Una de las visitas casi obligadas de Malta es la Cueva Azul. Aunque se llame Cueva, en realidad son un conjunto de seis cuevas.
Recorrido que seguimos para ir desde San Julián a La Cueva Azul.
Lo ideal es ver estas cuevas desde un barco que sale de un puertecito que está muy cerca. Desde que sale en sol hasta el mediodía la luz juega el papel protagonista en estas cuevas. La luz se vuelve azul porque el fondo arenoso blanco refleja el sol hacia el interior de las cavidades, creando ese brillo casi fosforescente.
Algunas escenas de la película «Troya» de 2004, con Brad Pitt, se filmaron en estas cuevas. Troya nos lleva irremediablemente a pensar en Ulises y en la Odisea. Casi al final de la Odisea, cuando Ulises (Odiseo) llega a Ítaca, se refugia en una cueva, la cueva de las ninfas, un santuario brumoso donde los dioses aún respiran. Allí esconde sus tesoros antes de revelar su identidad. En Malta, la Cueva Azul no guarda oro, pero sí un tesoro más antiguo: la luz. Una luz que sube desde el fondo como si fuera una ofrenda. Quizá por eso, al entrar, uno siente lo mismo que Ulises: que la cueva no es un lugar, sino un umbral.
Ulises en la cueva de las ninfas. Imagen creada con ayuda de Copilot de Microsoft.
Desde la Prehistoria hasta la Antigüedad tardía, las cuevas fueron templos naturales. En ellas se celebraban ritos de paso, se consultaban oráculos, se honraba a diosas madre, ninfas y espíritus tutelares.
La cueva era el útero del mundo, un lugar donde la tierra se abría para permitir un contacto con lo invisible.
En Grecia, Anatolia, el Levante o Iberia, la escena se repetía: cavidades convertidas en santuarios, espacios donde la oscuridad no era amenaza, sino promesa.
Y siempre, siempre, el agua como mediadora.
El Mediterráneo convirtió muchas cuevas en templos líquidos: bastaba un rayo de sol tocando la roca para que empezara la liturgia.
Quisimos coger el barco que nos llevara a la «Cueva Azul», pero no tuvimos suerte. Aquel día, los barcos no zarpaban.
Embarcadero para la Cueva Azul visto desde arriba.Embarcadero para ir a la Gruta Azul.Anuncio de los barcos que llevan a la Cueva Azul.
Así que hicimos lo que miles de turistas, ir a una parada reservada para fotos, desde el que se pueden ver parte de las cuevas.
El mirador para ver parte de las cuevas. En el mapa se ve un tenedor y un cuchillo que simbolizan un restaurante. Fue en ese sitio donde comimos.Una vista desde el mirador. Arriba, en el centro el islote de Filfla.
Me imagino la entrada en la cueva, pasando el enorme arco que estoy viendo, y creo que el paseo en barco hubiera merecido la pena.
Entrada a Cuevas vista desde mirador.
Almuerzo en Step ‘n’ Café
Cuando en Google Maps buscas Restaurante Cueva Azul, sale este: Step ‘n’ Cafe. No sé muy bien qué tiene que ver una cosa con la otra, pero, como era hora de comer entramos en este restaurante, al lado del puerto de donde salen los barquitos para ver la Cueva Azul.
Me gusta probar los vinos de cada lugar que visito. Malta tiene fama por sus vinos. En la carta figuraba un vino maltés. Y lo pedí.
Vino blanco La Vallete.
Como quería probar comida típica de Malta, pedí una bandeja maltesa.
Bandeja maltesa.
En el recipiente rectangular, cruzado en la bandeja, lo que se ve en el centro son tomates secados al sol. Nunca hubiera pensado que unos sencillos tomates secados al sol, estuvieran tan buenos.
Otras personas de mi grupo pidieron espagueti boloñesa, pizza o tortellini en salsa blanca con hierbas.
Espagueti boloñesa.
Pizza.
Tortellini en salsa blanca con hierbas.
Dada la proximidad de Malta con Sicilia, no es de extrañar que gran parte de la comida tradicional maltesa se parezca a la italiana.
Tras la comida, continuamos nuestro viaje para conocer la isla.
Nosotros no estábamos en La Valeta, estábamos en San Julián. Hoy decidimos ir a visitar la capital de Malta: La Valeta. Decimos “La Valeta” con una alegría casi turística, como si todo lo que rodea al Gran Puerto de Malta cupiera en un solo nombre. Pero La Valeta, estrictamente hablando, es solo la ciudad amurallada que fundaron los caballeros en el siglo XVI. Lo que vemos, lo que caminamos, lo que fotografiamos desde cualquier mirador, pertenece en realidad a varias ciudades que respiran al unísono: La Valeta, Floriana y las Tres Ciudades que se asoman desde la otra orilla. Un archipiélago urbano tejido por siglos de asedios, reconstrucciones y mareas humanas.
la Velta es lo que está amurallado. Las murallas las he resaltado con una línea roja. Basado en Google Maps.
Floriana, por ejemplo, es la antesala que todos pisamos sin darnos cuenta: la explanada de las anclas, los jardines, las avenidas amplias que preparan el cuerpo antes de entrar en la densidad de la capital. Y al otro lado del agua, Vittoriosa, Senglea y Cospicua —las Tres Ciudades— forman un espejo antiguo donde se refleja la historia naval de Malta. Cuando decimos “La Valeta”, en realidad estamos nombrando un conjunto más amplio, una constelación de barrios y fortificaciones que funcionan como un solo organismo. A veces se le llama «La Cotonera».
Ubicación de la «tres ciudades»: Senglea, Birgu, Bormia (Cottonera).
Quizá por eso la ciudad impresiona tanto: porque no es una, sino varias superpuestas. La Valeta es la punta visible de un territorio mayor, un corazón rodeado de arterias históricas. Llamarla por un solo nombre es cómodo, sí, pero también es una forma de reconocer que este lugar, más que una ciudad, es un ecosistema urbano que se extiende, se mezcla y se desborda más allá de sus murallas.
Tal como ya he dicho, nuestra residencia en estas vacaciones estaba en San Julián. Fuimos desde San Julián a un aparcamiento en Floriana y, desde allí, entramos a la ciudad fortificada: a La Valeta, propiamente dicho.
Al salir del aparcamiento en Floriana nos encontramos con mucha decoración navideña. Por ejemplo, un paquete de regalo.
Caja de regalo en Floriana. A la izquierda el cono-árbol que se ha hecho el símbolo mundial de la Navidad.
A mí, que se confunda un cono con un árbol, no me gusta. Pero no trato de exponer lo que me gusta, sino de lo que vi.
Resulta que, sin proponérnoslo, entramos de lleno en Fairyland. Una feria navideña en la explanada de Floriana, entes de llegar a la puerta principal de acceso a La Valeta.
Nos encontramos con muchas casetas que ofrecían «Mulled wine«. Tuve que acudir al traductor de Google par entender que eso significaba «Vino caliente».
Vino caliente. Me recordó algunas fiestas de Navidad en Fráncfort o en Bruselas, pero me resultaba extraño en una isla mediterránea con clima mucho más cálido.
Caseta que pfrecía vino caliente.
No pude resistirme. Quise probar el vino caliente con canela.
Vino caliente con canela.
La bebida me pareció muy similar a la que recordaba de Centroeuropa. Para mi gusto no estaba mal, pero tampoco me pareció una maravilla.
Siguiendo nuestro camino hacia la entrada a La Valeta nos encontramos con un monumento a Cristo Rey.
Monumento a Cristo Rey.
En el lateral, una inscripción nos dice lo que es:
El letrero del centro dice que se trata del Monumento a Cristo Rey, Congreso Eucarístico Internacional de 1913, celebrado en Malta. Obra del escultor maltés Antonio Sciortino.
Unos pasos más adelante nos encontramos con unos vehículos movidos por un caballo. Se trata de un vehículo muy sencillo, donde apenas caben dos personas. Mi primer contacto fue de curiosidad. Se parece a un faetón madrileño. Pero este tenía un aspecto muy peculiar.
Karozzin típico de Malta.
Una pequeña investigación en Copilot de Microsoft, me permitió saber que se trata de llamado karozzin[1], vehículo típico de Malta.
Posteriormente, tanto en La Valeta como en Rabat o Medina vimos que eran un auténtico incordio. Aparecían por todas partes, casi me atropellan varias veces… los conductores se portaban groseramente…
En fin, que una cosa es la imagen romántica de los vehículos a caballo y otra cosa es la realidad: conductores maleducados, con poca posibilidad de parar su vehículo pues los frenos malísimos, con olores atroces… Con moscas. ¿Qué quieren que les diga? Tal vez prefiero uno de los demonizados taxis con diésel. [¿Señora presidente Van der Leyen: se entera usted, no siempre «lo verde» es lo mejor?]
Pero estos coches son típicos de Malta.
Allí, en la explanada, en Floriana, que nos lleva hasta la entrada principal, a La Valeta, había una noria.
Es curioso, la noria se está convirtiendo en símbolo de las ciudades. Todas tiene que tener una.
Noria en Floriana, a la entrada de La Valeta.
Cuando, por fin, al anochecer, salimos de La Valeta, la noria estaba iluminada. Estaba preciosa. Pero de eso hablaré un poco más adelante.
Allí en aquella explanada había muchas figuras navideñas hechas con ledes.
Bola de Navidad hecha con ledes.
La bola de ledes me ha recordado enormemente otra similar en Fuengirola:
En esa explanada hay una fuente magnífica: la fuente de los tritones, aquí, ahora, por la mañana, la muestro junto a la noria. Por la noche, veremos su aspecto iluminado.
Fuente de los tritones y noria en Floriana.
Aunque de día no lo parezca, cuando la vemos de noche, reconoceremos que es espectacular.
Jaima hecha con ledes.
Hay una jaima hecha con ledes. Por el día, con las luces apagadas, parece anodina, pero, por la noche, cuando la veamos con los ledes encendidos, veremos que su aspecto es totalmente distinto. La noche la hace sumamente bella.
También hay unos árboles llenos de flores artificiales con un led en el centro. De día es interesante, pero de noche alcanzan su pleno esplendor.
Flores con ledes de color violeta.
Cuando llegamos a la entrada de La Valeta vimos un ascensor peculiar.
Ascensor externo en la entrada a La Valeta.
Atravesamos la puerta y entramos en la ciudad amurallada de La Valeta.
Lo primero que vemos es uno de esos grandes cono-árboles que han invadido todo el mundo occidental.
Cono-árbol en La Valeta.
El árbol que no era un árbol
Hay plazas que, cuando llega diciembre, parecen contener la respiración. Se llenan de luces, de murmullos, de ese olor a invierno que no viene del clima, sino de la memoria. Y luego está esta plaza, la de la foto, coronada por un “árbol” que en realidad no lo es.
Porque, seamos sinceros: un cono no es un árbol.
Es bonito, sí. Brilla, sí. Hace su trabajo de fondo navideño para autorretratos, también. Pero mientras lo miro, rodeado de gente que lo fotografía como si fuera un abeto recién bajado del cielo, no puedo evitar sentir que le falta algo. Algo esencial. Algo vivo.
Los árboles de verdad tienen ramas que se rebelan, sombras que se esconden, huecos que cuentan historias. Este, en cambio, es un capirucho perfecto, un hermano lejano de los que desfilan en Semana Santa, pero sin penitentes dentro. Un cuerpo sin alma. Solo geometría.
Quizá por eso me produce una sensación extraña: frío, inerte, muerto. Como si la Navidad hubiera delegado en la ingeniería lo que antes hacía la naturaleza.
Y, sin embargo, la plaza está llena. La gente sonríe, se abraza, se hace fotos. Tal vez la vida no esté en el árbol, sino alrededor. Tal vez el error sea mío, por buscar savia donde solo hay estructura.
Pero mientras me alejo, sigo pensando que un árbol —un árbol de verdad— no se enciende: respira.
Un poco más adelante nos encontramos con las ruinas palacio de la Ópera:
Ruinas del Palacio de la Ópera.
Poco después vimos el Tribunal Superior de Malta:
Tribunal superior de Malta.
En la calle vi una pizarra anunciando las especialidades de un bar. Me recordó mucho a lo que hay en España, aunque echo de menos algún precio.
Pizarra con ofertas. Y observen: Special tapas.
En la esquina, entre dos calles, había una hornacina bastante grande con San Francisco de Asís. A lo largo de nuestro viaje vimos muchas hornacinas y medallones con santos y especialmente con la Virgen María.
Acercándonos a la muralla nos encontramos con dos anclas.
Anclas de hierro .
Dos grandes anclas de hierro reposan frente al mundo, como bestias dormidas. No recuerdan ya el vaivén del mar ni el tirón del barco que un día las necesitó. Llevan tanto tiempo varadas que parecen haber echado raíces en la tierra, como si el suelo hubiera decidido adoptarlas.
El óxido las cubre con la paciencia de los siglos. No es una herida: es una piel nueva, una corteza que el tiempo ha ido tejiendo para ellas. Cada mancha rojiza es una historia, cada grieta un recuerdo. Sus enormes eslabones —pesados, torpes, hermosos— son el antiguo cordón umbilical con la vida marinera, el vínculo que las unía al latido del barco, al pulso del océano.
Intento imaginarlas nuevas, recién forjadas, brillantes. Y no puedo. Serían demasiado lisas, demasiado jóvenes, demasiado silenciosas. Les faltaría esa sabiduría áspera que solo concede la intemperie y los años. Porque es el óxido quien les da voz, quien les da textura, quien les da alma. Es el tiempo quien las ha convertido en maestras de quietud, en guardianas de lo que ya no vuelve.
Varadas, sí. Pero no vencidas. Viejas, sí. Pero llenas de experiencia. Son anclas que ya no sujetan barcos, pero todavía sujetan historias.
Por la calle del Mediterráneo llegamos a las inmediaciones del Fuerte San Elmo, que es el museo de la guerra.
Los caballeros de Malta hicieron muchos túneles que comunicaban diversas fortificaciones. Debajo del Fuerte de San Telmo (o Sant Elmo) hay un túnel, que denota su origen por su aspecto.
Túnel debajo del Fuerte de San Telmo (Sant Elmo).
Al lado mismo del Fuerte hay un bar-restaurante con el nombre, esperable, de San Elmo.
Varias personas de nuestro grupo pasaron a ver el museo de la Guerra, pero yo estaba cansado y preferí esperar en el bar.
Pedí la cerveza local de Malta: CISK.
Cerveza local: Cisk. Lager.
Por la cerveza me cobraron 6,60 €, pero hay detalle sumamente curioso, en la factura pone que me han cobrado 0,10 € por el envase. Si lo devuelves te reembolsan los 0,10 €. Me parece una forma interesante para evitar que los envases se tiren.
Desde el bar St. Elmo`s hay una bonita vista del Gran Puerto de Malta.
Vista del Gran Puerto de Malta desde el bar-restaurante St. Elmo’s.
Hay varias características que delatan su origen en los caballeros de Malta: 1) Bóveda de cañón en piedra: típica de los túneles defensivos construidos por los Caballeros de la Orden de Malta. 2) Anchura suficiente para el paso de soldados y pertrechos, pero no para vehículos.
Museo de la guerra
Tal como he dicho más arriba, algunas personas de nuestro grupo fueron al Museo de la Guerra. Yo preferí quedarme en el bar, pero los que fueron, me han cedido sus fotos. Aquí expongo algunas de ellas. Me disculparán por difuminar las caras, pero lo mismo que difumino las de las personas que aparecen en mis fotos, sin su permiso, lo mismo quiero hacer con mi amigos.
Entrada al museo de la guerra.Detalle de las armaduras.
Los actuales programas de IA me permiten quitar al niño, pero he preferido dejarlo, borrando su cara, para que nos de una idea de tamaño. El niño tiene 11 años.
Yo venía buscando caballeros solitarios, capas al viento, espadas que tintinean contra el amanecer… y en su lugar me encontré con una hilera interminable de cañones. Una coreografía de hierro que desmonta mi fantasía romántica y me recuerda que la historia, antes que épica, fue logística, sudor y artillería. Malta no solo se defendió con gestos heroicos, sino con toneladas de metal apuntando al horizonte.
Cañones. Cañones. ¡Qué poco tienen que ver con la imagen romántica de los caballeros de Malta!Niño mirando un cañón.
Yo venía buscando a los caballeros del Gran Sitio: hombres cubiertos de acero, luchando cuerpo a cuerpo contra los otomanos, entre humo, rezos y juramentos. Pero al llegar a estas murallas me recibe una hilera perfecta de cañones, demasiado ordenados, demasiado modernos para mi fantasía. Y entonces recuerdo que Malta no es solo el escenario de 1565: es una fortaleza que siguió armándose durante siglos. Estos cañones no pertenecen a mis caballeros, pero sí a la larga historia de una isla que nunca dejó de prepararse para la guerra.
Exterior de las murallas
Como puede verse, el bar está justo en la muralla. De hecho, desde él sale una escalera que lleva al exterior y dónde puede verse que usaron la parte inferior como cantera.
Escaleras que nos llevan al exterior de las murallas.
Dimos unn paseo por el exterior de las murallas que resultó muy interesante, pero, también, en algunos momentos difícil.
Desde fuera de las murallas se ve muy bien la estructura del puerto. Por ejemplo, desde donde se sacó la siguiente foto se ve muy bien la fortaleza y el faro (fíjense que hay un faro) Rissoli.
Desde el exterior de las murallas de La Valeta vista del faro y de la fortaleza Rissoli.
Algunas zonas del exterior de las murallas se han usado como puerto.
Exterior de las murallas usado como puerto.Una panorámica de la entrada al Gran puerto de Malta. Fíjense en el puente metálico (rojo de la izquierda).
En algunas zonas se ve perfectamente que las rocas sobre las que descansan las murallas han servido de cantera. Es decir, las partes bajas sobre las que reposan las murallas han sido a su vez canteras.
De aquí sacaron las piedras para la muralla. Pasar de un lado al otro no es tarea sencilla.Un paso nada sencillo.
Detalle de las escaleras.
El problema no son las escaleras, el problema es que al final hay derrumbes y hay que ir pegando saltos como una cabra.
En la muralla hay algunas cosas curiosas. Como ejemplo el «arco ciego» que hay en la siguiente foto. Hasta donde yo entiendo, que ni soy arquitecto ni ingeniero de Caminos, se trata de un arco que sirve para que el peso de las piedras de arriba no se cargue el dintel. Hay un hueco, por el que salen aguas de la ciudad y encima tiene un dintel. Probablemente ese dintel sería incapaz de aguantar la carga de las piedras de encima, por eso obtaron por poner un arco que transmite las fuerzas a los lados y evita que se rompa el dintel.
Arco ciego en el exterior de las murallas.
Otra vista del arco ciego.
Algunos detalles son bonitos. Por ejemplo, este «arco» que permite pasar el agua marina por sus bajos.
Arco en las rocas.
En algunos sitios se ve perfectamente que el camino se ha creado cortando las rocas que se han empleado en las murallas, incluso en algún sitio quedan algunos bloques cortados y todavía sin usar.
Camino excavado en la roca, creo que esto era la cantera.
Algunas imágenes nos demuestran el uso del exterior de las murallas como cantera.
Un bloque cortado pero no usado.Una piedra en el camino que indica que era la cantera.
La entrada al puerto se ve muy bien. Observen el puente metálico rojo de la izquierda, que volveré a poner en la foto siguiente.
Entrada al Gran Puerto de Malta.Puente en la entrada del Gran Puerto de Malta.
Cuando salimos del camino por los lados de la muralla pudimos ver unos barquitos.
Barquitos en el exterior del puerto.
Una vez que salimos de la «cantera» seguimos por fuera de las murallas, pero ya se ve una carretera y hay establecimientos de venta de varias cosas. Ya es ciudad.
Concatedral anglicana de San Pablo.
Concatedral anglicana de San Pablo.
Cerca de aquí había unas escaleras que nos llevaba, de nuevo, al interior de las murallas. Más concretamente en la Calle de la República (Triq ir Repubblika).
Triq ir Repubblika
Decidimos sentarnos en un bar a comer alguna cosa y descansar. Un lugar que nos pareció tranquilo fue el Eddie’s Cafe Regina, en la calle República. Al lado del monumento a la Reina Victoria.
Fachada Eddie’s Cafe Regina.
Había probado vinos de Malta, pero lo que no había hecho era degustar alguna de las dos variedades de uvas autóctonas de la isla: Girgenti y Ġellewża.
En la carta del Cafe Regina ofrecían un vino semi-espumoso con la variedad girgentina y decidí probarla.
Carta. Vino Girgentina Frizzante por 14 €.
La uva girgentina es una variedad de uva blanca originaria de Malta. Probablemente llegó desde Sicilia en tiempos antiguos, traída por los fenicios; su nombre moderno deriva de Girgenti (Agrigento).
Girgentina frizante. Denominación de origen de Malta.
El vino me pareció pasable, pero sin más. No me resultó una maravilla. Pero no me hagan mucho caso, ya saben ustedes que cada uno tiene sus gustos y lo que para mi es normal para otros puede ser una maravilla. En cualquier caso probé la girgentina.
Cuando salimos del bar, tan solo eran las 4:30 de la tarde, pero el sol ya empezaba a ponerse. La calle de la República está orientada este-oeste, por lo que se veía la puesta de sol.
El sol empieza a ponerse en la Calle República.
Como pueden ver he emborronado las caras por temas de privacidad.
Anochecía rápidamente. Decidimos volver a Floriana. Unos pasos más adelante, en la misma calle, nos encontramos con estos dos simpáticos muñecos hechos con ledes (ledes es un apalabra fea, pero es el plural de led que nos propone la RAE).
Muñecos navideños hechos con ledes, en la calle República.
No pude menos que imaginármelos saludando. Así que eche mano de la IA de meta y el resultado fue este:
Seguimos avanzando y vimos el monumento al papa Pio V.
Papa San Pio V
Me sorprendió ver una cabina telefónica al estilo de Londres, pero cuando pensé que han sido colonia inglesa durante muchos años (de hecho, se independizaron el año 1964) ya no era tan raro. Y, por eso, entendí que condujeran por la izquierda.
Cabinas telefónicas de Malta al estilo de Londres.
Medallones de santos y vírgenes en las calles
En diversos sitios nos encontramos con medallones u hornacinas representando santos y muy principalmente a la virgen y el niño.
Parece ser que en la cultura popular estos medallones (a veces hornacinas) protegen a la calle. Por eso son tan abundantes.
Los medallones están esculpidos en piedra caliza y fueron pintados con muchos colores. La erosión ha hecho su obra destructiva, pero, no obstante me gustan. Me detengo siempre ante los pequeños medallones que coronan esquinas, fachadas y portales. Me gustan esas vírgenes talladas en las calles y en las iglesias: inocentes, simples, pintadas con colores vivos que el sol mediterráneo ha ido apagando. No pertenecen al mundo del arte académico ni al de la ingenuidad infantil. Son otra cosa: arte popular, nacido de manos anónimas que buscaban protección más que perfección, devoción más que estilo. Son obras de gente sencilla que, al esculpir a un santo o a la Virgen María, pedía que su calle estuviera a salvo de piratas, de enfermedades, de riñas, de odios… Imagínense ustedes que están en plena «peste negra». ¿Si usted cree que un medallón protegería a su calle de la peste, no lo pondría? Confieso que yo no pondría solo uno, pondría muchos.
El viento y la lluvia han dejado su huella. La piedra se ha erosionado, la pintura se ha cuarteado, los rostros se han vuelto más suaves, casi desdibujados. Pero a mí me gustan así: erosionadas, heridas, como si el tiempo hubiera querido escribir en ellas una lección silenciosa sobre la fragilidad del mundo. Hay algo de memento mori en esas grietas, un recordatorio de que todo lo vivo —y todo lo amado— está siempre expuesto al desgaste.
Quizá por eso me atraen tanto estas vírgenes sencillas. En su imperfección encuentro una forma de verdad. El tiempo, lejos de restarles belleza, las llena de alma. Cada desconchón, cada sombra, cada pérdida de color parece añadirles una historia más. Y al mirarlas, siento que no solo protegen la calle: también custodian la memoria de quienes las colocaron allí, confiando en que lo sagrado pudiera convivir con lo cotidiano.
En la misma calle vimos anuncios de recorridos en barco por el Gran puerto o viajes a las islas de Gozo y Comino. Eso nos dio pistas sobre cómo ir a aquellas dos islas que sí queríamos visitar.
Iglesia de San Francisco de Asís
No sé muy bien cómo, pero llegamos a la iglesia de San Francisco de Asís.
Hornacina de San Francisco de Asís. La inscripción dice algo así como: En mi cuerpo llevo los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo.
Interior de la iglesia de San Francisco de Asís
Iglesia de San Francisco.
Órgano de la iglesia de San Francisco en La valeta.
Es muy difícil asignarle un estilo pues ha sufrido muchísimas modificaciones desde que fue construida a finales del siglo XVI y principios del XVII. Podríamos decir que forma parte del gótico maltés, pero pronto sufrió problemas estructurales y fue reconstruida en 1681 gracias al mecenazgo del Gran Maestre Gregorio Carafa, cuyo escudo aún preside la fachada. Su interior, ampliado en la década de 1920 siguiendo los planos de Emanuel Borg, combina el barroco maltés con una cúpula relativamente moderna y frescos de Gianni Vella que sustituyeron a los de Giuseppe Calì. Es una iglesia luminosa, discreta y muy viva, que acompaña al paseante casi sin imponerse, como un respiro espiritual en medio del bullicio de la capital.
Cristo en la iglesia de san Francisco de Asís.
Velas con luces led en la iglesia de San Francisco.
Las velas de las iglesias siempre me han apasionado. En ellas veo la devoción del pueblo, la continuidad de creencias que vienen de muy lejos, casi tan antiguas como el propio gesto de encender fuego. Hay algo vivo en una llama: un calor de hogar, un latido, un sueño que arde en silencio mientras espera realizarse. Las velas son anhelos, son esperanza, son un pequeño grito luminoso que insiste en que no todo está perdido. Y qué quieren que les diga: prefiero las velas de cera a esas imitaciones de led que parpadean sin alma. Yo quiero velas de verdad. Quiero poder sentir el riesgo de su llama, dejar que su movimiento voluble me hipnotice y me invite a soñar.
QR para dejar una limosna con Revolut
Al salir, un código QR pegado junto a la puerta me recordó que el tiempo no pasa en balde. Era para dejar una limosna con Revolut, porque si el dinero en efectivo se desvanece, las iglesias también tienen que adaptarse. Es lógico, claro. Pero no puedo evitar sentirlo extraño. Quizá sea cosa de la edad, o de cierta nostalgia por los gestos concretos: el sonido de unas monedas cayendo en la caja, el roce del metal, la sensación de haber entregado algo que pasó por mis manos. La limosna digital es eficiente, sí, pero no huele a nada, no pesa, no deja huella. Y yo, qué quieren que les diga, sigo prefiriendo ese pequeño ritual antiguo que me conecta con todos los que lo hicieron antes que yo.
Anochece
Todavía no es noche cerrada pero las calles se encienden con sus luces de gala
Poco a poco las calles se encienden con luces navideñas. ¿Alegría o tristeza? Quizá ambas. Alegría porque el sol, que parecía derrotado, vuelve a ascender desde sus profundidades y comienza de nuevo su renacer, derramando luz sobre el mundo. Pero también tristeza, porque cada destello nos recuerda a quienes ya no caminan a nuestro lado. Tal vez la Navidad no sea lo uno o lo otro, sino esa mezcla extraña y hermosa en la que la esperanza convive con la memoria, y la luz se abre paso sin borrar del todo la sombra.
El sol se pone. El árbol destaca.
Retrocedemos sobre nuestros pasos y todas aquellas figuras que vimos de día, apagadas y casi tímidas, ahora brillan. La noche las ha vuelto hermosas. La fuente de los Tritones resplandece como si emergiera de un sueño acuático; la noria, con sus cambios de colores, parece un reloj cósmico marcando un tiempo distinto; y esas flores que creíamos blancas revelan, bajo la penumbra, un violeta inesperado. El mundo que durante el día tenía un aire inocente, casi doméstico, se transforma de repente en un escenario brillante, lleno de misterio. Y entonces todo se ordena alrededor de un único impulso: el foco se desplaza hacia la luz. Hacia la luz.
La fuente de los tritones, vista de noche.Fuente de los tritones cuando el sol se sumerge en la oscuridad.
La casa que de día no decía nada, de noche se vuelve brillante, de colores vívidos, que nos invitan a entrar.
A la izquierda de la casa hay árboles violetas. Son aquellas flores blancas que veíamos por la mañana.
Las flores blancas se han metamorfoseado en violeta.
Y la bola que sin iluminación era muy sencilla, al iluminarla aparece así:
Bola nocturna. Retocada con IA.
La noria, iluminada, adquiere otra dimensión. Mucho más bella.
La noria al anochecer en Florina.
El aparcamiento estaba muy cerca de la noria. Cogimos el coche y regresamos a nuestro hotel en San Julián. Por fin habíamos visto La Valeta. En un viaje anterior apenas habíamos bordeado sus murallas y brindado con un par de vinos malteses, pero esta vez fue distinto. Caminamos por dentro y por fuera de sus fortificaciones, nos maravillamos con las técnicas constructivas de los Caballeros, probamos sus vinos con calma y descubrimos la belleza inesperada de sus decoraciones navideñas. Seguramente solo hemos visto una ínfima parte de esta ciudad única, pero al menos nos hemos quitado la espina de aquel viaje en el que casi no vimos nada. Y, en el fondo, no haberlo visto todo es una suerte: nos deja la mejor de las excusas para volver.
Después de pasar casi todo el día en el Acuario Nacional de Malta, empapados de peces, tiburones y colores marinos, surgió en el grupo un deseo inesperado: ir a la Superbowl, la bolera más famosa de la isla. A uno de nosotros le hacía especial ilusión, así que allá fuimos, directos al corazón del ruido, las luces y las bolas rodando.
Ruta desde Acuario a cafetería Lumis. Mapa gentileza de Google maps.
Confieso que, de joven, las boleras me encantaban. Ese estruendo continuo tenía algo de energía juvenil, de caos divertido. Pero esta vez… no. En Malta, el ruido me resultó insufrible. Es curioso cómo cambia la percepción con la edad: lo que antes era ambiente alegre, ahora es tormenta sonora insufrible.
La bolera tenía una cafetería. Como cerca de las pistas el ruido era insoportable, nos fuimos lo más lejos posible, pero el ruido seguía siendo insufrible. La bolera estaba decorada con motivos navideños.
Muñeco de nieve simulado, en la cafetería de la bolera.
Muñeco de nieve simulado, con luces de colores.
Así que negociamos un pacto civilizado: quien quisiera jugar, que se quedara; quien no, buscaría refugio en una cafetería del mismo edificio. Por suerte, el complejo tiene varias plantas y varias opciones para escapar del estrépito.
Aspecto del comedor de Lumis.
Cogimos el ascensor y subimos hasta Lumis, una cafetería cuyo nombre en maltés significa limones. Y, como los limones, fue un soplo de frescura. Un espacio luminoso, tranquilo, con un ambiente que parecía diseñado para contrarrestar el caos de la bolera que rugía varios pisos más abajo.
Como podemos ver, los precios no podemos decir que son baratos. Pero el lugar es tranquilo y nos permite huir del tremendo ruido de la bolera.
En la barra, una carta de cócteles irresistibles nos guiñó el ojo. No eran precisamente baratos, pero tenían ese magnetismo que hace que uno piense: “Bueno… estamos de viaje”. Pedimos varios, cada cual más vistoso que el anterior, y dejamos que el tiempo se deslizara suavemente mientras los jugadores del grupo seguían lanzando bolas y derribando pinos.
Detalle de carta de cocteles.
La espera, entre sorbos y conversación relajada, se convirtió en un momento inesperadamente agradable. A veces, los mejores rincones de un viaje no son los que uno planea, sino los que aparecen cuando decides huir del ruido y subir un par de pisos más arriba.
Aspecto del interior de Lumis.Aspecto de la barra
Uno de los cocteles, creo, aunque no pongo la mano en el fuego, que era un whiski sour. La presencia era buena hasta que te fijabas en el limón.
Uno de los cocteles. La pinta del limón, reseca, no me gustó nada.
El coctel lucía muy bien, pero el limón reseco daba una muy mala impresión. Tal vez esté equivocado y haya que servirlo así, pero para mí fue una sorpresa desagradable.
Pero era un día de fiesta, así que iluminé el coctel de otra forma y eludí el limón reseco.
Ahora, sin que vea el limón, parece mucho más bello.
Otro de mis acompañantes pidió un mojito.
Mojito.
Daiquiri de fresa y árbol de Navidad detrás.
El establecimiento estaba decorado con motivos navideños.
Árbol navideño en Lumis.
El servicio fue profesional y amable. Pero, ya que estamos ante un sitio de cierta calidad, poner en un coctel un limón reseco me dio muy mala impresión. Tal vez sea yo el equivocado y poner el limón reseco sea lo aconsejable, pero, de verdad, a mí me causó una impresión deprimente. Sinceramente, si pago 14 € por un whiski sour espero una rodaja de limón fresca, no reseca.
Hay lugares que uno visita por curiosidad y otros que, sin esperarlo, te regalan una pausa interior. El Acuario Nacional de Malta pertenece a esa segunda categoría.
Acuario Nacional de Malta.
Un recorrido que empieza en la orilla
El acuario está organizado como un pequeño viaje circular por el Mediterráneo. Las primeras salas recrean las costas maltesas: rocas calizas, praderas de posidonia, bancos de peces plateados que se mueven como si obedecieran a una coreografía antigua. Es un recordatorio de que, incluso en un archipiélago tan pequeño, la vida marina late con una intensidad sorprendente. He dicho archipiélago ya que la República de Malta tiene tres islas: Malta, Gozo y Comino.
Recreación de arrecifes en la isla de Malta.
En el acuario nacional de Malta hay muchas cosas que ver, pero una de las que más miradas atrae es el túnel de los tiburones.
El túnel de los tiburones
El momento estrella —literal y figuradamente— es el túnel acristalado. Allí el tiempo se ralentiza. Los tiburones pasan sobre tu cabeza con esa elegancia que solo tienen los animales que no necesitan demostrar nada. Las rayas, en cambio, parecen saludar con sus alas ondulantes. Es imposible no sentir un pequeño estremecimiento, mezcla de respeto y fascinación.
Túnel de los tiburones. He elimando las caras, por razones de privacidad.Aspecto del impresionante túnel. Por razones de privacidad he borrado las caras.
El Mediterráneo… y más allá
Aunque el acuario está centrado en la fauna local, también hay espacio para especies tropicales: peces payaso escondidos entre anémonas, medusas que parecen lámparas vivientes, un pulpo que observa con la inteligencia silenciosa de quien sabe más de lo que dice. Cada tanque está acompañado de paneles claros y bien diseñados, perfectos para quienes disfrutan aprendiendo mientras viajan.
Acuario de Malta.Creo que es pez ballesta payaso. Pero no pongo la mano en el fuego.Pez león.
Un espacio pensado para todos
Algo que nos sorprendió fue lo bien integrado que está el acuario en su entorno. Desde la cafetería se ve el mar real mientras aún llevas en la retina el mar imaginado de los tanques. Las familias encuentran actividades interactivas, los curiosos pueden detenerse a leer, y los que solo quieren dejarse llevar tienen bancos estratégicamente colocados para contemplar sin prisa.
Pez ángel.
Dentro del acuario, una de las sorpresas más singulares es un simulador de terremotos que sumerge al visitante en una experiencia casi literaria: la sensación de estar a bordo del Nautilus, el mítico submarino del capitán Nemo. La sala vibra, cruje y se ilumina como si una falla submarina despertara bajo el casco metálico, mientras paneles y efectos sonoros recrean el temblor de las profundidades. Es un guiño vernesco [de Julio Verne] que mezcla ciencia, aventura y un toque de fantasía, convirtiendo la visita en algo más que una simple observación de fauna marina.
El exterior del simulador de terremotos de Nemo. Lamentablemente, dentro no dejaban sacar fotografías.
Salimos al exterior… y el mar seguía allí
Al terminar la visita, volvimos a la luz del Mediterráneo. El contraste entre el azul contenido del acuario y el azul infinito del mar real crea un efecto curioso: uno sale con la sensación de haber afinado la mirada. Como si ahora viéramos más vida en cada ola.
Vista del Mediterráneo desde fuera del Acuario.
Era hora de almorzar. Dada la ubicación del acuario, en una esquina de la isla. Lo más rápido era comer en el propio acuario. Por suerte, disponen de un excelente restaurante que se llama La Nave [¿otra reminiscencia de España?].
Allí mimo hay un letrero hecho en el estilo trencadis, típico del modernismo catalán.
Letrero Café del Mar en estilo trincadis.Cocodrilo estilo trencadis a la entrada del acuario.
Almuerzo en La Nave
La Nave refuerza aún más la inmersión del acuario con una decoración íntegramente marinera: maderas que recuerdan a la cubierta de un barco, redes y boyas que cuelgan como si acabaran de salir del puerto, y detalles náuticos que evocan travesías por el Mediterráneo. El ambiente acompaña a su cocina informal —pizzas italianas y hamburguesas— y convierte la pausa para comer en una prolongación natural del viaje submarino que propone el acuario.
Decoración de peces [¿sardinas?] en el restaurante La Nave.Decoración de peces.
Estanos en un restaurante dentro de un acuario, donde los clientes más habituales son los niños, ¿o tendríamos que decir de los padres que van con la disculpa de que les gusta a los hijos?. Así que entre los platos figuran los preferidos de los niños, pizzas y hamburguesas.
Pizza del restaurante La Nave
Hamburguesa con patatas fritas en La Nave.
Por parte de los adultos quisimos probar los vinos de Malta.
Pedimos un Ziffa rose de 2024.
Sin ser una maravilla, no estaba mal. Y, al menos, habíamos probado un vino maltés.
En cuanto al precio, digamos que para los estándares de Fuengirola, eran bastante caros. Pero para el estándar europeo eran bastante normales.
Aquí tienen la factura para seis personas:
Factura para seis personas.
Allí donde la tarde se vuelve noche en un suspiro
En pleno invierno, Malta vive atardeceres realmente tempranos. En el solsticio de invierno, el sol se pone alrededor de las 16:52 en La Valeta, de modo que la luz se esfuma casi sin darte cuenta. Por eso, después de comer —aunque no fuera especialmente tarde— al salir del restaurante nos encontramos ya con la noche completamente instalada, como si el día hubiera decidido plegar velas antes de tiempo.
La suerte quiso que aquella noche maltesa no fuera un pozo oscuro, sino un archipiélago de luces. Miles —quizá millones— de ledes dibujaban criaturas imposibles: submarinos dignos del capitán Nemo, medusas suspendidas como lámparas vivas, galeones fantasma navegando en silencio por plazas y paseos. Todo era luz, luz, luz… una constelación terrestre que desafiaba a la noche y la obligaba a retroceder, aunque fuera por unas horas, ante la imaginación encendida de la isla.
Figuras iluminadas en el Acuario Nacional de Malta. Medusa a la izquierda, galeón a la derecha.
Barco de luz.
La medusa de luz nos saluda.Un «Nautilus» de ledes. Ls caras las he emborronado por razones de privacidad.
El caballito de mar es una de esas criaturas que parecen inventadas por un poeta: navega erguido, como un jinete diminuto que avanza con dignidad entre las algas, y desafía todas las normas del reino animal. Su mayor prodigio es que es el macho quien gesta y pare a las crías, guardándolas en una bolsa ventral hasta que, tras un temblor casi imperceptible, las libera al agua como un pequeño estallido de vida. Un ser delicado, improbable y absolutamente fascinante.
Caballito de mar en el Acuario de Malta.
Hay hasta un platillo volante.
Platillo volante.
Resulta llamativo que un simple cono de luces pretenda evocar un árbol. Ningún árbol real inicia su copa pegada al suelo; siempre la eleva un poco, como si necesitara aire para desplegarse. Pero, claro, trazar un cono luminoso es mucho más sencillo que reproducir el perfil caprichoso de una conífera y, por esa facilidad de montaje, los conos han terminado por convertirse en los árboles oficiales de la Navidad urbana. ¿Qué quieren que les diga? Yo sigo prefiriendo árboles a conos.
Cono de luces que pretende ser un árbol de Navidad.
Interior del árbol.
La leyenda de una estrella que dirigió a Los Reyes Magos al pesebre está presente en las luces de Malta. Siempre me ha sorprendido que un mito medieval conserve tantos devotos en pleno siglo XXI. Quizá toque alguna fibra ancestral, algún anhelo antiguo que nuestra civilización, por muy tecnológica que sea, no ha dejado atrás. La verdad es que no tengo una explicación clara. Pero sí una certeza íntima: la estrella me gusta, con su mezcla de símbolo, luz y esperanza que atraviesa los siglos sin apagarse.
Estella de Belén.
El acuario habla de peces, sí, pero también de peces de luz, criaturas gigantescas que multiplican por tres la estatura de un niño y parecen recién salidas de un sueño submarino. Brillan, se arquean, avanzan suspendidas en el aire como si nadaran en una corriente invisible. Son peces luminosos, hermosos, potentes, capaces de transformar una noche cualquiera en un océano encendido.
Un pez de luz.
Pez luminoso en el acuario de Malta. El movimiento no es real, está creado por IA
Tras pasar casi todo el día en el Acuario decidimos a la bolera, pero de ello hablaremos en la próxima entrada. Me despido con una canción popular maltesa con temas navideños.
Decidimos pasar las fiestas de año viejo 2025 y nuevo 2026 en Malta. En Malta ya habíamos estado no hacía demasiado tiempo. Pero fue un viaje un muy rápido que apenas nos dejó hacernos una idea de lo que eran las islas. Ya hice una referencia a dicho viaje aquí:
En esta ocasión nuestro viaje fue en avión. Por razones personales, teníamos que salir el 28 de diciembre y volver el 4 de enero. Tras hacer una búsqueda de posibles vuelos, por fin me decidí por una ruta un poco extraña. De Málaga fuimos a Zúrich en Swiss y de Zúrich a Malta en KM Malta.
Ruta que seguimos. Málaga-Zúrich con Swiss y Zúrich-La Valeta con KM Malta. Basado en un mapa de Google Maps.
Nuestra primera parada era el aeropuerto de Málaga. Todos los aeropuertos tienen unos precios carísimos. El de Málaga es, comparativamente, barato. De otros viajes ya sabíamos de un sitio con precios razonable: Pans & Company. Tras hacer el check-in nos dirigimos allí para tomar algo, pues, posiblemente, no volviéramos a comer hasta llegar a Malta.
Pans en el aeropuerto de Málaga.Letrero de Cafe Pans.
Pedimos varias cosas. Entre ellas unas patatas bravas.
Patatas bravas de Pans.
También pedimos unas alitas de pollo:
Alitas de pollo a la barbacoa de Pans.
Las bolsitas de papel que ponen «Del bosque al mundo» son cubiertos de madera. Sinceramente, serán muy ecológicos, pero el tenedor de madera de lo más inútil que he tratado de usar nunca. Tan inútil que tuve que coger las alitas con la mano.
De postre, entre otras cosas, elegimos un donut:
Donut.
Para beber tomamos varias cosas. Destaco un vino tinto, de color rojo intenso, «Sangre de Toro» de las bodegas Torres.
Botellita de vino tinto Sangre de Toro.
El precio final fue, digamos, un poco más caro que en un bar de fuera del aeropuerto, pero no mucho. Por ello considero que Pans & Company del aeropuerto de Málaga como uno de los sitios con mejor relación calidad/precio de todo el recinto.
También tenemos que señalar que las personas que nos atendieron lo hicieron con amabilidad y nos ayudaron con nuestras preguntas de novatos.
Vuelo de Málaga a Zúrich con Swiss
Mi primer viaje a Zúrich, hace más de cuarenta años, lo hice con la compañía Swiss. Tenía muy buen recuerdo de aquel vuelo. En esta ocasión el avión era un Airbus 320 neo, pero sus asientos eran mucho más sencillos que los que yo recordaba. Digamos que ocupan menos sitio, pero son un poco más incómodos.
El viaje fue tranquilo y agradable. En el avión había una carta de comidas y bebidas. Los precios bastante altos, como todo en Zúrich. Posteriormente, descubrimos que los precios del avión eran los mismos del aeropuerto. Así que el avión no lo hacía mal del todo.
El vuelo transcurrió sin incidencias. Durante el vuelo nos dieron una botella de agua, de la que hablaré en la próxima entrada pues «los verdes» me tiene un poco harto.
Nuestro avión, en el aeropuerto de Málaga.
Teléfonos apagados
En mi anterior viaje a Malta tuve una experiencia sumamente desagradable con los teléfonos móviles. Desactive el roaming, no obstante en la siguiente factura recibí un cargo de 100 Euros por conectarme a redes que no eran de la Unión Europea (50 mío y 50 de mi mujer). Suiza no es de la UE así que, nada más montar al avión, apagamos los teléfonos y no los volvimos a encender hasta estar en Malta (que sí es la Unión Europea y no hay recarga por roaming). Eso implica que no tengo ninguna foto del aeropuerto de Zúrich.
Tras un par de horas de espera, cogimos el siguiente vuelo: Zúrich-La Valeta.
Vuelo Zúrich-La Valeta
Tras dos horas de espera cogimos el vuelo de KM-Malta hacia «La Valeta». El avión era el mismo que el de Swiss (un Airbus 320 neo), sus asientos similares, pero estaban mucho más juntos. El resultado final fue que fue uno de los peores vuelos de mi vida. Terminé con el culo dolorido, las rodillas sin saber donde ponerlas. Concluyendo: si puedo evitarlo, nunca más volaré con KM Malta.
Nuestro avión a la llegada a Malta.
Allí, en Malta, pudimos bajar tanto por la puerta delantera como por la trasera, por lo que desembarque fue bastante rápido, aunque tuvimos que montarnos en una «jardinera» para llevarnos a la terminal del aeropuerto.
Jardineras que nos llevaron a la terminal de psajeros de «La Valeta».
Al comparar las entradas por los «fingers» en Zúrich y la salida en La Valeta por la jardinera me surgieron muchas dudas. Los «fingers» solo permitieron la entrada por una puerta. Las jardineras permitieron el desembarque por dos puertas, lo que resultó ser mucho más rápido.
La espera de pie, en la jardinera, es horrible. De lo peor del viaje. Pero creo que a la larga es más corto que los fingers. En Zúrich tuvimos que andar kilómetros hasta llegar a nuestra puerta. En La Valeta había menos puertas. El viaje en jardinera es extremadamente incómodo, extremadamente degradante, pero es posible que sea más rápido.
Las jardineras y los fingers me hicieron recordar lo degradantes que son los viajes en avión. A la entrada tienen que desnudarte y te tratan como un delincuente. Es raro que pases sin que tengan que cachear. Y todo ello con unas colas enormes. Recuerdo que no hace mucho, llegué a la cola de seguridad del aeropuerto de Málaga con dos horas antes de salir el vuelo. Las colas eran tan lentas que cuando llegué a mi puerta de embarque la estaban cerrando. Pudimos entrar al avión de milagro. Cansados por haber tenido que correr por esos interminables pasillos.
Recuerdo, allá por el principio de la década de los 70, que volar daba gusto. Ahora se ha convertido en un martirio. Prefiero cualquier cosa al avión. Pero, claro, ir desde Málaga a Malta, no ofrece muchas opciones.
Taxis
Para que todo me resultase más simple, contraté el servicio de taxis desde el aeropuerto hasta el apartamento que habíamos alquilado con Booking.
Nada más salir con nuestras maletas, allí estaba nuestro taxista, que con gran amabilidad nos llevó las maletas. Nos esperaba con un cartel que ponía mi nombre.
Llegada a apartamento y supermercado
El taxista nos llevó al apartamento que habíamos alquilado. Alquilé un apartamento porque el hotel al que habíamos pensado ir estaba completo. El taxista nos llevó y nos subió las maletas hasta el primer piso.
Resultó que no era nuestro apartamento. Por uno de esos problemas de Google Maps, nuestro apartamento estaba unos metros más hacia la esquina. Solo unos metros, pero suficiente para que no fuera nuestro apartamento. Tuvimos que llamar a la que nos lo alquilaba para encontrar la ubicación exacta. Era el apartamento de al lado.
Logramos conseguir la llave y entrar.
El apartamento nos pareció magnífico. Nos costó muy caro, pero parecía que merecía la pena (se me olvidaba, lo contrate por Booking).
Detalle de la mesa del apartamento.Detalle de la cocina.
El apartamento tenía una Smart Tv y Wifi de alta velocidad.
Smart Tv y Wifi.
Las habitaciones eran cómodas y tenían aire acondicionado, en este caso, para calentar.
Detalle de una de las camas.
Mercado abierto 24 horas 365 días
A unos 150 metros del apartamento, descubrí, gracias a Google Maps, que había un mini-market que abría todos los días a todas horas. Fui allí a tratar de encontrar algo para cenar. Allí había de todo. Cogimos unas cuantas cosas. Las hicimos en el «fryer» de la cocina. Y nos fuimos a la cama. Mañana empezaríamos nuestra visita a la isla.
Vinos de Malta
Para cenar quise probar los vinos de Malta. En el supermercado había varios con nombres claramente españoles. Tal vez, reminiscencias de cuando Malta fue española.
Vino blanco de Malta. Marca «La Torre». Uva italiana Trebbiano.
A dormir
Había sido un día bastante cansado. Salida de Málaga. Espera en Zúrich. Llegada a La Valeta. Taxi hasta apartamento. Visita a supermercado para la cena. Y, por fin, a la cama.
No pude dormir muy bien, pues hacía frío y el aire acondicionado tenía una avería. ¡Pasé frío!
Pasamos el fin de año viejo y principio de año nuevo en Malta. Siempre, antes de los viajes, me gusta saber algo de su geografía, de su historia, de sus costumbres… y a veces me gusta inventar etimologías, ¿qué significa el nombre?
Ubicación de Malta entre el Mediterráneo oriental y el occidental. Cerca de Sicilia y no lejos de Túnez o Trípoli
Malta es un punto minúsculo en el mar Mediterráneo.
Una mota de piedra entre dos continentes, equidistante entre Europa y África, aunque más cerca de Sicilia que de Túnez. Isla perdida en mitad de dos mundos, demasiado pequeña para imponer respeto, pero demasiado visible para pasar desapercibida. Muy fácil de tropezar con ella por azar. Así la encontraron los fenicios: no porque la buscaran, sino porque el mar la ofreció como refugio. Una grieta en la inmensidad, un hombro de roca donde los barcos heridos podían descansar.
MALTA — La isla donde la miel aprendió a proteger (Relato fantástico, no real)
Dicen los viejos navegantes fenicios que, antes de tener nombre, la isla era solo un hombro de roca en mitad del Mediterráneo: un refugio natural donde los barcos heridos iban a lamerse las velas rotas. No había templos aún, ni murallas ciclópeas, ni torres de vigía. Solo puertos que parecían brazos.
Malta la isla donde la miel aprendió a proteger. Imagen creada con ayuda de Copilot de Microsoft.
Pero las abejas llegaron primero.
Cuentan que una reina dorada —hija del Sol y del viento del sur— buscaba un lugar donde su enjambre pudiera sobrevivir a los inviernos salinos. Al ver aquella isla de piedra cálida, se posó en una grieta y dijo:
“Aquí la miel no será solo alimento. Aquí la miel será refugio.”
Los fenicios, que escuchaban más de lo que decían, entendieron el mensaje. Llamaron a la isla Maleth, “el refugio”, “el puerto seguro”. Y cada vez que un barco escapaba de una tormenta y encontraba allí amparo, el nombre se hacía más verdadero.
La isla ofrece un refugio seguro y acogedor.
Los griegos, siempre poetas, oyeron Maleth y lo transformaron en Μελίτη, la isla de la miel. No era del todo cierto, pero tampoco era mentira: las abejas seguían allí, guardianas diminutas de un territorio que sabía proteger.
Los romanos heredaron el eco: Melita, y luego Malta. Pero bajo todas esas capas, como un panal enterrado en la roca, seguía latiendo la raíz fenicia: la isla que acoge, la isla que salva, la isla-refugio.
Por eso, dicen los marineros modernos, cuando uno llega a Malta siente una extraña mezcla de dulzura y seguridad, como si una abeja antigua le rozara el hombro y le susurrara:
“Has llegado a casa.”
Etimología real
Lo de arriba era una ficción, una obra de mi imaginación. Pero hay historiadores que han buscado el origen del nombre de Malta. Hay varias hipótesis.
La etimología de Malta no es unívoca; procede de un nombre muy antiguo que ya los griegos y romanos heredaron de pueblos anteriores. Las fuentes coinciden en dos posibles raíces principales:
1) La hipótesis griega: Μελίτη (Melítē) → “la isla de la miel”
Según el Wiktionary, el nombre griego Μελίτη (Melítē) se ha relacionado tradicionalmente con μέλι (méli, “miel”).
La isla era famosa por su miel desde la Antigüedad.
El sufijo -η (-ē) es típico en topónimos femeninos griegos.
Problema: Los propios especialistas consideran incierta esta etimología: podría ser una reinterpretación griega de un nombre más antiguo.
Etymonline ofrece una explicación semítica muy sólida:
Procedería del fenicio melita o maleth, “lugar de refugio”.
Deriva del verbo semítico malat, “escapar”, “refugiarse”.
Encaja perfectamente con la geografía: Malta tiene puertos naturales excepcionales, ideales para marinos fenicios.
Esta es la hipótesis preferida por muchos historiadores y lingüistas modernos.
3) La forma latina: Melite → Melita → Malta
Los romanos heredaron el nombre como Melite y luego Melita. De ahí pasó a las lenguas romances y al árabe medieval (مالطة Mālita), y finalmente a las formas modernas Malta.
🧭 Resumen comparativo
Etimología
Lengua
Significado
Solidez
Μελίτη (Melítē)
Griego
“Isla de la miel”
Tradicional pero considerada incierta
Maleth / Melita
Fenicio
“Refugio”, “puerto seguro”
Muy coherente con la geografía y preferida por especialistas
Melita → Malta
Latín
Adaptación del nombre previo
Evolución histórica documentada
🧡 Conclusión
La explicación más aceptada hoy es la fenicia: Maleth → “refugio”. La explicación más poética y clásica es la griega: Μελίτη → “miel”.
Ambas conviven, y ambas han dejado huella en la identidad cultural de la isla.
El día 24 de octubre salimos para realizar un pequeño crucero por el Mediterráneo que nos llevaría desde Barcelona hasta Malta y vuelta, con escalas en Marsella, Génova, Nápoles, Mesina y Malta. El séptimo día visitamos Malta.
Esta entrada es una de las más difíciles con las que me he enfrentado en este viaje. La República de Malta es un país. Tratar de ver y, posteriormente, describir un país donde estuvimos unas pocas horas me resulta sumamente difícil. Pero voy a intentarlo.
Geografía
La República de Malata es un archipiélago. La isla más grande, y la más conocida, es Malta, pero no es la única.
Quizá lo primero sea explicar dónde está.
Ubicación de Malta. Basado en Google Maps.
Malta se encuentra al sur de Sicilia y al este de Túnez.
En mi caso, llegué en barco procedente de Mesina (Sicilia).
Ruta desde Mesina a la Valeta en Malta. Basado en Google Maps.
La ruta del barco nos llevó muy cerca de Siracusa, al hacerlo recordé que el gran científico que fue Arquímedes nació en esa ciudad que, entonces, era griega.
En este mapa vemos que en la República de Malta hay, al menos, dos grandes islas. La más grande se llama Malta y la siguiente que está al noroeste de ella se llama Gozo. Nosotros solo hicimos una ruta por Malta.
La isla más grande, la que está más al sur, se llama Malta y es donde está la capital de la república, que se llama Valletta (o Valeta en español). La de más al norte se llama Gozo y la del medio, mucho más pequeña, se llama Comino [1].
Etimología de Malta
Los nombres de las islas me han hecho pensar, por ejemplo, que la más pequeña se llame Comino ¿se llama así porque el comino es una semilla muy pequeña? No creo que sea por eso. Pero no voy a dedicarme a ver la etimología de todos los nombres, aunque sí quiero hacerlo de Malta.
Cuando oigo la palabra malta lo primero que se me viene a la cabeza es «güisqui de malta» o «cerveza de malta». A los granos de cereales germinados y luego secados reciben el nombre de malta. Cuando el cereal es cebada, obtenemos un güisqui o una cerveza de cebada de malta.
También me viene a la cabeza la orden de Malta, los caballeros de Malta. Curiosamente, Malta es uno de los países más pequeños del mundo, pero la orden de Malta, es en sí un país, y es el más pequeño del mundo. Es sorprendente que exista un país sin territorio propio, pero eso es la Orden Militar de Malta, que tiene reconocimiento diplomático y emite pasaportes [2].
Parece claro que la orden de Malta y los caballeros de Malta tienen que ver con la isla, pero estoy casi seguro de que la cerveza y el güisqui no tienen nada que ver con ella.
Hay dos ideas sobre el origen del nombre, la primera es que procede de la palabra griega μέλι (meli, ‘miel’).
Los griegos llamaron a la isla Μελίτη (Melite), que significaba ‘dulce como la miel’, debido probablemente a la calidad de la miel producida por las abejas del archipiélago. De hecho, en Malta hay especies endémicas de estos insectos, razón por la cual se le llama «tierra de la miel»
La segunda idea es que el nombre procede la palabra fenicia «Maleth» que significa refugio, debido a las muchas bahías y ensenadas que hay en litoral de la isla. Una parte de ellas pudimos verlas en este viaje relámpago.
Dada la historia de las abejas endémicas de Malta (Apis mellifera ruttneri, y Apis mellifera adamii entre otras), me gusta más la primera hipótesis: la isla de la miel.
Situación política
La República de Malta es un país independiente y que pertenece a la Unión Europea desde 2004. Adoptó el euro como moneda oficial en 2008.
Primeras impresiones
Al llegar a la capital, La Valeta, la primera impresión es que es una ciudad con grandes murallas y muchas fortalezas.
Entrando en el puerto de La Valeta. Se ven fortalezas a izquierda y derecha. La del centro es el Fuerte San Ángel.El puerto de La Valeta y sus muchas fortificaciones.El fuerte de San Ángel visto desde el barco.
Ya cuando estábamos atracando pudimos ver una escena de La Valeta.
Vista de La Valeta desde el barco.
Sin duda destacan las murallas y en el centro las torres de una iglesia. Se trata de La catedral principal de La Valeta, cuyo nombre es Concatedral de San Juan. Es una impresionante iglesia barroca construida por los Caballeros de la Orden de San Juan en el siglo XVI.
El puerto, las murallas y la concatedral de San Juan desde el barco.
La primera impresión, sin dudas, es que La Valeta es una ciudad espléndida que necesita mucho más tiempo del que disponemos para verla. La duda que nos surge es ¿qué hacemos? Pero, al mirar abajo, desde el barco, vemos la respuesta: el bus rojo, que nos permitirá hacernos una idea de lo que se puede ver y a donde tendríamos que volver con más calma.
Desde el barco pudimos ver el autobús rojo que suele ser una buena opción para tener una vista rápida del lugar.
Así que nuestro plan se definió en ese momento. Cogeríamos el bus y veríamos la isla. Sabíamos que tan solo sería un primer contacto y que nos quedaríamos con ganas de volver para ver todo aquello con calma, pero no teníamos otra cosa.
Bajamos al puerto. A pesar de que éramos miles de pasajeros, el desembarco fue muy rápido. Estaba muy bien organizado.
Nada más bajar vimos un monumento que parecía un barquito de papel flotando en el agua. Eso sí, ni era barquito (era muy grande) y ni era de papel. Es un monumento dedicado a los nuños emigrantes.
Monumento a los niños migrantes. Puerto de La Valeta.
En la valla que rodeaba al puerto había una imágenes de gatos negros y brujas que supongo estaban allí por la víspera de todos los santos (Samaín en español y en el mundo anglosajón Halloween):
Imagen de un gato negro con sombrero de bruja en el puerto. ¿Era solo estos días o están siempre?
Buscamos la ubicación del autobús rojo, compramos los billetes y nos montamos para tratar de hacernos una idea de lo que es la isla.
La isla de Malta, con algunos de los lugares que visitamos. Basado en Google Maps.
Las ciudades más importantes son La Valeta, Mdina y Mosta. Después, destaca la zona norte, donde hay muchos lugares de turismo, muchas playas. Destaca la bahía de San Pablo.
De San Pablo hablaremos más adelante. Veremos que hay una bahía de San Pablo, unas islas de San Pablo, una catedral de San Pablo, etc. De ello hablaremos cuando nuestro viaje nos lleve a la Bahía de San Pablo, San Julián y Silema.
Idioma maltés
Montamos en el autobús y empezamos a ver las calles estrechas, empedradas y con bonitos edificios de piedra. Muy pronto me llamaron la atención los letreros de las calles y algunos símbolos raros que veía en las señales de tráfico.
Rótulo de una calle. Triq Il-Vittmi Furjanizi Tal-Gwerra
En este rótulo de calle me daba la sensación de no entender nada. Gracias al traductor de Google descubrí que lo que dice es «Calle de las Víctimas de la Guerra de Furiani». O sea, que Triq significa calle. Vittimi = Víctimas (parece una influencia del castellano o del italiano, y Gwerra= Guerra también parece que tiene la misma influencia).
En las señales de tráfico había algunas letras con acentos muy raros e incluso una letra que se repetía y que me desconcertaba. Por ejemplo, hay una ciudad que se llama:
Ħaż-Żebbuġ
La z y la g con puntos arriba me resultan extraños, pero mucho más extraño es el primer símbolo (Ħ) que me recuerda a las puertas torii de Japón.
Un torii en la entrada del Santuario de Tatsuta, un santuario sintoísta en Sangō, Nara. La foto es de Saigen Jiro – Trabajo propio, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=74459378
Gracias a Wikimedia y a Saigen Jiro por permitir usar su foto.
También recuerda a una H con un palito transversal encima del tradicional. Estudiando un poco el tema, eso es lo que es, una H con un palito (Ħ). Cuando se ve su representación en minúsculas (ħ) queda mucho más claro que es una h con una raya. Su sonido es el de una h aspirada.
Estos carteles me hicieron pensar en cómo es el idioma maltés. Resulta ser un derivado del árabe marroquí, con grandes influencias del siciliano, español, italiano y del inglés. Todo ello porque Malta ha sido ocupada por árabes (en el mapa se ve que está muy cerca de Túnez), por sicilianos, aragoneses, italianos, ingleses, etc.
Hoy en día el maltés es el idioma oficial de la isla, pero el inglés es cooficial.
Ciudad de Mdina
No, no me he equivocado al nombrar la ciudad, no es Medina, sino Mdina.
A la primera ciudad a la que nos llevó el autobús, tras salir de La Valeta, fue a Mosta, pero antes de llegar, vimos, de lejos, la ciudad de Mdina que destaca por su imponente y muy bien conservada muralla y la grandeza de la Catedral de San Pablo.
La ciudad fortificada de Mdina. En el centro destaca la Catedral de San Pablo.
Poco después dábamos la vuelta a la ciudad y podíamos ver la catedral con otra iluminación.
Murallas de Mdina y la catedral de San Pablo.
Como veremos más adelante, San Pablo está muy presente en la isla. Aquí, en Mdina, está la catedral de San Pablo, al noreste hay una Bahía de San Pablo, también hay dos islas de San Pablo, una iglesia del Naufragio de San Pablo en La Valeta, … Esto me intrigó, pero muy pronto la grabación del bus nos dio la explicación.
San Pablo en Malta
Copilot de Microsoft nos dice: «San Pablo tiene una conexión histórica y significativa con Malta. Según la Biblia, San Pablo naufragó en Malta en el año 60 d.C. mientras se dirigía a Roma como prisionero. La Bahía de San Pablo, una de las bahías más bonitas de la isla, lleva su nombre en honor a este evento».
La historia más completa del Naufragio en la Bahía de San Pablo, el lado de las islas de San Pablo, puede verse en [3].
Bahía de San Pablo. Arriba, en el centro de la imagen, las dos islas que se llaman de San Pablo.
Mosta
Poco después llegábamos a Mosta, donde, sin duda, el monumento más importante es la iglesia de la rotonda. Lamentablemente, por el poco tiempo del que disponíamos, no pudimos bajarnos, así que todo lo que pude hacer es sacar unas fotos desde el autobús.
Iglesia de la Rotonda, de Mosta, desde el autobús.
A lo lejos empecé a ver una iglesia redonda, para mi gusto un tanto mazacote, aunque reconozco que hacer esa enorme cúpula no debe ser tarea sencilla.
Iglesia de la rotonda. Mostar.
Cuando ya estaba un poco más cerca pude ver que la cúpula es compleja y bastante menos fea de lo que me parecía desde lejos.
La iglesia parroquial de la Asunción (en maltés: Knisja Arċipretali ta’ Santa Marija), comúnmente conocida como la Rotonda de Mosta (en maltés: Ir-Rotunda tal-Mosta) o la Cúpula de Mosta, es una iglesia parroquialcatólica situada en Mosta, Malta, y dedicada a la Asunción de María. Fue construida entre 1833 y 1860 con diseños neoclásicos de Giorgio Grognet de Vassé
Se inspira en el Panteón de Roma. El diámetro de la cúpula es de 37 m, lo que la convierte en unas de las cúpulas sin soporte más grande del mundo .
Cuando pasamos por el frente de la iglesia vi que su fachada es bastante bonita. Yo diría que es de estilo neoclásico, pero los expertos dicen que es de estilo ecléptico. Y si nos fijamos en ella, hay más de un estilo. Efectivamente es ecléptica.
Fachada iglesia la Rotonda de Mosta.
Desde el bus no pude sacar nada mejor. Tan solo una vista parcial en la que se ve perfectamente que las columnas son de orden jónico. El tímpano es neoclásico. Y las torres campanario me atrevería a decir que son neogóticas, aunque también podría considerarse neorrománica. Siempre acertaré si digo neoclásica.
Gracias a Wikimedia podemos ver una foto mucho mejor que la mía.
Iglesia de la Rotonda de Mosta. Foto de Diego Delso, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=122608821
Gracias a Wikimedia y a Diego Delso por dejarnos usar su foto.
Las calles de Mosta, lo mismo que las de La Valeta, tienen edificios de piedra caliza que es muy abundante en Malta. Esta piedra es muy duradera y resiste muy bien el clima mediterráneo.
Una calle típica de Mosta.Edificio típico de Mosta.
Costa noreste
Desde Mosta el autobús nos llevó hacía el norte, hasta la Bahía de San Pablo, y después bajamos, siguiendo la costa, hasta La Valeta.
Ruta desde Mosta hasta la Bahía de San Pablo.
Al ver el mapa, empiezo a ver que el idioma maltés no es tan extraño como me parecía al principio. Está claro que Pawl es Pablo y que Baħar es Bahía.
Por el camino vamos viendo muchas cosas interesantes. Por ejemplo que las lindes de las fincas se hacen con piedras.
Lindes con muros de piedras.
Al fondo se ve una plantación que creo que es de uvas, pero no pongo la mano en el fuego.
Muro de separación y cultivo de ¿vides?
El vino de Malta tiene fama desde época romana. Su clima lo hace muy propicio al cultivo de la vid. Hay dos variedades autóctonas: Gellewza (rojo) y Ghirgentina (blanco). Dado que el clima es cálido y seco es muy propicio para vinos dulces. También se han introducido variedades internacionales como Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Cabernet Franc, Chardonay, Sauvignon Blanc y Moscatel [5]. Incluso hay vinos espumosos, fabricados por el método tradicional, es decir, usando el método que emplearon en su día en la región de Champagne la viuda de Clicquot, mejorando el método de Dom Perignon.
A Malta se va por muchas cosas, por sus monumentos, por sus excelentes playas, por su clima, para aprender inglés,… y últimamente se ha hecho muy popular ir a catas de vinos. Hay muchas bodegas que los ofrecen y, dicen, que merece la pena [5].
La guía acústica del bus nos habla de que en la isla se da bien el pino de Norfolk (nombre científico Araucaria heterophylla.
Araucaria heterophylla desde bus. La frutas rojas de primer plano son granadas.
Viajando por la costa
El resto del viaje, hasta llegar a La Valeta fue un recorrido por los pueblos turísticos de la costa noreste. Allí había lo esperable: playas, hoteles, bares, restaurantes… y escuelas de inglés.
La ruta que seguimos, más o menos es la del trazo azul. Mapa del recorrido por la costa basado en Google Maps.
En la bahía de San Pablo hay estupendas playas. Al pasar por la ciudad vimos muchas cosas, pero me llamó la atención «The Donut Factory» (La Factoría de Donuts) a cuya entrada hay un bonito arco en herradura.
The Donut Factory cerca de la Bahía de San Pablo.Playa típica en San Julián.Una vista desde el paseo marítimo de Sliema.El puerto en la bahía de Espínola.
En San Julián hay una iglesia, al lado del mar, muy bonita. Se trata de la iglesia de Monte Carmelo.
Iglesia de Monte Carmelo en San Julián.
Esta iglesia se construyó en 1859, pero ha tenido varias renovaciones, entre otras cosas, debido a los bombardeos que sufrió en las Guerras Mundiales. La forma definitiva actual es de 1958 [6].
Uno de los muchos hoteles. En este caso se trata probablemente del Gillieru Harbour Hotel.Iglesia del naufragio de San Pablo en Bugibba.Si no me confundo se trata de una hamburguesería que se llama Casablanca y está en Bugibba.La torre que se ve a la izquierda es la torre de San Marcos.
La ubicación de esa torre es estratégica. En el mapa que viene a continuación su nombre está en Maltés: Torri ta´ Qalet Marku
Ubicación de la torre de San Marcos.
Pasamos por el Aquarium Nacional.
Aquarium Nacional de Malta.Aquarium Nacional de Malta.Bahía salina en Naxxar.
Y así, regresamos a nuestro barco.
Nuestro barco atracado en el puerto de La Valeta.
Nos quedaba tiempo y no quise irme sin probar alguna bebida típica de Malta. Allí mismo, al lado, había un bar y entramos. Allí tenían botellas de vino Maltés, pero en aquel momento no nos apetecía vino, sino refrescos. Pedimos una cerveza de Malta, que resultó ser de la marca CISK, y un zumo de manzana con el nombre de Bravo. La cerveza bastante buena para mi gusto y el zumo era lo esperable.
Cerveza Cisk de Malta.Cervezas Cisk y zumo de manzana verde Bravo
El bar estaba pegado a la muralla de La Valeta.
Muralla de La Valeta desde la terraza del bar.Aspecto de la terraza del bar. La puerta que se ve atraviesa la muralla. Es la parte baja de la foto de más arriba.
Así nos llegó la hora de subir al barco. Lo hicimos. Hacia las 19 horas emprendimos viaje de vuelta, hacia Barcelona.
Adiós a Malta
Al irnos ya estaba anocheciendo y la vista de la ciudad era muy diferente de la que tuvimos a la llegada.
Perfil al anochecer de la ciudad de La Valeta, desde el Barco.Detalle de la catedral al anochecer. La Valeta.Gran puerto de La Valeta al anochecer.Ministerio de Medio Ambiente, Energía y Empresa. La Valeta
Los brillos no los he podido eliminar pues las fotos están sacadas desde detrás de un cristal.
Murallas de La Valeta al anochecer.Fortaleza y puente rompeolas de Sant Elmo.Detalle del fuerte de Sant Elmo.Puente rompeolas de Sant Elmo. La Valeta.Fuerte de Sant Elmo.
Y así, abandonamos Malta.
Me llevo la sensación de que no he visto casi nada, que Malta merece mucho más tiempo. Sin duda, tendré que volver. Por ejemplo, he visto en internet el interior de la iglesia de la rotonda y parece muy bella.
Interior de la cúpula de la iglesia de la Rotonda de Mosta. La foto es de Cristina Morettini 95 – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=152198268
(Agradezco a Wikimedia y a Cristina Morettini por su gentileza al dejarnos usar sus fotos).
Otro ejemplo, en el audio del autobús nos dijeron que en la Isla, en el pasado, habitaban elefantes enanos (Palaeoloxodon falconeri) e hipopótamos enanos (Hippopotamus melitensis), me hubiera gustado ver algunos de esos fósiles. Pueden verse en la cueva-museo de Ghar Dalam.
El tema de los animales enanos es muy interesante, pues es un fenómeno de las islas, por eso se llama enanismo insular. Parece ser que como en las islas pequeñas no hay recursos suficientes para alimentar a animales grandes, por lo que los más pequeños, al comer menos, tienen ventajas evolutivas y, por eso, son los que proliferan.
Pero, me temo que me estoy saliendo mucho del tema… Hasta la próxima entrada.