Malta-6-d: Visita a las ciudades de Mdina y Rabat. 5: Visita a Mdina

2 de enero de 2026

Ubicación de Mdina

Ubicación de Mdina. En el corazón de Malta. Basado en Google Maps.


En el corazón de Malta, donde las piedras doradas guardan siglos de secretos, se alza Mdina: una ciudad que parece detenida en el tiempo. Al cruzar su puerta barroca, uno deja atrás el bullicio moderno y entra en un mundo de silencio, sombras y elegancia medieval. Mdina no es solo un lugar; es una experiencia sensorial, una cápsula de historia viva que susurra leyendas en cada rincón.

Mdina está totalmente amurallada. Lo de fuera es Rabat (en el mapa Zaika, el restaurante del que hablé en la entrada anterior, está en Rabat). Y no muy lejos está Mtarfa, donde estála torre del reloj. Mapa basado en Google Maps.


Ciudad del silencio

Fundada por los fenicios hace más de tres mil años, esta ciudad amurallada ha sido testigo de imperios, terremotos y transformaciones. Fue capital romana, bastión árabe, y sede noble durante la Edad Media. Sus murallas, reforzadas tras el gran sismo de 1693, abrazan un laberinto de callejones estrechos donde el eco de los pasos parece respetar el apodo que le dieron los malteses: la Ciudad del Silencio.

Calle típica de Mdina.


Mdina no necesita artificios. Al caer la tarde, cuando los faroles se encienden y las calles quedan desiertas, la ciudad revela su verdadero carácter: íntimo, contemplativo, casi místico.

Calle típica de Mdina.
Este tipo de faroles son típicos de Mdina.

La Catedral Metropolitana de San Pablo

La Catedral Metropolitana de San Pablo domina la plaza central con su fachada barroca, diseñada por Lorenzo Gafà [1].

Catedral Metropolitana de San Pablo en Mdina.

Medallones devocionales

La mayor parte de las calles silenciosas de Mdina hay pequeños medallones —a menudo dedicados a la Virgen—. No son simples adornos: marcaban antiguas rutas procesionales, protegían las casas frente a epidemias y tormentas, y recordaban a los vecinos que la vida cotidiana transcurría bajo una mirada sagrada.

Uno de los medallones que hay casi en cada calle. Símbolo protector contra plagas y tormentas.
Trinacria siciliana en una casa de Mdina.

Los medallones no siempre son Vírgenes. En este caso se trata de una Trinacria, que es un símbolo de Sicilia. Debemos recordar que Malta está muy cerca de Sicilia, un poco más al sur, y que los contactos entre ambas islas son permanentes. Las tres piernas de la Trinacria aluden a la forma triangular de la isla de Sicilia. La cabeza central es de la gorgona, que es una protección frente al mal. Las alas y las serpientes remiten a la mitología griega, muy presente en la historia siciliana.

Podemos preguntarnos qué hace un trisquel siciliano en una calle de Malta. No sé la respuesta, pero hay muchas explicaciones posibles, una de ellas es que en esa casa vivan descendientes de sicilianos, otra es que sea un elemento decorativo importado, sin que tenga ningún significado profundo. En Sicilia se venden muchos de estos elementos y son bastante baratos. Hay muchas más explicaciones posibles.

Arriba tenemos otros dos medallones típicos. En el de la izquierda tenemos a la Virgen con el niño. Me ha llamado la atención el que el sol de Mdina haya apagado los colores. Seguro que hace años eran colores brillantes, hoy apagados por el sol. La otra figura es típica de un martirio. Ignoro más detalles.

El medallón de la Virgen con el niño, me ha gustado mucho. He pensado cómo pudiera haberse visto recién puesto y creo que sería algo así:

Imagen ficticia de cómo luciría el medallón cuando estaba nuevo, sin que el sol hubiera apagado los colores.

Aldabas y su simbolismo

Me gustan las viejas aldabas de los pueblos. Algunas están hechas de hierro oxidado y, aunque suene extraño, ese óxido me atrae: transmite un tiempo apacible, silencioso. Es una paradoja hermosa: la aldaba nació para hacer ruido, para reclamar la atención de quienes viven dentro, y, sin embargo, a mí me inspira una calma profunda. He visto muchas a lo largo de mis viajes, pero nunca me había encontrado con algo tan singular como una tienda de recuerdos que exhibe una colección completa de aldabas, como la que descubrí en Mdina. Muchas de ellas llevan grabada la estrella de ocho puntas, la Cruz de Malta, como si cada golpe que dieron alguna vez resonara todavía en la historia de la isla.

Exposición de aldabas en tienda de recuerdos de Mdina, en la plaza de San Publio.
Aldaba con león, en Mdina. Foto retocada con Gemini.

En las culturas mediterráneas el león siempre se ha considerado un buen guardián de las casas, por eso abunda en las aldabas. A mí ese león me da un poco de miedo, parece que te está diciendo: ¡vete de aquí, no eres bienvenido! Posiblemente esa la labor de un león guardián.

Aldaba con la Medusa, Mdina.

Entre las muchas aldabas que decoran las puertas de Mdina, hay una que siempre me detiene: la que muestra el rostro de Medusa. No es un capricho extravagante, sino la huella de una tradición mediterránea muy antigua. Desde tiempos griegos y romanos, la cabeza de Medusa se usaba como amuleto protector, capaz de ahuyentar el mal y vigilar el umbral de la casa. En Malta, esa herencia clásica se mezcló con la artesanía local y con el gusto barroco, de modo que la gorgona pasó a ser una guardiana silenciosa, firme y elegante. En una ciudad tan cargada de historia como Mdina, incluso una aldaba parece susurrar relatos que vienen de muy lejos tanto en el espacio como en el tiempo.

El pez protector en las aldabas de Mdina.

Las aldabas en forma de pez que encuentras en Mdina no son un capricho decorativo aislado: tienen un trasfondo simbólico muy arraigado en la cultura mediterránea y, en particular, en la tradición maltesa.

En el Mediterráneo, el pez se considera un amuleto contra el mal de ojo y las desgracias. Colocarlo en la puerta era una forma de atraer prosperidad y mantener alejadas las influencias negativas.


El pez es un símbolo universal de fertilidad, alimento y continuidad. En una isla como Malta, donde el mar lo determina todo, este significado se vuelve aún más fuerte. Muchos de los antiguos habitantes de Mdina tenían vínculos familiares con pescadores o comerciantes marítimos. El pez en la aldaba podía funcionar como un guiño a ese origen.

Y, por fin, no debemos olvidar que el pez también remite al ichthys, uno de los símbolos más antiguos del cristianismo. En un país profundamente católico, esta resonancia simbólica nunca está del todo ausente.

La aldaba de arriba probablemente es del siglo XIX, pero también las hay del sigloXXI, con la Cruz de Malta.

Aldaba con pez protector y con la Cruz de Malta.

Murallas

Tal como ya he dicho Mdina es una ciudad completamente amurallada, lo que le da un especial encanto.

Parte de la muralla de Mdina, vistas desde Rabat.
Otra parte de la murañña de Mdina, vista desde Rabat.

La entrada a la ciudad se hace por la puerta de Mdina, que también se c onoce como puerta de Vilhena, porque fue reconstruida en 1724–1725 por el Gra n Maestre António Manoel de Vilhena, quien le dio su aspecto barroco actual.

La entrada a Mdina se hace por el puente que vemos a la izquierda y a través de la puerta que se ve en el centro.
Puerta de Mdina, también conocida como puerta de Vilhena

Como estamos a principios de año todavía están los adornos navideños.

Los adornos navideños nada más cruzar la puerta de Mdina.

Cuando nos vamos al fondo de Mdina, al punto más alejado de la puerta. Nos encontramos con bonitas vista del mar, aunque la distancia es de aproximadamente diez kilómetros.

En el primer plano la miuralla, al fondo el mar.
Primer plano la muralla, al fondo el mar.

Torre de los estandartes

Poco después nos encontramos con la Torre de los estandartes.

Torre de los estandartes.

Dentro de la torre está la oficina de turismo.

Casas Museo

En Mdina nos encontramos con varias casas señoriales o palacios que tenían el letrero de House Museum. Se trata las Casas Museo de Mdina, permiten asomarse a la vida privada de la nobleza y de los coleccionistas que habitaron la antigua capital maltesa. La más emblemática es el Palazzo Falson, un palacio del siglo XIII que perteneció al capitán y coleccionista Olof Gollcher, y que conserva diecisiete salas repletas de mobiliario histórico, joyas, plata, armas, alfombras orientales y una notable colección de arte europeo y mediterráneo entre los siglos XV y XX . A pocos pasos, la Casa Gourgion ofrece una experiencia distinta: una residencia neogótica del siglo XIX que muestra los espacios privados del barón Giuseppe De Piro Gourgion, desde su estudio hasta sus estancias personales, revelando el modo de vida de la aristocracia maltesa en pleno corazón de Mdina .

Casa Museo de Gourgion.

La casa museo más famosa es el Palazzo Falson, pero no tengo fotos. Por suerte, sí que hay una en Wikipedia [2].

Palazzo Falson.Gentileza de wikipedia. La foto es de
Continentaleurope at English Wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47520298

Gracias a Continentaleurope at English por permitir usar su foto.

Algunas curiosidades

Karrozin. El coche de caballos típico de Malta. ya lo habíamos visto en Rabat, En Mdina también los hay y van pasando por las calles estrechas donde apenas caben los peatones y el carro. Los conductores están todo el día dan a la campana para que nos apartemos. Me parecieron muy molestos.
Pasamos por un restaurante que me recordó enormemente a algunos de los que están en los famosos patios de Córdoba.

Se trata del restaurante Coogi’s Restaurant & Tea Garden. Ubicado en St Agatha’s Esplanade Mdina.

En Mdina se conservan algunas de las famosas cabinas de telefono inglesas.

Cabina de telefono.

Aunque la cabina es de las antiguas, dentro dice que se admiten tarjetas y algunas cosas bastante modernas.

Lateeral de la cabina telefónica.

Dos figuras humanas sostienen un escudo: es un motivo decorativo muy habitual en las aldabas y herrajes victorianos.

El escudo central no corresponde a ningún blasón oficial: es un diseño ornamental inspirado en la heráldica inglesa, con símbolos genéricos (flores, roleos, motivos geométricos).

La cinta inferior suele llevar una palabra o lema, pero en estos modelos decorativos muchas veces es puramente estética o ilegible.

Y aquí terminó nuestra visita a Rabat y Mdina.

Volvimos a San Julián.

Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Lorenzo Gafà. https://en.wikipedia.org/wiki/Lorenzo_Gaf%C3%A0 [Consultado 1 de febrero de 2026]

[2] Wikipedia. Entrada: Palazzo Falson. https://en.wikipedia.org/wiki/Palazzo_Falson [Consultado 2 de febrero de 2026]


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Malta-6-c: Visita a las ciudades de Mdina y Rabat. 4: Almuerzo restaurante Zaika

2 de enero de 2026

En la entrada anterior veíamos la iglesia de San Pablo y sus catacumbas. Muy cerca está el restaurante Zaika que tiene comida maltesa e india. Está en la plaza de San Cataldo.

Zaika está en la plaza de San Cataldo.

A unos 80 metros de la iglesia de San Pablo.

Fachada de Zaika, con adornos navideños.

No soy demasiado fan de los restaurantes indios, pero en este caso al ser comida maltesa e india, decidí sentarme.

Nos atendieron con rapidez y amabilidad. Lo primero que nos trajeron fueron las bebidas. Quería probar un vino maltés y me recomendaron el 1919, un vino rosado de Malta.

Vino 1919 Matrsovin. Vino de Malta.
Hamburguesa con patatas y tomate.
Detalle de la hamburguesa, con queso.
Shawarma de cordero.

Ubicación

Plaza San Cataldo, Rabat (Malta)

Teléfono: +356 9999 9121

Atención: Profesional y correcta.


Notas

[1]


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Malta-6-b: Visita a las ciudades de Mdina y Rabat. 2: Iglesia y catacumbas de San Pablo

2 de enero de 2026

En la entrada anterior estábamos en la iglesia y catacumbas de San Cataldo. Muy cerca, está la iglesia de San pablo, que también contiene catacumbas y refugios de la Segunda Guerra Mundial que se hicieron en ellas.

Entre las iglesias de San cataldo y San Pablo tan solo hay 85 metros.

Escultura de hierro y cristal

Entre las dos iglesias hay una plaza con varias cosas que me resultaron muy interesante.

Escultura de hierro con cristal tallado. Al fondo la iglesia de San pablo.

Esa escultura me gustó. En el pie no ponía nada, o, al menos, yo no lo vi. Indagué y lo máximo que he logrado encontrar es que es una escultura moderna, de una iniciativa de potenciar artistas locales. La idea de una especie de asteroide de hierro con un cristal translúcido en su interior me gustó. Creo que el autor es Anton Agius, pero no puedo asegurarlo.

Bola de mármol flotando

También había una gran bola de mármol flotando sobre una capa de agua, típica de muchos museos de la ciencia.

Bola de mármol flotando sobre película de agua. Al fondo la iglesia de San Pablo. Grabado en la piedra dice: Mármoles de Rabat.

Para que la esfera sea capaz de flotar en la película de agua, debe ser una esfera casi perfecta. Siempre me ha intrigado cómo se puede hacer esa esfera, que debe ser casi perfecta con una tolerancia de micras. Tanto la «cuna» en la que flota como la esfera deben ser perfectas.

Husmeando con la ayuda de Copilot, encuentro que se hace con un torno esférico. En mis estudios usé el torno y la fresadora, pero nunca oí hablar de tornos esféricos. Resulta que se trata de un torno controlado por software que hace esferas. La clave está en que se trata de un torno con control numérico. Además, después, se exige un pulido sumamente preciso. Se usan técnicas de interferometría óptica. Es decir, parece una inocente bola, pero es una obra de ingeniería de precisión.

Iglesia parroquial de San Pablo, Rabat

Nos acercamos a la iglesia parroquial de San Pablo en Rabat.

Iglesia parroquial de San Pablo. Siglo XVII. Estilo Barroco.

La iglesia parroquial de San Pablo de Rabat fue construida entre 1653 y 1683 según los planos del arquitecto italiano Francesco Buonamici (1596-1677) [1] y, después de 1664, por el arquitecto maltés Lorenzo Gafa’ (1639-1703). 

Detalle de la fachada.
nave central de la iglesia de San Pablo.
Cúpula iglesia de San Pablo.

En la iglesia de San Pablo hay varias capillas. En la siguiente foto, una de ellas.

Capilla de la iglesia de San Pablo.

Algunos detalles de la capilla me han resultado interesantes. Por ejemplo, la cruz de Malta y el facistol.

A la izquierda la Cruz de Malta. En el centro el facistol con los cuatro evangelistas en su forma alegórica.

Las figuras del facistol representan a los cuatro evangelistas en su representación simbólica: león, toro, águila, hombre. El León representa a San Marcos.

La mesa del altar tiene un símbolo muy interesante:

Símbolo de una de las «patas» del altar.

Se trata de un libro y de una serpiente. El símbolo nos habla de la Biblia y de Sanación. Si tenemos en cuenta que estamos en Malta, donde la orden de los Caballeros de San Juan, es decir, los hospitalarios, tiene mucho sentido. La fe y la curación.

Dentro de la iglesia hay un museo en el que hay piezas sumamente interesantes, no voy a poner nada más que unas pocas.

Bien destacado está un tabernáculo del siglo XVIII.

Tabernáculo del siglo XVIII en la iglesia de San Pablo.

Bronce dorado con la decapitación de San Pablo:

Bronce dorado de la decapitación de San Pablo.

La imagen, a través del cristal protector, no se ve muy bien. Me voy a acercar para observar el detalle:

En el bronce dorado pude verse a la izquierda el cuerpo de San Pablo sin cabeza y abajo su cabeza.
Cruz de ocho puntas.
Impresionante imagen de San Pablo.
Sepulcro en el suelo de la iglesia de San Pablo.

Hay muchas cosas más dignas de verse, pero lo dejo aquí, pues, en caso contrario, esta entrada se haría enormemente larga.

Catacumbas y refugios de la Segunda Guerra Mundial

Nos acercamos a la entrada a las catacumbas.

Entrada a las catacumbas de San Pablo.
Escalera que lleva a las catacumbas que están abajo.

Las catacumbas son romanas y paleocristianas. Los refugios de la Segunda Guerra Mundial en Rabat NO se limitaron a reutilizar las catacumbas: se excavaron túneles nuevos, aunque en algunos casos se conectaron o situaron junto a estructuras antiguas. Los refugios fueron obras modernas hechas a pico por los habitantes durante los bombardeos.

Me resulta sorprendente la enormidad de construcciones que se conservan que fueron obra de la Segunda Guerra Mundial.

Ctacumbas de San Pablo.
Catacumbas de San Pablo.
Sarcófago de piedra en las catacumbas de San Pablo.
Hornacina en las catacumbas de San Pablo, Rabat.
Catcumbas de San Pablo.
Los techos están llenos de gotitas de agua que brillan.
San Pablo en las catacumbas de San Pablo.
Letrero de la estatua y luces.

Refugios Segunda Guerra Mundial

Más arriba he dicho que durante la Segunda Guerra Mundial las catacumbas se usaron como refugios y se excavaron nuevas galerías.

Escaleras que llevan a los refugios de la Segunda Guerra Mundial.
Una de las nuevas galerias.
Galeria de la Segunda Guerra Mundial que estaba en excavación.

Museo Wignacourt

Anexo a la iglesia parroquial está el Museo Wignacourt que aloja exposiciones temporales tanto de pintura como de escultura. Además, hay una exposición permanente de las obras del escultor maltés Anton Agius.

Escultura en madera de Anton Agius.

En una habitación cerrada hay unas cuantas piezas de Anton Agius.

Obras de Anton Agius.

Fíjense en la escultura del primer plano:

Hierro y cristal tallado de Anton Agius.

Es por esa escultura de hierro y cristal tallado, por lo que creo que veíamos al principio, en la calle, también puede ser de Anton Agius. No afirmo que lo sea.

Tanto en la iglesia, como en catacumbas hay muchísimas cosas más que ver. Pero esta entrada se me ha hecho muy larga. Acabo aquí. En la siguiente entrada hablaré del almuerzo que hicimos en la zona.


Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Francesco Buonamici (arquitecto). https://en.wikipedia.org/wiki/Francesco_Buonamici_(architect) [Consultado 30 de enero de 2026]


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Malta-6-a: Visita a las ciudades de Mdina y Rabat. 1: Iglesia y catacumbas de San Cataldo

2 de enero de 2026

Decidimos ir a ver las ciudades de Rabat y Mdina. Ambas ciudades forman el mismo conjunto urbano. Hay una parte amurallada. Lo que está dentro de las murallas se llama Mdina y lo que está fuera se llama Rabat. Aunque sea una misma población, para que las entradas no se hagan muy largas, las voy a tratar en varias entradas.

Ruta que seguimos desde San Jualián a Rabat. Mapa gentileza de Google Maps. La distancia es de 16,5 km y se recorre en aproximadamente 25 minutos.

La etimología de las dos ciudades se adapta perfectamente a esa idea de dos ciudades: la de dentro y la de fuera.

Ya sabemos que hay muchas ciudades que se llaman Rabat en el mundo. Una de ellas es la capital de Marruecos. En árabe clásico, rabaṭ significa “fortificación” o “puesto fronterizo”, y algunos autores lo relacionan con la idea de “monasterio fortificado”.

Aunque Malta estuvo ocupada por los árabes, hay muchos nombres geográficos de origen semítico anteriores a la ocupación. Uno de esos términos podría ser rabat, que tiene la raíz semítica que significa «suburbio» o «ciudad exterior». Lo de «ciudad exterior le viene como anillo al dedo, pues eso es lo que es: la ciudad que está en el exterior de Mdina.

La ocupación árabe empezó en el año 870 y acabó en 1090.

Por su parte, con Mdina ocurre algo parecido, hay muchas ciudades que se llaman Medina, entre otras, la segunda ciudad sagrada del Islam: se considera sagrada porque fue el hogar del Profeta Mahoma, el lugar donde se consolidó la primera comunidad musulmana y donde se encuentra su tumba. Es la segunda ciudad más sagrada del islam, solo por detrás de La Meca.

Mdina procede del árabe, concretamente de al‑Madīna, que significa la ciudad, pero que ha perdido el artículo y se ha quedado solo con Mdina. Este fenómeno ha ocurrido con bastantes ligares de Malta.

Llegando por carretera a las dos ciudades, pudimos verlas a lo lejos una torre que destaca. Es la torre de Mtarfa, que, como su nombre indica, está en Mtarfa, una población pegada a Rabat. Se trata de una torre del siglo XIX. A mi me recuerda a Torremangana de Cuenca. La torre Mtarfa es del siglo XIX hecha por los británicos y de Cuenca es Siglo XVI: Se atribuye tradicionalmente a Andrea Rodi la construcción de la primera torre renacentista.

La torre Mtarfa.
Tprremangana en Cuenca. Autor
Xoan de Pez – Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2749553

Gracias Xoan de Pez y a Wikimedia por dejarnos usar esta foto.

Poco después, pudimos ver la imponente catedral de San Pablo, que está en el centro de Mdina.

Catedral de San pablo en Mdina.

Si la catedral parece imponente, las murallas de la ciudad también. Más adelante, en otras entradas, volveremos a ver más fotos de la catedral y más fotos de la muralla.

Iglesia y Catacumbas de San Cataldo

Si les he de ser sincero, jamás había oído hablar de un santo llamado Cataldo. Pero al entrar en Rabat, casi lo primero que vimos fue la iglesia y catacumbas de Cataldo.

Iglesia y catacumbas de San Cataldo (Rabat).

Aunque es difícil verlo, delante de la iglesia hay un monumento, una estatua. Se trata de San Pablo.

Monumento a San Pablo, en la plaza de la iglesia de San Cataldo.

¿Quién era San Cataldo?

Para saber algo de este santo he ido a la Wikipedia y allí es visto lo siguiente [1]:

San Cataldo fue un monje irlandés del siglo VII que llegó a ser obispo en el sur de Italia y cuyo culto se extendió por toda Apulia, Sicilia y otras regiones mediterráneas. Su figura combina historia documentada y tradición popular, y es especialmente venerado en Tarento, donde es patrón.

Directamente San Cataldo no estuvo en Malta. Dedicar la iglesia y las catacumbas a San Cataldo fue una decisión varios siglos después de la muerte del santo. Las catacumbas eran un complejo funerario cristiano, que se usaba para los entierros y los banquetes rituales en los primeros años del cristianismo. Dentro de las catacumbas se encuentra uno de los ejemplos mejor conservados de una mesa del ágape.

Iglesia de San Cataldo. la pintura muestra a San Cataldo en ropa pontifical.
Catacumbas de San Cataldo en Rabat.
Sarcófago de piedra. Ctacumbas de Cataldo (Rabat).
Ctacumbas de San Cataldo (Rabat).
La mesa del ágape.
La mesa del ágape. he dejado al niño para que sirva de referencia (tiene nueve años). Aunque en la foto se ve una especie de elipse, en realidad es circular.

Siendo sincero, me cuesta trabajo entender cómo esto podría considerarse una mesa. En algunas interpretaciones los comensales se sientan, con las piernas cruzadas, alrededor de la «mesa», pero hay muy poco espacio y creo que sería incomodísimo, y no solo eso: no hay espacio suficiente. En definitivas cuentas, no sé cómo comían. Lo único que se me ocurre es que dentro del círculo hubiera comida y que los comensales se acercaran a coger algo para comer, algo así como un bufé libre.

Para acceder a las catacumbas hay que ir por unas escaleras empinadas y estrechas. De hecho, cuando subíamos nos encontramos con los turistas de un autobús y tuvimos bastantes dificultades para poder subir.

Escaleras en catacumas de San cataldo (Rabat)

Al salir decidimos ir a ver las catacumbas de San Pablo, también en Rabat, que, además de catacumbas cristianas, hay refugios de la Segunda Guerra Mundial. De ellos hablaré en la siguiente entrada.

Muy cerca de esta iglesia hay un medallón devocional que me ha sorprendido, no es la típica Virgen con niño. Véanla:

Medallón memento mori

Qué representa este medallón

Lo que ves es un memento mori tallado en piedra: un recordatorio visual de la muerte y de la fugacidad de la vida. Este lenguaje simbólico fue muy común en Malta entre los siglos XVII y XVIII, especialmente en zonas cercanas a iglesias, conventos y antiguas necrópolis.

Elementos clave del relieve

  • Tres calaveras: la central domina la composición. El número tres no es casual; suele aludir a la universalidad de la muerte.
  • Huesos cruzados: símbolo inequívoco de mortalidad.
  • Cintas ondulantes: típicas de la iconografía barroca maltesa; a veces llevaban inscripciones como Memento Mori, Respice Finem (“mira el final”) o nombres de cofradías.
  • Estilo


Notas

[1] Wikipdia. Entrada: Cataldo de Tarento. Cataldo de Tarento – Wikipedia, la enciclopedia libre [Consultado 29 de enero de 2026]


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Malta-5-c: Visita a la isla de Comino

1 de enero de 2026

Aunque habitualmente pensemos en Malta como una isla, la República de Malta, en realidad tiene tres islas: Malta, Gozo y Comino.

Las tres islas de la República de Malta: Malta, Gozo y Comino.

La isla de Comino es muy pequeña, tan solo mide 2,5 km de largo por 1,5 km de ancho. Sin embargo, algunas de las vistas más emblemáticas de Malta son de esta isla. Se trata de fotos de la Laguna Azul. Las aguas son de un color turquesa y, dependiendo de la luz, muchas veces los barcos parecen flotar en el aire. Nosotros llegamos con el cielo cubierto, por lo que no era la mejor luz para ver ese efecto. Pero, por suerte, hay una en Wikipedia.

Barco que parece flotar en el aire. la foto es de Erik1980 – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2580358

La foto está sacada desde Comino. El camino de tierra de primer plano es de esa isla. Lo que se ve enfrente es el islote llamado Cominotto.

Quizá sea bueno mostrar un mapa de dónde estamos y dónde está el islote Cominotto. Pido ayuda a Google Maps para hacerlo.

Estamos en la Laguna Azul. Enfrente de nosotros, en el mapa hacia la izquierda, está el islote de Cominotto. El mapa es gentileza de Google Maps.

Normalmente, hay barcos que ofrecen un paseo por la Laguna Azul y te llevan hasta Cominotto para poder ver los colores del agua. Pero por el mal tiempo, no se ofrecía ese servicio.

Logré sacar la foto desde el mismo punto que el autor de la Wikipedia, pero no había barcos y el oleaje impedía esa sensación de transparencia que hace flotar a los barcos. Siempre es una buena disculpa no haber visto algo para volver.

Aguas color turquesa en Comino, al fondo Cominotto.

Lo más próximo a un barco flotando es la siguiente foto:

Barco flotando en el agua azul celeste. Al fondo Gozo.
El color de las aguas hoy. Había muchas olas lo que cambiaba la percepción de que un barco pudiera flotar.

En Comino hay varias hornacinas devocionales excavadas en la roca. La fotografía de abajo está tomada muy cerca del sendero que lleva hacia Santa Marija Bay y la cueva de Santa Marija.

Hornacina devocional en el acantilado. ¿Que no la ve? Mire bien en el centro de la foto.

Si no la ve, hago zum para acercarnos a la Virgen y a su joven devota.

Hornacina devocional en el camino a la Bahía de María y cueva de María. Se ve a la Virgen de pié, dentro de la hornacina, y arodillada ante ella una devota.

En Comino hay varias de estas imágenes religiosas incrustadas directamente en el acantilado, casi siempre dedicadas a la Virgen. Funcionaban como puntos de protección simbólica para pescadores, pastores y caminantes que cruzaban la isla cuando aún era un territorio áspero, solitario y sin caminos claros.

Embarcadero en Comino. El barco rojo es el que nos trajo. Al fondo, Gozo.
En el centro de la foto la Laguna Azul y el islote de Cominotto.

Aunque nosotros no teníamos servicio público en la Laguna Azul, algunos, con otros barcos, sí que lo tenían.

Barco en la Laguna Azul.

Si seguimos por el camino que se ve, llegamos a la Torre de María.

Torre de Santa Maria. Observen que en la parte alta hay una estación meteorológica y antenas.

Y un poco más adelante nos encontramos con el antiguo hospital de cuarentena. Aquí pasaban la cuarentena los marinos que venían de lugares lejanos, y, creo recordar que también fue leprosería.

Ruinas del hospital de cuarentena.

Ahora se ve triste. Apenas un edificio viejo que se cae a pedazos, pero el hospital de cuarentena de Comino —conocido como Il‑Palazz o Isolation Hospital— es uno de los lugares más fascinantes y menos conocidos de la isla. Su historia condensa medicina, militarización, miedo a las epidemias y la peculiar soledad de Comino.

🏥 Origen y función

El edificio fue construido por las autoridades militares británicas en la década de 1890 para servir como estación de cuarentena para tropas que regresaban a Malta desde puertos del Levante afectados por la peste.

En 1897, el Gobierno de Malta declaró oficialmente que Comino y Cominotto serían lugares de custodia para personas sujetas a cuarentena, prohibiendo acercarse a menos de 300 yardas sin autorización.

🦠 Enfermedades tratadas

El hospital estaba completamente equipado para aislar y tratar:

  • Soldados expuestos a peste procedentes del Mediterráneo oriental.
  • Enfermos de cólera, especialmente en 1922, cuando toda la isla se utilizó como hospital de aislamiento.
  • Heridos de la Primera Guerra Mundial, que también fueron atendidos allí.

🏛️ Arquitectura y presencia en la isla

Es el segundo edificio más grande de Comino, solo superado por el antiguo hotel. Su aspecto es el de un complejo militar: patios interiores, muros gruesos, entradas laterales y una ubicación estratégica en altura.

Su aislamiento no era casual: la idea era mantener a los enfermos lejos de Malta y Gozo, pero en un punto accesible para los barcos militares.

📚 Evolución posterior

Tras perder su función sanitaria, el edificio tuvo otros usos:

  • En 1948 se abrió allí una escuela para los pocos niños que vivían en Comino.
  • Con el tiempo quedó abandonado, convirtiéndose en un lugar muy visitado por senderistas y aficionados a la exploración histórica.

🌿 Un lugar cargado de atmósfera

Hoy el hospital está vacío, silencioso, con ecos de su pasado: patios donde se alineaban camillas, habitaciones austeras, corredores que daban al mar. Su presencia añade a Comino una capa histórica que contrasta con la imagen turística de la Laguna Azul.

🦠 Los hospitales de cuarentena: cuando el aislamiento era la única vacuna

Durante siglos, antes de que existieran antibióticos, vacunas o sistemas de vigilancia epidemiológica, la humanidad solo tenía una herramienta realmente eficaz contra las pandemias: la separación física. El aislamiento no era un castigo, sino una forma rudimentaria —pero sorprendentemente lúcida— de salud pública. Y en ese contexto, los hospitales de cuarentena como el de Comino fueron auténticos muros invisibles que protegieron a poblaciones enteras.

Islas como escudos sanitarios

Las islas siempre han sido laboratorios naturales para la contención de enfermedades. Su geografía facilita lo que en tierra firme es casi imposible: controlar entradas y salidas.
Comino, con su tamaño diminuto y su aislamiento, era perfecta para ese papel. No era un lugar de tratamiento avanzado, sino un espacio de espera, un filtro entre el mundo enfermo y el mundo sano.

La cuarentena como acto de responsabilidad colectiva

Hoy la palabra “cuarentena” nos remite a restricciones, pero históricamente fue un gesto de protección mutua. Quien entraba en un lazareto o en un hospital de aislamiento no solo buscaba curarse: estaba protegiendo a los demás.
Era una forma de solidaridad silenciosa, a menudo dura, pero profundamente humana.

Arquitecturas del miedo y de la esperanza

Estos hospitales eran edificios funcionales, austeros, casi militares. Pero también eran lugares donde se concentraba la esperanza de que la enfermedad no cruzara el mar.
En Comino, el hospital de cuarentena se alza todavía como un recordatorio de esa tensión: un edificio grande para una isla pequeña, como si la arquitectura misma quisiera contener lo incontenible.

Lo que nos enseñan hoy

Las pandemias modernas, como la del Covid-19, nos han recordado algo que ya sabían los médicos del siglo XIX:

  • Que la movilidad humana es un vector poderoso.
  • Que la contención temprana salva vidas.
  • Que el aislamiento, cuando es necesario, es una herramienta sanitaria, no moral.

Los hospitales de cuarentena fueron los antepasados de los protocolos actuales de salud pública. No tenían tecnología, pero sí intuición epidemiológica.

Comino como metáfora

En una isla donde el viento lo barre todo, el viejo hospital sigue ahí, sólido, silencioso. Es un recordatorio de que la lucha contra las pandemias no empezó con laboratorios modernos, sino con decisiones difíciles tomadas en lugares remotos.
Comino fue, durante décadas, una puerta entreabierta: lo suficientemente cerca para atender a los enfermos, lo suficientemente lejos para proteger a los sanos.

Quizá la lección que saco de todo esto es que Comino, en el siglo XX cumplieron escrupulosamente con la labor de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, que desde el siglo XI, atendían a los enfermos.

En nuestro paseo hasta el hospital, nos fijamos en algunas plantas que nos llamaron la atención.

Euphorbia pithyusa.
Aeonium.

Nos hubiera gustado ir hasta el hotel, que según dicen es el edificio más grande Comino, pero no nos dio tiempo.

Regresamos al barco e iniciamos nuestra vuelta a Malta, al puerto de ferris de Sliema.

Un barco rojo, gemelo del nuestro, llegando a Sliema.

El día había sido largo. Estaba cansado.

No recuerdo muy bien lo que pasó después. El autobús rojo nos llevó al hotel, en San Julián. Supongo que allí cenaríamos en algún sitio, pero no lo recuerdo.

Tal como ya he dicho, el día ha sido intenso. Un buen principio de año.


Notas

[1]


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Malta-5-b: Visita a la isla de Gozo

1 de enero de 2026

Aunque habitualmente pensemos en Malta como una isla, la República de Malta, en realidad tiene tres islas: Malta, Gozo y Comino.

Las tres islas de la República de Malta: Malta, Gozo y Comino.

Etimología de Malta, Gozo y Comino

La etimología de Malta ya la habíamos visto. Los antiguos griegos llamaron a Malta Μελίτη (Melítē), interpretado como “dulce como la miel” o “tierra de miel”, probablemente por la producción local de miel.

¿Pero de dónde viene el nombre de Gozo y de Comino?

Gozo. El nombre Gozo procede del castellano medieval, donde gozo significa “alegría”. Fue impuesto por los aragoneses tras su llegada en 1282.

Comino: Podría pensarse que se llama así porque la isla es muy pequeña, pero no. Se llama así porque en la isla había muchas plantas de las que llamamos comino: Cuminum cyminum.

Puerto de ferris en Sliema

Los barcos para ir a Gozo y Comino salen de varios sitios. Uno de ellos es Sliema, donde está la terminal de ferris. También hay un terminal de ferris rápidos que salen de La Valeta.

Nosotros fuimos en una excursión que nos llevaba desde el hotel hasta el puerto, en el puerto nos llevaban primero a Gozo, tiempo libre, después a Comino, vuelta a Sliema y al hotel.

Puerto de Sliema. Foto sacada desde el terminal de ferris.
Barco rojo en el que fuimos. Más adelante lo veremos mejor.

La Valeta desde el mar

El día estaba nublado y lloviznaba un poco. Poco después de abandonar el puerto tuvimos una bonita vista de La Valeta y de la Basílica de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

La Valeta, en el centro la Basílica de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

En el barco hay un pequeño bar con precios más o menos los de la ciudad. Nos atendió una camarera de habla española, creo recordar que era colombiana.

Cerveza en el barco.

Desde el barco pudimos ver muy claramente las murallas que rodean a La valeta. Al ver su magnitud me pareció una obra gigantesca.

El faro de la entrada al Gran Puerto de Malta, y parte de las murallas de La Valeta.
Detalle de oleaje y murallas.
Durante el viaje nos llovió. Isla de Malta al fondo.

Durante el viaje nos llovió y el barco empezó a moverse mucho, así que tuve que tomar una pastilla de Biodramina.

Llegada a Gozo

Al llegar al puerto de Gozo, un autobús, nos esperaba para llevarnos a Victoria, la capital de la isla. Los nativos también la conocen con el nombre de Rabat que es el centro de la ciudad. Me sorprendió el nombre de Rabat, pues me recuerdo a la capital de Marruecos. Una pequeña búsqueda en Copilot, me dio la explicación. La palabra rabat en árabe significa fortificación, o puesto fronterizo… Por eso hay muchas ciudades que se llaman así en el mundo, e incluso en la isla de Malta hay otra ciudad que se llama Rabat y que veremos más adelante.

En el viaje, desde el autobús pudimos ver una iglesia imponente, que destacaba sobre el resto de la ciudad.

Iglesia de San Juan Bautista. Xewkija. Foto sacada desde el bus, por lo que hay reflejos.

La ciudad es la que está es Xewkija. Su silueta es impresionante.  Es una iglesia moderna. Fue diseñada por el arquitecto maltés Ġużè D’Amato, para sustituir a una pequeña iglesia que se había quedado pequeña para los habitantes del pueblo. Se empezó a construir en 1951 y fue consagrada en 1978.

Al pasar por el pueblo de Xewkija pude fotografiar un molino de viento, pero solo pude sacr un trozo. Por suerte, en Wikipedia estaba el molino completo.

Molino de viento en Gozo. La foto es de Tcvella – Own work, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=147699665

Según Wikipedia, es el más viejo de los molinos supervivientes en Gozo[1]. Parece que han instalado una antena entre sus aspas.

El autobús nos dejó en Victoria, en la calle Fortunato Mizzi, al lado de una moderna fuente, en la que se ven unos arcos y un delfín que lanza agua.

Fuente con un delfín que lanza agua.

Me da la sensación de que la imagen de la fuente se ve perjudicada por los edificios que tiene cercanos. Le he pedido a varias Inteligencias Artificiales (Dall-E, Gemini, Meta) y otros programas, como GIMP, que me simularan cómo se vería sin edificios. El resultado es este:

Simulación de cómo se vería sin edificios. No es real es fruto de IA y de retoques.

A mí me ha recordado a McDonald’s.

Ya era la hora de almorzar, y ante la expectativa de que en Comino no hubiera nada (como así fue) decidimos hacerlo por allí. Subiendo un poco la calle nos encontramos con el edificio de la Sociedad Filarmónica Leone.

Sociedad Filarmónica Leone

En la planta baja hay un «café bistro» que tiene el nombre de Aurora. Entramos en él.

Restaurante Aurora

Interior del restaurante.

Al ver el menú, vimos que habían elaborado algo para el Año Nuevo.

Carta especial de Año Nuevo en Aurora. Victoria (Gozo).

Elegimos unas cuantas cosas para comer.

Sin ánimo de ser exhaustivo muestro algunas de las cosas que comimos.

Bocata de jamón york.
Huevos fritos con salchichas, lomo, alubias…
Tortilla de tres huevos.

Para que se hagan una idea de precios, les muestro la carta de esta tortilla de tres huevos:

Tortilla de tres huevos. 7.50 €

Ustedes decidirán si es barato o caro.

Lo que sí quiero señalar es que pone OMLETTE, pero todos leímos OMELETE.

Tal vez huevos Benedict.
Servilleta de Aurora Bistro Café.

Tras haber almorzado decidimos continuar nuestra visita, pero ya quedaba muy poco tiempo. Así que me quedó claro que visitar el mismo día Gozo y Comino es muy precipitado. Pero ya estaba hecho.

Ciudadela de Victoria

En Victoria hay una ciudadela amurallada que funcionaba como fuerte defensivo, con gruesos muros y grandes cañones. Desde la ciudadela se ve la basílica de San Jorge.

Basílica de San Jorge desde la ciudadela de Victoria (Gozo).

Desde la ciudadela se puede ver muy bien la basílica de San Jorge. La planta basilical siempre tiene tres cuerpos. Observen que en esta iglesia tenemos una nave central y dos laterales.

Desde la ciudadela, la basílica de San Jorge.
La fortaleza de Victoria y la iglesia de San Jorge.
Detalle de los cañones y de la ciudadela.

Me resulta sorprendente que en la isla de Malta y en la de Gozo las ciudades estén fuertemente amuralladas y con cañones modernos. Lo que demuestra que la necesidad de defensa no solo fue en el pasado lejano, sino que también ocurrió no hace mucho tiempo.

En una entrada anterior hablamos de los muros de piedra seca. Desde la ciudadela se pueden ver muros de piedra seca muy bien construidos.

Muros de piedra seca, basíslica de San Jorge.

Tras la rápida visita a la ciudadela volvimos corriendo para coger el autobús que nos llevaría al barco, para seguir hasta Comino.

Cuando ya nos íbamos una aldaba de una puerta me llamó la atención, pues tenía la cruz de ocho puntas que definen la Cruz de Malta.

Aldaba con la cruz de ocho puntas de Malta.

Yendo hacia el autobús pudimos ver algunas cosas curiosas, por ejemplo, los «árboles de Navidad» de varios colores, hechos con madera

Arbolitos de Navidad.

El autobús nos llevó hasta el puerto, donde nos esperaba el barco. El tiempo había despejado y, ahora, se veía muy bien la ciudadela

La ciudadela de Victoria (Gozo).

Nos montamos y emprendimos viaje hacia Comino.


Notas

[1] Wikipedia. Entrada: Tat-Tmien Kantunieri Windmill. https://en.wikipedia.org/wiki/Tat-Tmien_Kantunieri_Windmill [Consultado el 25 de enero de 2026]


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Malta-5-a: Contra la pedagogía del algodón

1 de enero de 2026

Siempre me han resultado sugestivos los unos de enero: tienen algo de umbral, de página recién abierta, pero también arrastran viejos recuerdos que creía casi olvidados. El humo de los fuegos artificiales aún flota en el aire, elevándose despacio, como si quisiera quedarse un momento más entre nosotros. Lo vemos ondular, pero lo que realmente sentimos es su olor: un aroma a pólvora tenue, casi tímido, porque el lugar de lanzamiento está lejos. Y quizá por eso es más hermoso: un perfume sutil, apenas un susurro que no invade ni molesta. Si fuera más intenso sería áspero, pero así, suave y discreto, tiene algo de caricia antigua. Ese olor me abre una puerta que conozco bien: la de los recuerdos que no se anuncian, pero llegan.

No es la magdalena de Proust, aunque se le parece. El olor a pólvora es olor a otros tiempos, a otras manos, a otras voces que ya no están. En el humo veo a mi abuelo señalándome estrellas y constelaciones, como si el cielo fuera un mapa secreto que solo él sabía leer. En el humo aparece mi abuela, cómplice, escondiéndome chucherías a pesar de las órdenes estrictas de mi madre. Y también veo a mi madre misma, protectora, amorosa, rodeándonos como una gallina que cuida a sus polluelos; yo, uno de ellos, pequeño y confiado.

Y tengo más recuerdos de esos primeros de enero. Aquella vez en que el año nuevo nos sorprendió en Francia. Dormimos en Les Eyzies, muy cerca de la gruta prehistórica de Font‑de‑Gaume. Solo permiten entrar a seis personas al día, pero aquel 1 de enero no había nadie. Fuimos a primera hora, con el aire helado, aún pegado a la piel, y pasamos nosotros cuatro y dos más. La cueva nos recibió en silencio, con sus dibujos sutiles en la arcilla, inocentes, frágiles, como si aún conservaran el aliento de quienes los trazaron. Salimos maravillados, conscientes de la suerte irrepetible de haberla visto. Solo seis personas al día. Y nosotros allí, como si el tiempo nos hubiera hecho un regalo.

También recuerdo los viajes desde Madrid a San Sebastián, siempre el 1 de enero. La carretera vacía, completamente vacía, como si el mundo hubiera decidido quedarse dormido un día más. Todos los restaurantes cerrados, todas las gasolineras silenciosas. Una soledad abrumadora y, al mismo tiempo, liberadora. Las dos cosas a la vez. Era una sensación extraña, como si atravesáramos un paisaje post‑apocalíptico, un mundo desolado del que hubieran desaparecido las personas y solo quedáramos nosotros, avanzando entre montañas y curvas. Cerca de Pancorvo empezaban a aparecer los primeros coches, tímidos, como animales que salen del escondite al amanecer. Y al entrar en el pueblo, siempre estaba allí ese restaurante abierto, como un faro en mitad de la nada. ¿Cuántas veces hemos comido allí un 1 de enero? No lo sé, pero fueron muchas. Y cada una de esas veces sentí gratitud por su hospitalidad, por ese gesto sencillo de abrir la puerta cuando todo lo demás estaba cerrado. Aquel restaurante era un refugio, un recordatorio de que incluso en los días más silenciosos hay un lugar donde alguien te espera.

El humo de esta mañana me trae incluso un río lejano y un puente roto por las lluvias, ese puente que debía cruzar para ir a la escuela. Recuerdo el peligro, el salto de tronco en tronco, la adrenalina infantil mezclada con la obligación de aprender. Y mientras avanzaba, cantaba: “dos por dos, cuatro; cuatro por cuatro, dieciséis…”. La tabla de multiplicar tenía su propia melodía, un ritmo que me acompañaba como un talismán. Y ahora, entre estas volutas que se deshacen en el aire, vuelve a mí la certeza de que nueve por nueve son ochenta y uno, como si el tiempo no hubiera pasado. Su olor me llega mezclado con madreselva, o quizá era jazmín; la memoria nunca es exacta, pero siempre es fiel a lo que importa.

Para ir a la escuela tenía que cruzar un río, que, a vces, las riadas lo estropeaban.

El humo se disipa, pero lo que despierta permanece. Y mientras el nuevo año se abre paso, luminoso y frágil, siento el peso de todas mis mochilas —las del año pasado, y las de muchos antes—, pero también la terquedad de seguir esperando algo nuevo. Algo que quizá llegue, o quizá no. Pero lo espero igual, como quien mira un amanecer y reconoce, en su luz, la promesa de todos los amaneceres que ya vivió.


Notas

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Malta-4-f: Fuegos de principio de año desde Birgu (la Vittoriosa)

31 de diciembre de 2025 y 1 de enero de 2026

En Malta para celebrar en fin de año y principio del siguiente hay muchos actos culturales, entre los que hay conciertos y un espectáculo pirotécnico sobre el Gran Puerto de Malta.

Malta tiene fama de tener una gran calidad técnica en fuegos pirotécnicos.

Normalmente los fuegos se ven desde Floriana o La Valeta, pero está demasiado concurrido de gente, así que nosotros nos fuimos a verlos desde Birgu, también concocida como Città Vittoriosa, y que forma parte de las «tres ciudades». De ese modo nos perderíamos los fuegos a baja altura, pero podríamos disfutar de los altos sin demasiada gente. Bueno, al menos eso creíamos, Pero al llegar, vimos que no era así, el atasco para aparcar era enorme, aunque por fin lo logramos.

La X muestra aproximadamente el lugar desde donde se lanzan los fuegos, y la chincheta roja señala donde estábamos nosotros. Basado en un mapa de Google Maps.

Algunas de las fotos que tomé aquella noche de Año Nuevo en Malta son hermosas, otras no tanto. Congelan el instante exacto en que un estallido de luz se abre sobre el puerto, o el reflejo dorado que tiembla en el agua antes de desvanecerse. Son imágenes limpias, precisas, casi obedientes. Pero mientras las reviso, siento que falta algo esencial: la vida que solo existe cuando el tiempo no está detenido.

Un niño contempla los fuegos (he quitado las caras por razones de privacidad). Los fuegos no solo incendian el cielo: también despiertan al agua, que tiembla y sueña con cada destello.
Luces en el aire.

Porque lo que de verdad tiene alma no es la imagen fija, sino el movimiento. El ascenso lento de un cohete que parece dudar antes de romper el cielo. La explosión que se abre como una flor impaciente. Las chispas que caen en cascada, cada una con su propio destino. En vídeo, todo eso respira. Se oye el murmullo de la gente, el eco que rebota entre las fachadas, el latido colectivo que acompaña cada estallido. Es un pequeño teatro del mundo, y tú estás dentro.

Y luego está el sonido, ese elemento que ninguna fotografía puede retener. El golpe seco que llega un segundo después del destello. El crujido del fuego en el aire. Los aplausos espontáneos, las risas, los “oh” que se escapan sin permiso. El sonido convierte la luz en experiencia, en algo que atraviesa el cuerpo y no solo la mirada.

Incluso el olor forma parte de la memoria. Ese aroma a pólvora que se mezcla con la brisa marina de Vittoriosa, con el salitre, con el humo que se queda flotando como un velo sobre el puerto. Es un olor que no se puede fotografiar, pero que vuelve de inmediato cuando cierro los ojos. Y entonces entiendo que lo que viví no cabe en un solo fotograma: es una suma de sentidos, una coreografía de luz, ruido y aire con olor a pólvora.

Vemos humo, pero es olor.

El humo se eleva despacio, como si quisiera quedarse un momento más entre nosotros, y aunque lo vemos ondular en el aire, lo que realmente sentimos es su olor. Un aroma a pólvora tenue, casi tímido, porque el lugar de lanzamiento está lejos. Y quizá por eso es más hermoso: un perfume sutil, apenas un susurro, que no invade ni molesta. Si fuera más intenso sería áspero, pero así, suave y discreto, tiene algo de caricia antigua. Ese olor me abre una puerta que conozco bien: la de los recuerdos que no se anuncian, pero llegan.

No es la magdalena de Proust, aunque se le parece. El olor a pólvora es olor a otros tiempos, a otras manos, a otras voces que ya no están. En el humo veo a mi abuelo señalándome estrellas y constelaciones, como si el cielo fuera un mapa secreto que solo él sabía leer. En el humo aparece mi abuela, cómplice, escondiéndome chucherías a pesar de las órdenes estrictas de mi madre. Y también veo a mi madre misma, protectora, amorosa, rodeándonos como una gallina que cuida a sus polluelos; yo, uno de ellos, pequeño y confiado.

El humo me trae incluso un río lejano y un puente roto por las lluvias, ese puente que debía cruzar para ir a la escuela. Recuerdo el peligro, el salto de tronco en tronco, la adrenalina infantil mezclada con la obligación de aprender. Y mientras avanzaba, cantaba: “dos por dos, cuatro; cuatro por cuatro, dieciséis…”. La tabla de multiplicar tenía su propia melodía, un ritmo que me acompañaba como un talismán. Y su propio olor. Y ahora, entre estas volutas de humo que se deshacen en el aire, vuelve a mí la certeza de que nueve por nueve son ochenta y uno, como si el tiempo no hubiera pasado. Su olor me llega mezclado con madreselva, o quizá era jazmín; la memoria nunca es exacta, pero siempre es fiel a lo que importa.

El humo se disipa, pero lo que despierta permanece.

El tiempo huele a algo distinto para cada uno, pero siempre tiene un perfume reconocible, aunque no sepamos nombrarlo. No es un olor concreto, sino una mezcla de memoria, pérdida, deseo y presencia. A veces es tan tenue que apenas lo percibimos; otras, basta una brisa para que nos golpee con la fuerza de un recuerdo.

El tiempo puede oler a metal tibio en las manos de un niño, a cuadernos nuevos, a madreselva en un patio que ya no existe, a la ropa guardada en un armario que nadie abre desde hace años. Puede oler a pólvora suave, como la que te despierta recuerdos que creías dormidos. O a pan tostado en una cocina donde ya no suenan las mismas voces. O a sal marina que trae y se lleva cosas, como si fuera un mensajero antiguo.

El tiempo huele a lo que hemos amado y a lo que hemos perdido, a lo que aún buscamos y a lo que ya no volverá. Y quizá por eso es tan difícil describirlo: porque no es un aroma, sino una constelación de aromas que se encienden y se apagan dentro de nosotros.

Si tuviera que decirlo en una frase: el tiempo huele a aquello que nos hizo ser quienes somos.

Las fotos son bellas, sí. Pero los vídeos, y sobre todo el recuerdo vivo, contienen algo más profundo: la vibración del instante. La certeza de que estuve allí, en el primer minuto de 2026, bajo un cielo que se abría en colores mientras el mar respiraba a mis pies.

Ha comenzado un nuevo año, cargado de esperanzas… pero no llega desnudo. A su espalda trae la mochila del año pasado, y la del anterior, y la del anterior, y todas las que he ido acumulando sin querer. Me gustaría empezar de cero, ser un niño de piel suave, recién estrenado, abierto al mundo sin cicatrices ni peso… pero camino con mi mochila. Aun así, espero algo nuevo. Espero algo luminoso. Espero ese futuro del que me hablaban mi abuelo y mi padre, un horizonte limpio donde todo parecía posible. Lo espero con la terquedad de quien aún cree en la luz. Pero, mientras miro hacia adelante, me pregunto en silencio: ¿llegará?


Notas

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Malta-4-e: Pueblo de pescadores Masaxlokk

31 de diciembre de 2025

Tras ver la Torre Wardija continuamos viaje hasta el pueblo de pescadores Marsaxlokk.

Marsaxlokk no es un pueblo: es un suspiro de sal y color. Las barcas parecen juguetes, pero son guardianas de una tradición viva. El mercado huele a mar y a memoria, y las piedras del puerto cuentan historias que no están en los mapas.

El pueblo de Marsaxlokk. La iglesia, el mercado, y las barcas con los ojos de Osiris. Imagen creada con varias inteligencias artificiales (Dall-e, Meta.ai y retoques manuales).

Hay varias cosas interesantes. La primera, si tenemos en cuenta la entrada anterior, es que el borde del muelle está hecho «a soga». La segunda es preguntarme por el ojo de Osiris en las barcas de pesca de Malta (que se llaman luzzu). ¿Qué tiene que ver el ojo de Osiris, o de Horus, propio de la mitología egipcia en Malta?


Las barcas tradicionales de Malta, llamadas luzzu, llevan pintado el ojo de Osiris (también conocido como ojo de Horus) en la proa por razones que mezclan protección ancestral, herencia fenicia y simbolismo marinero.

👁️ Significado del ojo

  • Protección contra el mal: el ojo actúa como un amuleto para ahuyentar los malos espíritus y proteger a los pescadores en alta mar.
  • Buena suerte y vigilancia: se cree que el ojo “ve” los peligros antes de que ocurran, como una forma de visión mágica que cuida la embarcación.
  • Herencia fenicia: esta tradición proviene de los antiguos fenicios, quienes ya decoraban sus barcos con ojos protectores. Malta, como cruce de rutas mediterráneas, heredó esta costumbre.

🎨 ¿Por qué en el luzzu?

  • El luzzu es una embarcación robusta, pintada en colores vivos (rojo, azul, verde, amarillo), y el ojo en la proa es parte integral de su diseño.
  • Se pinta en ambos lados de la proa, como si la barca tuviera “visión binocular”.
  • Aunque hoy muchos luzzus tienen motor, el ojo sigue presente como símbolo cultural y espiritual.

🌊 Más que folclore

Este símbolo no es solo decorativo: forma parte del patrimonio intangible de Malta, y su presencia en Marsaxlokk y otros puertos conecta el presente con una tradición milenaria.

La verdad es que la imagen que he creado más arriba, describe los puntos esenciales, pero no es real. Ni la iglesia y ni los puestos están tan pegados al agua. La iglesia, como veremos, está a unos cien metros en el interior. Pero la imagen me gusta, pues señala todo lo importante.

El puerto de Marsaxlokk real. No un dibujo.
Luzzus en el puerto.
Luzzu en tierra.
Ojo de Osiris.

En el puerto había un letrero que me sorprendió, se trata de un mapa de las zonas de las que hay que huir si hay aviso de tsunami.

Cartel que dice las zonas de las que hay que salir si hay aviso de tsunami.

Sin duda, la iglesia es una de las cosas que más destacan. Se trata de la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya. Se trata de una iglesia muy moderna para los estándares de la isla, fue construida entre 1890 y 1892. Su construcción se debe a una promesa. Se dice que la marquesa Rosalia Apap Viani Testaferrata, decidió levantar una iglesia en agradecimiento tras sobrevivir a una tormenta en el mar.

Iglesia Nuestra Señora de Pompeya.

La fachada es neobarroca.

Me ha resultado muy interesante la Virgen con el niño entre las dos torres campanario.

Virgen Nuestra Señora de Pompeya con niño. Obsérvese que va montada en una barca, previsiblemente un Luzzu.

Interior de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Pompeya (Nave central).
Órgano de la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya.

Muy cerca de la iglesia hay un hotel que se llama The Shipwright’s Lodge.

Hotel The Shipwright’s Lodge.
La calle al lado del puerto

Como hemos podido ver la iglesia estaba decorada con luces de Navidad. En la plaza de la iglesia había el inevitable cono-árbol de Navidad. La verdad es que sustituir un árbol por un cono empieza a aburrirme.

Cono-árbol de Navidad.

A la orilla del muelle hay una serie de puestecitos donde venden productos típicos de Malta y Gozo.

Artesanía de Malta y Gozo.
Otro puesto.
Puesto de dulces típicos de Malta.

Cuando nos fuimos ya era de noche. La iglesia lucía de un modo muy distinto.

Nuestra Señora de Pompeya, por la noche.

Hoy es el último día del año. Nuestra intención era ver los fuegos artificiales que celebran la venida del nuevo año. Esos fuegos son famosos en Malta.

Notas

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Malta-4-d: Muros de piedra seca

En todo nuestro viaje por la isla de Malta vimos muchas lindes formadas por muros de piedra seca.

Lindes hechos con muros de piedra seca.

Se llaman de piedra seca porque solo hay piedras, no hay ni argamasa, ni ningún «pegamento» entre las piedras.

Este tipo de construcción es muy típico del Mediterráneo. Los hay en Mallorca, Menorca, Creta, Apulia y, naturalmente, aquí, en Malta.

Muro de piedra seca.
Muro de piedra seca.

Las ideas básicas de estas construcciones son las siguientes:

  • la base ancha y estable,
  • las piedras colocadas “a tizón” para atravesar el muro,
  • el relleno con piezas grandes (no grava),
  • y una ligera inclinación hacia dentro que da estabilidad.

Cuando leí esto por primera vez no supe lo que era «a tizón». Probablemente, usted sí que lo sepa, pero por si acaso, lo explico.

Una piedra en perspectiva donde se distinguen claramente la cara larga (soga) y la cara corta (tizón).

La cara larga la llamamos soga (soga) y la cara corta (tizón).

Claro que esto es con bloques geométricos, y este tipo de bloques los encontramos en las construcciones romanas. Pero en el campo, no hay bloques rectangulares, así que lo de ir «a tizón» significa que lo que se ve en la parte visible del muro es la cara más pequeña.

Si se ve la cara pequeña es «a tizón». Si se ve la alargada es «a soga».


La razón de colocarlas «a tizón» es que la pieza entra profundamente en el muro, perpendicular a la fachada, y queda muy bien sujeta.

Las lindes de piedra seca en Malta —como en muchas regiones mediterráneas— cumplen múltiples funciones que van mucho más allá de la mera delimitación de propiedades.

Función protectora contra el viento

Sí, protegen activamente a las plantaciones del viento. En un paisaje expuesto como el maltés, donde los vientos marinos pueden ser intensos, estos muros actúan como pantallas naturales que:

  • Reducen la velocidad del viento cerca del suelo.
  • Evitan el desecamiento de cultivos sensibles.
  • Protegen los brotes jóvenes y las flores de daños mecánicos.
  • Favorecen microclimas más estables en bancales y huertos.

🧱 Otras funciones clave

Además de la protección contra el viento, los muros de piedra seca en Malta también:

  • Delimitan propiedades y caminos rurales.
  • Contienen tierras en terrazas agrícolas (especialmente en zonas con pendiente).
  • Evitan la erosión del suelo por lluvia o escorrentía.
  • Aprovechan las piedras extraídas al limpiar el terreno cultivable.
  • Favorecen la biodiversidad, creando hábitats para reptiles, insectos y aves.

🌿 Patrimonio vivo

La técnica de la ħajt tas-sejjieħ (muro de piedra seca en maltés) está reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO desde 2018, compartida por varios países mediterráneos.

Es curioso que en un simple muro de piedra se encuentre tanta sabiduría popular, o dicho de otro modo: sabiduría acumulada durante siglos por la experiencia.

A continuación, un vídeo de cómo se hace en Aragón:

Tras ver estos muros continuamos nuestro viaje a Marsaxlokk.

Notas

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