9 de julio de 2026
Durante casi dos semanas hemos recorrido la isla de Chipre paso a paso, dejándonos sorprender por sus rincones, sus sabores y sus historias. En esta serie de entradas recojo, a modo de cuaderno de viaje, algunos momentos que hicieron especial nuestra visita. Hoy hemos ido a la ciudad que ha estado 46 años cerrada a las visitas. Se trata del barrio de Varosia en Famagusta.
Varosia: el silencio junto al Mediterráneo
La ciudad de Varosia (Βαρώσια) tiene muchos nombre, uno es Varosha, otros son Varossa, Varosa o en turco Maraş . He preferido la transliteración limpia del griego. Esta ciudad es uno de esos lugares donde el viajero siente que el tiempo se detuvo de golpe. En la costa oriental de Chipre, frente a un Mediterráneo que sigue brillando como si nada hubiera ocurrido, se extiende este antiguo barrio turístico de Famagusta: un enclave que en los años sesenta y principios de los setenta fue el corazón del glamour chipriota, con hoteles de lujo, avenidas llenas de cafés y boutiques, y playas consideradas entre las mejores del Mediterráneo. Celebridades como Elizabeth Taylor, Brigitte Bardot o Richard Burton pasearon por sus calles cuando Varosia era el destino más codiciado de la isla.
Hay tres nombre para Famagusta:
- Famagusta – nombre en inglés / internacional
- Ammochostos (Αμμόχωστος) – nombre en griego
- Gazimağusa – nombre en turco

Pero en julio de 1974, la invasión turca de Chipre cambió su destino para siempre. Los residentes grecochipriotas huyeron en cuestión de horas ante el avance del ejército turco, dejando atrás hogares, negocios y pertenencias. La zona fue cercada y declarada área militar prohibida: una ciudad fantasma congelada en el tiempo, inaccesible durante décadas.
Hoy, parte de Varosia ha sido reabierta de forma limitada desde 2020, permitiendo al visitante recorrer algunas calles y el paseo marítimo. El contraste es impactante: hoteles derruidos, escaparates cubiertos de polvo, coches oxidados y una vegetación que reclama lo que antes era asfalto. Caminar por Varosia es entrar en un paisaje detenido a mitad de frase, un lugar donde la belleza del mar convive con la memoria de un conflicto aún sin resolver.
El viaje
Desde Ayia Napa hasta el punto de entrada a la zona de Famagusta hay unos 11 km.

Tras cruzar el punto de control y dejar atrás la frontera silenciosa que separa dos realidades, el visitante debe caminar unos minutos hasta llegar a la parada del autobús gratuito que conduce al interior del barrio de Varosha. El trayecto es breve, pero suficiente para que aparezcan las primeras señales del pasado: tramos de vallas de espino, retorcidas y oxidadas, que bordean el camino como un recordatorio de tiempos más duros. Esa mezcla de luz mediterránea y alambradas crea una atmósfera extraña, donde la belleza del mar convive con la memoria de un conflicto que aún respira bajo la superficie.

Entre los campos secos que rodean la carretera crece el cardo yesquero, con sus flores redondas y sus espinas obstinadas. Es una planta que parece hecha de resistencia: sobrevive donde el suelo se agrieta y el sol castiga. En su geometría perfecta hay algo de símbolo —la sequedad del clima y las espinas de una contienda que lleva décadas sin resolverse. Frente a él, el visitante comprende que incluso la naturaleza conserva memoria: cada tallo es una metáfora del tiempo detenido.
El nombre del cardo es todo un símbolo: Cuando el cardo se seca es extremadamente inflamable y seco. Los pastores lo recolectaban en verano, lo secaban y lo usaban como yesca para prender con las chispas del pedernal, igual que se usaba la yesca de hongo.
Es una metáfora de lo que ocurre en la zona cualquier chispa puede provocar un incendio (político).

Si quieren ver más datos sobre el bus, en estos códigos QR está su página oficial.

La traducción es: GAZİMAĞUSA BELEDİYESİ
Municipio de Famagusta
ESNEK TOPLU TAŞIMA
SEFER DETAYLARI
Detalles de las rutas / horarios del Transporte Público Flexible
Es el cartel que pusieron en los buses de Famagusta para que escanees el QR y veas los horarios. la dirección URL es: https://www.gazimagusabelediyesi.org/toplutasima/
La ciudad fantasma


Ya desde el autobús, antes de alcanzar el barrio de Varosia, aparecen edificios en ruinas, esqueletos de ladrillo y hormigón que parecen suspendidos en una espera interminable. Son construcciones que el tiempo ha ido despojando de propósito, víctimas no solo del abandono sino de la ausencia de mantenimiento, esa forma silenciosa de erosión que convierte lo cotidiano en vestigio. A través de las ventanillas, el paisaje se vuelve metáfora: el deterioro como espejo de una historia que se resiste a cerrarse.
No pude menos que recordar que allí vivían personas, familias enteras con sus sueños y esperanzas, muchas de ellas frustradas por una guerra fratricida. Hoy, las casas que se vieron forzadas a abandonar permanecen como vidas en ruinas, atrapadas en el mismo silencio que envuelve las alambradas. ¿Qué fue de sus vidas? El ejemplo de la «Taberna Kathodon», de la que hable en la entrada 21, demuestra que muchos lograron salir adelante de una forma digna, pero ¿y los otros, los que no lo lograron? Otros, seguramente, se hundieron en la miseria, atrapados en un exilio que no eligieron. Y mientras el autobús avanza, uno comprende que estas ruinas no son solo edificios: son vidas detenidas, historias que quedaron abiertas… historias que tal vez habría que escribir y que, sin duda, merecerían la pena leerlas.
Por el camino vimos trozos de las murallas venecianas que rodean Framagusta.

El Ravelin (Ravelin Bastion / Akkule) – la estructura en forma de herradura simétrica de 159 m de largo que protege la Puerta de Tierra (Land Gate), donde está el faro blanco que sale en la foto. En veneciano ravelin es justamente ese tipo de obra exterior destacada.

Se llaman murallas venecianas porque se construyeron durante el dominio Veneciano de la isla, que duró desde 1489 a 1570-1571, en total 82 años.
Por el camino vimos la laguna costera de Famagusta.

El final del trayecto fue en la cafetería Good Fellows. En este caso la cafetería está abierta y funciona.

Recorrido en taxi
Para levarte por la ciudad hay taxis que lo hacen.

Cogimos uno de ellos y un detalle que me pareció muy interesante del taxista es que nos preguntó por nuestro idioma y lo que hacía es que él se lo contaba en turco a su teléfono móvil y este nos lo traducía en voz alta al castellano. Me pareció interesante. Y viceversa, si le preguntábamos algo, lo hacíamos al teléfono que se lo traducía a él al turco.
Al lado de la oficina de contratación de los taxis había un bar donde pudimos tomar unas bebidas.
Llegó nuestro taxi y visitamos los restos de lo que otro tiempo fue un lujoso barrio de la ciudad de Famagusta.
El paseo entre las ruinas
El recorrido por las calles abiertas de Varosia es como avanzar por un álbum de fotografías deshechas. Los edificios abandonados se alzan como gigantes vencidos, con sus fachadas desconchadas y sus cristales rotos que aún reflejan, de manera fragmentada, la luz del Mediterráneo. Los balcones caídos cuelgan como heridas abiertas, y las puertas, torcidas o ausentes, dejan ver interiores vacíos donde alguna vez hubo vida: muebles, voces, rutinas. Cada paso revela un nuevo detalle del derrumbe —una escalera que ya no lleva a ninguna parte, un cartel oxidado, una ventana sin marco— y el visitante siente que camina por una ciudad que no murió, sino que quedó detenida en mitad de un gesto.


La Pooh Corner House, probablemente era una tienda infantil puesto que The House at Pooh Corner, es una conocida obra infantil de A. A. Milne [1].


A lo lejos vemos la iglesia de San Nicolás, construida en los años 60.

La Iglesia Católica de San Nicolás (St. Nicholas Church), construida en los años 60 para atender a la comunidad católica —principalmente maronita y latina— que vivía en Famagusta antes de la invasión de 1974. Tras el cierre de Varosia, el templo quedó abandonado, aunque su estructura se conserva relativamente bien.
Valor simbólico: La presencia de esta iglesia en medio de hoteles y edificios turísticos recuerda la convivencia de culturas y credos que caracterizaba la ciudad antes del conflicto. Hoy, su cúpula desgastada y su cruz solitaria son un símbolo de fe suspendida en el tiempo, igual que el resto de Varosia, es un eco del pasado cultural de la ciudad, símbolo de cómo el ocio y la vida cotidiana quedaron congelados en el tiempo.



Ese edificio era el Hotel Golden Azur, uno de los establecimientos turísticos más conocidos de Varosia antes de 1974. Formaba parte del conjunto de hoteles que bordeaban la playa, junto al King George y el Asterias. El Golden Azur ofrecía alojamiento de lujo para visitantes europeos, con restaurante, terraza panorámica y acceso directo al mar.
Hoy, como ves en la foto, el cartel apenas conserva su brillo metálico y las letras se confunden con el cielo. Es un símbolo perfecto de lo que fue Varospa: una ciudad que vivía del turismo y quedó congelada en el tiempo.

Nos encontramos con una tienda que suponemos de equipos de música, puesto que quedan dos carteles, uno Pioneer, una marca japonesa conocida por todos de equipos de alta fidelidad. El otro es de Garrand, una marca inglesa de equipos de sonido, para los españoles menos conocida que Pioneer. Pero los dos letreros nos indican que era una tienda de sonido.


Algunos edificios están casi intactos, otros, en cambio están casi derruidos.

Hicimos una parada en la playa de Varosia, donde no dejan entrar ni perros ni bicicletas.
La playa de Varosia se extiende como una cinta de arena dorada y finísima, tan suave que los pasos apenas dejan huella. El mar, de una transparencia casi irreal, despliega una gama de azules y turquesas que cambian con la luz: cerca de la orilla es cristalino, más allá se vuelve un azul profundo, como si guardara la memoria del tiempo detenido. Todo el conjunto respira calma, una belleza intacta que contrasta con la historia que duerme a pocos metros tierra adentro.



Cuando ya nos íbamos me tropecé con una buganvilla:

De nuevo en la carretera vimos muchos flamboyán.


Viendo estas calles solitarias cuesta imaginar que, en los años sesenta del pasado siglo, Varosia era un hervidero de vida y glamour. Por estas avenidas transitaban actores, músicos y miembros de la jet‑set europea, atraídos por sus hoteles modernos y su playa luminosa. Hoy, los edificios vacíos y las fachadas heridas hacen difíciles de creer, el bullicio, las risas y los destellos de las cámaras.

A veces, la tristeza de las ruinas se ve suavizada por las flores que se han adueñado del lugar. Una vegetación hoy salvaje y libre, que en otro tiempo fue cuidada por jardineros atentos. Pero el rojo intenso de sus flores sobrecoge: parece un recordatorio de la vida que persiste incluso entre los muros que se desmoronan. Como decía Ian Malcolm en Parque Jurásico: «La vida se abre paso».

Con esas alambradas de espino cuesta soñar que aquí hubo una cafetería llamada Edelweiss, nombre de montaña y de flor. “Edelweiss”… y de pronto vuelven recuerdos de viajes a praderas lejanas, de flores blancas entre las rocas. Si las paredes pudieran hablar, ¿qué historias de amor o de despedida contarían? Una cafetería, un mundo, miles de vidas detenidas en el tiempo.
Hotel King George
Ni una persona, ni un alma, tan solo soledad.

Durante su época dorada, el Hotel King George de Varosia fue uno de los epicentros del turismo de lujo en Chipre y atrajo a numerosas figuras célebres de los años sesenta y setenta. Entre los visitantes más conocidos se encontraban Elizabeth Taylor, Richard Burton, Brigitte Bardot y Raquel Welch, parte de la jet‑set internacional que convirtió la costa de Famagusta en el “Riviera francesa de Chipre”. El hotel competía con otros establecimientos emblemáticos como el Argo y el Asterias, y era habitual ver allí a artistas, productores y viajeros británicos vinculados al ejército y al mundo del cine .
Su terraza con arcos neoclásicos y vistas al mar era símbolo de prosperidad y cosmopolitismo, hasta que la invasión turca de 1974 convirtió Varosia en una ciudad fantasma. Hoy, el edificio permanece como un testigo silencioso del esplendor perdido, donde el eco de aquellas noches de glamour parece confundirse con el rumor del mar. Las buganvillas con su deslumbrante rojo es lo único que nos recuerda su esplendor.
Christy’s Sail (Tienda de moda)

Desde el buggy que nos hace de taxi contemplamos lo que otrora fue una conocida tienda de moda, “Christy’s Sail”. Tras los cristales rotos y las rejas oxidadas aún parece flotar el eco de conversaciones, de escaparates llenos de color y de veranos luminosos. Hoy, solo queda el nombre, como una firma olvidada en el muro del tiempo.
Librería Pavlos Kyriakos

La librería Pavlos Kyriakou me recuerda tiempos antiguos, cuando la gente aún leía libros de papel. En una ciudad de veraneo, junto a los hoteles, una librería: qué hermoso gesto cultural. Hoy leemos en el móvil, en la tableta o en el Kindle —yo también lo hago—, pero echo de menos el olor a tinta y a papel. Este viaje en taxi al pasado me ha hecho recordar aquellos placeres lejanos de la lectura: a veces literatura de evasión, otras, libros prohibidos por Franco, y otras simplemente historias que nos enseñaban a soñar.
Esa evocación sensorial completa —vista, imaginación, tacto, olor— convierte la lectura en una experiencia casi física, como si el libro fuera un ser vivo. El tacto del papel, con su rugosidad o su suavidad satinada, era parte del rito: pasar las páginas era palpar el tiempo.
Y sí, faltaba el sabor, y olores distintos al papel. Olores y sabores que había que imaginar. Las magnolias que describe Agatha Christy en «Flor de Magnolia», que no era ni de Poirot ni de la Srta. Marple. Las magnolias olían a una mezcla de dulzura y descomposición, como si la belleza misma llevara dentro el germen de la decadencia. Ese aroma pesado, casi melancólico, es el perfume de su universo literario: sensual, pero con un fondo de pérdida.
El Banco de Chipre y su mito
Poco después nos tropezamos con el Banco de Chipre y nuestro taxista-guía nos contó la leyenda de que allí estaba guardado el dinero y el oro tal como estaba. Y que para evitar que lo robaran siempre había militares allí.

Como pueden ver en la foto, no hay militares. Esa idea es más mito que realidad. El edificio que ves en la foto fue una sucursal del Bank of Cyprus en Varosia, y como toda la zona, quedó abandonado tras la invasión turca de 1974. En aquel momento, los empleados y vecinos huyeron con lo que pudieron; los depósitos y cajas fuertes fueron vaciados o trasladados por las autoridades chipriotas antes de que el área quedara cerrada.

Durante décadas se ha repetido la leyenda de que el dinero y el oro permanecen intactos dentro del banco, nuestro taxista-guía así nos lo contó, pero las inspecciones posteriores (incluidas las realizadas tras la apertura parcial de Varosia en 2020) no han hallado valores ni documentos significativos. Lo que sí queda es el fantasma económico de una ciudad que fue símbolo de prosperidad y que hoy parece un escenario detenido en el tiempo.
Galería comercial
A continuación pude ver los restos de una galería comercial.

Entre las adelfas y el polvo del tiempo, las arcadas de piedra conservan la memoria de una ciudad que fue vitrina del Mediterráneo. Aquí, donde el sol de Famagusta se filtra entre los huecos del abandono, los escaparates vacíos parecen esperar el regreso de voces y perfumes. Las columnas, heridas pero dignas, sostienen el eco de los veranos en que los turistas paseaban entre joyerías y cafés. Hoy, la naturaleza ha tomado el relevo: cada rama que trepa por los muros es una forma de resistencia, una lenta reconquista de lo humano por lo vegetal.
La Gran Mezquita de Varosia
El taxista nos llevó a la Gran Mezquita de Varosia, construida en 1813. La mezquita no tiene mucho valor, parece un almacén, pero es algo distinto de lo que estábamos viendo. Está viva. Aquí hay gente que viene a rezar. Dentro hay un pequeño museo.



Avenida Kennedy
Pasamos a la Avenida Kennedy una de las más importantes.
Este edificio de Varosia fue, según los registros de los años sesenta, una de las residencias más elegantes de la avenida Kennedy, cuando Famagusta era el corazón turístico de Chipre. Su fachada modernista, con balcones curvos y barandillas de hierro, reflejaba la prosperidad de una ciudad que competía con Beirut y Niza en glamour mediterráneo. Tras la evacuación de 1974, el sol siguió entrando por los ventanales, pero los habitantes se marcharon y las plantas ocuparon su lugar. Hoy, los ficus y las adelfas crecen donde antes se servían cócteles al atardecer, y los balcones se han convertido en jardines suspendidos sobre la memoria.
Calles solitarias

De repente, una mirada fugaz me permite ver una calle silenciosa, donde el viento, al hablar con las hojas de los árboles, se convierte en soledad. Las fachadas, heridas por el tiempo, parecen escuchar ese murmullo como quien reconoce una voz antigua. Aquí, en el corazón de Varosia, cada piedra guarda la memoria de un verano detenido en 1974. Las tiendas cerradas, los cables que aún cruzan el cielo sin llevar electricidad a ninguna parte, sin ninguna función, tan solo el recuerdo de que en otro tiempo hubo vida. Es el silencio de una ciudad que fue y que, en su abandono, sigue respirando historia.
Barclays Bank

Otro banco, sí — el Barclays Bank, cuya fachada aún conserva el azul de su logotipo como una reliquia del comercio internacional que floreció en Famagusta antes de 1974. Este edificio, de líneas funcionales y balcones superpuestos, fue símbolo de la modernidad chipriota: aquí se abrían cuentas para hoteles, importadores y familias que soñaban con el futuro europeo de la isla. Hoy, el cartel permanece como un recordatorio de que, en otros tiempos no tan lejanos, hubo vida, confianza y movimiento económico. Las persianas metálicas cerradas y los cables suspendidos sobre la calle parecen custodiar el eco de conversaciones financieras que se apagaron de golpe, cuando la ciudad quedó atrapada en su propio silencio histórico.
Hotel Fairways
Un edificio deja ver un cartel en letras rojas que dice Fairways.

Es el Hotel Fairways, otro de los grandes hoteles de Varosia (Famagusta), construido en los años 1960. Era un establecimiento moderno para su época, con restaurante, cafetería y vistas al mar. Su planta baja albergaba tiendas y agencias de viajes, y el cartel “Fairways” aún conserva el aire cosmopolita de aquellos veranos chipriotas previos a 1974 [2].
Tras la invasión turca, el hotel quedó dentro de la zona militar cerrada y nunca volvió a abrir. Hoy, su estructura de hormigón y balcones vacíos se ha convertido en un símbolo del tiempo detenido: una torre que mira al mar sin huéspedes, sin luces, pero con una historia que sigue resonando entre las ruinas.
Despedida de Varosia
Y por fin nos fuimos de Varosia. Cogimos el autobús en el mismo sitio que nos había dejado y nos fuimos; al mirar para atrás, dejamos las casas heridas, los hoteles vacíos, las tiendas que ya no esperan clientes: un paisaje detenido que el tiempo ha ido desmoronando con la misma paciencia con la que borra las huellas de los veranos felices. Es un viaje insólito, sí, pero no del todo extraño para quien ha visto otros lugares donde la vida se ha marchado en silencio. Me recordó a tantos pueblos de la España Vaciada, menos lujosos, menos famosos, pero igualmente marcados por la ausencia: techos ausentes, fachadas que se caen, calles sin voces, proyectos vitales que quedaron truncados. Siempre que contemplo uno de esos lugares —como al contemplar Varosia— me invade una congoja suave, una nostalgia que habla de la crueldad de la guerra y también de la crueldad del abandono, cuando las condiciones para vivir se vuelven demasiado duras y la gente busca horizontes mejores. Pienso en quienes lograron rehacer su vida, pero sobre todo en aquellos cuyo plan se quebró sin remedio. Y mientras el mar sigue brillando junto a las ruinas, uno comprende que estos lugares no solo cuentan historias del pasado: también nos recuerdan lo frágil que es cualquier futuro.
Notas
[1] Wikipedia. Entrada: The House at Pooh Corner. https://en.wikipedia.org/wiki/The_House_at_Pooh_Corner [Consultado 13 de octubre de 2026]
[2] Amaya-Akkermans, Arie. Cyprus’ perplexing conflict is inscribed on the city’s walls. Inkstikmedia, 27 de febrero de 2024. https://inkstickmedia.com/the-suspended-future-of-varosha/?utm_source=copilot.com
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