3 de enero de 2026

El fuerte de San Ángel o de Sant Angelo, está en Birgu. Recuerden que ya hemos hablado de que en este del Gran Puerto están las Tres Ciudades, Una de ellas es la que en maltés se llama Birgu, aunque también se la conoce como Vittoriosa.
Birgu es la más antigua de las Tres Ciudades de Malta, es un laberinto de piedra dorada donde cada esquina parece guardar un secreto. Aquí, entre murallas que han visto cruzadas, asedios y ceremonias navales. Sus callejuelas estrechas, balcones de madera y puertas coloridas conducen al visitante desde la quietud de los barrios altos hasta el brillo del Grand Harbour (Gran Puerto), donde los caballeros de la Orden de San Juan forjaron su primera capital.
Curiosamente, Birgu viene del término romance borgo, que significa burgo. Es decir Birgu es un nombre muy próximo a nuestro Burgos.
Al acercarnos a Birgu vemos sus imponentes murallas. A la derecha vemos la colegiata de San Lorenzo y a la izquierda la torre reloj del museo marítimo.

Al llegar a la entrada a Birgu, pudimos ver sus dos iglesias más emblemáticas, la basílica de San Lorenzo y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Nuestra intención era bajar y aparcar en el puerto muy cerca de una de las entradas del Fuerte San Ángel. En el puerto había infinidad de pequeños barcos y muy pocas plazas de aparcamiento.

Llegamos a la puerta que nos lleva al puerto deportivo del Gran Puerto de Malta.

Pasamos por el Museo Marítimo de Malta.


Tuvimos suerte de poder aparcar muy cerca de la entrada.
A la entrada hay dos anclas que nos recuerdan viejos barcos.


Aquí descansa el ancla, varada en tierra firme como un animal marino que ha perdido el rumbo. Ya no muerde el fondo del mar ni sostiene barcos inquietos; ahora es apenas un adorno silencioso, una reliquia que observa cómo la vida continúa sin ella. El óxido que la recubre no es decadencia, sino memoria: cada mancha es un rastro de los años de servicio, de las tormentas que resistió, de los puertos que conoció y de las aventuras que nunca contará del todo. Hay algo profundamente humano en su quietud forzada, en esa dignidad oxidada que nos recuerda que incluso los objetos que un día fueron imprescindibles acaban encontrando su lugar en la orilla, convertidos en testigos mudos del tiempo.
En un lado de la rampa que nos sube hasta la fortaleza nos encontramos con una sorpresa.

A la entrada de fuerte San Ángel, casi escondido entre la piedra dorada y el brillo del Gran Puerto de Malta, aparece un mojón inesperado: el símbolo azul y amarillo del Camino de Santiago. Bajo la vieira, una inscripción técnica —PK 3.493— marca con precisión ingenieril el punto kilométrico del Camino Maltés. No es un número caprichoso: indica que el peregrino se encuentra exactamente a 3.493 metros desde el lugar de embarque, en Birgu, para realizar el peregrinaje a Santiago.
Ver este mojón aquí, en pleno corazón marítimo de Malta, produce una sensación curiosa: como si dos mundos que rara vez se tocan —el Mediterráneo de los caballeros y el Atlántico de los peregrinos— se dieran la mano. Es un recordatorio silencioso de que las rutas no empiezan ni terminan en un país, sino en la voluntad de caminar. Y que incluso en una fortaleza que ha visto asedios, flotas y siglos de historia, siempre hay espacio para un pequeño guiño al viajero que sigue una flecha amarilla. A mí me ha hecho reflexionar sobre la gran influencia cultural que tuvo (y tiene) el Camino de Santiago. Incluso desde Malta era habitual ir a peregrinar a Santiago.
El llamado Camino Maltés es una iniciativa reciente que conecta Malta con Santiago de Compostela como ruta de peregrinación internacional. Comienza simbólicamente en la cueva de San Pablo en Mdina y combina tanto recorridos a pie como por mar. Para embarcar sale del puerto de Birgu. El camino pasa por Sicilia, después va a Córcega, Barcelona y ya entra en uno de loa caminos usuales, el catalán o el aragonés. Al peregrino le toca viajar unos 3.600 kilómetros.
Para llegar a la puerta del fuerte hay que subir una rampa.

Tras pasar la puerta hay una especie de sala en la que destacan dos cosas, un gran mascarón de proa del barco HSM Hibernia y un cuadro del arcángel San Miguel.
Para llegar hasta la parte habitada del fuerte hay que subir por un túnel con escaleras, y pagar 10 €.
Una vez que llegamos a la explanada del fuerte podemos ver la entrada al Gran Puerto y la ciudad de la Valeta.



La X marca uno de los sitios desde los que saqué una foto y que puede verse en la entrada sobre La Valeta: Malta-3: La Valeta (Malta) | La Vuelta al Mundo, viajes y curiosidades

En la explanada podemos ver una colección de armas.


La ballesta la maneja una sola persona. Pesa relativamente poco y los proyectiles los livianos. El escorpio es una máquina de tiempos de los romanos. Usa proyectiles muy pesados y debe ser manejada pro varias personas.





En el fuerte hay una zona residencial y hay un bar.

Pedí un vino de Malta.
Tras descansar y tomar el aperitivo, emprendimos viaje para encontrar un sitio donde comer. Google Maps nos enseñó una par de sitios, pero cuando llegamos estaban cerrados. No hay que fiarse siempre de Google Maps.
Por el camino vimos una esquina del fuerte San Ángel y la torre-reloj del Museo Marítimo.

Finalmente, encontramos donde almorzar un poco lejos de Birgu, en Xghajra. El restaurante se llama El Catalán, pero de ello hablaremos en la próxima entrada.
Notas
[1]

La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O rellene el siguiente formulario.








