Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 7 de agosto de 2010 llevé el tema del autorretrato de Vigée Le Brun que causó un escándalo en la liberal París. Y todo porque se mostraba abrazando a su hija y a las dos, madre e hija, se les veían los dientes.
la ventaja de un blog en internet sobre una tertulia radiofónica es que aquí se pueden poner imágenes. Una búsqueda en internet nos permite ver muchas copias del famoso retrato que causó el escándalo. He buscado una que se pueda reproducir sin pagar royalties y lo he encontrado en Wikipedia.
Por Élisabeth Vigée-Lebrun – own work, current photo taken by user Cybershot800i., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=150180
A la izquierda tenemos la imagen que fue escandalosa en el siglo XVIII.
Tengo que confesar que me parece un retrato entrañable, una madre abrazando a su hija y tengo que hacer un gran esfuerzo para entender que esto pudiera considerarse escandaloso nada menos que en París.
Pero cuando pienso que hace unas semanas (y hablo el 27 de marzo de 2026) el régimen de Irán ha ejecutado a una mujer porque llevaba el velo mal puesto y se le veían unos pelos, pienso que tal vez, aunque me parezca extraño, no lo sea tanto.
Si se fijan en el cuadro a la niña se le ven los dientes, a la madre, a Élisabeth, también se le ven, pero cuesta más verlos.
La sonrisa del escándalo.
Hay dos razones para el escándalo:
La primera es que en el siglo XVIII, especialmente en Francia, mostrar los dientes en un retrato se consideraba impropio, vulgar y contrario a la decencia femenina. Las mujeres debían aparecer serenas, contenidas y sin gestos que sugirieran espontaneidad o emoción excesiva.
La segunda es casi la misma, esos gestos de amor a su hija, y el que estuviera en su regazo se percibió como una exposición excesivamente íntima, impropia de una artista que ya era figura pública y miembro de la Academia.
Lo que hoy nos parece un gesto inocente —una madre sonriendo con su hija— fue, en su momento, motivo de escándalo. Ese contraste nos recuerda algo esencial: las normas morales no son estáticas, sino construcciones culturales que cambian con cada época. Lo que una sociedad considera apropiado, digno o decoroso depende de sus valores, sus miedos y sus aspiraciones.
En el siglo XVIII, una sonrisa abierta podía interpretarse como falta de autocontrol; la ternura materna, como una intimidad impropia del espacio público; y la autoafirmación de una mujer artista, como una amenaza al orden establecido. Hoy, en cambio, vemos en ese mismo cuadro una reivindicación de autenticidad, sensibilidad y libertad personal.
La obra de Vigée Le Brun nos invita a mirar con distancia crítica nuestras propias normas. Si tantas convenciones del pasado nos parecen hoy absurdas o injustas, quizá también las nuestras sean provisionales. Tal vez dentro de cien años alguien observe nuestras costumbres actuales con la misma mezcla de sorpresa y curiosidad.
El arte, cuando desafía lo que se da por sentado, tiene la capacidad de revelar ese movimiento continuo de la moral. Y en ese sentido, el autorretrato de Vigée Le Brun no solo es un testimonio de su tiempo, sino también un recordatorio de que la libertad de expresión —en la vida y en el arte— siempre empieza por cuestionar lo que otros consideran intocable.
Sospecho, aunque no soy quien para afirmarlo, que en la Edad Media ni mostrar los dientes, ni la niña reposando en la madre, hubiera sido un problema. De hecho hay retratos de la Virgen abrazando al niño Jesús que muestran una naturalidad similar. Tal vez lo que los habitantes de la edad Media considerasen extraño es que no hubiera ningún motivo religioso.
En el renacimiento, el gran Tiziano, pinta algo bastante similar:
Maria mit Kind in einer Abendlandschaft. Museo Pinacoteca Antigua de Munich. Dominio público.
Virgen de Vladímir de Andréi Rubliov, ca. 1410. Por colaboradores de wikipedia en inglés – wikipedia en inglés, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1763805
Lo que sí es cierto es que en ninguna se muestran los dientes. Aunque sí que hay alguna pintura medieval en la que se esboza una sonrisa, no llegan a verse claramente los dientes, pero se insinúan.
Durante unos días he estado viajando por diversos países europeos. En esta entrada comento lo que fue el nuestra brevísima estancia en París.
23 de marzo de 2024
En París he estado muchas veces y he ido viendo su decadencia paso a paso. Conozco muchas cosas de París, algunas buenas, otras malas. Entre las buenas recuerdo los paseos en «bateau mouche» [1] por el Sena, una cena en Maxim´s, el Museo del Hombre, La Villete, …
Pero no recordaba bien la iglesia emblemática de París, la que siempre se ve en lo alto y que destaca por su blancura: «Le Sacré-Coeur» (El Sagrado Corazón). Así que nos fuimos a verla. Tuvimos que buscar aparcamiento, lo que no resulto excesivamente difícil, pero tampoco demasiado fácil.
Emprendimos rumbo a «Le Sacré-Coeur», por el camino pude fotografiar esta iglesia:
Iba en el coche y la visión de esta iglesia fue muy fugaz. Me pareció que no era católica, pero no sé por qué. Normalmente, noto cierta diferencia entre las iglesias protestantes y las católicas, pero, sinceramente, soy incapaz de decir las causas. En el interior sí que hay algunas diferencias notables, como es el tratamiento que se hace de la Virgen María, la existencia de confesionarios… pero en el exterior es muy difícil… Algún experto podría contármelo.
Poco después de ver la iglesia protestante de Batignolles, pude fotografiar, en lo alto, el Sagrado Corazón, desde el lugar donde encontramos aparcamiento. Anochecía rápidamente.
Le Sacré Coeur
Emprendimos la subida de las escaleras. Por suerte, después, el camino era bastante llano.
Le Sacré-Coeur
Le Sacré-Coeur.
Ahora, ya cerca de la fachada del «Sacré-Coeur» quizá sea el momento de hablar algo de su historia.
La Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre (en francés: Basilique du Sacré-Cœur de Montmartre) conocida como Basílica del Voto Nacional, es una basílica menor, templo expiatorio y santuario de adoración eucarística situado en la colina de Montmartre, en Clignancourt, XVIII distrito de París.
Su construcción, a petición de varios notables parisinos y en colaboración con el arzobispo de París, fue aprobada por la Asamblea Nacional en 1873 como edificio religioso a perpetuidad, en homenaje a la memoria de los numerosos ciudadanos franceses que habían perdido la vida durante la Guerra franco-prusiana, y su construcción se inscribe en un discurso del restablecimiento de la autoridad y el orden moral, tras los sucesos de la Comuna de París, en la que Montmartre desempeñó un papel destacado.
Su situación a 130 m de altura, a poca distancia de uno de los puntos de mayor altura de París, y su cúpula que se alza 83 m, la hacen visible desde muy lejos. Con cerca de 11 millones de peregrinos y visitantes anuales, es el segundo monumento religioso más visitado de París, tras la catedral de Notre Dame.
wikipedia. entrada: Basílica del Sagrado Corazón (París) [2]
Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre.
Subimos por la escalinata para ver el interior:
Escalinata de entrada al Sagrado Corazón.
Subiendo para entrar en el Sagrado CorazónAspecto de la entrada.
Desde esa entrada tenemos París a nuestros pies.
París visto desde Montmartre. Es uno de los mejores miradores para ver París.
Entramos en la basílica:
Interior basílica del Sagrado Corazón de Monmartre.
Como podemos ver, la basílica consta de grandes espacios. Lo que se ve en la foto de arriba es el ábside central, lo que más me llamó la atención fue el gran mosaico de «Cristo en Majestad», que muestra a Jesús con los brazos extendidos. El mosaico fue inaugurado en 1923, con una superficie de 475 m2 es uno de los mayores del mundo.
Detalle del altar mayor.
Otros detalles.
Rodeando la cúpula central hay otras cuatro más pequeñas y todas ellas tienen capillas cuyas paredes están recubiertas de mosaicos.
Detalle del mosaico del abside
Dentro de la iglesia hay varios lugares con columnas de mármol, capiteles dorados y mosaicos con escenas bíblicas y el nombre (o escudo) de la persona que puso dinero para la construcción del templo.
Detalle del domo norte. La asunción.
La fuente del bautismo.
Puerta, mirando hacia París.
Al lado del Sagrado Corazón está la Iglesia Abacial de San Pedro de Montmartre [3].
Iglesia abacial y parroquial de San Pedro de Montmartre.
La iglesia de San Pedro vista desde más cerca.
Cuando salimos de le Sacré Coeur llovía un poco. Era la hora de cenar y buscamos un sitio donde comer algo. Pasamos por un mercadillo, vacío por la lluvia.
Mercadillo bajo la lluvia en Montmartre.
Au petit creux
Vimos un restaurante que se llama «Au petit creux» [4]
A pesar de ser París, los precios eran razonables. Por ejemplo:
Tras haber comido y bebido volvimos a coger el coche para ir «al Trocadero» y poder ver bien la Torre Eiffel. Nos costó un poco aparcar, pero no demasiado
El Trocadero
En este momento no puedo resistir la tentación de hablar de «el trocadero». ¿Cómo es posible que en París, cerca de la Torre Eiffel, haya una plaza con un nombre tan español, y tan odiado por la izquierda woke, como trocadero?
Trocadero, situada en la Bahía de Cádiz, España. En 1823, las tropas francesas celebraron su victoria en la batalla de Trocadero en esa isla. A su regreso a París, los militares franceses conmemoraron su éxito en el lugar que hoy ocupa la plaza, bautizándola con este nombre. La plaza fue creada oficialmente en 1869 y se encuentra cerca de la Torre Eiffel. El Palacio del Trocadero, que existió en el pasado, fue reemplazado por el Palacio de Chaillot. Hoy, la plaza ofrece vistas impresionantes de la Torre Eiffel.
Datos del buscador Bing. com
En nuestro viaje desde Le Sacré-Coeur hasta el Trocadero, volvimos a pasar por el Arco del triunfo, aunque ahora la iluminación era muy diferente, ahora los colores amarillentos-rojizos del atardecer habían desaparecido.
Arco de trieunfo, con luz nocturna. Los amarillo-rojizos del atardecer han desdaparecido. Lueve un poco.
EStamos en el Trocadero.
Torre Eiffel
Al mirar a la impresionante Torre Eiffel, lo que más me llamó la atención fue el rayo láser que salía de su cúspide.
Torre Eiffel, desde el Trocadero.
Había visto muchas veces la Torre Eiffel, pero jamás había visto ese rayo láser, que me fascinó.
La Luna y el rayo láser.
La Torre lanza sus rayos al espacio.
La visualización de la Torre Eiffel iluminada por la noche fue sensacional, pero ya era muy tarde, teníamos que ir a dormir, pues mañana, por la mañana, teníamos que estar en Róterdam. Nuestro destino inmediato era el hotel Campanile Villejuif.
Siguiendo las indicaciones Google Maps, nos introdujimos en el centro de París.
Plaza de la Concordia, con el obelisco de Luxor.
Al ver el obelisco egipcio en París recordé a Napoleón y de su hazaña náutica al traer desde Egipto un obelisco, pesando cientos de toneladas, hasta París. Es una historia apasionante, pero, sin duda, es otra historia. Ahora debemos seguir con nuestra ruta.
Bateaux Mouches
Volvimos a pasar por el Sena y vimos los «bateau mouche» que ofrecían cenas.
Bateaux Mouche en la noche, cuando ofrecen cenas románticas mientras contemplan París.
Los barcos pasan por los «puentes de París». Nosotros, en el coche, desde uno de los puentes, pudimos fotografiar el que estaba al lado.
Era tarde, llovía, teníamos sueño. Habíamos reservado habitación en el hotel Campanile de Villejuif. Normalmente, me gustan los hoteles Campanile, pues frecen unas habitaciones cómodas, limpias, con baño dentro de la habitación ¡y con cafetera! Son hoteles sencillos, pero que para pasar una noche son más que suficientes, bien es cierto que no tienen salas de reuniones, ni las cosas que suelen ofrecer los de cuatro estrellas, pero para pasar una noche son ideales. Incluso para comer lo son. Siempre disponen de dos menús del día, uno «internacional» y otro local. En el local te ofrecen los productos típicos de la región.
Cama cómoda. Al fondo derecha podemos ver la cafetera.Un buen haño
y una indicación de prohibido fumar en las habitaciones.
Habitación de no-fumadores.
Estábamos muy cansados. Dormimos muy bien. El hotel Campanile Villejuif resultó ser muy tranquilo.
A la mañana siguiente nos tocaba un largo viaje, teníamos que llegar a Róterdam y a Ámsterdam.