminar la noche con una claridad casi celestial.

La mayoría seguía viviendo entre sombras.


La luz pura era para unos pocos.


IV. La cultura del mar y el sacrificio

Mientras tanto, en los barcos balleneros, la historia era otra. Los hombres que arrancaban el espermaceti al océano vivían rodeados de aceite hirviendo, de cubiertas resbaladizas, de noches interminables en las que el mar parecía querer tragárselos.

El espermaceti tenía un brillo hermoso, sí, pero su origen era brutal: un intercambio entre la ambición humana y la vida de un animal que había surcado los mares desde antes de que existieran ciudades.

En esa tensión —entre belleza y violencia— nació una cultura marítima que dejó huella en diarios de a bordo, en canciones de marineros, en novelas como Moby Dick.


V. El declive de una llama

La llegada del gas, del queroseno y, finalmente, de la electricidad, apagó lentamente el reinado del espermaceti.


Las velas blancas que habían iluminado laboratorios, salones y faros quedaron relegadas a vitrinas de museos y a la memoria de los viejos puertos.

Hoy, su comercio está prohibido.


El cachalote sigue nadando en las profundidades, libre de aquella persecución industrial que casi lo borró del mapa.

Pero la luz del espermaceti permanece en la historia como un destello breve y perfecto:
una llama que unió ciencia, mar y deseo humano de dominar la noche.


VI. Coda

Quizá por eso, cuando pensamos en esas velas, sentimos algo más que nostalgia.
Sentimos la paradoja de una luz hermosa nacida de un acto terrible.


Sentimos el eco de un tiempo en que la humanidad buscaba iluminarse a cualquier precio.

Y comprendemos que cada llama tiene su historia, y que algunas —como las del espermaceti— ardieron demasiado brillante para durar.


Notas

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🌕 La noche en que vi a Neil Armstrong pisar la Luna… desde una tienda de campaña en Segovia

5 de abril de 2026

Hay recuerdos que se quedan grabados no por el lugar, sino por la mezcla improbable de circunstancias que los rodean. El 20 de julio de 1969, mientras el mundo contenía la respiración ante la llegada del ser humano a la Luna, yo estaba en la Academia de la Instrucción Premilitar Superior (centro paralelo a la Academia General Militar de Zaragoza) en El Robledo, en Segovia, cerca de La Granja de San Ildefonso. Vivíamos en tiendas de campaña, nueve cadetes por tienda, y el mayor lujo era que no lloviera. Los exámenes para ser admitido en la academia los recuerdo como muy duros. Tuve que entrenar varios meses en las pistas deportivas de la Universidad Complutense, para lograr los cien metros en no-recuerdo-exactamente-cuantos-segundos, subir una pared con una cuerda, ….

Pero aquel verano, en mi tienda, había un detalle que lo cambiaría todo: uno de mis compañeros era familiar de Neil Armstrong. Sí, del mismísimo primer hombre que iba a pisar la Luna.

La televisión prohibida… salvo para un Armstrong

Las normas militares eran claras:
prohibidísimo tener una televisión.
Y además, ¿quién iba a tener una tele portátil en 1969?

Pues bien, el familiar de Neil pidió permiso para instalar una. Y se lo concedieron. Y como vivíamos en la misma tienda, me lo concedieron también a mí. Aquello ya era ciencia ficción antes de que empezara la retransmisión.

Montamos el televisor —de 220 voltios— fuera de la tienda, alimentado con baterías de coche y un inversor. Una obra de ingeniería improvisada que hoy haría sonreír a cualquier técnico, pero que entonces nos parecía tan natural como respirar. Ingeniería que hicimos nosotros, los cadetes.

Y allí, bajo el cielo de Segovia, todos los de la tienda vimos cómo Neil Armstrong bajaba del módulo lunar.

🚀 El cadete que explicaba la Luna a capitanes y comandantes

Yo llevaba años siguiendo el programa espacial con pasión. Así que, mientras los demás miraban la pantalla, tenientes, los mandos que se acercaron a nuestra tienda me preguntaban:

  • ¿Cómo habían llegado?
  • ¿Qué propulsor usaba el Saturno V?
  • ¿Cómo era la atmósfera dentro del módulo lunar?
  • ¿Cómo despegarían de la Luna?
  • ¿Cómo regresarían a la Tierra?

Y yo, sin darle importancia, iba explicando todo lo que sabía. Tanto hablamos, tanto expliqué, tanto nos quedamos embobados con la Luna… que casi nos pilló la diana.

🥱 La diana, las botas… y el detalle que faltaba

Dormí tan poco que, cuando sonó la diana, salí a formar con botas, gorra y… calzoncillos.
Solo calzoncillos.


La Luna me había dejado en órbita.

El día transcurrió como siempre: clases impartidas por sargentos que explicaban cosas que yo, como ingeniero de telecomunicaciones, conocía al dedillo. Pero aun así aprendí muchísimas cosas prácticas: tender líneas telefónicas, localizar averías por kilómetros, montar enlaces de microondas… y también descubrí que no todos los especialistas militares eran adeptos a Franco. Más bien lo contrario.

🎤 Mi gira lunar por El Robledo

Lo mejor vino al día siguiente.

El comandante de la unidad de zapadores apareció en nuestra tienda para pedirme que diera una charla sobre la llegada a la Luna.
A mí.
Un simple cadete.

Mi capitán me autorizó, y di la charla a los zapadores. Luego me la pidieron los artilleros. Después la caballería. Y así, uno tras otro, terminé dando conferencias sobre la Luna a todos los cadetes de El Robledo.

Cuando me despedí, el día siguiente de jurar la bandera, los zapadores vinieron a mi tienda y me rindieron honores.

Me emocioné.

🚗 El otro viaje: Robledo–Madrid en 59 minutos

Pero, mientras yo hacía de divulgador improvisado, lo que de verdad esperaba con impaciencia era el fin de semana siguiente. De vez en cuando llevaba un coche al campamento que para mí era un cohete más rápido que el Saturno V, y con él volaba desde El Robledo hasta Madrid.

Robledo–Moncloa en 59 minutos. (Hoy creo que estaba loco, con aquellas carretereas aquel tiempo era una locura).


Hoy me parece una locura, pero entonces era pura necesidad: quería ver a Isabel.

¿Mi novia? Aquella palabra nos sonaba antigua, casi rancia. No sabíamos muy bien cómo llamarlo, pero dejémoslo en novia.

🌙 Lo que queda cuando miro la Luna

Terminé mi formación militar haciendo una investigación seria sobre la transmisión troposcattering, probablemente el experimento científico más riguroso que hice en aquellos años. Pero, cuando pienso en ese verano, no recuerdo los cálculos ni los enlaces de microondas.

Recuerdo una tienda de campaña en Segovia, un televisor imposible alimentado por baterías de coche, un grupo de cadetes medio dormidos mirando a la Luna… y un joven que, sin saberlo, estaba viviendo dos viajes a la vez: uno hacia el futuro de la humanidad, y otro hacia el suyo propio, con un coche que rugía camino de Madrid.

HOY 2026: Miro las noticias. Quiero saber si los astronautas de Artemisa II se acercan a la Luna y si volverán a la Tierra sanos y salvos.

¿Volverán? Creo firmemente que sí.


Notas

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Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

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De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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Egipto. Wadi Al‑Hitan: el laboratorio natural donde las ballenas aprendieron a ser ballenas

2 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 18 de agosto de 2010 llevé el tema del valle de las ballenas (Wadi Al-Hitan) en el que hay multitud de restos de ballenas donde se ve que eran animales terrestres que se adaptaron a la vida marítima.

Un desierto que fue mar

En pleno desierto occidental de Egipto, a unos 150 kilómetros de El Cairo, se encuentra uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del planeta. Wadi Al‑Hitan —el “Valle de las Ballenas”— conserva cientos de esqueletos de cetáceos primitivos que vivieron hace unos 40 millones de años, cuando esta región formaba parte del mar de Tetis, un océano cálido que bañaba el norte de África.

Mar de Trtis hace 40 millones de años. Se ha superpuesto líneas indicando los países actuales. El mapa
está hecho por Scotese, Christopher R.; Vérard, Christian; Burgener, Landon; Elling, Reece P.; Kocsis, Ádám T. – «Phanerozoic-scope supplementary material to «The Cretaceous World: Plate Tectonics, Paleogeography, and Paleoclimate (doi:10.1144/sp544-2024-28)» from the PALEOMAP project». doi:10.5281/zenodo.10659112 https://zenodo.org/records/10659112, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=155112444

Hoy, donde hubo aguas tropicales, solo hay dunas y silencio. Pero bajo esa arena se esconde una historia crucial: cómo un grupo de mamíferos terrestres regresó al mar y se transformó en las ballenas modernas.

La evolución en directo: Basilosaurus y Dorudon

El valle es célebre por la abundancia y el estado de conservación de dos especies clave:

Basilosaurus isis: un cetáceo alargado, de hasta 18 metros, con cuerpo serpentino y mandíbulas poderosas.

Dorudon atrox: más pequeño, de unos 5 metros, considerado un pariente cercano de las ballenas actuales.

Lo extraordinario es que muchos esqueletos están casi completos, articulados y en posición de vida. Esto permite estudiar detalles anatómicos que rara vez se conservan en otros yacimientos.

Las patas que ya no servían para caminar

Uno de los hallazgos más fascinantes son las extremidades posteriores vestigiales: pequeñas patas que ya no tenían función locomotora, pero que revelan el origen terrestre de los cetáceos. Son la prueba física de una transición evolutiva: animales que aún conservaban rasgos de sus antepasados terrestres, pero que ya vivían plenamente en el mar.

Otra de las características de los basilosaurios es que conservaban dientes.

Basilosaurio isis. Por Ghedoghedo – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16623229

En Wadi Al‑Hitan, esa transición no es una teoría: está literalmente expuesta sobre la arena.

Un ecosistema desaparecido

Los fósiles no solo cuentan la historia de las ballenas. También aparecen restos de:

Tiburones, serpientes marinas, manatíes primitivos, peces óseos, corales y moluscos, etc.

Todo ello permite reconstruir un ecosistema completo del Eoceno tardío: un mar cálido, poco profundo, lleno de vida. Un mundo perdido que hoy se conserva como una instantánea geológica.

Un paisaje modelado por el viento

El valor científico se combina con un escenario natural sorprendente. Las formaciones arenosas, talladas por la erosión, crean un paisaje casi escultórico. La luz del desierto acentúa los relieves y convierte cada fósil en una aparición. Es un lugar donde la geología y la biología se entrelazan de forma casi teatral.

Fósiles de ballena en el wadi Al-Hitan. Por Foixi de Wikipedia en inglés and Foixi at de.wikipedia – Transferido desde en.wikipedia a Commons por Jalo., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3801866

Patrimonio de la Humanidad

En 2005, la UNESCO declaró Wadi Al‑Hitan Patrimonio Mundial por su excepcional importancia para comprender la evolución de los cetáceos. El sitio está protegido y cuenta con senderos señalizados y un pequeño museo al aire libre que explica la historia del valle con claridad y sin artificios.

Wadi Al-Hitan (Whale Valley) (Egypt). © UNESCO
Author: Véronique Dauge. https://whc.unesco.org/en/list/1186/gallery/&maxrows=27

La visita es controlada para evitar daños: los fósiles no están encerrados en vitrinas, pero sí cuidadosamente preservados. Es un equilibrio delicado entre conservación y divulgación.

Por qué este lugar es único para la ciencia

Wadi Al‑Hitan destaca por tres razones:

Cantidad: Cientos de esqueletos distribuidos por el valle

Calidad: fósiles completos, articulados y en posición natural.

Contexto: un entorno geológico que permite interpretar cómo vivían estos animales

Es, en esencia, un capítulo de la evolución dejado abierto sobre la superficie del desierto.


Wadi Al‑Hitan no es solo un destino remoto. Es un recordatorio de que la Tierra guarda memorias profundas, escritas en lenguajes que a veces olvidamos: la arena, el hueso, la erosión. Caminar entre ballenas fosilizadas en mitad del Sáhara es comprender que los paisajes cambian, que los océanos se retiran, y que la vida —siempre— encuentra caminos inesperados.


Notas

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En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.


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¿El imperio romano cayó por envenenamiento con plomo?

2 de abril de 2026

Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 8 de agosto de 2010 llevé el tema del plomo encontrado en pecios romanos y su importancia para la ciencia actual, tratado en la entrada anterior. Para el 9 de agosto hablamos de la hipótesis de que el imperio romano cayera porque los romanos se envenenaron con el plomo que añadían al vino.

1. ¿De dónde salió la teoría?

Copa de el vidrio soplado tipo calix y la amphora vinaria Dressel. Imagen creada con ayuda de Copilot de Microsoft.

A mediados del siglo XX se descubrió que los romanos usaban plomo en tuberías, utensilios y sobre todo en el vino cocido (sapa, defrutum). Eso llevó a pensar que la población —y especialmente las élites— sufría saturnismo crónico.

El defrutum es un vino cocido que se ha reducido su volumen hasta la mitad.

El sapa es aún más reducido que el defrutum, a un tercio o menos.

2. ¿Por qué hoy se considera improbable?

a) Las tuberías de plomo no envenenaban tanto como se pensaba

El agua romana era rica en carbonatos y minerales que formaban una capa interna protectora dentro de las tuberías. Esa capa impedía que el plomo se disolviera en grandes cantidades.

Tuberías romanas de plomo encontradas en el río Ródano cerca de Arlés. Crédito: Ad Meskens / Wikimedia Commons

b) El vino sí contenía plomo, pero no en dosis uniformes

Había vinos muy contaminados… y otros no. Las élites podían exponerse más, pero no toda la población.

c) Los síntomas de saturnismo no coinciden con los problemas sociales del Imperio

El saturnismo causa infertilidad, gota, temblores, problemas cognitivos…
Pero no explica guerras civiles, crisis económicas, invasiones, epidemias, ni la división administrativa del Imperio.

Caída del imperio romano. Imagen creada con la ayuda de Copilot de Microsoft.

d) La caída del Imperio fue un proceso complejo

Hoy se considera multifactorial: 1) Presión militar externa. 2) Crisis fiscales. 3) Inestabilidad política. 4) Epidemias. 5) Cambios climáticos. 6) Transformaciones sociales internas.

El plomo, en el peor de los casos, sería un factor menor y localizado, no una causa estructural.

3. ¿Qué dicen los estudios modernos?

Los análisis de huesos romanos muestran niveles elevados de plomo, sí, pero no lo bastante altos como para causar un colapso civilizatorio. Además, los niveles varían mucho según región, clase social y época.

    Hoy la mayoría de especialistas coincide en que:

    El plomo afectó a individuos, pero no derribó un imperio.

    4. ¿Qué queda de la teoría?

    Sigue siendo un ejemplo fascinante de cómo un detalle cotidiano (el uso del plomo) puede tener consecuencias sanitarias. Pero ya no se considera una explicación válida del declive romano.


    Notas

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    En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.


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