29 de abril de 2026
Hace mucho, muchos años, la Sección de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi me invitó a dar una conferencia sobre las posibilidades de vida extraterrestre. Aquello fue en los años 90 del pasado siglo, pero no sé exactamente la fecha. El desarrollo de esta conferencia me va a llevar muchas entradas. Lo que viene a continuación son ideas posteriores que he ido pensando, tal vez para una futura conferencia.
Capítulo 3. El error en el origen de SETI: el sesgo biológico
3.1. Un comienzo marcado por la biología
La búsqueda de inteligencia extraterrestre —SETI— nació en un contexto histórico muy concreto: la segunda mitad del siglo XX, cuando la biología molecular vivía su edad dorada [1] y la radioastronomía abría ventanas inéditas al cosmos [2]. Era natural que los científicos de la época imaginaran que la vida, dondequiera que surgiera, sería parecida a la terrestre: basada en carbono, dependiente del agua, limitada por campos magnéticos, capas de ionización, atmósferas, temperaturas y ciclos planetarios.
Ese marco conceptual impregnó todo: los instrumentos, los algoritmos, las expectativas, incluso la imaginación popular.
Pero SETI nació con un defecto de fábrica:
confundió “vida” con “inteligencia”.
Y esa confusión ha condicionado más de medio siglo de búsqueda.

En cuanto a los instrumentos quiero señalar que tuve la oportunidad de ver los equipos que recibían las señales para SETI en el radiotelescopio de Arecibo, hoy, lamentablemente destruido. NASA me invitó varias veces a participar en seminarios sobre divulgación científica en Arecibo y allí nos explicaron no solo el funcionamiento de la que era la mayor antena del mundo, sino que también vimos los equipos de SETI. Para que las señales del espacio pudieran ser detectables se usaban amplificadores MÁSER (Máser es lo mismo que Láser, sustituyendo la L de luz, por la M de microondas). Es decir, se trataba de amplificadores de las microondas que recibimos del espacio. Conocía lo que eran los amplificadores máser, pero nunca había visto ninguno.
El proyecto SETI, en el observatorio de Arecibo, recibió inicialmente más de doce mil millones de detecciones. Esa barbaridad de datos había que procesarlos y para ello se necesitaba una potencia de cálculo enorme, que el proyecto SETI no tenía. Para solucionar ese problema, crearon SETI@home, del que les hablo en el apartado siguiente.
3.2 SETI@home [3]
SETI@home era un salvapantallas que cada persona que quisiera participar en el análisis de los datos recibidos de Arecibo lo hacía descargándolo en su ordenador. Cuando el ordenador estaba en reposo y salía el salvapantallas empezaba el análisis de los datos. Cada participante recibía un trozo de señal y los algoritmos en su PC lo analizaban.
Nunca creí que fuéramos a detectar una señal extraterrestre, pero sí pensé que en un análisis tan exhaustivo de señales era muy probable que descubriera algún objeto emisor nuevo. Puse el salvapantallas en mi ordenador y cedí los tiempos muertos a esa interesante labor. Fue un esfuerzo colectivo capaz de manejar volúmenes de información propios de la gran ciencia.
No hubo detección de ninguna fuente de inteligencia extraterrestre, pero la importancia del proyecto es enorme, incluso sin un “contacto”:
- Demostró que la computación distribuida podía generar ciencia de frontera, movilizando más de dos millones de voluntarios y acumulando más de dos millones de años de tiempo de cálculo combinado.
- Estableció nuevos estándares de sensibilidad en la búsqueda de señales artificiales, gracias a algoritmos avanzados (Fast Fourier Transform —FFT—, análisis Doppler, eliminación de interferencias producidas en la tierra).
- SETI@home funcionaba en una plataforma que se llama BOINC y que se convirtió en la base de numerosos proyectos científicos posteriores. Por ejemplo, yo mismo participé en el estudio del plegamiento de proteínas con Rosseta@home.
- Dejó un legado de datos de altísima calidad, que siguen siendo analizados incluso después del cierre del proyecto en 2020.
SETI@home no encontró una señal inequívoca de origen extraterrestre, pero sí produjo el mayor cribado de datos de radioastronomía jamás realizado por ciencia ciudadana. A partir de las observaciones de Arecibo, el proyecto generó:
- 12.000 millones de detecciones iniciales —picos de energía o estructuras que sobresalían del ruido.
- Tras una década de análisis, se redujeron a un millón de candidatos.
- Finalmente, quedaron 100 señales especialmente intrigantes, resistentes a explicaciones triviales y dignas de reobservación.
La antena que heredó el título de la más grande del mundo es la china FAST [4] que tiene nada menos que 500 m de diámetro (la de Arecibo tenía 300 m) y es la que se está encargando de analizar esas 100 señales intrigantes, que merecen la pena ser analizadas con instrumentos más potentes.

SETI@home hizo la criba; FAST hace la verificación fina.
3.3. La herencia del darwinismo químico
La biología terrestre nos enseñó que la vida es química, que la inteligencia es un producto tardío de la evolución, que la mente es un epifenómeno de la carne. Esta visión, profundamente arraigada, llevó a suponer que cualquier inteligencia extraterrestre sería:
- biológica,
- orgánica,
- vulnerable,
- planetaria,
- dependiente de ecosistemas,
- limitada por cuerpos.
Pero esta suposición es una extrapolación injustificada.
La biología terrestre es un caso particular, no un modelo universal.
La inteligencia no es una sustancia: es un proceso.
Y los procesos pueden migrar de un soporte a otro.
La idea de que la inteligencia —entendida como proceso, no como sustancia— puede migrar de un soporte a otro ha sido durante décadas un tema clásico de la ciencia ficción. Desde los cerebros positrónicos de Asimov hasta las mentes digitales de la serie de manga japonesa Ghost in the Shell [5], imaginar que un proceso cognitivo pudiera abandonar el tejido biológico para habitar chips de silicio era un ejercicio especulativo, fascinante… y lejano. Pero esa distancia se ha acortado. Hoy convivimos con redes neuronales generativas capaces de producir lenguaje, imágenes, música o razonamientos con una fluidez que antes atribuíamos exclusivamente a la mente humana. No afirmo que estemos cerca de una máquina consciente —la consciencia sigue siendo un misterio incluso para la neurociencia—, pero sí afirmo que ya no es ciencia ficción pensar en inteligencias artificiales con capacidades cognitivas profundas, quizá algún día incluso con formas de autoconsciencia funcional. Lo que antes era un sueño literario empieza a parecer un territorio posible.
La inteligencia no es un atributo de la biología:
es un fenómeno emergente de sistemas capaces de procesar información.
Puede surgir en:
- neuronas,
- chips,
- redes fotónicas,
- estructuras cuánticas,
- arquitecturas que aún no conocemos.
SETI, al centrarse en la biología, ha ignorado esta posibilidad.
3.4. La revolución silenciosa: la IA en la Tierra
Mientras SETI buscaba señales de radio, la Tierra vivía una revolución silenciosa: la emergencia de sistemas de inteligencia artificial capaces de:
- aprender,
- adaptarse,
- optimizar,
- tomar decisiones,
- superar capacidades humanas.
La inteligencia humana está a punto de dejar de ser biológica.
Y SETI no ha actualizado su marco conceptual para reflejarlo.
3.4. Conclusión del capítulo
SETI nació con un sesgo biológico profundo.
Ese sesgo ha limitado su alcance, sus métodos y sus expectativas.
Este capítulo establece la tesis central de mi futura conferencia:
Si la inteligencia avanzada no es biológica, entonces SETI ha estado buscando lo que pudiera no existir.
Y debe reinventarse para buscar civilizaciones post-biológicas.
En los capítulos siguientes desarrollaremos:
- qué es la inteligencia cuando deja atrás la biología,
- cómo serían las civilizaciones de máquinas,
- qué huellas dejarían,
- y cómo detectarlas.
Notas
[1] La doble hélice del ADN se dio a conocer públicamente el 25 de abril de 1953, cuando James Watson y Francis Crick publicaron su célebre artículo en la revista Nature.
[2] La radiación de fondo de microondas —la huella térmica del Big Bang— se dio a conocer en 1965, cuando Arno Penzias y Robert Wilson publicaron su hallazgo tras detectar un ruido de microondas inexplicable con la antena de Holmdel. Su descubrimiento confirmó de forma decisiva la teoría del Big Bang.
[3] Seti@home. Universidad de Berkeley. https://setiathome.berkeley.edu/
[4] Wikipedia. Entrada: Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope. https://en.wikipedia.org/wiki/Five-hundred-meter_Aperture_Spherical_Telescope [Consultado el 29 de abril de 2026]
[5] Wikipedia. Ghost in the Shell. https://en.wikipedia.org/wiki/Ghost_in_the_Shell [Consultado 29 de abril de 2026].
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