12 de abril de 2026
Durante muchos años fui tertuliano en varias emisoras de radio y de televisión. La colaboración más larga que he tenido ha sido en Onda Cero donde he colaborado durante aproximadamente 34 años. Estoy haciendo una revisión de mis notas. Para el programa del 2 de noviembre de 2010, hablamos de los exoesqueletos que potencian las capacidades humanas.
En la tertulia comentamos que habíamos visto soldados que se ponían un pesado traje con motores y que de ese modo podían levantar grandes pesos y llevarlos a muchas distancia a mucha velocidad.

En mis notas tengo apuntado que me preocupaba el tema de las enfermeras que muchas veces tienen que levantar a un paciente, darle la vuelta, llevarle al baño… y que eso hace que muchas tengan la espalda estropeada. Es decir, apunté que no solo servirían para los soldados, también lo harían en el mundo civil, para enfermeras, transportistas, etc.
El futuro ha llegado, pero no ha sido como lo imaginábamos. Nada que ver con los rugidos de los motores de ciencia ficción que imaginábamos en 2010, cuando hablábamos de exoesqueletos como de dragones mecánicos.
Hoy existen, sí, pero no son armaduras de superhéroe. Son discretos, humildes, casi modestos. No buscan la épica, sino la ergonomía. No prometen hazañas, sino evitar lesiones. No conquistan territorios, sino que alivian espaldas.

En las fábricas, los exoesqueletos pasivos se han convertido en compañeros discretos. Ayudan a levantar cajas, a mantener posturas imposibles, a repetir movimientos sin que el cuerpo proteste. Son como muelles inteligentes, como músculos externos que no se cansan.
En los frentes de Ucrania, por ejemplo, los ves entre la bruma: soldados que cargan proyectiles de artillería con una facilidad que no es fuerza, sino biomecánica asistida. No llevan un traje de Iron Man, sino una estructura ligera que redistribuye el peso como lo haría un sherpa experto.


Lo sorprendente no es que existan, sino cómo han decidido existir. No han seguido el camino de la potencia bruta, sino el de la afinación biomecánica. No son los monstruos enormes con decenas de motores que imaginábamos, son algo mucho menos espectacular, pero, sin duda más útiles.
Pero que las fotos no nos engañen, no solo son para uso militar. También pueden servir para cientos de otras cosas, entre ellas ayudar a personas con ciertos problemas de movilidad, …
Quizá dentro de veinte años tengamos exoesqueletos que permitan correr a 40 km/h o saltar como felinos mecánicos. Quizá. Pero hoy, en este 2026 que ya huele a madurez tecnológica, los exoesqueletos son otra cosa: una alianza silenciosa entre el cuerpo humano y la ingeniería, un pacto de ayuda mutua.
El futuro llegó, pero lo hizo sin levantar la voz. Llegó en forma de bisagra, de resorte, de armazón ligero. Llegó para sostenernos, no para deslumbrarnos.
Notas
[1]
Nota fotos y texto. Salvo las fotos que tienen un agradecimiento específico, como por ejemplo Wikipedia, son nuestras y las licenciamos con

De tapas y otras cosas por Fuengirola © 2024 by Félix Ares is licensed under CC BY-SA 4.0 . Debe indicarse que está creado a partir de una obra de viajes.ares.fm/
En esta ocasión he contado con la colaboración de Vero. Las fotos están en muy baja resolución. Si alguien está interesado en obtenerla con mayor resolución, que me las pida.
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