La jardinera: ese pequeño suplicio antes de volar

28 de diciembre de 2025

1) ¿Por qué demonios se llama “jardinera”?

El nombre no es una metáfora moderna ni una broma interna del personal de tierra.
Tiene un origen muy literal y, admitámoslo, bastante pintoresco.

Las primeras jardineras surgieron en los aeropuertos tropicales de mediados del siglo XX. Eran vehículos sin techo, alargados, y decorados con flores en los laterales, casi como si fueran maceteros rodantes. Iberia lo explica así: aquellos autobuses abiertos, pensados para climas cálidos, iban adornados con motivos florales y recordaban a una jardinera de verdad.

De ahí el nombre.


Y como suele ocurrir en aviación, la palabra se quedó para siempre, incluso cuando los vehículos dejaron de parecer maceteros y pasaron a ser cajas metálicas con ruedas.


2) Lo incómodo que resulta (y por qué es peor que el vuelo)

La jardinera moderna ya no tiene flores, pero conserva algo de su esencia original: es incómoda.


Muy incómoda.

  • Vas de pie, apretado, con tu equipaje de mano golpeándote las espinillas.
  • El vehículo arranca, frena, gira, vuelve a frenar, y tú intentas mantener la dignidad mientras te balanceas como un junco en una tormenta.
  • El aire acondicionado funciona… o no.
  • Y siempre hay un pasajero que decide que su mochila necesita más espacio vital que tú.

Pero lo peor no es la jardinera.
Ni siquiera el vuelo.

✈️ Lo verdaderamente terrible es todo lo que ocurre antes de subir al avión.

El vuelo, en realidad, suele ser tolerable. No siempre. A veces el pasajero de delante echa su asiento hacia atrás y te destroza las rodillas.


Incluso ahora, cuando las aerolíneas han decidido que el espacio entre asientos debe ser una experiencia antropológica sobre la compresión humana. Aun así, uno se sienta, respira, mira por la ventanilla y piensa: “Bueno, ya está. Ahora solo queda aguantar”.

Pero antes…
Ah, antes viene el infierno aeroportuario:

  • Los controles de seguridad, donde te miran como si hubieras intentado introducir plutonio en la mochila.
  • Las colas interminables, que avanzan con la velocidad de una placa tectónica.
  • Las horas de espera, siempre con la sensación de que tu puerta de embarque está a punto de cambiar al otro extremo del aeropuerto.
  • El embarque por grupos, que solo sirve para demostrar que la humanidad no está preparada para organizarse en filas.

Y cuando por fin crees que has superado todas las pruebas…


Aparece la jardinera.


Ese último obstáculo.


Ese pequeño purgatorio rodante que te recuerda que, en los aeropuertos, la comodidad es un rumor.


Notas

[1]




Licencia de Creative Commons

La vuelta al mundo y otros viajes © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm

En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero.


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