La inteligencia artificial generativa de imágenes me parece una mezcla inseparable de genialidad y torpeza.
Desde que se popularizaron, suelo dedicar un rato a jugar con estas herramientas. Me resultan muy útiles para eliminar objetos que estropean una foto, y también para dejar volar la imaginación pidiéndoles cosas poco habituales. Lo que me irrita, en cambio, son las restricciones absurdas que imponen algunas de ellas. Por ejemplo, al intentar mejorar una foto de la Cripta de los Capuchinos de Cádiz —donde, naturalmente, aparecen calaveras y huesos— la IA me respondió que sus normas no le permitían mostrar escenas de muerte. En fin…
Hace unas semanas contemplé una puesta de sol que tiñó de amarillo brillante el horizonte oeste de Fuengirola. Tomé una foto, pero por alguna razón apareció una mancha en la parte superior; quizá puse un dedo delante del objetivo. Decidí usar una IA para eliminarla, pero, probablemente porque no me expliqué bien, el resultado fue lo que se ve abajo.
La imagen final daba la sensación de que sobre Fuengirola flotaba una zanahoria —o quizá una remolacha— recién arrancada de la tierra, con sus raíces colgando. ¿O era una nave alienígena?
Puesta de Sol en Fuengirola. «Arreglada» por una IA.
Me decidí por la idea de que era una nave espacial alienígena y pedí a una IA que me generase un vídeo de su movimiento.
El resultado es sorprendente. La nave espacial que se ha creado a partir de lo que creía que era una remolacha con sus raíces es sumamente imaginativa. La música es mía, creada con ayuda de una IA de composición.
Probé con otra IA, en este caso, con Grok y me dio esta versión:
Hice muchísimas más pruebas, pero no quiero aburrirles. Para acabar, les pongo este vídeo en el que la nave espacial destruye la ciudad.
Pues nada más por hoy, no quiero aburrirles con mis juegos.
Llegó el momento de regresar a casa. Tras haber recorrido los excelentes puertos de Malta —desde el Grand Harbour hasta las calas más discretas— no sorprende que desde la Antigüedad fueran considerados un refugio seguro. Cicerón ya los menciona, y Diodoro Sículo elogia la calidad de sus instalaciones portuarias, capaces de acoger naves en plena tormenta. Y, del mismo modo, tras contemplar la Bahía de San Pablo —donde la tradición sitúa el naufragio y desembarco del Apóstol— se entiende la huella profunda que dejó en estas islas: la Catedral Metropolitana de San Pablo en Mdina, la iglesia de San Pablo en Rabat, la de San Pablo Náufrago en La Valeta… una geografía espiritual que acompaña al viajero en cada paso.
También queda la impronta de los Caballeros de la Orden de San Juan, visible en sus fortificaciones, en sus bastiones imposibles y en aquel hospital del siglo XVI que fue el más avanzado de Europa, diseñado para evitar contagios incluso con todos los enfermos en la misma sala. Atrás quedan los muros de piedra seca y las plantaciones de uva, las islas de Gozo y Comino, la Laguna Azul, las playas y los acantilados, la Gruta Azul, el acuario con sus peces de colores, los fuegos artificiales que saludan el nuevo año… Atrás queda todo, sí, pero también permanece: en la memoria, en la mirada y en esa sensación de haber recorrido un archipiélago pequeño en tamaño pero desbordante en historia, belleza y significado.
Muy pronto, cuando empezaba a amanecer, puntualmente, llegó el taxi que nos llevaría al aeropuerto. Por el camino pudimos contemplar los colores del amanecer.
Los amarillos del amanecer nos dejan entrever, a lo lejos, la basílica de Nuestra Señora del Monte Carmelo en La Valeta.
Traté de hacer zoom hacia la iglesia y lo que obtuve fue esto:
Basílica de Nuestra Señora del Monte Carmelo en la Valeta, sacada desde el taxi que nos llevaba al aeropuerto.
Por muchas veces que los vea, nunca me canso de ver los amarillos y naranjas del amanecer.
Tras hacer el check-in y las esperas correspondientes, subimos al avión de la empresa KM-Malta que nos llevaría a Zurich.
Subiendo a nuestro avión.Detalle de nuestro avión y del aeropuerto.
Dentro del avión había una amplia carta con bebidas y comida.
Carta de bebidas en el avion de KM-Malta. Por ejemplo, Coca-Cola 3,75 €
En la sección de vinos encontré interesante que ofrecían una botellita con uva girgentina que es la variedad típica de Malta. Precio de la botella de 187 mm, 7 €
Vinos en la carta del avión. Caravaggio girgentina 7 €. Prosecco Bottega 200 ml: 9 €.
Entre otras cosas nos decantamos por probar el prosecco.
Prosecco Bottega Gold.
Un rato después nuestro avión sobrevolaba los Alpes suizos.
Vaión de KM Malta volando sobre los Alpes suizos.
Llegamos a Zurich y rápidamente fuimos a la nueva puerta de embarque, la del avión de Swiss que nos llevaría a Málaga.
Tanto el avión de Km Malta como el de Swiss eran el mismo modelo, pero la diferencia de comodidad era enorme: Swiss mucho mejor.
Todo lo que nos ofrecieron gratuitamente a bordo fue una chocolatina.
Chocolatina de Swiss.
Y con el buen sabor del chocolate suizo llegamos a Málaga.
Y así termina este viaje por Malta, con la sensación de que cada rincón —los puertos que aún parecen ofrecer refugio, las iglesias que guardan historias antiguas, los bastiones que miran al mar, las islas que quedaron atrás como un susurro— se ha quedado un poco conmigo. No es solo lo que he visto, sino lo que me llevo: la luz de las mañanas, el rumor de las bahías, el eco de San Pablo, la huella de los Caballeros, el azul imposible de la laguna, los acantilados que parecen no acabar nunca. Todo eso queda ahora en la memoria, como un pequeño archipiélago interior al que podré volver cuando lo necesite. Malta se queda atrás, sí, pero también se queda dentro.
Ruta desde el fuerte San Ángel al restuarante «El Catalán».
Tal como había dicho en la entrada anterior, salimos del fuerte San Ángel y buscamos un sitio donde comer. Google Maps nos señaló dos sitios, pero estaban cerrados, seguimos un poco más adelante, sin rumbo definido, y la aplicación nos señaló el restaurante «El Catalán» abierto.
Normalmente, si estoy en otro país, lo que quiero es probar la comida de ese país. En principio no me interesaba mucho un restaurante catalán, pero, como era el único abierto, fuimos a él. Vimos la carta y había de todo, bastantes platos malteses. Por lo que entramos.
Este restaurante con su nombre en español nos confirma que en Malta hay muchísimas cosas con nombre en español.
El restaurante está al lado del mar, y el paisaje allí es agreste, pero bonito.
El mar delante del restaurante «El catalán».
No hice fotos de la fachada del restaurante, pero pueden verla en Street View de Google:
En la puerta está la carta.
La puerta de entrada a «El catalán».
Nos atendieron rápidamente, nos dieron una mesa, nos trajeron las cartas y una chica muy amable, nos pidió que qué queríamos beber. Pedimos varias cosas, pero a mí, al verlo en la carta, «se me antojó» un prosseco, con un nombre muy curioso Brilla! (La admiración está en el nombre).
Nada más entrar nos encontramos con esta imagen:
Prosecco Brilla!
Hamburguesa con patatas fritas.
Pasta con salsa cremosa de setas y pollo.fettuccine ai funghi.Raviolis rellenos.
Esto fue lo más reseñable. Todo estaba bien cocinado. Un notable al cocinero.
Comimos bien. La tención fue buena. Y el precio razonable.
Ruta que seguimos, desde San Julián al Fuerte de San Ángel. Mapa basado en Google Maps.
El fuerte de San Ángel o de Sant Angelo, está en Birgu. Recuerden que ya hemos hablado de que en este del Gran Puerto están las Tres Ciudades, Una de ellas es la que en maltés se llama Birgu, aunque también se la conoce como Vittoriosa.
Birgu es la más antigua de las Tres Ciudades de Malta, es un laberinto de piedra dorada donde cada esquina parece guardar un secreto. Aquí, entre murallas que han visto cruzadas, asedios y ceremonias navales. Sus callejuelas estrechas, balcones de madera y puertas coloridas conducen al visitante desde la quietud de los barrios altos hasta el brillo del Grand Harbour (Gran Puerto), donde los caballeros de la Orden de San Juan forjaron su primera capital.
Curiosamente, Birgu viene del término romance borgo, que significa burgo. Es decir Birgu es un nombre muy próximo a nuestro Burgos.
Al acercarnos a Birgu vemos sus imponentes murallas. A la derecha vemos la colegiata de San Lorenzo y a la izquierda la torre reloj del museo marítimo.
Murallas de Birgu. A la derecha basílica de San Lorenzo, a la izquierda la torre-reloj del museo marítimo.
Al llegar a la entrada a Birgu, pudimos ver sus dos iglesias más emblemáticas, la basílica de San Lorenzo y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
Entrada a Birgu. A la derecha la basílica de San Lorenzo. A la izquierda Ntr. Sra. de la Asunción. Foto retocada con Gemini.
Nuestra intención era bajar y aparcar en el puerto muy cerca de una de las entradas del Fuerte San Ángel. En el puerto había infinidad de pequeños barcos y muy pocas plazas de aparcamiento.
Puerto deportivo de Birgu. A la derecha la basílica de San Lorenzo.
Llegamos a la puerta que nos lleva al puerto deportivo del Gran Puerto de Malta.
Puerta al puerto deportivo (marina) del Gran Puerto de Malta.
Pasamos por el Museo Marítimo de Malta.
Museo marítimo de Malta. De momento está cerrado por obras. Lo están renovando. Cuando esté terminado lo volverán a abrir.Las paredes que se ven son del Fuerte de San Ángel. En la mitad hay una zona más blanca, es una de las entradas a la fortaleza.
Tuvimos suerte de poder aparcar muy cerca de la entrada.
A la entrada hay dos anclas que nos recuerdan viejos barcos.
Ancla delante de la puerta de subida al fuerte San Ángel.Pesada ancla varada a la entrada del fuerte San Ángel.
Aquí descansa el ancla, varada en tierra firme como un animal marino que ha perdido el rumbo. Ya no muerde el fondo del mar ni sostiene barcos inquietos; ahora es apenas un adorno silencioso, una reliquia que observa cómo la vida continúa sin ella. El óxido que la recubre no es decadencia, sino memoria: cada mancha es un rastro de los años de servicio, de las tormentas que resistió, de los puertos que conoció y de las aventuras que nunca contará del todo. Hay algo profundamente humano en su quietud forzada, en esa dignidad oxidada que nos recuerda que incluso los objetos que un día fueron imprescindibles acaban encontrando su lugar en la orilla, convertidos en testigos mudos del tiempo.
En un lado de la rampa que nos sube hasta la fortaleza nos encontramos con una sorpresa.
Camino de Santiago, desde Malta hasta Santiago de Compostela. Foto retocada con Gemini.
Mojón del Camino de Santiago a la entrada del fuerte San Ángel.
A la entrada de fuerte San Ángel, casi escondido entre la piedra dorada y el brillo del Gran Puerto de Malta, aparece un mojón inesperado: el símbolo azul y amarillo del Camino de Santiago. Bajo la vieira, una inscripción técnica —PK 3.493— marca con precisión ingenieril el punto kilométrico del Camino Maltés. No es un número caprichoso: indica que el peregrino se encuentra exactamente a 3.493 metros desde el lugar de embarque, en Birgu, para realizar el peregrinaje a Santiago.
Ver este mojón aquí, en pleno corazón marítimo de Malta, produce una sensación curiosa: como si dos mundos que rara vez se tocan —el Mediterráneo de los caballeros y el Atlántico de los peregrinos— se dieran la mano. Es un recordatorio silencioso de que las rutas no empiezan ni terminan en un país, sino en la voluntad de caminar. Y que incluso en una fortaleza que ha visto asedios, flotas y siglos de historia, siempre hay espacio para un pequeño guiño al viajero que sigue una flecha amarilla. A mí me ha hecho reflexionar sobre la gran influencia cultural que tuvo (y tiene) el Camino de Santiago. Incluso desde Malta era habitual ir a peregrinar a Santiago.
El llamado Camino Maltés es una iniciativa reciente que conecta Malta con Santiago de Compostela como ruta de peregrinación internacional. Comienza simbólicamente en la cueva de San Pablo en Mdina y combina tanto recorridos a pie como por mar. Para embarcar sale del puerto de Birgu. El camino pasa por Sicilia, después va a Córcega, Barcelona y ya entra en uno de loa caminos usuales, el catalán o el aragonés. Al peregrino le toca viajar unos 3.600 kilómetros.
Para llegar a la puerta del fuerte hay que subir una rampa.
Rampa de subida al fuerte San Ángel.
Tras pasar la puerta hay una especie de sala en la que destacan dos cosas, un gran mascarón de proa del barco HSM Hibernia y un cuadro del arcángel San Miguel.
Sala de entrada al fuerte San Ángel.
Mascaron de proa de Hibernia.
Arcángel San Miguel.
Para llegar hasta la parte habitada del fuerte hay que subir por un túnel con escaleras, y pagar 10 €.
Escaleras para llegara a la zona habitable del fuerte San Ángel.
Una vez que llegamos a la explanada del fuerte podemos ver la entrada al Gran Puerto y la ciudad de la Valeta.
Entrada a la explanada central. Al fondo la torre de la bandera.Patio centra fuerte San Ángel. Al fondo: La Valeta.Vista ade La Valeta desde el fuerte San Ángel.
En la explanada podemos ver una colección de armas.
Cañón naval con cureña de madera.Escorpio. Parece una ballesta, pero no lo es.
La ballesta la maneja una sola persona. Pesa relativamente poco y los proyectiles los livianos. El escorpio es una máquina de tiempos de los romanos. Usa proyectiles muy pesados y debe ser manejada pro varias personas.
Torre de bandera del fuerte.
Uno de los cañones de las murallas.
Detalle del cañón.
Vista desde el fuerte San Ángel del puerto deportivo y de La Valeta.Desde del fuerte San Ángel mirando hacia lo más interior del puerto.A la entrada del Gran Puerto el fuerte Ricasoli.Desde le fuerte San Ángel se ve el Museo de la Ciencia (el edificio con una esfera enorme.
En el fuerte hay una zona residencial y hay un bar.
Aspecto del bar del fuerte San Ángel.
Pedí un vino de Malta.
Vino de Malta.Classic Collection. Donato. Chardonay.
Tras descansar y tomar el aperitivo, emprendimos viaje para encontrar un sitio donde comer. Google Maps nos enseñó una par de sitios, pero cuando llegamos estaban cerrados. No hay que fiarse siempre de Google Maps.
Por el camino vimos una esquina del fuerte San Ángel y la torre-reloj del Museo Marítimo.
Una esquina de la muralla del fuerte San Ánmgel.
Torre reloj del Museo Marítimo.
Finalmente, encontramos donde almorzar un poco lejos de Birgu, en Xghajra. El restaurante se llama El Catalán, pero de ello hablaremos en la próxima entrada.
Ubicación de Mdina. En el corazón de Malta. Basado en Google Maps.
En el corazón de Malta, donde las piedras doradas guardan siglos de secretos, se alza Mdina: una ciudad que parece detenida en el tiempo. Al cruzar su puerta barroca, uno deja atrás el bullicio moderno y entra en un mundo de silencio, sombras y elegancia medieval. Mdina no es solo un lugar; es una experiencia sensorial, una cápsula de historia viva que susurra leyendas en cada rincón.
Mdina está totalmente amurallada. Lo de fuera es Rabat (en el mapa Zaika, el restaurante del que hablé en la entrada anterior, está en Rabat). Y no muy lejos está Mtarfa, donde estála torre del reloj. Mapa basado en Google Maps.
Ciudad del silencio
Fundada por los fenicios hace más de tres mil años, esta ciudad amurallada ha sido testigo de imperios, terremotos y transformaciones. Fue capital romana, bastión árabe, y sede noble durante la Edad Media. Sus murallas, reforzadas tras el gran sismo de 1693, abrazan un laberinto de callejones estrechos donde el eco de los pasos parece respetar el apodo que le dieron los malteses: la Ciudad del Silencio.
Calle típica de Mdina.
Mdina no necesita artificios. Al caer la tarde, cuando los faroles se encienden y las calles quedan desiertas, la ciudad revela su verdadero carácter: íntimo, contemplativo, casi místico.
Calle típica de Mdina.
Este tipo de faroles son típicos de Mdina.
La Catedral Metropolitana de San Pablo
La Catedral Metropolitana de San Pablo domina la plaza central con su fachada barroca, diseñada por Lorenzo Gafà [1].
Catedral Metropolitana de San Pablo en Mdina.
Medallones devocionales
La mayor parte de las calles silenciosas de Mdina hay pequeños medallones —a menudo dedicados a la Virgen—. No son simples adornos: marcaban antiguas rutas procesionales, protegían las casas frente a epidemias y tormentas, y recordaban a los vecinos que la vida cotidiana transcurría bajo una mirada sagrada.
Uno de los medallones que hay casi en cada calle. Símbolo protector contra plagas y tormentas.
Trinacria siciliana en una casa de Mdina.
Los medallones no siempre son Vírgenes. En este caso se trata de una Trinacria, que es un símbolo de Sicilia. Debemos recordar que Malta está muy cerca de Sicilia, un poco más al sur, y que los contactos entre ambas islas son permanentes. Las tres piernas de la Trinacria aluden a la forma triangular de la isla de Sicilia. La cabeza central es de la gorgona, que es una protección frente al mal. Las alas y las serpientes remiten a la mitología griega, muy presente en la historia siciliana.
Podemos preguntarnos qué hace un trisquel siciliano en una calle de Malta. No sé la respuesta, pero hay muchas explicaciones posibles, una de ellas es que en esa casa vivan descendientes de sicilianos, otra es que sea un elemento decorativo importado, sin que tenga ningún significado profundo. En Sicilia se venden muchos de estos elementos y son bastante baratos. Hay muchas más explicaciones posibles.
Arriba tenemos otros dos medallones típicos. En el de la izquierda tenemos a la Virgen con el niño. Me ha llamado la atención el que el sol de Mdina haya apagado los colores. Seguro que hace años eran colores brillantes, hoy apagados por el sol. La otra figura es típica de un martirio. Ignoro más detalles.
El medallón de la Virgen con el niño, me ha gustado mucho. He pensado cómo pudiera haberse visto recién puesto y creo que sería algo así:
Imagen ficticia de cómo luciría el medallón cuando estaba nuevo, sin que el sol hubiera apagado los colores.
Aldabas y su simbolismo
Me gustan las viejas aldabas de los pueblos. Algunas están hechas de hierro oxidado y, aunque suene extraño, ese óxido me atrae: transmite un tiempo apacible, silencioso. Es una paradoja hermosa: la aldaba nació para hacer ruido, para reclamar la atención de quienes viven dentro, y, sin embargo, a mí me inspira una calma profunda. He visto muchas a lo largo de mis viajes, pero nunca me había encontrado con algo tan singular como una tienda de recuerdos que exhibe una colección completa de aldabas, como la que descubrí en Mdina. Muchas de ellas llevan grabada la estrella de ocho puntas, la Cruz de Malta, como si cada golpe que dieron alguna vez resonara todavía en la historia de la isla.
Exposición de aldabas en tienda de recuerdos de Mdina, en la plaza de San Publio.
Aldaba con león, en Mdina. Foto retocada con Gemini.
En las culturas mediterráneas el león siempre se ha considerado un buen guardián de las casas, por eso abunda en las aldabas. A mí ese león me da un poco de miedo, parece que te está diciendo: ¡vete de aquí, no eres bienvenido! Posiblemente esa la labor de un león guardián.
Aldaba con la Medusa, Mdina.
Entre las muchas aldabas que decoran las puertas de Mdina, hay una que siempre me detiene: la que muestra el rostro de Medusa. No es un capricho extravagante, sino la huella de una tradición mediterránea muy antigua. Desde tiempos griegos y romanos, la cabeza de Medusa se usaba como amuleto protector, capaz de ahuyentar el mal y vigilar el umbral de la casa. En Malta, esa herencia clásica se mezcló con la artesanía local y con el gusto barroco, de modo que la gorgona pasó a ser una guardiana silenciosa, firme y elegante. En una ciudad tan cargada de historia como Mdina, incluso una aldaba parece susurrar relatos que vienen de muy lejos tanto en el espacio como en el tiempo.
El pez protector en las aldabas de Mdina.
Las aldabas en forma de pez que encuentras en Mdina no son un capricho decorativo aislado: tienen un trasfondo simbólico muy arraigado en la cultura mediterránea y, en particular, en la tradición maltesa.
En el Mediterráneo, el pez se considera un amuleto contra el mal de ojo y las desgracias. Colocarlo en la puerta era una forma de atraer prosperidad y mantener alejadas las influencias negativas.
El pez es un símbolo universal de fertilidad, alimento y continuidad. En una isla como Malta, donde el mar lo determina todo, este significado se vuelve aún más fuerte. Muchos de los antiguos habitantes de Mdina tenían vínculos familiares con pescadores o comerciantes marítimos. El pez en la aldaba podía funcionar como un guiño a ese origen.
Y, por fin, no debemos olvidar que el pez también remite al ichthys, uno de los símbolos más antiguos del cristianismo. En un país profundamente católico, esta resonancia simbólica nunca está del todo ausente.
La aldaba de arriba probablemente es del siglo XIX, pero también las hay del sigloXXI, con la Cruz de Malta.
Aldaba con pez protector y con la Cruz de Malta.
Murallas
Tal como ya he dicho Mdina es una ciudad completamente amurallada, lo que le da un especial encanto.
Parte de la muralla de Mdina, vistas desde Rabat.Otra parte de la murañña de Mdina, vista desde Rabat.
La entrada a la ciudad se hace por la puerta de Mdina, que también se c onoce como puerta de Vilhena, porque fue reconstruida en 1724–1725 por el Gra n Maestre António Manoel de Vilhena, quien le dio su aspecto barroco actual.
La entrada a Mdina se hace por el puente que vemos a la izquierda y a través de la puerta que se ve en el centro.
Puerta de Mdina, también conocida como puerta de Vilhena
Como estamos a principios de año todavía están los adornos navideños.
Los adornos navideños nada más cruzar la puerta de Mdina.
Cuando nos vamos al fondo de Mdina, al punto más alejado de la puerta. Nos encontramos con bonitas vista del mar, aunque la distancia es de aproximadamente diez kilómetros.
En el primer plano la miuralla, al fondo el mar.Primer plano la muralla, al fondo el mar.
Torre de los estandartes
Poco después nos encontramos con la Torre de los estandartes.
Torre de los estandartes.
Dentro de la torre está la oficina de turismo.
Casas Museo
En Mdina nos encontramos con varias casas señoriales o palacios que tenían el letrero de House Museum. Se trata las Casas Museo de Mdina, permiten asomarse a la vida privada de la nobleza y de los coleccionistas que habitaron la antigua capital maltesa. La más emblemática es el Palazzo Falson, un palacio del siglo XIII que perteneció al capitán y coleccionista Olof Gollcher, y que conserva diecisiete salas repletas de mobiliario histórico, joyas, plata, armas, alfombras orientales y una notable colección de arte europeo y mediterráneo entre los siglos XV y XX . A pocos pasos, la Casa Gourgion ofrece una experiencia distinta: una residencia neogótica del siglo XIX que muestra los espacios privados del barón Giuseppe De Piro Gourgion, desde su estudio hasta sus estancias personales, revelando el modo de vida de la aristocracia maltesa en pleno corazón de Mdina .
Casa Museo de Gourgion.
La casa museo más famosa es el Palazzo Falson, pero no tengo fotos. Por suerte, sí que hay una en Wikipedia [2].
Palazzo Falson.Gentileza de wikipedia. La foto es de Continentaleurope at English Wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47520298
Gracias a Continentaleurope at English por permitir usar su foto.
Algunas curiosidades
Karrozin. El coche de caballos típico de Malta. ya lo habíamos visto en Rabat, En Mdina también los hay y van pasando por las calles estrechas donde apenas caben los peatones y el carro. Los conductores están todo el día dan a la campana para que nos apartemos. Me parecieron muy molestos.
Pasamos por un restaurante que me recordó enormemente a algunos de los que están en los famosos patios de Córdoba.
En Mdina se conservan algunas de las famosas cabinas de telefono inglesas.
Cabina de telefono.
Aunque la cabina es de las antiguas, dentro dice que se admiten tarjetas y algunas cosas bastante modernas.
Lateeral de la cabina telefónica.
Dos figuras humanas sostienen un escudo: es un motivo decorativo muy habitual en las aldabas y herrajes victorianos.
El escudo central no corresponde a ningún blasón oficial: es un diseño ornamental inspirado en la heráldica inglesa, con símbolos genéricos (flores, roleos, motivos geométricos).
La cinta inferior suele llevar una palabra o lema, pero en estos modelos decorativos muchas veces es puramente estética o ilegible.