7 de julio de 2026
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. En la entrada de hoy cuento nuestra visita a la mina de amianto en Amiantos.
La cordillera de Troodos

Chipre se encuentra en el límite entre la placa tectónica africana y la euroasiática, pero no en una zona clásica, donde una placa se hunde bajo otra y genera magma (esa está más al sur). Aquí ocurre algo distinto: un apilamiento lento de fragmentos de corteza oceánica, como si el Mediterráneo hubiera ido plegando una y otra vez sus propios sedimentos y rocas profundas hasta hacerlos emerger.
Chipre está en una de las zonas sísmicas más activas del planeta y, sin embargo, no tiene volcanes. Ninguno. Es una isla nacida del choque de placas… pero sin el fuego que suele acompañar a esos choques.

La isla está formada en parte por rocas que normalmente viven a kilómetros bajo el océano y que llamamos ofiolitas [1]. En Chipre, en cambio, se pasean al sol. Es como si la Tierra hubiera dejado al descubierto su maquinaria interna para que pudiéramos estudiarla fácilmente.
La paradoja es hermosa: una isla nacida del choque de placas, pero sin lava; un territorio sísmico, pero sin cráteres; un laboratorio geológico, pero sin paredes ni instrumentos. Quizá por eso Chipre tiene algo de misterio tranquilo. No arde, no humea, no ruge. Simplemente está ahí, recordándonos que la Tierra también crea levantando montañas como si doblase una hoja de papel.
La cordillera de Troodos se encuentra sobre un complejo ofiolítico, uno de los afloramientos de corteza oceánica más estudiados y famosos del mundo por los geólogos. Y el amianto es un hijo de las ofiolitas. Tras complejos procesos (serpentinización) aparecen las serpintinitas. Es precisamente en las fracturas y fallas de estas serpentinitas donde el agua rica en minerales circula y cristaliza de forma fibrosa, dando lugar al crisotilo [2] (el amianto blanco, que representa el 95% del amianto utilizado en el mundo). He dicho crisotilo no crisolito.
Amiantos
En el pueblo de Amiantos, en el corazón de Chipre, se extraía amianto del mineral crisotilo, una fibra que durante décadas se consideró valiosa por su resistencia al fuego. Hoy la mina está cerrada, no porque el yacimiento se haya agotado, sino porque se comprobó que el amianto provoca graves enfermedades pulmonares. Su uso fue prohibido en numerosos países, y la demanda cayó tanto que, en 1988, la mina de Amiantos cesó definitivamente su actividad.

Al ver en el mapa el pueblo de Amiantos pensé, igual que el nombre del cobre procede de Chipre, que el amianto debía de llamarse así por la gran mina situada en aquel valle. Pero ocurre justo lo contrario. En ese lugar existía un antiguo asentamiento llamado Chatziktoris y, cuando en 1904 comenzó la explotación del crisotilo, se levantó allí un nuevo poblado para alojar a los trabajadores. A ese poblado se le dio el nombre del mineral. Es decir: no es el amianto el que toma su nombre del lugar, sino el lugar el que tomó su nombre del amianto.
Hoy, la mina se ha convertido en una especie de museo al aire libre. En muchos sitios del valle se ven las afloraciones de crisotilo:

Allí mismo hay señales de tráfico que nos dicen donde está la mina y hay carteles informativos.



Asbesto y amianto
Es curioso que las palabras asbesto y amianto se refieran al mismo producto. Para entenderlo nos tenemos que remontar a la Grecia clásica. Habían observado que las fibras de amianto se podían tejer y hacer con ellas manteles, mechas de vela, etc. Los manteles tenían una peculiaridad sumamente interesante, por mucho que se ensuciarán se ponían en el fuego y la suciedad se quemaba, y la tela quedaba totalmente limpia. No solo se empleó para manteles, también para diversos paños, toallas y sudarios de cremación. Otra utilización muy notable era la de mecha para lámparas de aceite o velas. Las mechas normales se quemaban, las de amianto «eran eternas».
En el templo del Erecteion de Atenas, Pausanias describe una lámpara que ardía día y noche con una mecha de “lino carpasio”, casi seguro amianto.

Gracias a Jebulon por permitirnos usar su trabajo.
En Roma, algunas lámparas rituales usaban mechas de amianto por su resistencia al fuego.

El material parecía “incorruptible” y siempre está limpio. Ahora vayamos al griego clásico, amíantos (ἀμίαντος), significa literalmente «sin mancha» o «incontaminado». El término está compuesto por el prefijo de negación a- y la palabra miasma (mancha o impureza).
¿Pero por qué también se le llama asbesto? Pues volvamos al griego. Asbesto significa «inextinguible» o «incombustible», haciendo referencia a que no se quema.
Así que amianto y asbesto se usaban para denominar a aquellas fibra que no ardía y que se limpia arrojándola al fuego.
Asbestosis
En nuestra época, el amianto se utilizó ampliamente en la construcción por su resistencia al fuego. Pero con el tiempo se comprobó que la exposición continuada a sus fibras provocaba graves daños pulmonares. Al inhalar fragmentos diminutos de esas fibras, los pulmones se iban lesionando de forma irreversible. Primero se detectó la enfermedad en los trabajadores de las minas y, más tarde, en los habitantes de viviendas que contenían amianto. A esa dolencia se la llamó asbestosis. Por eso se dejó de usar y por eso cerró la mina de Amiantos. la ciencia actual no solo ha descubierto el origen de la asbestosis, también ha constatado que estaba relacionado con varias formas de cáncer.
Recuerdo que cuando era joven era usual que los tejados de ciertos recintos agrícolas o industriales fueran de uralita. La uralita era, en realidad, una marca comercial española muy conocida que terminó convirtiéndose en un nombre genérico. Durante décadas se usó para referirse a las placas onduladas de fibrocemento con amianto, empleadas sobre todo en tejados, cobertizos, naves industriales y garajes. Obviamente, tras descubrir sus problemas, dejó de usarse.
Lo que me sorprende es que no es nuevo relacionar al amianto con las enfermedades pulmonares. Ya los romanos y los griegos se habían dado cuenta del tema.
-Plinio el Viejo describió “enfermedad de los pulmones” en esclavos que tejían amianto.
-Estrabón también menciona problemas respiratorios en quienes trabajaban con fibras.
Son las primeras referencias históricas a la peligrosidad del amianto, casi 2.000 años antes de que la medicina moderna lo confirmara.
Tengo que señalar que es la primera vez que veo una mina de amianto. Me ha resultado muy interesante.
Notas
[1] Wikipedia. Entrada: Ofiolita. https://es.wikipedia.org/wiki/Ofiolita [Consultado 24 de septiembre de 2026]
[2] Wikipedia. Entrada: Crisotilo. https://es.wikipedia.org/wiki/Crisotilo [Consultado 24 de septiembre de 2026]
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