5 de julio 2026
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento nuestro visita al teatro de Koyrion.
Salimos del mirador de Afrodita y regresábamos al hotel en Igia Napa, por el camino había un monumento muy interesante que ver: el antiguo anfiteatro Helenístico-romano en el lugar arqueológico de Koyron (también escrito como Kourion).

En el mapa podemos ver que el anfiteatro está muy cerca del promontorio de Akrotiri, que es una base del Reino Unido. Está muy cerca, pero es territorio chipriota.
Iglesia de San Jorge en Avdimou (distrito de Lemesos)
Por el camino volvimos a ver una bella iglesia. En Chipre sorprende la abundancia de iglesias: hay una en cada colina, en cada barrio, en cada curva del camino. Pero, a diferencia de España, donde casi todas son antiguas y parecen haber nacido con la piedra, aquí la mayoría son modernas, levantadas en las últimas décadas con una mezcla de sencillez y fervor. Modernas, sí, pero hermosas en su pureza, con cúpulas blancas y cruces que brillan bajo el sol mediterráneo. Y lo más importante: los fieles que acuden a ellas lo hacen con la misma devoción que en las viejas iglesias españolas.
Desde el coche vemos una bonita iglesia a lo lejos.

Se trata de una iglesia moderna, pero su arquitectura reciente no le resta belleza: las cúpulas rojas y las torres gemelas se recortan contra el cielo azul con una serenidad que invita al recogimiento.

Anfiteatro de Koyron
Continuamos nuestro viaje y entramos en la zona arqueológica de Koyron.

En la costa sur de Chipre, sobre una terraza natural que domina el Mediterráneo, el Teatro de Koyrion se abre como una concha de piedra frente al viento. El viajero llega por un camino que asciende suavemente, entre colinas doradas y el olor seco del hinojo. Y de pronto, sin transición, aparece el anfiteatro: un semicírculo perfecto que parece tallado por la propia luz. Es uno de esos lugares donde el paisaje no acompaña a la historia, sino que la completa.
El teatro fue construido a finales del siglo II a. C., en pleno periodo helenístico, cuando Koyrion era una ciudad próspera que miraba al mar como fuente de comercio y de vida. Más tarde, en época romana, fue ampliado y embellecido: nuevas gradas, una escena monumental, mármoles y decoraciones que reflejaban el gusto imperial por la grandiosidad. Con capacidad para unos 3 500 espectadores, el teatro acogía tragedias, comedias, recitales musicales y ceremonias vinculadas al culto de Apolo Hylates, uno de los dioses mas importantes del Chipre clásico. Su nombre viene de la palabra griega hylaktéō (ladrido) o hýlē (bosque), por lo que se le conocía como el protector de la naturaleza y los animales. Así que podríamos llamarlo en español Apolo el dios del bosque.
En mi foto no se ve bien que el mar es también protagonista de la escena. He acudido a Wikimedia, y he encontrado una foto de Héctor Ochoa en la que se ve perfectamente el anfiteatro y el mar.

Gracias a Héctor Ochoa por su gentileza al permitir usar sus fotos.
Sentarse hoy en sus gradas es un ejercicio de imaginación histórica. El mar, siempre presente, actúa como telón de fondo: azul intenso en verano, plateado en invierno, cambiante como las emociones que los actores representaban. El viento que asciende desde los acantilados parece todavía mover las túnicas de los coros. Y cuando uno mira hacia la orchestra, siente que el teatro no era solo un edificio, sino un punto de encuentro entre la comunidad y los dioses, entre la vida cotidiana y la representación simbólica del mundo.

La historia, sin embargo, también dejó sus cicatrices. En el siglo IV d. C., un terremoto devastó Koyrion y dañó gravemente el teatro. Parte de la estructura se derrumbó, y durante siglos el lugar quedó abandonado, cubierto por tierra y silencio. No fue hasta el siglo XX cuando las excavaciones arqueológicas —primero británicas, luego chipriotas y estadounidenses— devolvieron al teatro su forma esencial. La restauración, respetuosa y sobria, permitió recuperar la el graderío semicircular y parte de la escena, sin ocultar las huellas del tiempo.
Hoy, el Teatro de Koyrion ha vuelto a la vida. En verano, las noches se llenan de música y representaciones clásicas. El público se sienta en las mismas gradas donde hace dos mil años resonaban los versos de Eurípides. Y cuando cae la tarde, el sol se esconde detrás del promontorio y el mar se vuelve cobre, como si el paisaje quisiera participar en la función.
Tras esta visita al anfiteatro seguimos viaje hacia nuestro hotel, aunque hicimos una parada para cenar en Lemesos (Limassol)..
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

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En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
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