31 de diciembre de 2025
Una de las visitas casi obligadas de Malta es la Cueva Azul. Aunque se llame Cueva, en realidad son un conjunto de seis cuevas.

Lo ideal es ver estas cuevas desde un barco que sale de un puertecito que está muy cerca. Desde que sale en sol hasta el mediodía la luz juega el papel protagonista en estas cuevas. La luz se vuelve azul porque el fondo arenoso blanco refleja el sol hacia el interior de las cavidades, creando ese brillo casi fosforescente.
Algunas escenas de la película «Troya» de 2004, con Brad Pitt, se filmaron en estas cuevas. Troya nos lleva irremediablemente a pensar en Ulises y en la Odisea. Casi al final de la Odisea, cuando Ulises (Odiseo) llega a Ítaca, se refugia en una cueva, la cueva de las ninfas, un santuario brumoso donde los dioses aún respiran. Allí esconde sus tesoros antes de revelar su identidad. En Malta, la Cueva Azul no guarda oro, pero sí un tesoro más antiguo: la luz. Una luz que sube desde el fondo como si fuera una ofrenda. Quizá por eso, al entrar, uno siente lo mismo que Ulises: que la cueva no es un lugar, sino un umbral.
Desde la Prehistoria hasta la Antigüedad tardía, las cuevas fueron templos naturales. En ellas se celebraban ritos de paso, se consultaban oráculos, se honraba a diosas madre, ninfas y espíritus tutelares.
La cueva era el útero del mundo, un lugar donde la tierra se abría para permitir un contacto con lo invisible.
En Grecia, Anatolia, el Levante o Iberia, la escena se repetía: cavidades convertidas en santuarios, espacios donde la oscuridad no era amenaza, sino promesa.
Y siempre, siempre, el agua como mediadora.
El Mediterráneo convirtió muchas cuevas en templos líquidos: bastaba un rayo de sol tocando la roca para que empezara la liturgia.
Quisimos coger el barco que nos llevara a la «Cueva Azul», pero no tuvimos suerte. Aquel día, los barcos no zarpaban.


Así que hicimos lo que miles de turistas, ir a una parada reservada para fotos, desde el que se pueden ver parte de las cuevas.


Me imagino la entrada en la cueva, pasando el enorme arco que estoy viendo, y creo que el paseo en barco hubiera merecido la pena.

Almuerzo en Step ‘n’ Café
Cuando en Google Maps buscas Restaurante Cueva Azul, sale este: Step ‘n’ Cafe. No sé muy bien qué tiene que ver una cosa con la otra, pero, como era hora de comer entramos en este restaurante, al lado del puerto de donde salen los barquitos para ver la Cueva Azul.
Me gusta probar los vinos de cada lugar que visito. Malta tiene fama por sus vinos. En la carta figuraba un vino maltés. Y lo pedí.
Como quería probar comida típica de Malta, pedí una bandeja maltesa.

En el recipiente rectangular, cruzado en la bandeja, lo que se ve en el centro son tomates secados al sol. Nunca hubiera pensado que unos sencillos tomates secados al sol, estuvieran tan buenos.
Otras personas de mi grupo pidieron espagueti boloñesa, pizza o tortellini en salsa blanca con hierbas.


Dada la proximidad de Malta con Sicilia, no es de extrañar que gran parte de la comida tradicional maltesa se parezca a la italiana.
Tras la comida, continuamos nuestro viaje para conocer la isla.
Notas

La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero y Álvaro.
Contacto con nosotros; el motivo de que no sea una imagen clara es para evitar que los robots la descubran y nos inunden el buzón de basura.

O rellene el siguiente formulario.


