Viaje a Chipre. 2: de Málaga a Múnich, un viaje entre winglets y silencios nocturnos

2 de julio 2026

Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento el viaje desde Málaga a Munich.

La aventura hacia Chipre comenzó temprano, en el aeropuerto de Málaga, con ese bullicio que siempre anuncia el inicio de un viaje largo. Volábamos con Lufthansa, y ya desde el embarque sentí ese pequeño alivio que solo entiende quien ha sufrido demasiadas veces la estrechez de otras compañías: mis piernas cabían. Un detalle mínimo, sí, pero que marca la diferencia entre viajar y sobrevivir.

Desde la ventanilla pude fotografiar los winglets, esas puntas elegantes del ala que parecen dibujar un gesto de equilibrio en el aire.

Vista desde la ventanilla del avión.

A bordo nos ofrecieron agua, y a precios razonables se podían comprar algunas cosas. Yo me regalé un Riesling blanco, fresco y aromático, que acompañó el vuelo con una serenidad inesperada.

Al llegar al aeropuerto de Múnich, la escena cambió por completo. Eran ya más de las nueve de la noche y el aeropuerto parecía haberse recogido como una ciudad que duerme temprano. Casi todo estaba cerrado. Solo encontramos un restaurante asiático, a punto de bajar la persiana, y algunas máquinas de bebidas que brillaban en la penumbra. Había fuentes de agua —una de ellas estropeada— y poco más.

El único restaurante abierto y a punto de cerrar.

Fue entonces cuando descubrimos algo sorprendente: unas mini-habitaciones con cama, cápsulas de descanso que por 7 euros permitían dormir unas horas. Nunca había visto algo así en un aeropuerto europeo.

Mini habitación por fuera.
Interior de la mini habitación.

También me llamaron la atención unos anuncios que parecían hologramas, suspendidos en el aire como si la tecnología hubiese decidido adelantarse unos años sin avisar.

A las diez de la noche, Múnich estaba completamente cerrado. No quedaba más remedio que esperar en un banco, en ese silencio peculiar de los aeropuertos nocturnos, hasta la salida del vuelo que nos llevaría finalmente a Lárnaca, en Chipre.

Aeropuerto vacío.
Máquina de venta automática.

Notas

[1]


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De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.


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