29 de diciembre de 2025
Después de pasar casi todo el día en el Acuario Nacional de Malta, empapados de peces, tiburones y colores marinos, surgió en el grupo un deseo inesperado: ir a la Superbowl, la bolera más famosa de la isla. A uno de nosotros le hacía especial ilusión, así que allá fuimos, directos al corazón del ruido, las luces y las bolas rodando.

Confieso que, de joven, las boleras me encantaban. Ese estruendo continuo tenía algo de energía juvenil, de caos divertido. Pero esta vez… no. En Malta, el ruido me resultó insufrible. Es curioso cómo cambia la percepción con la edad: lo que antes era ambiente alegre, ahora es tormenta sonora insufrible.
La bolera tenía una cafetería. Como cerca de las pistas el ruido era insoportable, nos fuimos lo más lejos posible, pero el ruido seguía siendo insufrible. La bolera estaba decorada con motivos navideños.

Así que negociamos un pacto civilizado: quien quisiera jugar, que se quedara; quien no, buscaría refugio en una cafetería del mismo edificio. Por suerte, el complejo tiene varias plantas y varias opciones para escapar del estrépito.

Cogimos el ascensor y subimos hasta Lumis, una cafetería cuyo nombre en maltés significa limones. Y, como los limones, fue un soplo de frescura. Un espacio luminoso, tranquilo, con un ambiente que parecía diseñado para contrarrestar el caos de la bolera que rugía varios pisos más abajo.
Como podemos ver, los precios no podemos decir que son baratos. Pero el lugar es tranquilo y nos permite huir del tremendo ruido de la bolera.
En la barra, una carta de cócteles irresistibles nos guiñó el ojo. No eran precisamente baratos, pero tenían ese magnetismo que hace que uno piense: “Bueno… estamos de viaje”. Pedimos varios, cada cual más vistoso que el anterior, y dejamos que el tiempo se deslizara suavemente mientras los jugadores del grupo seguían lanzando bolas y derribando pinos.
La espera, entre sorbos y conversación relajada, se convirtió en un momento inesperadamente agradable. A veces, los mejores rincones de un viaje no son los que uno planea, sino los que aparecen cuando decides huir del ruido y subir un par de pisos más arriba.


Uno de los cocteles, creo, aunque no pongo la mano en el fuego, que era un whiski sour. La presencia era buena hasta que te fijabas en el limón.
El coctel lucía muy bien, pero el limón reseco daba una muy mala impresión. Tal vez esté equivocado y haya que servirlo así, pero para mí fue una sorpresa desagradable.
Pero era un día de fiesta, así que iluminé el coctel de otra forma y eludí el limón reseco.
Otro de mis acompañantes pidió un mojito.
El establecimiento estaba decorado con motivos navideños.
El servicio fue profesional y amable. Pero, ya que estamos ante un sitio de cierta calidad, poner en un coctel un limón reseco me dio muy mala impresión. Tal vez sea yo el equivocado y poner el limón reseco sea lo aconsejable, pero, de verdad, a mí me causó una impresión deprimente. Sinceramente, si pago 14 € por un whiski sour espero una rodaja de limón fresca, no reseca.
La factura no fue barata.
Hasta mañana.
Notas
[1]

La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.
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