Malta-4-f: Fuegos de principio de año desde Birgu (la Vittoriosa)

31 de diciembre de 2025 y 1 de enero de 2026

En Malta para celebrar en fin de año y principio del siguiente hay muchos actos culturales, entre los que hay conciertos y un espectáculo pirotécnico sobre el Gran Puerto de Malta.

Malta tiene fama de tener una gran calidad técnica en fuegos pirotécnicos.

Normalmente los fuegos se ven desde Floriana o La Valeta, pero está demasiado concurrido de gente, así que nosotros nos fuimos a verlos desde Birgu, también concocida como Città Vittoriosa, y que forma parte de las «tres ciudades». De ese modo nos perderíamos los fuegos a baja altura, pero podríamos disfutar de los altos sin demasiada gente. Bueno, al menos eso creíamos, Pero al llegar, vimos que no era así, el atasco para aparcar era enorme, aunque por fin lo logramos.

La X muestra aproximadamente el lugar desde donde se lanzan los fuegos, y la chincheta roja señala donde estábamos nosotros. Basado en un mapa de Google Maps.

Algunas de las fotos que tomé aquella noche de Año Nuevo en Malta son hermosas, otras no tanto. Congelan el instante exacto en que un estallido de luz se abre sobre el puerto, o el reflejo dorado que tiembla en el agua antes de desvanecerse. Son imágenes limpias, precisas, casi obedientes. Pero mientras las reviso, siento que falta algo esencial: la vida que solo existe cuando el tiempo no está detenido.

Un niño contempla los fuegos (he quitado las caras por razones de privacidad). Los fuegos no solo incendian el cielo: también despiertan al agua, que tiembla y sueña con cada destello.
Luces en el aire.

Porque lo que de verdad tiene alma no es la imagen fija, sino el movimiento. El ascenso lento de un cohete que parece dudar antes de romper el cielo. La explosión que se abre como una flor impaciente. Las chispas que caen en cascada, cada una con su propio destino. En vídeo, todo eso respira. Se oye el murmullo de la gente, el eco que rebota entre las fachadas, el latido colectivo que acompaña cada estallido. Es un pequeño teatro del mundo, y tú estás dentro.

Y luego está el sonido, ese elemento que ninguna fotografía puede retener. El golpe seco que llega un segundo después del destello. El crujido del fuego en el aire. Los aplausos espontáneos, las risas, los “oh” que se escapan sin permiso. El sonido convierte la luz en experiencia, en algo que atraviesa el cuerpo y no solo la mirada.

Incluso el olor forma parte de la memoria. Ese aroma a pólvora que se mezcla con la brisa marina de Vittoriosa, con el salitre, con el humo que se queda flotando como un velo sobre el puerto. Es un olor que no se puede fotografiar, pero que vuelve de inmediato cuando cierro los ojos. Y entonces entiendo que lo que viví no cabe en un solo fotograma: es una suma de sentidos, una coreografía de luz, ruido y aire con olor a pólvora.

Vemos humo, pero es olor.

El humo se eleva despacio, como si quisiera quedarse un momento más entre nosotros, y aunque lo vemos ondular en el aire, lo que realmente sentimos es su olor. Un aroma a pólvora tenue, casi tímido, porque el lugar de lanzamiento está lejos. Y quizá por eso es más hermoso: un perfume sutil, apenas un susurro, que no invade ni molesta. Si fuera más intenso sería áspero, pero así, suave y discreto, tiene algo de caricia antigua. Ese olor me abre una puerta que conozco bien: la de los recuerdos que no se anuncian, pero llegan.

No es la magdalena de Proust, aunque se le parece. El olor a pólvora es olor a otros tiempos, a otras manos, a otras voces que ya no están. En el humo veo a mi abuelo señalándome estrellas y constelaciones, como si el cielo fuera un mapa secreto que solo él sabía leer. En el humo aparece mi abuela, cómplice, escondiéndome chucherías a pesar de las órdenes estrictas de mi madre. Y también veo a mi madre misma, protectora, amorosa, rodeándonos como una gallina que cuida a sus polluelos; yo, uno de ellos, pequeño y confiado.

El humo me trae incluso un río lejano y un puente roto por las lluvias, ese puente que debía cruzar para ir a la escuela. Recuerdo el peligro, el salto de tronco en tronco, la adrenalina infantil mezclada con la obligación de aprender. Y mientras avanzaba, cantaba: “dos por dos, cuatro; cuatro por cuatro, dieciséis…”. La tabla de multiplicar tenía su propia melodía, un ritmo que me acompañaba como un talismán. Y su propio olor. Y ahora, entre estas volutas de humo que se deshacen en el aire, vuelve a mí la certeza de que nueve por nueve son ochenta y uno, como si el tiempo no hubiera pasado. Su olor me llega mezclado con madreselva, o quizá era jazmín; la memoria nunca es exacta, pero siempre es fiel a lo que importa.

El humo se disipa, pero lo que despierta permanece.

El tiempo huele a algo distinto para cada uno, pero siempre tiene un perfume reconocible, aunque no sepamos nombrarlo. No es un olor concreto, sino una mezcla de memoria, pérdida, deseo y presencia. A veces es tan tenue que apenas lo percibimos; otras, basta una brisa para que nos golpee con la fuerza de un recuerdo.

El tiempo puede oler a metal tibio en las manos de un niño, a cuadernos nuevos, a madreselva en un patio que ya no existe, a la ropa guardada en un armario que nadie abre desde hace años. Puede oler a pólvora suave, como la que te despierta recuerdos que creías dormidos. O a pan tostado en una cocina donde ya no suenan las mismas voces. O a sal marina que trae y se lleva cosas, como si fuera un mensajero antiguo.

El tiempo huele a lo que hemos amado y a lo que hemos perdido, a lo que aún buscamos y a lo que ya no volverá. Y quizá por eso es tan difícil describirlo: porque no es un aroma, sino una constelación de aromas que se encienden y se apagan dentro de nosotros.

Si tuviera que decirlo en una frase: el tiempo huele a aquello que nos hizo ser quienes somos.

Las fotos son bellas, sí. Pero los vídeos, y sobre todo el recuerdo vivo, contienen algo más profundo: la vibración del instante. La certeza de que estuve allí, en el primer minuto de 2026, bajo un cielo que se abría en colores mientras el mar respiraba a mis pies.

Ha comenzado un nuevo año, cargado de esperanzas… pero no llega desnudo. A su espalda trae la mochila del año pasado, y la del anterior, y la del anterior, y todas las que he ido acumulando sin querer. Me gustaría empezar de cero, ser un niño de piel suave, recién estrenado, abierto al mundo sin cicatrices ni peso… pero camino con mi mochila. Aun así, espero algo nuevo. Espero algo luminoso. Espero ese futuro del que me hablaban mi abuelo y mi padre, un horizonte limpio donde todo parecía posible. Lo espero con la terquedad de quien aún cree en la luz. Pero, mientras miro hacia adelante, me pregunto en silencio: ¿llegará?


Notas

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La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.


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Malta-4-e: Pueblo de pescadores Masaxlokk

31 de diciembre de 2025

Tras ver la Torre Wardija continuamos viaje hasta el pueblo de pescadores Marsaxlokk.

Marsaxlokk no es un pueblo: es un suspiro de sal y color. Las barcas parecen juguetes, pero son guardianas de una tradición viva. El mercado huele a mar y a memoria, y las piedras del puerto cuentan historias que no están en los mapas.

El pueblo de Marsaxlokk. La iglesia, el mercado, y las barcas con los ojos de Osiris. Imagen creada con varias inteligencias artificiales (Dall-e, Meta.ai y retoques manuales).

Hay varias cosas interesantes. La primera, si tenemos en cuenta la entrada anterior, es que el borde del muelle está hecho «a soga». La segunda es preguntarme por el ojo de Osiris en las barcas de pesca de Malta (que se llaman luzzu). ¿Qué tiene que ver el ojo de Osiris, o de Horus, propio de la mitología egipcia en Malta?


Las barcas tradicionales de Malta, llamadas luzzu, llevan pintado el ojo de Osiris (también conocido como ojo de Horus) en la proa por razones que mezclan protección ancestral, herencia fenicia y simbolismo marinero.

👁️ Significado del ojo

  • Protección contra el mal: el ojo actúa como un amuleto para ahuyentar los malos espíritus y proteger a los pescadores en alta mar.
  • Buena suerte y vigilancia: se cree que el ojo “ve” los peligros antes de que ocurran, como una forma de visión mágica que cuida la embarcación.
  • Herencia fenicia: esta tradición proviene de los antiguos fenicios, quienes ya decoraban sus barcos con ojos protectores. Malta, como cruce de rutas mediterráneas, heredó esta costumbre.

🎨 ¿Por qué en el luzzu?

  • El luzzu es una embarcación robusta, pintada en colores vivos (rojo, azul, verde, amarillo), y el ojo en la proa es parte integral de su diseño.
  • Se pinta en ambos lados de la proa, como si la barca tuviera “visión binocular”.
  • Aunque hoy muchos luzzus tienen motor, el ojo sigue presente como símbolo cultural y espiritual.

🌊 Más que folclore

Este símbolo no es solo decorativo: forma parte del patrimonio intangible de Malta, y su presencia en Marsaxlokk y otros puertos conecta el presente con una tradición milenaria.

La verdad es que la imagen que he creado más arriba, describe los puntos esenciales, pero no es real. Ni la iglesia y ni los puestos están tan pegados al agua. La iglesia, como veremos, está a unos cien metros en el interior. Pero la imagen me gusta, pues señala todo lo importante.

El puerto de Marsaxlokk real. No un dibujo.
Luzzus en el puerto.
Luzzu en tierra.
Ojo de Osiris.

En el puerto había un letrero que me sorprendió, se trata de un mapa de las zonas de las que hay que huir si hay aviso de tsunami.

Cartel que dice las zonas de las que hay que salir si hay aviso de tsunami.

Sin duda, la iglesia es una de las cosas que más destacan. Se trata de la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya. Se trata de una iglesia muy moderna para los estándares de la isla, fue construida entre 1890 y 1892. Su construcción se debe a una promesa. Se dice que la marquesa Rosalia Apap Viani Testaferrata, decidió levantar una iglesia en agradecimiento tras sobrevivir a una tormenta en el mar.

Iglesia Nuestra Señora de Pompeya.

La fachada es neobarroca.

Me ha resultado muy interesante la Virgen con el niño entre las dos torres campanario.

Virgen Nuestra Señora de Pompeya con niño. Obsérvese que va montada en una barca, previsiblemente un Luzzu.

Interior de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Pompeya (Nave central).
Órgano de la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya.

Muy cerca de la iglesia hay un hotel que se llama The Shipwright’s Lodge.

Hotel The Shipwright’s Lodge.
La calle al lado del puerto

Como hemos podido ver la iglesia estaba decorada con luces de Navidad. En la plaza de la iglesia había el inevitable cono-árbol de Navidad. La verdad es que sustituir un árbol por un cono empieza a aburrirme.

Cono-árbol de Navidad.

A la orilla del muelle hay una serie de puestecitos donde venden productos típicos de Malta y Gozo.

Artesanía de Malta y Gozo.
Otro puesto.
Puesto de dulces típicos de Malta.

Cuando nos fuimos ya era de noche. La iglesia lucía de un modo muy distinto.

Nuestra Señora de Pompeya, por la noche.

Hoy es el último día del año. Nuestra intención era ver los fuegos artificiales que celebran la venida del nuevo año. Esos fuegos son famosos en Malta.

Notas

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Malta-4-d: Muros de piedra seca

En todo nuestro viaje por la isla de Malta vimos muchas lindes formadas por muros de piedra seca.

Lindes hechos con muros de piedra seca.

Se llaman de piedra seca porque solo hay piedras, no hay ni argamasa, ni ningún «pegamento» entre las piedras.

Este tipo de construcción es muy típico del Mediterráneo. Los hay en Mallorca, Menorca, Creta, Apulia y, naturalmente, aquí, en Malta.

Muro de piedra seca.
Muro de piedra seca.

Las ideas básicas de estas construcciones son las siguientes:

  • la base ancha y estable,
  • las piedras colocadas “a tizón” para atravesar el muro,
  • el relleno con piezas grandes (no grava),
  • y una ligera inclinación hacia dentro que da estabilidad.

Cuando leí esto por primera vez no supe lo que era «a tizón». Probablemente, usted sí que lo sepa, pero por si acaso, lo explico.

Una piedra en perspectiva donde se distinguen claramente la cara larga (soga) y la cara corta (tizón).

La cara larga la llamamos soga (soga) y la cara corta (tizón).

Claro que esto es con bloques geométricos, y este tipo de bloques los encontramos en las construcciones romanas. Pero en el campo, no hay bloques rectangulares, así que lo de ir «a tizón» significa que lo que se ve en la parte visible del muro es la cara más pequeña.

Si se ve la cara pequeña es «a tizón». Si se ve la alargada es «a soga».


La razón de colocarlas «a tizón» es que la pieza entra profundamente en el muro, perpendicular a la fachada, y queda muy bien sujeta.

Las lindes de piedra seca en Malta —como en muchas regiones mediterráneas— cumplen múltiples funciones que van mucho más allá de la mera delimitación de propiedades.

Función protectora contra el viento

Sí, protegen activamente a las plantaciones del viento. En un paisaje expuesto como el maltés, donde los vientos marinos pueden ser intensos, estos muros actúan como pantallas naturales que:

  • Reducen la velocidad del viento cerca del suelo.
  • Evitan el desecamiento de cultivos sensibles.
  • Protegen los brotes jóvenes y las flores de daños mecánicos.
  • Favorecen microclimas más estables en bancales y huertos.

🧱 Otras funciones clave

Además de la protección contra el viento, los muros de piedra seca en Malta también:

  • Delimitan propiedades y caminos rurales.
  • Contienen tierras en terrazas agrícolas (especialmente en zonas con pendiente).
  • Evitan la erosión del suelo por lluvia o escorrentía.
  • Aprovechan las piedras extraídas al limpiar el terreno cultivable.
  • Favorecen la biodiversidad, creando hábitats para reptiles, insectos y aves.

🌿 Patrimonio vivo

La técnica de la ħajt tas-sejjieħ (muro de piedra seca en maltés) está reconocida como parte del patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO desde 2018, compartida por varios países mediterráneos.

Es curioso que en un simple muro de piedra se encuentre tanta sabiduría popular, o dicho de otro modo: sabiduría acumulada durante siglos por la experiencia.

A continuación, un vídeo de cómo se hace en Aragón:

Tras ver estos muros continuamos nuestro viaje a Marsaxlokk.

Notas

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