Viaje a Chipre. 14: Cena en Sands Beach Club (Lemasos)

5 de julio 2026

Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento nuestro cena en Sands Beach Club en Lemasos.

Rumbo a Agia Napa volvimos a pasar por la base del Reino Unido de Akrotiri. Después pasamos por Lemesos, y allí, en la carretera vimos un Club y preguntamos si podíamos cenar, nos dijeron que sí.

Ruta desde el anfiteatro de Kyrion a Sands Beach Club en Lemesos.
Sands Beach Club.

El sitio tiene unas vistas preciosas del mar.

Nuestra mesa. Ligeramente retocada con IA.

El comedor es amplio.

Aspecto del comedor. La Ia me ha ayudado a quitar la cara del camarero pues no he querido ponerla por temas de privacidad.
Agua italiana.

Nada más entrar nos atendieron rápidamente. Como es habitual, primero nos trajeron las bebidas y después la comida.

Nos trajeron agua italiana. Con posterioridad vimos que el agua mineral o es una chipriota o es italiana. Me sorprende importar agua de Italia. Pero parece que es así.

También nos trajeron un prosecco y vino blanco chipriota. Pero no saqué fotos.

Una de las cosas que pedimos fue sándwiches mixtos de jamón queso. Nada chipriota salvo que en este caso iba acompañado de patatas fritas y una ensalada con tomate , lechuga y pepino.

También pedimos algo mucho más chipriota: pollo a la parrilla sobre puré de pimientos rojos.

Sándwich mixto de jamón y queso.
Pollo a la plancha con puré de pimientos rojos.

Mientras comíamos media docena de gatos paseaban o dormitaban por el comedor. Después descubrimos que es típico de los restaurantes de Chipre. Los gatos están mimados en todas partes.

Este gato nos miraba con expectación. Le dimos un trocito de carne que se la comió con muchas ganas.
Otro gato se paseaba sin hacernos demasiado caso.

Otro gato se paseaba sin hacernos demasiado caso y terminó acostándose entre las mesas.

Cuando entramos había algo de luz, pero al terminar ya era de noche.

Comedor de Sands Beach Club.

Cuando ya nos íbamos, un gato nos miraba esperando algo. Le saqué una foto con flash y sus ojos me la devolvieron.

Los ojos del gato reflejan la luz que reciben.

Los ojos de los gatos guardan un secreto fascinante: detrás de su retina hay un espejo natural, el tapetum lucidum, una capa que refleja la luz y la devuelve al ojo, permitiéndoles ver incluso en la penumbra más profunda. Gracias a ese milagro óptico, pueden moverse con soltura en la oscuridad donde nosotros apenas distinguimos formas. Pero hay una contrapartida: esa reflexión adicional hace que su visión sea ligeramente desenfocada, como si el mundo estuviera envuelto en un suave velo de misterio, el mismo que parece acompañarlos cuando miran la noche.

Recordando esas miradas de los gatos nos dirigimos a Igia Napa. Nos acostamos. En la próxima entrada hablaré de nuestro tercer día en Chipre.


Notas

[1] Sandsbeachresto. Página oficial del restaurante. https://www.sandsbeachresto.com/


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

Licencia de Creative Commons

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O bien rellenar el siguiente formulario:https://www.youtube.com/embed/u1T5csbw9Ww?si=OvhAFtZnEd2otLs3

Viaje a Chipre. 13: Teatro en el sitio arqueológico de Koyrion

5 de julio 2026

Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento nuestro visita al teatro de Koyrion.

Salimos del mirador de Afrodita y regresábamos al hotel en Igia Napa, por el camino había un monumento muy interesante que ver: el antiguo anfiteatro Helenístico-romano en el lugar arqueológico de Koyron (también escrito como Kourion).

Ruta desde el mirador de Afrodita hasta el antiguo anfiteatro de Koyrion (o Kourion).

En el mapa podemos ver que el anfiteatro está muy cerca del promontorio de Akrotiri, que es una base del Reino Unido. Está muy cerca, pero es territorio chipriota.

Iglesia de San Jorge en Avdimou (distrito de Lemesos)

Por el camino volvimos a ver una bella iglesia. En Chipre sorprende la abundancia de iglesias: hay una en cada colina, en cada barrio, en cada curva del camino. Pero, a diferencia de España, donde casi todas son antiguas y parecen haber nacido con la piedra, aquí la mayoría son modernas, levantadas en las últimas décadas con una mezcla de sencillez y fervor. Modernas, sí, pero hermosas en su pureza, con cúpulas blancas y cruces que brillan bajo el sol mediterráneo. Y lo más importante: los fieles que acuden a ellas lo hacen con la misma devoción que en las viejas iglesias españolas.

Desde el coche vemos una bonita iglesia a lo lejos.

Iglesia de San Jorge en Avdimou.

Se trata de una iglesia moderna, pero su arquitectura reciente no le resta belleza: las cúpulas rojas y las torres gemelas se recortan contra el cielo azul con una serenidad que invita al recogimiento.

Iglesia de San Jorge. Destacan las torres y la cúpula roja. (Avdemou).

Anfiteatro de Koyron

Continuamos nuestro viaje y entramos en la zona arqueológica de Koyron.

Anfiteatro de Koyron.

En la costa sur de Chipre, sobre una terraza natural que domina el Mediterráneo, el Teatro de Koyrion se abre como una concha de piedra frente al viento. El viajero llega por un camino que asciende suavemente, entre colinas doradas y el olor seco del hinojo. Y de pronto, sin transición, aparece el anfiteatro: un semicírculo perfecto que parece tallado por la propia luz. Es uno de esos lugares donde el paisaje no acompaña a la historia, sino que la completa.

El teatro fue construido a finales del siglo II a. C., en pleno periodo helenístico, cuando Koyrion era una ciudad próspera que miraba al mar como fuente de comercio y de vida. Más tarde, en época romana, fue ampliado y embellecido: nuevas gradas, una escena monumental, mármoles y decoraciones que reflejaban el gusto imperial por la grandiosidad. Con capacidad para unos 3 500 espectadores, el teatro acogía tragedias, comedias, recitales musicales y ceremonias vinculadas al culto de Apolo Hylates, uno de los dioses mas importantes del Chipre clásico. Su nombre viene de la palabra griega hylaktéō (ladrido) o hýlē (bosque), por lo que se le conocía como el protector de la naturaleza y los animales. Así que podríamos llamarlo en español Apolo el dios del bosque.

Las gradas para 3.500 personas. Al fondo, el mar.

En mi foto no se ve bien que el mar es también protagonista de la escena. He acudido a Wikimedia, y he encontrado una foto de Héctor Ochoa en la que se ve perfectamente el anfiteatro y el mar.

El anfiteatro de Koyrion y el mar. Por Héctor Ochoa ‘Robot8A’ – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=70097769

Gracias a Héctor Ochoa por su gentileza al permitir usar sus fotos.

Sentarse hoy en sus gradas es un ejercicio de imaginación histórica. El mar, siempre presente, actúa como telón de fondo: azul intenso en verano, plateado en invierno, cambiante como las emociones que los actores representaban. El viento que asciende desde los acantilados parece todavía mover las túnicas de los coros. Y cuando uno mira hacia la orchestra, siente que el teatro no era solo un edificio, sino un punto de encuentro entre la comunidad y los dioses, entre la vida cotidiana y la representación simbólica del mundo.

A la derecha pueden verse los preparativos para la representación de una obra que tendrá lugar en unos minutos.

La historia, sin embargo, también dejó sus cicatrices. En el siglo IV d. C., un terremoto devastó Koyrion y dañó gravemente el teatro. Parte de la estructura se derrumbó, y durante siglos el lugar quedó abandonado, cubierto por tierra y silencio. No fue hasta el siglo XX cuando las excavaciones arqueológicas —primero británicas, luego chipriotas y estadounidenses— devolvieron al teatro su forma esencial. La restauración, respetuosa y sobria, permitió recuperar la el graderío semicircular y parte de la escena, sin ocultar las huellas del tiempo.

Hoy, el Teatro de Koyrion ha vuelto a la vida. En verano, las noches se llenan de música y representaciones clásicas. El público se sienta en las mismas gradas donde hace dos mil años resonaban los versos de Eurípides. Y cuando cae la tarde, el sol se esconde detrás del promontorio y el mar se vuelve cobre, como si el paisaje quisiera participar en la función.

Tras esta visita al anfiteatro seguimos viaje hacia nuestro hotel, aunque hicimos una parada para cenar en Lemesos (Limassol)..


Notas

[1]


Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

Licencia de Creative Commons

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O bien rellenar el siguiente formulario:https://www.youtube.com/embed/u1T5csbw9Ww?si=OvhAFtZnEd2otLs3