18 de enero de 2013.
Por la isla de Grenada navegamos de un modo similar al de Barbados. El barco iba por el oeste, dejando a la isla y al Sol al este. De ese modo, a la hora del amanecer la isla se interponía entre nosotros y nuestra estrella, por lo que los primeros resplandores del alba nos mostraron un «skyline» de Grenada fiero y escarpado, totalmente distinto al plácido y llano de Barbados. Grenada tiene grandes picos escarpados que la erosión no ha tenido mucho tiempo de suavizar.
Fiel a su cita con el reloj el Sol hacia las seis de la mañana empieza a iluminar las nubes. Hoy, tal vez sea tan solo mi imaginación pero he visto nubes con unas bocas monstruosas que se comían otras nubes.

No sé muy bien si esta nube me recuerda a un caballo o a un galgo corredor, pero en cualquier caso es sorprendente como salta sobre las montañas de la isla.

Una extraña ave de cuello larguísimo –en el centro– huye de una enorme boca que quiere comérsela –a la derecha.

Un monstruo de boca grande –centro– está siendo comido por otra enorme boca –derecha. ¿Y a la izquierda no hay también una enorme boca?

Y el ave, con sus plumas totalmente encogidas para tener una forma aerodinámica vuela hacia la derecha
Un poco antes de las siete de la mañana la lancha de los prácticos aparece, se acerca a nuestro barco y una persona sube a bordo. Desde ese momento el que manda las maniobras es el práctico.
En unos minutos llegaremos al puerto de cruceros de Grenada.