1 de enero de 2026
Aunque habitualmente pensemos en Malta como una isla, la República de Malta, en realidad tiene tres islas: Malta, Gozo y Comino.

La isla de Comino es muy pequeña, tan solo mide 2,5 km de largo por 1,5 km de ancho. Sin embargo, algunas de las vistas más emblemáticas de Malta son de esta isla. Se trata de fotos de la Laguna Azul. Las aguas son de un color turquesa y, dependiendo de la luz, muchas veces los barcos parecen flotar en el aire. Nosotros llegamos con el cielo cubierto, por lo que no era la mejor luz para ver ese efecto. Pero, por suerte, hay una en Wikipedia.

La foto está sacada desde Comino. El camino de tierra de primer plano es de esa isla. Lo que se ve enfrente es el islote llamado Cominotto.
Quizá sea bueno mostrar un mapa de dónde estamos y dónde está el islote Cominotto. Pido ayuda a Google Maps para hacerlo.

Normalmente, hay barcos que ofrecen un paseo por la Laguna Azul y te llevan hasta Cominotto para poder ver los colores del agua. Pero por el mal tiempo, no se ofrecía ese servicio.
Logré sacar la foto desde el mismo punto que el autor de la Wikipedia, pero no había barcos y el oleaje impedía esa sensación de transparencia que hace flotar a los barcos. Siempre es una buena disculpa no haber visto algo para volver.

Lo más próximo a un barco flotando es la siguiente foto:


En Comino hay varias hornacinas devocionales excavadas en la roca. La fotografía de abajo está tomada muy cerca del sendero que lleva hacia Santa Marija Bay y la cueva de Santa Marija.

Si no la ve, hago zum para acercarnos a la Virgen y a su joven devota.

En Comino hay varias de estas imágenes religiosas incrustadas directamente en el acantilado, casi siempre dedicadas a la Virgen. Funcionaban como puntos de protección simbólica para pescadores, pastores y caminantes que cruzaban la isla cuando aún era un territorio áspero, solitario y sin caminos claros.


Aunque nosotros no teníamos servicio público en la Laguna Azul, algunos, con otros barcos, sí que lo tenían.

Si seguimos por el camino que se ve, llegamos a la Torre de María.

Y un poco más adelante nos encontramos con el antiguo hospital de cuarentena. Aquí pasaban la cuarentena los marinos que venían de lugares lejanos, y, creo recordar que también fue leprosería.

Ahora se ve triste. Apenas un edificio viejo que se cae a pedazos, pero el hospital de cuarentena de Comino —conocido como Il‑Palazz o Isolation Hospital— es uno de los lugares más fascinantes y menos conocidos de la isla. Su historia condensa medicina, militarización, miedo a las epidemias y la peculiar soledad de Comino.
🏥 Origen y función
El edificio fue construido por las autoridades militares británicas en la década de 1890 para servir como estación de cuarentena para tropas que regresaban a Malta desde puertos del Levante afectados por la peste.
En 1897, el Gobierno de Malta declaró oficialmente que Comino y Cominotto serían lugares de custodia para personas sujetas a cuarentena, prohibiendo acercarse a menos de 300 yardas sin autorización.
🦠 Enfermedades tratadas
El hospital estaba completamente equipado para aislar y tratar:
- Soldados expuestos a peste procedentes del Mediterráneo oriental.
- Enfermos de cólera, especialmente en 1922, cuando toda la isla se utilizó como hospital de aislamiento.
- Heridos de la Primera Guerra Mundial, que también fueron atendidos allí.
🏛️ Arquitectura y presencia en la isla
Es el segundo edificio más grande de Comino, solo superado por el antiguo hotel. Su aspecto es el de un complejo militar: patios interiores, muros gruesos, entradas laterales y una ubicación estratégica en altura.
Su aislamiento no era casual: la idea era mantener a los enfermos lejos de Malta y Gozo, pero en un punto accesible para los barcos militares.
📚 Evolución posterior
Tras perder su función sanitaria, el edificio tuvo otros usos:
- En 1948 se abrió allí una escuela para los pocos niños que vivían en Comino.
- Con el tiempo quedó abandonado, convirtiéndose en un lugar muy visitado por senderistas y aficionados a la exploración histórica.
🌿 Un lugar cargado de atmósfera
Hoy el hospital está vacío, silencioso, con ecos de su pasado: patios donde se alineaban camillas, habitaciones austeras, corredores que daban al mar. Su presencia añade a Comino una capa histórica que contrasta con la imagen turística de la Laguna Azul.
🦠 Los hospitales de cuarentena: cuando el aislamiento era la única vacuna
Durante siglos, antes de que existieran antibióticos, vacunas o sistemas de vigilancia epidemiológica, la humanidad solo tenía una herramienta realmente eficaz contra las pandemias: la separación física. El aislamiento no era un castigo, sino una forma rudimentaria —pero sorprendentemente lúcida— de salud pública. Y en ese contexto, los hospitales de cuarentena como el de Comino fueron auténticos muros invisibles que protegieron a poblaciones enteras.
Islas como escudos sanitarios
Las islas siempre han sido laboratorios naturales para la contención de enfermedades. Su geografía facilita lo que en tierra firme es casi imposible: controlar entradas y salidas.
Comino, con su tamaño diminuto y su aislamiento, era perfecta para ese papel. No era un lugar de tratamiento avanzado, sino un espacio de espera, un filtro entre el mundo enfermo y el mundo sano.
La cuarentena como acto de responsabilidad colectiva
Hoy la palabra “cuarentena” nos remite a restricciones, pero históricamente fue un gesto de protección mutua. Quien entraba en un lazareto o en un hospital de aislamiento no solo buscaba curarse: estaba protegiendo a los demás.
Era una forma de solidaridad silenciosa, a menudo dura, pero profundamente humana.
Arquitecturas del miedo y de la esperanza
Estos hospitales eran edificios funcionales, austeros, casi militares. Pero también eran lugares donde se concentraba la esperanza de que la enfermedad no cruzara el mar.
En Comino, el hospital de cuarentena se alza todavía como un recordatorio de esa tensión: un edificio grande para una isla pequeña, como si la arquitectura misma quisiera contener lo incontenible.
Lo que nos enseñan hoy
Las pandemias modernas, como la del Covid-19, nos han recordado algo que ya sabían los médicos del siglo XIX:
- Que la movilidad humana es un vector poderoso.
- Que la contención temprana salva vidas.
- Que el aislamiento, cuando es necesario, es una herramienta sanitaria, no moral.
Los hospitales de cuarentena fueron los antepasados de los protocolos actuales de salud pública. No tenían tecnología, pero sí intuición epidemiológica.
Comino como metáfora
En una isla donde el viento lo barre todo, el viejo hospital sigue ahí, sólido, silencioso. Es un recordatorio de que la lucha contra las pandemias no empezó con laboratorios modernos, sino con decisiones difíciles tomadas en lugares remotos.
Comino fue, durante décadas, una puerta entreabierta: lo suficientemente cerca para atender a los enfermos, lo suficientemente lejos para proteger a los sanos.
Quizá la lección que saco de todo esto es que Comino, en el siglo XX cumplieron escrupulosamente con la labor de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, que desde el siglo XI, atendían a los enfermos.
En nuestro paseo hasta el hospital, nos fijamos en algunas plantas que nos llamaron la atención.
Nos hubiera gustado ir hasta el hotel, que según dicen es el edificio más grande Comino, pero no nos dio tiempo.
Regresamos al barco e iniciamos nuestra vuelta a Malta, al puerto de ferris de Sliema.

El día había sido largo. Estaba cansado.
No recuerdo muy bien lo que pasó después. El autobús rojo nos llevó al hotel, en San Julián. Supongo que allí cenaríamos en algún sitio, pero no lo recuerdo.
Tal como ya he dicho, el día ha sido intenso. Un buen principio de año.
Notas
[1]

La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.
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