Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento el viaje desde Munich a nuestro hotel en Ayia Napa.
Volamos desde el aeropuerto de Munich hasta el de Lárnaka (Chipre) con la compañía aérea Discover que es un subsidiaria de Lufthansa. Por suerte para mí, aunque se trata de una compañía «low cost», conserva una de las ventajas de Lufthansa: es espacio entre asientos. Pude ir sentado sin problemas.
Ruta desde Munich a Lárnaka (Chipre). Basado en Google Maps.
Antes de viajar a Chipre, muchos viajeros —yo incluido— imaginan que los aviones evitarán el espacio aéreo de Turquía debido a las tensiones históricas entre la República de Chipre (sur) y Turquía, que ocupa desde 1974 la parte norte de la isla. Es una suposición lógica: si hay hostilidades políticas, uno espera que también existan restricciones en el cielo.
Pero la realidad es distinta. Los vuelos europeos hacia Lárnaka sí pasan por Turquía, y el nuestro también lo hizo. No hay prohibiciones de sobrevuelo entre ambos países, y las rutas aéreas se rigen por criterios de seguridad y eficiencia, no por la situación diplomática. Así que, mientras uno piensa en fronteras, conflictos y mapas divididos, el avión sigue su trayectoria más directa: cruzar el sur de Turquía durante unos minutos y continuar hacia el Mediterráneo oriental.
Es un recordatorio curioso: a veces, las tensiones que parecen insalvables en tierra firme se diluyen en el cielo, donde las rutas siguen su curso con una normalidad sorprendente.
El avión pasó muy cerca de esa costa luminosa donde, según la tradición, Marco Antonio y Cleopatra se encontraron para iniciar una historia que mezcló política, pasión y Mediterráneo. Y mientras veía el contorno de la bahía por la ventanilla me vino otro recuerdo, mucho más terrenal: hace muchos, muchos años, en esa misma región (Antalia), me dieron uno de los mejores bocadillos de mi vida, terminado a la plancha, con ese crujido perfecto que solo se consigue cuando el pan se rinde al calor.
Es curioso cómo un vuelo puede unir épocas y memorias: la historia antigua, la geopolítica moderna y un bocadillo inolvidable, todo flotando sobre la misma línea azul del mar
Salimos de Munich cuando el sol empezaba a levantarse, mostrando una de las terminales del aeropuerto con una luz extraña. El aeropuerto todavía tenía las luces encendidas, pero el sol ya empezaba a hacerlas innecesarias.
Terminal aeropuerto de Munich al amanecer.
En nuestra terminal se anuncia nuestro vuelo.
Se anuncia nuestro vuelo.Una de las «jardineras» que nos llevan hasta nuestro avión.Nuestro avión.
Durante el vuelo, desde la ventanilla, pudimos ver algunas vistas interesantes, aunque la mayoría de las veces solo se veían nubes, o, a lo sumo, algún monte por encima de las nubes. Aunque tuvimos suerte de ver algunas islas.
Algunas islas desde el avión.
Desembarcamos sin problemas y nos encontramos con las típicas tiendas «duty free».
Tienda libre de impuestos Cyprus.
Tuvimos que buscar un baño y me sorprendió que en griego escribían exactamente Toualetes:
Señalización baños.
Vientos de Cambio
Nada más salir del aeropuerto nos encontramos con una curiosa escultura. Se trata de tres agujas metálicas estilizadas. Lo mejor es verlo, lo tenemos a la izquierda.
Se llama “Winds of Change” [Vientos de cambio], obra del escultor Yiannis Toumazis.
La escultura representa el dinamismo del aire y del movimiento humano, evocando tanto el viento que impulsa los aviones como el cambio constante que trae el viaje. Las tres torres cónicas de acero inoxidable simbolizan:
El flujo del aire, elemento esencial en la aviación.
La conexión entre culturas, ya que Lárnaka es una puerta de entrada al Mediterráneo oriental.
La modernidad de Chipre, en contraste con su herencia antigua.
El material —acero pulido— refleja la luz y el cielo, reforzando la idea de energía y transformación.
Ya teníamos alquilado un coche desde España. Mientras nuestro conductor iba a por él, nosotros esperamos en la cafetería COSTA.
Cafetería Costa en el aeropuerto de Lárnaka.Ruta desde Aeropuerto de Lárnaca (o Lárnaka) hasta Ayia Napa. Basado en Google Maps.
La carretera es muy buena, y, aunque hay que conducir por la izquierda, no hubo ningún problema. Llegamos sin dificultad. Aparcamos en el parking del hotel y nos fuimos a la recepción. Nos dieron las habitaciones.
La nuestra tenía dos camas grandes, un baño y una cocina.
Habitación. Dos camas.Baño.Cocina.
La mascota del hotel.
A la entrada del hotel nos recibió una simpática mascota con gafas.
Tras aposentarnos, como ya era hora de comer, nos fuimos a buscar algún sitio. No fue difícil. Hay decenas de restaurantes y los precios son más o menos los mismos. Hay pequeñas variaciones.
Pero hablaré de nuestra primera comida en Chipre en la próxima entrada.
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento el viaje desde Málaga a Munich.
La aventura hacia Chipre comenzó temprano, en el aeropuerto de Málaga, con ese bullicio que siempre anuncia el inicio de un viaje largo. Volábamos con Lufthansa, y ya desde el embarque sentí ese pequeño alivio que solo entiende quien ha sufrido demasiadas veces la estrechez de otras compañías: mis piernas cabían. Un detalle mínimo, sí, pero que marca la diferencia entre viajar y sobrevivir.
Desde la ventanilla pude fotografiar los winglets, esas puntas elegantes del ala que parecen dibujar un gesto de equilibrio en el aire.
Vista desde la ventanilla del avión.
A bordo nos ofrecieron agua, y a precios razonables se podían comprar algunas cosas. Yo me regalé un Riesling blanco, fresco y aromático, que acompañó el vuelo con una serenidad inesperada.
Al llegar al aeropuerto de Múnich, la escena cambió por completo. Eran ya más de las nueve de la noche y el aeropuerto parecía haberse recogido como una ciudad que duerme temprano. Casi todo estaba cerrado. Solo encontramos un restaurante asiático, a punto de bajar la persiana, y algunas máquinas de bebidas que brillaban en la penumbra. Había fuentes de agua —una de ellas estropeada— y poco más.
El único restaurante abierto y a punto de cerrar.
Fue entonces cuando descubrimos algo sorprendente: unas mini-habitaciones con cama, cápsulas de descanso que por 7 euros permitían dormir unas horas. Nunca había visto algo así en un aeropuerto europeo.
Mini habitación por fuera.
Interior de la mini habitación.
También me llamaron la atención unos anuncios que parecían hologramas, suspendidos en el aire como si la tecnología hubiese decidido adelantarse unos años sin avisar.
A las diez de la noche, Múnich estaba completamente cerrado. No quedaba más remedio que esperar en un banco, en ese silencio peculiar de los aeropuertos nocturnos, hasta la salida del vuelo que nos llevaría finalmente a Lárnaca, en Chipre.
Aeropuerto vacío.
Máquina de venta automática.
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento mi primera impresión tras salir del aeropuerto de Lárnaca y llegar al hotel: muchos cipreses y muchos gatos
Un poco de geografía
Ubicación de Chipre. Basado en Google Maps.
Chipre se extiende en el corazón del Mediterráneo oriental, a medio camino entre Grecia, Turquía y el Levante. Desde su costa se divisan, en línea imaginaria, las montañas de Anatolia al norte y los desiertos de Siria y Líbano al este. Su posición —entre Europa, Asia y África— la convirtió en puente de civilizaciones, escala de navegantes y cruce de rutas comerciales desde hace más de tres mil años.
A apenas 70 kilómetros de Turquía y 100 de Siria, la isla parece flotar en un mar de historia: los vientos que soplan desde Creta traen ecos helenos, mientras las corrientes del sur la conectan con Alejandría y el mundo egipcio, en una futura entrada veremos muy claramente el influjo egipcio de los Ptolomeos. Esa ubicación estratégica explica por qué Chipre ha sido codiciada por imperios y culturas tan distintas, y también por qué hoy conserva una mezcla fascinante de lenguas, sabores y paisajes.
A poco más de 400 km está Israel, por lo que en la isla es muy habitual ver turistas de aquella nación.
Es la tercera isla en superficie del Mediterráneo solo superada por Córcega y Cerdeña.
Una isla independiente con herencias británicas
Adaptador del enchufe inglés al europeo. Lo llevé comprado en Amazón, pero allí, en las zonas turísticas, casi en cualquier supermercado lo venden.
Chipre dejó de ser colonia británica en 1960, un ayer histórico que todavía se nota en la vida cotidiana: se conduce por la izquierda, los enchufes son de estándar inglés y el té ocupa un lugar inesperadamente central en la cultura local. Desde su independencia, la isla se convirtió en una república soberana, hoy plenamente integrada en la Unión Europea y en la zona euro, lo que le da una mezcla curiosa entre mediterráneo clásico y hábitos heredados del Reino Unido.
Una isla partida en dos
La historia reciente también dejó una cicatriz visible: desde 1974, el norte de Chipre está ocupado por Turquía y funciona como un estado separado no reconocido internacionalmente. Esta división atraviesa incluso la capital, Nicosia, que se convirtió en la única capital del mundo partida en dos, con una línea de demarcación —la “Línea Verde”— que separa la parte chipriota de la parte turcochipriota. Caminar por sus calles es encontrarse con un Mediterráneo fracturado, donde dos realidades políticas conviven a pocos metros.
Mapa de Chipre mostrando las dos partes.
Chipre tiene dos aeropuertos internacionales plenamente reconocidos (Lárnaca y Pafos), más un tercero en el norte que solo Turquía reconoce.
Nosotros escogimos un vuelo que aterrizaba en Lárnaca por lo que escogimos un hotel en Ayia Napa.
Legada a Lárnaca
Llegamos en un vuelo de Lufthansa que, para mi, tiene la virtud de que los pies me caben perfectamente, cosa que en otras compañías deja mucho que desear.
Nada más llegar el cartel de bienvenida me hizo reflexionar:
Bienvenido a Chipre (Cyprus).
Olvidémonos de la pronunciación inglesa, leamos Cyprus en español, lo que leemos es ciprus, ¿no se parece a nuestro ciprés?
Chipre, ciprés y cobre: tres palabras que se rozan pero no nacen del mismo tronco
El nombre Chipre procede del griego antiguo Κύπρος (Kýpros), una palabra cuyo origen exacto sigue siendo discutido desde hace siglos. Existen dos grandes familias de teorías:
La teoría botánica: relaciona Kýpros con el ciprés (κύπρος en griego clásico), un árbol muy abundante en la isla desde la Antigüedad. Según esta línea, Chipre sería “la isla de los cipreses”, igual que Creta fue llamada “la isla de los montes blancos”. Es una hipótesis sugerente, pero no universalmente aceptada.
La teoría metalúrgica: vincula Kýpros con el cobre, el recurso que hizo famosa a la isla en el mundo antiguo. De hecho, el latín cuprum (“metal de Chipre”) procede directamente de aes cyprium, “bronce chipriota”. Esta relación es segura en latín, aunque no está demostrado que el griego Kýpros naciera originalmente del metal.
En resumen: ciprés y cobre se encuentran en el nombre de Chipre, pero no comparten raíz. El ciprés es una posible explicación del topónimo griego; el cobre es la certeza histórica que dio lugar al término latino cuprum y, por extensión, a la palabra “cobre” en español.
Todavía hay otras etimologías interesantes, por ejemplo, El kypros aromático: la alcaparrera (Capparis spinosa). En griego antiguo, además del término para el ciprés, aparece κύπρος (kýpros) como nombre de una planta aromática, probablemente la alcaparrera, muy común en Chipre desde tiempos clásicos. Esta coincidencia ha llevado a algunos filólogos a proponer que el nombre de la isla podría estar relacionado con esa planta mediterránea, famosa por sus caparrones y por crecer en laderas secas y soleadas.
De Lárnaca a Ayia Napa: Cipreses
Nada más salir del aeropuerto fuimos a recoger el coche que teníamos reservado. Todo fue razonablemente bien. Desde el aeropuerto hasta la ciudad turística de Ayia Napa hay unos 56 km.
Ruta desde el aeropuerto internacional de Lárnaca hasta Ayia Napa. Mapa basado en Google Maps.
Gorra de Chipre.
Hacía un calor tremendo, el sol pegaba muy fuerte, así que me compré una gorra: La mancha amarilla que se ve en la parte inferior de la gorra es la isla de Chipre.
Por el camino me sorprendieron la gran cantidad de cipreses que había. Sacarlos desde el coche no era sencillo por lo que a continuación pongo unos cuantos cipreses que fotografié en la isla, pero que no tiene se ser de esa carretera.
Cipreses en una finca de Chipre.
Había cipreses a los lados de la carretera, en fincas, en senderos, también los había solitarios…
Ciprés solitario vigilando la casa.
Cipreses en la carretera.
Un retoño de ciprés.
En muchas casas, los árboles representan un problema pues las raíces se extienden a lo ancho y estropean los pavimentos, e incluso destrozan muros y las cubetas de las piscinas. El ciprés, sin embargo, hace que sus raíces crezcan hacía abajo, por lo que pueden estar relativamente cerca de las piscinas sin afectarlas. Los cipreses desarrollan una raíz pivotante vertical, que busca agua en profundidad y mantiene las raíces laterales compactas y controladas. Esto está documentado en fichas técnicas de variedades como el Ciprés Tótem, donde se indica que sus raíces tienen “poco desarrollo lateral” y que no tienden a levantar pavimentos si el suelo tiene suficiente profundidad.
Llegada al hotel: gatos por todas partes
A medida que nos acercábamos a Ayia Napa, algo empezó a repetirse como un pequeño latido en el paisaje: gatos. Primero uno, caminando con la tranquilidad de quien conoce cada piedra de la acera. Luego otro, que se atrevía a cruzar la calle con la misma seguridad que un peatón veterano. Y al llegar al hotel, la escena se volvió casi ritual: dos gatos en la entrada, otro en el jardín, uno más durmiendo bajo una hamaca. Ninguno se asustaba, ninguno dudaba. Caminaban entre turistas y maletas como si fueran parte del personal del hotel, como si la isla les perteneciera desde siempre.
En la piscina, en el comedor, en los pasillos… los gatos circulaban con una serenidad antigua, como si hubieran firmado un acuerdo tácito con los humanos. Incluso descubrí recipientes con agua y comida colocados discretamente en rincones del hotel, como pequeñas estaciones de bienvenida felina. Y entonces surgió la pregunta inevitable: ¿de dónde viene esta pasión chipriota por los gatos?
Tal como nos preguntábamos más arriba:¿De dónde viene esa pasión chipriota por los gatos? Se me vienen a la memoria dos hechos sumamente interesantes. El primero es de 2004 cuando el equipo de arqueólogos dirigido por Jean‑Denis Vigne, del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, publicó los resultados en la revista Science[1]. En ese artículo se explicaba el hallazgo de un gato enterrado a 20 cm de un humano. El enterramiento incluía conchas marinas, herramientas pulidas, ocre y hachas, lo que indica intencionalidad y cuidado.
El gato era un Felis silvestris lybica, el antepasado directo del gato doméstico.
Chipre no tenía felinos nativos, así que alguien lo llevó en barco desde el continente. Alguien que apreciaba mucho a aquel animal.
Antes de este hallazgo, la evidencia más antigua de gatos “domésticos” procedía de Egipto (≈4.000 años). El enterramiento chipriota retrocede la relación humano‑gato unos 5.000 años más, mostrando que:
La domesticación no empezó como culto religioso, sino como convivencia afectiva. Los gatos ya estaban tolerados, transportados y enterrados junto a humanos en el Neolítico.
El segundo hecho es la leyenda de Santa Helena, la madre de Constantino, siglo IV. La leyenda habla de una sequía de 37 años que produjo una plaga de serpientes. Sin depredadores nativos las serpientes proliferaron. Cuenta la leyenda, de la que no hay ninguna corroboración histórica, que Santa Helena trajo cientos de gatos desde Egipto y Palestina para combatir la plaga.
Santa Helena, los gatos y las serpientes: una escena que hoy cuesta imaginar
Cuenta la tradición chipriota que, cuando Santa Helena llegó a la isla en el siglo IV, encontró un paisaje casi detenido por una plaga de serpientes. No eran culebrillas tímidas escondidas entre las piedras, sino víboras grandes y serpientes negras de más de metro y medio, empujadas hacia los poblados por una sequía que había vaciado los manantiales. La isla, dicen, estaba tan infestada que caminar era un riesgo, y trabajar la tierra, una temeridad.
Por eso Helena ordenó traer barcos llenos de gatos desde Palestina y Egipto. No gatos domésticos como los que hoy dormitan en los sofás, sino animales fuertes, semisalvajes, acostumbrados a cazar presas difíciles. Los monjes del monasterio de San Nicolás los cuidaban y los entrenaban: primero serpientes pequeñas, luego serpientes mayores. Con el tiempo, los gatos se convirtieron en una especie de milicia natural, patrullando los alrededores del monasterio y manteniendo a raya a las víboras.
Hoy, cuando uno pasea por Ayia Napa cuesta imaginar aquella escena. Los gatos actuales son tranquilos, sociables, casi parte del mobiliario urbano. Se deslizan entre las mesas de las terrazas, duermen en los muros blancos, se dejan fotografiar con esa indiferencia aristocrática tan felina. Nada en ellos sugiere que sus antepasados fueron, según la leyenda, los salvadores de la isla.
Y sin embargo, algo queda. En Chipre los gatos son omnipresentes, resistentes, ágiles. No tienen el aire delicado de los gatos de interior: son animales que conocen la calle, el sol, la piedra caliente. Cuando uno sabe la historia, es fácil ver en su mirada un eco remoto de aquella misión improbable: gatos contra serpientes, una alianza entre lo doméstico y lo salvaje para recuperar la vida cotidiana.
Imagen creada por IA (Copilot) de cómo imagino la isla con la pertinaz sequía, sus enormes culebras y los gatos dispuestos a cazarlas.
Quizá por eso la leyenda persiste. Porque en Chipre, incluso hoy, los gatos parecen tener un papel más profundo que el de simples compañeros: son parte de la identidad de la isla, herederos de una historia que mezcla fe, necesidad y naturaleza.
Hay un monasterio, llamado Agios Nicolaos ton gaton, al que iremos en una entrada posterior. La traducción es San Nicolás de los gatos. Su nombre nos hace pensar que algo de la leyenda puede ser verdad.
Verdad o no la leyenda contribuyó a que los gatos se vieran como protectores y se les dejara proliferar.
Un cuadro con las primeras impresiones de la isla de Chipre
Con ayuda de varias inteligencias artificiales, una de ellas Meta.Ai, le he pedido que me pintara un cuadro al oleo con mis primeras impresiones: playas de arena dorada y fina, aguas muy transparentes, cipreses y gatos. El resultado ha sido este:
Chipre. Playas de arena fina y dorada, cipreses y gatos.
Notas
[1] Vigne, J.-D., Guilaine, J., Debue, K., Haye, L., & Gérard, P. (2004). Early Taming of the Cat in Cyprus. Science, 304(5668), 259. https://doi.org/10.1126/science.1095335
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.