11 de julio de 2026
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. Tras nuestra visita a Castillo de Kolossi quisimos ver el museo del vino de Chipre, y he dicho quisimos, no que lo viéramos.
Cuando el museo está cerrado
Aquel día habíamos llegado con la intención de visitar el Museo del Vino de Chipre. Las informaciones sobre el mismo prometían un recorrido por una de las tradiciones más antiguas de la isla. Sin embargo, las puertas estaban cerradas. A veces ocurre: los horarios cambian, las circunstancias se imponen y el viajero descubre que no todo sale según lo previsto.


Pero mientras contemplábamos la fachada de piedra y el discreto letrero que indicaba la entrada, pensé que quizá no era necesario cruzar aquellas puertas para adentrarse en la historia del vino chipriota. Después de todo, el verdadero museo estaba ahí fuera, extendido por las laderas de Troodos, entre viñedos, castillos y aldeas donde la vid se cultiva desde hace milenios.

Una tradición de cinco mil años
Chipre figura entre las regiones vinícolas más antiguas del mundo. Los arqueólogos han encontrado evidencias de producción de vino que se remontan a varios milenios antes de nuestra era. Fenicios, griegos, romanos, bizantinos y francos contribuyeron a mantener viva una tradición que sobrevivió a invasiones, cambios de religión y transformaciones políticas.

La geografía de la isla ayudó mucho. Las montañas del interior ofrecían altitud y temperaturas más suaves, mientras que el suelo calcáreo proporcionaba excelentes condiciones para la vid. Todavía hoy gran parte de los mejores viñedos se encuentran en las estribaciones de los montes Troodos.
El vino de los cruzados
Ningún lugar simboliza mejor ese pasado que el castillo de Kolossi, del que hablé en mi entrada anterior. La fortaleza, situada al oeste de Lemesos (Limassol), fue primero controlada por los caballeros hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén. Desde allí administraban extensas propiedades agrícolas, entre ellas numerosos viñedos.

Aquellos monjes guerreros no solo defendían los territorios cristianos de Oriente. También eran excelentes administradores. La producción y el comercio del vino constituían una importante fuente de ingresos para la orden. Las barricas partían desde Chipre hacia los mercados europeos, donde gozaban de gran prestigio.

La Commandaria, el vino de los reyes
Fue precisamente en las tierras controladas desde Kolossi donde nació el vino más célebre de Chipre: la Commandaria. Elaborado con uvas secadas al sol para concentrar sus azúcares, produce un vino dulce de extraordinaria longevidad. Se utiliza la uva de la variedad mavro [1].
Esa forma de elaborar vino después de que la uva se ha desecado unos días está muy bien descrita por Hesiodo en su obra «Los trabajos y los días» [2].
No olvides a continuación tender las uvas maduras, diez noches al aire, ni recogerlas de día; cinco mas recuerda, antes de que el vino sea hecho, para dejarlos en la sombra; y el sexto empléate con energía, para envasar el regalo de Baco, señor de la alegría».
La tradición sostiene que este fue el vino servido en las cortes medievales de Europa. Se cuenta incluso que Ricardo Corazón de León, tras conquistar Chipre en 1191 y celebrar en Lemesos (Limassol) su boda con Berenguela de Navarra, alabó los vinos de la isla. Quizá la historia haya sido adornada por la leyenda, pero refleja la fama que ya entonces acompañaba a los caldos chipriotas.
La propia palabra «Commandaria» procede de la Grande Commanderie, la gran encomienda que los caballeros hospitalarios administraban desde Kolossi. Pocos vinos pueden presumir de una vinculación tan estrecha con castillos, cruzadas y órdenes militares.

Si queremos probar un vino que probablemente tenga una sabor similar al Commadaria de los cruzados, tenemos el Pedro Ximenez de Jerez.
Más allá del museo
A veces el viaje nos obliga a cambiar los planes. No pudimos entrar en el museo, pero terminamos encontrando una historia mucho más grande que cualquier colección de vitrinas. Una historia escrita en los viñedos de Troodos, en las piedras doradas de Kolossi y en las antiguas rutas comerciales que llevaron el vino de Chipre hasta los banquetes de reyes y cruzados.
Notas
[1] Wikipedia. Entrada: Commandaria. https://es.wikipedia.org/wiki/Commandaria [Consultado 24 de octubre de 2026]
[2] Hesiodo. Los trabajos y los días. https://web.archive.org/web/20140106232549/http://www.cayocesarcaligula.com.ar/grecolatinos/hesiodo/los_trabajos_y_los_dias.html
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